YAMA'A BOLETINES

 

LA INVASIÓN DE ESPAÑA EN EL NORTE DE ÁFRICA

 

  

 

“Tú y yo formamos la tempestad; tú eres el viento furibundo; yo el mar tranquilo.

 Tú llegas y soplas irritado; yo me agito, me revuelvo, estallo en espumas.

Ya tienes ahí la borrasca. Pero entre tú y yo hay una diferencia;

que yo, como el mar, jamás me salgo de mi sitio,

y tú como el viento, jamás estás en el tuyo.”

 

Discurso de Ahmed  el Raisuni al coronel Fernández Silvestre. Tánger 1913

 

ﺔﻳﻗﺮﺷﻠﺁ A-XARQIYYA


 

Los afanes colonialistas y conquistadores de las dos naciones ibéricas, la española y la portuguesa en el norte de África una vez finalizada la mal llamada “Reconquista”, son una de las actuaciones y actitudes imperiales que demuestran claramente lo equivocado del término y su empleo, metódicamente utilizado, en una meditada labor de eliminación de la conciencia e identidad propia de aquellos que sufrieron la conquista y la represión.

 

Las aspiraciones de conquista que los francos muestran hacia la Península en tiempos de Carlomagno y que andaluces y navarros consiguen evitar en clara colaboración, se ven materializadas progresivamente cuando las ramas nobiliarias de aquella procedencia se enquistan en los tronos Navarro y Castellano-leonés, aliándose progresivamente con las fuerzas prestadas por italianos, suizos, alemanes y sobre todo con la colaboración de la Guerra Santa o Cruzada que es declarada por el Vaticano con la excusa de la diferencia religiosa. De este modo, los reinos del norte se van apoderando de las fértiles vegas y amplias campiñas que forman las cuencas de los ríos Ebro, Tajo, Guadiana y  Guadalquivir, así como las huertas e islas del Sharq al Andalus.

 

Poco antes de la toma del reino granadino en 1492, se llevan a cabo escarceos navales en la actual costa marroquí. Ya los portugueses habían conquistado la ciudad de Sebta en 1415, iniciando sus correrías hacia el interior, destruyendo Tetuán en 1424 y traficando esclavos, oro y marfil desde el Golfo de Guinea. A partir de aquí, y una vez asentada la conquista del reino nazarí, las maniobras norteafricanas se inician en la corte castellana, impulsadas y animadas por el previo asentamiento en el territorio de las islas Canarias. Los intentos de conquista española en el norte de África no son sino una carrera de obstáculos en clara pugna con el vecino Reino de Portugal, como lo será igualmente su paralela, más conocida y más productiva carrera americana, en lo que dio en llamarse el Nuevo Mundo. Dato curioso es que tanto en una como en otra, el pretexto religioso es claro, la expansión en el viejo continente, se excusará como una clara lucha contra el pertinaz y maléfico Islam, que lograse ser expulsado de la Península, aunque los miedos al turco y la réplica a la piratería berberisca serán sus excusas más profundas. En el Nuevo, la más pacífica evangelización será el motor que mueva a jesuitas, franciscanos y otras órdenes en versión pacífica o bien al amparo de los notorios militares de la gesta americana.

 

Puesta en práctica la colonización americana, las nuevas tierras proveerán en privilegiado monopolio del suficiente oro, esclavos, algodón, caña de azúcar, maderas nobles, orchila, tintes, especias, tabaco, cacao, cosechas, etc., como para consentir en desviar la atención del hostil continente africano, donde los reveses militares se suceden frente a tropas lideradas en muchos casos por aquellos “andaluces” que fueron expulsados de la actual España.

 

Una vez perdida la influencia en los territorios de ultramar, con la independencia de los países latinoamericanos, se vuelven los ojos hacia el norte africano y en 1859 España emprende nuevamente la conquista de los territorios que estaban al sur de Ceuta, dando comienzo a lo que hoy en día se conoce como ... 

LAS CAMPAÑAS ESPAÑOLAS EN MARRUECOS O GUERRA DE ÁFRICA.

 

A la vista de los acontecimientos actuales y analizados testimonios y escritos históricos relativos a aquellos hechos, el paralelismo con la aventura iraquí protagonizada por el ejército español en Mesopotamia, A INSTANCIAS DEL PARTIDO POPULAR (PP), cuando estaba al frente del Gobierno de España, es manifiestamente aleccionador.

