En 1675 Elias Ibn Hanna un
árabe mesopotámico, se hizo a la mar con rumbo a las Américas. El
registró sus aventuras en el primer relato árabe del Nuevo Mundo.
En el año 1493, apareció un
navegante del reino de Portugal, nombrado Rui Falerio, con su amigo
Fernando Magallanes.. Este Último regresaba de un viale a las
Indias Orientales, que están en el límite de la región del
Asia, cuando fue llevado por el viento a una isla del
Atlántico. Calculó su latitud y después Dios le facilitó el camino
regresó a España. Estaba ansioso de regresar a esa isla y
explorarla.
Sucedió que Rui Faleiro fue
huésped en la ciudad de Sevilla de un experto navegante llamado
Cristóbal Colón. Rui Faleiro se enfermó y comenzó a contarle a Colón
acerca de esas islas, diciendo: "En el Mar Océano encontré unas
islas y están en tal y tal latitud." Pocos días después se murió.
Cristóbal Colón entonces
equipó un buque y navegó el Atlántico con la intención de descubrir
las islas de las que le había hablado Rui Faleiro. Después de muchos
días y grandes dificultades, llegó a un gran territorio entre
esas islas y lo exploró ... Después de haberlo
examinado, conocido su latitud y visto a los indios que
habitaban allí y hacerse amigo de ellos y darles regalos,
decidió regresar a España. Llevó consigo seis de esos indios y
después de varios días llegaron a España.
Se presentó ante el rey, quien
se llamaba Don Fernando, y de la reina, quien se llamaba
Doña Isabel. Les mostró los indios y les dijo todo lo que había
visto y el país que había descubierto. . . Unos días después
el rey ordenó que se le diera un barco a Cristóbal Colón y que le
acompañara un hombre docto, Don Alonso de Ojeda, para que este
hombre también explorara las Indias y viera si lo que decía Colón
era verdad...
En su compañía había un hombre
llamado América Vespucio, de la ciudad de Florencía en el
país de Italia. Este hombre era un capitán de barco y era muy hábil
e inteligente. El dibujó ese país y sus indios en una hoja de
papel y presentó al rey. A partir de entonces, han
llamado a ese país - que está en la cuarta región "América",
pues los historiadores han dicho que cualquier persona que
descubre un país o encuentra una ciudad le puede llamar por su
propio nombre. La verdad es que debería haberse llamado en honor de
Colón, porque fue él quien inició y llevó a cabo la expedición. Unos
días después de su regreso, [Colón] murió en una ciudad llamada
Valladolid, que era la capital de los gobernantes de España.
Celebraron un servicio fúnebre para él con todos los honores.
Llevaron su cuerpo a Sevilla, su ciudad nativa, y lo enterraron
allí.
Así dice el primer relato árabe -
contrario al turco otomano - del descubrimiento de América. Fue
escrito hacia fines del siglo XVII por un árabe cristiano caldeo de
Mosul, que había sido educado por los hermanos capuchinos en Bagdad.
Su nombre era Elías - en árabe IIyas - ibn Hanna al-Mawsili, "Elías,
el hijo de Juan de Mosul".
Elías v su hermano, Abd al-Masih,
hablaban de corrido el curdo además del árabe, el turco y una forma
hablada del sirio. Durante sus viajes, Elías aprendió también el
italiano y el español, y probablemente aprendió algo de francés
durante sus años con los capuchinos. El hizo tres viajes a Roma por
mar desde Iskenderun, el puerto de Aleppo. Fue el tercer viaje el
que preparó el terreno para la extraordinaria aventura que
eventualmente le condujo al Perú ya las minas de plata de Potosí.
En 1668, Elías dejó Badgad en
compañía del oficial de artillería otomano Michael Condoleo,
conocido como Michael Agha. A pesar de estar bien escoltada y
armada, su pequeña caravana fue atacada en el desierto por unos100
beduinos, a quienes lograron rechazar con sus mosquetes. Desde
Damasco, Elías fue a Jerusalén a visitar los lugares sagrados, y
después se abrió camino hasta Aleppo y finalmente hasta lskenderun,
donde se embarcó a bordo de un buque inglés con rumbo a Venecia. El
viaje a Venecia, pasando por Chipre, Creta, Zante, Corfú y Cefalonia,
llevó 70 días - casi el doble del tiempo que le llevó a Colón cruzar
el Atlántico en su primer viaje en 1492.Después de 40 días de
cuarentena en Venecia, Elías pasó otros 20 días disfrutando de ésta,
la más bella ciudad del Mediterráneo, y después se dirigió a Roma,
donde permaneció durante seis meses. De allí salió hacia Francia.
