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D.
José Carlos García Fajardo
Profesor de Historia del Pensamiento
Político de la Universidad Complutense
Los bancos occidentales y los paraísos fiscales reciclan la mayor parte del dinero del crimen organizado: el primer paso contra el terrorismo sería perseguir sus canales de interacción.

El terrorismo organizado no puede subsistir sin un constante flujo financiero: El
empleo de la violencia con fines políticos, los atentados contra la población civil y la inseguridad que eso
origina nunca hasta ahora habían formado parte de nuestro mundo. Por la carga emocional que lo sostiene, ha sido objeto de manipulación en todos
los frentes. El colmo en unas sociedades descreídas, ha sido la atribución de todos los males al fundamentalismo religioso. Esto es así porque
la mentalidad que subyace en este enfrentamiento es la profunda superstición
envuelta en tradiciones judías, cristianas y, por supuesto, islámicas.
La religión no es más que un instrumento de reclutamiento mientras que la fuerza motora real es la economía. Mientras que parece obvio en el terrorismo islámico; sería imposible
imaginar sin ese substrato seudo-religioso las raíces más profundas del
pensamiento único que domina en los dirigentes de los países occidentales.
No fue otra la génesis de importantes movimientos históricos, como las cruzadas
medievales: envueltas en un halo religioso, fueron los intereses económicos los
que las movieron para hacerse con todo. el poder por medio de muerte, destrucción
y explotación de los llamados infieles. Ni fue otra la más honda motivación de las conquistas de América, África y Asia por parte de las
potencias europeas.
Lo que pudiera parecer una interpretación marxista no es otra cosa que el
elemento revolucionario de la religión al servicio de las clases económicas emergentes en
países musulmanes. Como antes lo fuera para los reyes cristianos de Europa. Sirve
para reclutar entre masas empobrecidas sin las que no hay lucha. Su revolución exige
proselitismo. y el terrorismo y la globalización le da las alas.
En «Yihad. Cómo se financia el terrorismo en la nueva economía», Loretta Napoleoni trata de
interpretar ese mundo de las finanzas mundiales clandestinas, "esa trama hecha de terrorismo, delincuencia,
corrupción y engaño".
Las principales etapas de esa evolución han sido: las guerras por poderes del
periodo de la Guerra Fría, que se ventilaban en la
periferia de las grandes potencias; la privatización de terror (no hay más que ver
lo que ocurre con las torturas en prisiones y en muchas fuerza armadas embrutecidas
por mercenarios); y en el nacimiento de los Estados embrión, que facilita la
yihad moderna.
La Economía del Terror, que crece sin cesar, duplica hoy en volumen el PNB de Gran Bretaña y triplica el total
de líquido en circulación de la moneda norteamericana. Hablamos de más de 1,5 billones (no miles de millones) de dólares.
De esa masa ingente, forman parte vital, además del tráfico de drogas, armas, petróleo y seres
humanos, los donativos que bancos respetables y otras instituciones financieras blanquean bajo el falso
pretexto de que tienen fines humanitarios. Es el nuevo desorden económico.-
Está Economía del Terror sería imposible sin la colaboración de los paraísos
fiscales, -uno de los cánceres más letales, y de los bastiones del capitalismo
occidental: Wall Street, la City londinense, los magnates de Hong Kong y el magma
subrepticio de la hawala de Arabia Saudí y el Sureste
asiático. La hawala es el sistema de tráfico financiero de miles de
millones de dólares desde cualquier rincón del mundo, en tiempo real, y que no deja huella documental alguna.
Su motor principal es la yihad moderna, producto combinado de la
ideología revolucionaria islámica; la busca de
identidad musulmana y las aspiraciones socioeconómicas de las nuevas clases dirigentes del mundo musulmán,
burguesía económica oprimida durante años por los regímenes feudales y que fueron utilizados por los poderes occidentales para la ejecución de su política de
dominio de las fuentes de riqueza. Ha habido una clara colaboración entre el
wahabismo islámico saudí y los poderes occidentales.
Por eso fue posible el 11 de septiembre. Más que de un choque de
civilizaciones, como pretendía Hungtinton, se trata del choque entre dos sistemas
económicos. Al seguir el rastro de los grupos terroristas, se han descubierto los
entramados financieros que actúan en la periferia de la economía mundial: Occidente es el primer consumidor de drogas y el principal vendedor de armamento del mundo. Los bancos occidentales y los
paraísos fiscales reciclan la mayor parte del dinero del crimen organizado. Por eso, el primer paso en la lucha contra el
terrorismo consistiría en descubrir y perseguir los canales de interacción entre el terrorismo y las economías de
Occidente.
De ahí que, al igual que en la homeopatía, los entramados financieros y políticos que permiten esas tragedias nos pueden servir para luchar eficazmente contra ellas.
De lo contrario, estaremos labrando nuestra propia destrucción.
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