 

De los verdaderos valores e intereses de una guerra colonial como ésta y de los posibles intereses “de españoles”, que no “de España”, en esta guerra, merece la pena reproducir lo que expresa González Villena en su libro titulado “El Raisuni”, acerca de la invasión del norte de Marruecos por el ejército de España y la sangrienta campaña que para uno y otro bando se desarrolló allí durante casi un cuarto de siglo.

 

La Historia de España, se encargó de ocultarlo; el ejército el primer interesado y los políticos tan afanados en sus luchas de poder no podían consentir que la desastrosa campaña de colonización y protectorado que tanta sangre y dinero estaba costando al Pueblo, llegase a oídos de la población; que ya bastante estaba padeciendo. Sus hombres jóvenes daban la vida en las tórridas arenas africanas, la economía resentida por el alto costo de una guerra de tan amplio frente y una corrupción casi generalizada en todo el país y en todas las esferas……Las circunstancias que rodeaban la zona y el país, eran lo suficientemente graves como para no informar al pueblo del desastre que suponía la Campaña de África; donde todos buscaban intereses personales y no la grandeza de la Patria como era la imagen que pretendían dar los militares que se veían obligados a lavar otro desastre mayúsculo como fue la gran derrota sufrida en las colonias de ultramar.

 

Como ya se ha dicho; los políticos sólo querían poder y riqueza a costa de lo que fuese; los militares más militares querían salvar su honor perdido; los de nuevo cuño querían ascender rápido y como siempre el mejor lugar para conseguirlo, cómo no, Méritos Militares; y otros más prácticos ¿por qué no aprovechar la circunstancia para el enriquecimiento económico?

 

Esta disparidad de opiniones dio lugar a que cada uno solo pensase en su propia idea, creando así una descoordinación entre todos los mandos, tanto los que habían de dirigir desde el gobierno central y ministerio de la guerra, como los que había de desarrollar la estrategia en el sitio, que a su vez veían como los mandos de tropa en el teatro de los acontecimientos tomaban decisiones propias sin atenerse a las órdenes recibidas.

 

Los industriales y comerciantes, como siempre aves de presa o carroñeras; a los que no les importaba el costo ajeno, siempre que tuviesen rentabilidad propia.

 

Mantener aquel numeroso ejército movía cantidades incalculables; hacía falta de todo, alimentación, ropa, transporte, armamento, munición, animales, etc. Y, todos comerciaban y traficaban sin escrúpulos de ningún tipo; que miles de hombres a los que teóricamente teníamos que darle nuestra protección, perdieran sus vidas, no importaba; tampoco importaba que la juventud española se perdiera fuera de su Patria en una pelea prácticamente incomprensible para nadie y, que cientos de miles de familias vistieran luto por hijos y maridos. Lo importante era el dinero, que hasta eso hacía que las familias acomodadas pudieran librar a sus hijos de acudir al frente a cambio de la correspondiente cuota, que no era más que otro negocio bien montado para el enriquecimiento rápido.

 

Los comerciantes de armas de todo el mundo se daban cita en el norte de África, principalmente en Tánger, que se había convertido en el centro de todo el negocio turbio y centro del espionaje mundial. Pero lo más grave de todo esto era la cantidad de caza fortunas que surgieron dentro de las mismas instituciones españolas que sin ningún tipo de reparo vendían sus mercancías a las fuerzas marroquíes; principalmente armas que sin ningún lugar a dudas se emplearían contra sus propios compatriotas.

 

Esta práctica era conocida por toda la oficialidad como lo demuestra un informe presentado por Crespo de Lara en el Congreso, donde se informa de los precios oficiales que corren en el mercado negro de la tropa; un buen fusil, previamente revisado por el cabileño tenía un precio que oscilaba entre las cien y las trescientas pesetas, dependiendo del uso dado; mientras que los proyectiles siempre tenían precio estable; por una caja de veinticinco cartuchos se pagan otros tantos duros; es decir a duro el posible español muerto por sus propios compañeros o por él mismo.

 

Otro de los documentos que llegaron al Congreso, fue el aportado por Urquiza, un contratista de transporte que se vio obligado a expedir una factura de 800 toneladas de paja, si quería cobrar las 450 que realmente había entregado.

 

Las diferencias de todas estas transacciones iban a parar a los bolsillos de los que López Rienda definió como “La Cofradía de la Avaricia”. Los comandantes Emilio Muñoz Calchineri (director del Parque) y José García Restrebada (jefe de administración en Larache); los capitanes Fernando García Bremon, Mauro Rodríguez Aller y Jordán; más el Comisario de Guerra y ex diputado maurista el comandante Francisco Montes del Castillo, (este último cobraba en Larache, pero vivía en Tánger en su lujosa villa Porchet, rodeado de un séquito de criados y una flotilla de automóviles Panherd y Delahaye).