Elías fue recibido en París por
Luis XlV, un honor destacado y algo difícil de explicar. ¿Se le
había confiado a Elías alguna misión diplomática secreta? Louis XIV
normalmente no recibía a viajeros humildes, por más exóticos que
fueran. El hecho de que Elías presentara una espada al hermano del
rey, el duque de Orleans, también parece indicar una misión oficial,
pero sobre este tema Elías ha guardado silencio.
En el verano de 1669 llegó a
París un enviado de la corte otomana llamado Sulayman Aga. Cuando se
supo que las destrezas en idioma turco del traductor de la corte no
eran suficientes para habírcelas con el otomano formar, Elías actuó
como traductor. Debe haber conocido entonces a Antoíne Galland, el
famoso traductor de Las Mil y Una Noches, quien acompañó a
Sulayrnan Aga en su viaje de vuelta a Estambul, y es posible que
haya conocido también a Moliere, quien satiriza el séquito de
Sulayman en Le Boirgeois Gentilhomme.
Después de ocho meses en París,
Elías emprendió un viaje a España. Tuvo una audiencia en Madrid con
la reina madre, regenta de CarIos II, quien era todavía un niño. El
presentó sus credenciales y ella le dio cartas para sus virreyes de
Nápoles y Sicilia, ordenándole a cada uno que le pagaran la suma de
1000 doblones de a ocho,
Este dinero era aparentemente
para reparar una iglesia en Bagdad, dañada en el sitio de 1638,
cuando Elías había sido un niño en Mosul. Fue por esta misma
supuesta razón que Elías eventualmente fue a Sudamérica - a recoger
limosna para la comunidad caldea, totalmente desamparado y sin
recursos.
Fue así que Elías emprendió viaje
una vez más, esta vez con destino a Nápoles y Palermo. Los virreyes
españoles de ambas ciudades se negaron a darle ni un solo centavo.
Cuando regresó a Madrid e informó
a la reina, "ella se enojó mucho por no haberse obedecido su orden;
pero fue ella misma quien encontró 2000 doblones de a ocho para
Elías. A pesar de las vastas cantidades de oro y plata que llegaban
a España desde las minas de México y Perú, la corte española estaba
crónicamente endeudada en esa época, y esto era aún más así para las
viceregencias de Nápoles y Sicilia. Aunque la armada que había
llegado a Cádiz en septiembre de 1671 trajo plata y oro 'por valor
de 7326.420 doblones de a ocho, no había aparentemente suficiente
dinero en el tesoro para que la reina y su hijo, el futuro rey,
visitaran el Escorial, el magnífico monasterio palacio del siglo XVI
de Felipe II en Madrid. El rey, que tenía 11 años de edad en esos
momentos, deseaba inspeccionar los daños causados por el gran
incendio de ese año, en el que tantos manuscritos árabes y otros se
perdieron.
Elías dejó Madrid
disgustado y fue a Portugal. Pasó siete meses en Lisboa, la ciudad
de la que habían zarpado los
mugharrirun
o "intrépidos exploradores" en sus viajes
misteriosos hacia tanto tiempo, y desde la cual Elías entonces decia
"los buques zarpan con rumbo a las Indias Orientales, a la ciudad de
Goa".
Elías luego regresó a la capital
española. Debe haber tenido amigos poderosos, porque se alojó con el
duque de Aveiro. La duquesa era una poetisa de talento y una erudita
que financió el viaje de reconocimiento de Sonora y Arizona del
jesuita Eusebio Kino, y participó activamente en misiones a la
China, la India, las Filipinas, México, Perú v las Marianas. Debe
haber estado interesada en los relatos de Elías del Kurdistán, y
casi ciertamente debe haberle dado referencias para el nuevo vil
rey del Perú, el Conde de Castellar, cuya esposa era una parienta
cercana suya.
