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El arte islámico tiene una larguísima historia, numerosas escuelas y muchas corrientes. De todas las formas de arte, la cerámica es una expresión característica del mundo islámico, significativa desde múltiples puntos de vista. Hasta la llegada del Islam, en el mundo occidental sólo se usaban dos esmaltes y habían sido olvidados desde hacia siglos los colores y los hermosos vidriados del Antiguo Egipto y de Mesopotamia. Sin embargo, el periodo abasí dio paso a una cerámica que volvía a los orígenes de las artes del esmalte y de las estepas de Asia central característicos de las poblaciones turcas y mongolas, que llevaron el esmalte sobre metal (cloisonné y champlevé} a China y a Europa. Aplicando estas técnicas del esmalte, durante el periodo abasí (750-1050/1258), los maestros ceramistas, junto con las antiguas aplicaciones de barbotina o de relieves realizados con moldes, elaboraron en Samarra y Bagdad nuevos vidriados de reflejo metálico con distintos colores -blanco, azul, amarillo, verde, púrpura- y vidriados de plomos que retomaban los característicos "tres colores" (t'otai) chinos sobre una decoración obtenida grabando dibujos sobre la arcilla (esgrafiado).
Los alquimistas, cuya ciencia llegaba también a Europa, estudiaron nuevos materiales y técnicas innovadoras en la época de Harun alRashid, califa del 786 al 809. Usaron distintas sales metálicas sobre diferentes tipos de vidrios dando lugar al "lustre" sobre vidriado blanco, polícromo o monocromo, un sistema característico islámico para "metalizar" la cerámica. Un ejemplo típico lo representa la decoración del mihrâb de la mezquita de Sidi Oqba (862) en Kairuán (Túnez). El tratado más importante de la época sobre las distintas técnicas lo escribió el iraní Abu alQasim, inventor del rang-e do âteshi: color a dos fuegos, es decir, una cerámica cocida a alta temperatura, pintada y vuelta a cocer a baja temperatura.
Con los samánidas (819-1005) comienza el arte islámico propiamente dicho, no ya como consecuencia de la Antigüedad tardía, sino de la unión individual de formas clásicas, y aparecen las dos técnicas de engobe y vidriado (púrpura, verde, rojo, amarillo, marrón) cuyos mayores ejemplos se realizaron en Samarcanda (Afganistán), Nishapur (cerámica polícroma sobre fondo blanco). Sari y Gurgan.
Bajo la dinastía fatimí (930-1021), Egipto, Siria y el norte de África desarrollaron el lustre y el esgrafiado, si bien se produjo una amplia emigración de maestros ceramistas hacia todos los puntos del mundo islámico. Y con los abasies se perfeccionó la técnica del vidriado de plomo.
La conquista de gran parte de Asia central por los selyúcidas (1055) impulsó notablemente el arte de la cerámica. Al trasladar el gusto del revestimiento de fieltro policromo de las tiendas a la construcción, se obtuvieron grandes recubrimientos de estelas kashi y de mosaicos. Las vajillas se decoraron bien mediante la técnica del esgrafiado (Amol), la champlevé (Gabri e Garrus) o a la de cloisonné (Aghkand, Siria), horadada, de shilhoutte (esmalte negro esgrafiado, cubierto de vidrio verde alcalino transparente, típico de Gurgan y de Rayy), con el lustre clásico o con la hermosa técnica "lajvardina", asi como con lapislázuli y coloraciones sucesivas cocidas tres veces sobre el vidriado; por último, cabe destacar el complicadísimo lakabi, pintado mediante capas superpuestas (Rakka}. Empieza a ser común el uso de la vajilla, cuyo cuerpo lo constituye una mezcla fina y dura (diez partes de cuarzo, uno de arcilla blanca y otro de vidrio cocido), posiblemente a imitación de la porcelana china. De hecho, entre otros, fue muy imitado el denominado "blanco Sung" típico de China. Estas técnicas las heredaron los ilkhanidas mongoles (1256-1336) y los timúridas iranios (1387-1502). En Occidente las experimentaban los mamelucos (gobernantes turcos de Egipto, 1250-1517)-que exportaban a Europa bellísimas vasijas pintadas de vidrio lustrado y esgrafiado, o bien con imitaciones del "azul bajo esmalte blanco" chino-, y el Al-Andalus (omeyas y nasridas, 756-1492), que prefería el vidrio de plomo y la técnica denominada de "cuerda seca". Los centros andalusíes más importantes fueron Mallorca (de donde deriva el término italiano maiolica}, Manises, Valencia y Paterna. La España católica siguió aplicando estas técnicas en la cerámica llamada "hispano-morisca".
Irán vivió después los periodos Safávidas (1502-1736) y Qajarif (1796-1925), en los que se trabajaron sobre todo las técnicas kubachi con negro bajo vidriado coloreado, el blanco-azul de origen chino, el negro y azul o la coloración policroma bajo vidrio transparente, un lustre tardío, y la técnica kirman monocroma y policroma.
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