 

El engranaje funcionó hasta le época de Annual, cuando Jordán se autoconcedió un permiso de dos meses por supuesta enfermedad. El capitán estuvo en Ronda donde tenía una finca valorada en tres millones de pesetas; y en el puerto de Santa María donde vivía su amante. A su regreso a Larache, pidió los atrasos. Sus compinches alegaron que en justicia nada podía exigir. Jordán juró venganza y esperó al uno de septiembre de 1921, al cerrar las cuentas del mes anterior.

 

En aquellas fechas fatales en que los 10.000 hombres de Silvestre eran cercados y muertos, el capitán Jordán acumulaba unos dividendos de 1.055.000 pesetas en comisiones conseguidas a base del hambre y de la falta de medios de la tropa.

 

Ante la impresionante suma, Jordán tomó su decisión: quedarse con todo.

 

A sus estupefactos compañeros les planteó esta disyuntiva: silencio absoluto a cambio de firmar su propia baja en el Ejército, de lo contrario “tiraré de la manta”.

 

Era mucho dinero para convencer a cualquiera y lo inusual ocurrió: los ladrones denunciaron al mayor ladrón y este a su vez en el juicio habló sin tapujos.

 

Esto era lo que ocurría en las instituciones militares; ¿pero qué ocurría en las instituciones civiles?

 

El 8 de Diciembre de 1915, atraca en el puerto de Málaga el vapor “Pedro Pí”, propiedad de la Compañía de Correos de África, procedente de Génova con un cargamento oficial de 318 bloques de cemento destinados al adorno exterior de edificios; eran por consiguiente columnas, capiteles, esculturas, ménsulas, etc.. Esta mercancía queda depositada en un guarda particular, y consignada a un tal José Gomero, que en ningún momento se ha interesado por su valiosa mercancía y al que nadie conoce.

 

Fue el 12 de enero, cuando la curiosidad del guarda, por el deterioro paulatino que iban sufriendo las piezas; golpeó una de ellas para comprobar el grado de deterioro; su sorpresa fue mayúscula, ante sus ojos aparecieron cajas metálicas, en un principio piensa en contrabando de oro, pero no quiere problemas y no piensa en un escándalo que finalmente pueda comprometerlo; disimula su investigación y se dirige al despacho del prestigioso abogado José Estrada y Estrada que además es diputado en Cortes.

 

El Sr. Estrada junto con las autoridades militares y civiles procedieron a la apertura de las piezas; en la primera de ellas aparecieron doce fusiles Mauser. Por el número de piezas y el volumen de las mismas se calcularon 3816 fusiles, valorados en unas 400.000 pesetas; cifra bastante importante para la fecha; sin embargo el misterio quedó como tal.

 

La prensa local por falta de noticias oficiales se limitó a escuetas notas de prensa; sin embargo la población daba más datos si tal o cual se dedicaba al contrabando, y que es una operación para vender a los moros; que si no es la primera, etc.

 

Tres días después del descubrimiento la Unión Mercantil dio una noticia que debió ser la nota oficial y que venía a distraer a la opinión pública; en una de las cajas de munición se encontró un diario alemán y en otras cajas se encontraron ocho tercerolas de fabricación francesa. Nunca se supo la cantidad de fusiles, munición ni demás componentes que comportaban la expedición; lo único que estaba avalada por el cónsul de Suiza el día 24 de diciembre, es decir el mismo día que la mercancía salía del Puerto de Génova.

 

¿Qué investigaciones se hicieron posteriormente? ¿qué destino tenían aquellas armas?; ¿efectivamente iban destinadas al ejército de Marruecos como comentaba el pueblo de Málaga?; ¿quién era José Gomero?; ¿quién era el cónsul de Suiza?. Y, ¿para quién trabajaba?; ¿cuántas autoridades podían estar implicadas, y cuantos portes llevaban dados?; ¿por qué nadie informó ni quiso saber nada?; ¿tan habitual era este comercio?.

 

Cuantas preguntas sin respuesta; y esto es dando solo un pequeño repaso a la época. Hacer un seguimiento conciso a todos los acontecimientos, políticos y sociales de nuestra burguesía, política, industrial y comercial de aquellos años, cuántas sorpresas nos podrían dar.