Elías también conoció a la aya
o gobernanta del rey, la Marquesa de los Velez. Fue a través de
ésta que obtuvo su pasaporte a las "Indias". La reina, probablemente
humillada por la desobediencia de sus virreyes, pidió a la Marquesa
de los Velez que averiguara a través de Elías lo que éste necesitara
- menos, por supuesto, las 2000 doblones de a ocho que le había
prometido. Elías consultó a sus amigos, y le aconsejaron que pidiera
un pasaporte para el Nuevo Mundo. "No me atraía esta idea, pero
dejando la carga en manos de Dios y confiando en El, pedí la Orden
Real, sin la cual ningún extranjero podía ir a ese lugar."
La América española estaba por lo
general estrictamente prohibida para los que no eran españoles, y
fue sólo mediante una orden del reino que Elías obtuvo permiso para
ir, por un plazo de cuatro años, a recolectar limosna para la
comunidad caldea. La concesión de un pasaporte a alguien que no era
español era un gran honor, ya esto es que debemos el relato de los
viajes de Elías, una de las pocas narraciones de la España de los
virreinatos por un testigo que no era español. Es también la única
descripción árabe del Nuevo Mundo en esa época.
Elías fue a Cádiz, la antigua
ciudad fenicia de la que habían zarpado Hanno y otros para explorar
el Atlántico 2000 años antes, y ahora el puerto de embarcación hacia
el Nuevo Mundo. El 13 de febrero de 1675, Elías entregó su pasaporte
al almirante de la flota, Don Nicolás Fernández de Córdoba Ponce de
León - un apellido que iba a dar que hablar. A Elías se le asignó un
camarote en el barco principal, guardó su equipaje y cerró la puerta
con llave, y el mismo día la flota de 16 barcos izó velas y zarpó en
lo que Elías llama al-Bahral-Muhit, el océano que lo abarca todo
"Zarpamos del puerto con
detonación de cañones v redoble de tambores, banderas y banderines
ondeantes. Algunos de los pasajeros estaban felices y otros estaban
tristes por tener que dejar a sus familias." Elías guarda
silencio sobre sus propios sentimientos, los que deben haber sido
intensos. Ya estaba muy lejos de Bagdad y de su familia, y ahora se
embarcaba hacia lo desconocido.
"Cada tres años;' dice Elías,
"esta flota zarpa hacia un país de las Indias llamado Perú, que
queda a 1500 leguas de distancia. . . Los mercantes llenan los
galeones con toda clase de mercancía y las venden allí y a su
regreso... traen un tesoro que vale unos 20 ó 25 millones. . ."
Al igual que Colón en todos sus
viajes, la flota se dirigió primero a las Canarias, para aprovechar
los vientos del este. El cruce hasta las islas llevó ocho días. No
se detuvieron allí sino que continuaron su ruta, pasando a medio
camino un barco de esclavos que había salido del Brasil. Su primer
desembarque fue en la costa de Venezuela, después de una travesía
notablemente rápida de 44 días. Elías describe los lechos de perlas
frente a la costa de Venezuela, descubierta por Colón en su segundo
viaje. Para la época de Elias, los lechos de perlas ya se habían
pescado completamente.
Unos días después amarraron en
Cartagena, en lo que es hoy Colombia, donde pasaron 40 días,
esperando noticias del Peru de que los lingotes que
habían ido a recoger se habían
despachado en condiciones de seguridad al Istmo de Panamá. Después
la flota levantó anclas rumbo a Portobelo, en lo que es actualmente
Panamá, el gran emporio del comercio sudamericano en los siglos XVII
y XVIII. Portobelo era un centro tanto de ganancias como de
pestilencia - "La tumba de los españoles; donde era normal que la
mitad de la tripulación de un barco muriera de fiebre. Ayuí se daba
la feria, o mercado, donde se trocaban bienes de España por
oro y plata y otras cosas de América. Finalmente llegaban los
mercaderes del Perú, con lingotes de oro por valor de 25.000.000
doblones de a ocho. Mientras que la flota seguía anclada en el
puerto, fue atacada por piratas franceses que lograron huir con
200.000 doblones de a ocho; cuando los buques de guerra españoles
pudieron salir a perseguirlos, éstos ya se habían alejado.
En Portobelo, Elías se
encontró primeramente con la fauna sudamericana. Describe el nigua o
chigoe (Pulex penetrans),
una pulga horadante, y explica cómo
combatirla: "El lugar donde ha penetrado [la piel] debe encontrarse
y se la debe extraer con una aguja sin romperla. Se coloca un carbón
encendido sobre ella y explota como un petardo. Si no se le puede
extraer se muere adentro de la carne, se pudre, y el hombre muere.
También habla de los murciélagos
vampiros: "Hay también una especie de gran murciélago nocturno en
aquel país que ataca a los hombres cuando duermen y les muerde y
chupa su sangre. Abanica a sus víctimas con sus alas para que éstos
duerman profundamente mientras les chupa la sangre, hasta que quedan
drenados y medio desvanecidos."
Cuando la plata y el oro se
guardaron bajo seguro a bordo, el almirante de la flota envió a
Elías para que pudiera ver el tesoro: "Vi tanto oro y plata que no
se podía contar, escribió Elías. La incapacidad de la reina de
conseguir 2000 doblones de a ocho le debe haber resultado aún más
incomprensible ahora que había visto las fabulosas riquezas de las
Indias con sus propios ojos.
"Los galeones tomaban a bordo la
plata y el oro y también otras mercancías, tales como una lana fina
que llamaban vicuña, y cacao, que tiene un sabor y olor: como el del
café, pero de gusto más rico." La flota emprendió el viaje de
regreso, pasando por Cartagena y la Habana. Pero Elías contrató tres
mulas por 90 doblones de a ocho y atravesó el istmo con rumbo a la
ciudad de Panamá, siguiendo el curso del Río Chagres. En el camino
se encontró con el "pasto simpático" contra el cual le había
advertido el gobernador de Portobelo. Cuando un hombre pasaba por
este pasto, se levantaba y le cortaba, y las heridas resultaban
siempre en la muerte. "No lo creo," había anotado Elías, " Y no lo
creeré hasta que lo vea con mis propios ojos!" Felizmente, cuando lo
vio, el pasto respondió a la orden de "¡Abajo, perro!" y Elías paso
sin peligro a la ciudad de Panamá.
La Antigua Panamá había sido
quemada por el bucanero británico Sir Henry ("Sanguinario") Morgan
tres años antes de la llegada de Elías a la "Nueva Panamá", a unos
ocho kilómetros de la ciudad antigua. La ciudad nueva tal como la
antigua había sido construida de madera. Elías se quedó un mes, bajo
la hospitalidad del obispo, Monseñor Don Antonio de León y Becerra,
de quien se hizo buen amigo. Monseñor Don Antonio estaba muy ocupado
reconstruyendo Panamá, supervisando la construcción de los fuertes.
Elías entonces se embarcó en una
nave que zarpaba con rumbo al Perú, surcando el "Mar Azul", o el
"Mar del Sur", como los españoles llamaban al Pacífico. Es raro
pensar que aunque ésta era probablemente la primera vez que alguien
de Bagdad diera una mirada al oeste cruzando el Pacifico, los
mercaderes bagdadinos que surcaban el Mar de la China habrían mirado
sin duda hacia el este de estas mismas aguas y se habrían preguntado
qué existía en esa dirección.
Se detuvieron en la isla de
Corgona, donde habían quedado abandonados el conquistador Francisco
Pizarro y sus 13 paladines, y desde donde se lanzó la conquista del
Perú. Elías y sus compañeros se vieron atrapados por un peligroso
remolino y se salvaron sólo por milagro. Finalmente, después de
pasar un mes en altamar, llegaron al puerto de Santa Elena. Elías
estaba ya cansado del mar, y él y sus amigos decidieron continuar su
viaje a pie:
En Santa
Elena.. .cierto indio.. .nos dijo
que a más o menos una legua de este puerto había una gran cueva
donde estaban enterrados unos gigantes. Cuando yo escuché el relato
de lo que había ocurrido en ese país y de los gigantes enterrados
allí, me sentí muy ansioso de verlo por mis propios ojos. Llevé
conmigo un grupo de indios, doce hombres acostumbrados a portar
armas, y fuimos a buscar la cueva y ver por nosotros mismos las
cosas que él había descrito. Cuando llegamos, encendimos las velas
que habíamos traído, por temor de perdemos en la cueva. Luego
entramos, cada hombre caminaba con una vela en su mano. A cada 10
pasos dejamos un
hombre sosteniendo una luz, para poder encontrar el camino de
regreso a la entrada. Yo los precedía, llevando una espada desnuda.
Después llegué a un lugar donde había huesos y vi que eran muy
gruesos. Las calaveras eran enormes. Traté de extraer un diente, un
molar; de una de ellas; era tan grande que pesaba 100 mithqal {casi
500 gramos, o aproximadamente una íibra]. Miré los huesos del muslo
y
medí uno de ellos y encontré que
medía cinco palmos {45
pulgadas, ó 110 centímetros] de largo. En una de las
ciudades un artista había hecho una reconstrucción de uno de estos
cuerpos, y medía 25 cuartos (5,7 metros] de altura.
Después salimos de la cueva, maravillados por lo que habíamos visto.
Me llevé el diente conmigo.
Estos
eran indudablemente huesos de mastodontes y
perezosos gigantes.(Megaterios), muchos de los cuales se han
encontrado en la península de Santa Elena, aunque la cueva
investigada tan valientemente por Elías aparentemente ha evadido a
los investigadores modernos.
Elías y su partida se dirigieron
hacia Guayaquil, otra ciudad portuaria del Pacífico. Pasaron por un
territorio muy boscoso, y Elías se impresionó mucho por la vista de
los caimanes tipo cocodrilos que infestaban los ríos en aquellos
días: "Si un caballo o un toro llega a beber agua del río, el caimán
lo agarra por la nariz, lo arrastra y se lo devora. Después se le
arriman otros caimanes y entre todos destrozan su presa y se la
comen".
Luego relata el método indio de
capturar caimanes: "Ellos toman un trozo de madera de medio codo de
largo, afilan ambos extremos y atan un trozo de cuerda fuerte en el
medio. Este trozo de madera se sazona y pule corno una espada
hasta que quede duro como el acero. Después, uno de los indios va y
se sienta en un escondite junto al río de modo que cuando el animal
salga y vea al indio abra su boca para comérselo. El indio entonces
ensarta el trozo de madera amada en la boca del animal. Cuando el
animal trata de cerrar sus quijadas, éstas se empalan en el extremo
del palo. Cuanto más muerde, más se le clavan las puntas en la
carne. Los indios lo arrastran hacia la tierra con gran dificultad y
lo vuelcan sobre su lomo para que no pueda caminar. Después lo
cortan en pedazos."
En Guayaquil, Elías comió su
primer chocolate, probablemente el primer árabe en comerlo. En esa
época el chocolate, hecho de los granos molidos del cacao, era más
bien una bebida, como sigue siendo hoy en España. "Uno diría que
tendría el color, gusto y olor del café, pero es muy aceitoso, y se
forma como una pasta. Ellos le agregan todo el azúcar necesario y
canela y ambergris. Después lo mezclan y forman una pasta y la
colocan en moldes hasta que se endurezca, Derriten las barras del
chocolate y lo beben como si fuera café. Este fruto es popular en
todo el territorio de los francos, adonde se exporta y se vende."
Elías pasó dos meses en Quito
como huésped del obispo, Don Alonso de la Peña Monte Negro, a quien
había conocido en España. Fue durante su estadía allí que, para su
gran pesar, Elías perdió el molar de su gigante. También tuvo
oportunidad de practicar medicina como aficionado, logrando una cura
exitosa con la savia de una gran caña que había encontrado cerca de
Ambato, y también compró un poco de oro aluvial, probablemente
proveniente del Río de Santa Bárbara y originado en las pendientes
de un volcán vecino, el Monte Pichincha.
Después de pasar dos meses en
Quito, Elías viajó a Otávalo, una ciudad sobre el ecuador, y después
cruzó el páramo, la altiplanicie, hasta Cuenca. El gobernador de
Cuenca había sido uno de los compañeros de barco de Elías en el
viaje desde España y le recibió con mucho gusto. Para agasajarlo
organizó una corrida de toros: "Queria dar una fiesta para
divertirme; en la tierra de España llaman a este entretenimiento' el
festival del toro: Hacen lo siguiente: Primero rodean una plaza con
vallas de madera para proteger las casas. Después colocan bancos uno
arriba del otro, en forma escalonada, y todo el mundo se reúne y se
sienta en estos bancos, comprando cada persona un lugar para
observar el espectáculo. Después traen a la plaza uno de los toros
salvajes del país dentro de una jaula y lo sueltan. La plaza está
rodeada de gente y el toro corre nerviosamente, pero no ve la manera
de escaparse. Luego entra un jinete con una lanza en su mano y azuza
al toro. El toro por momentos lo ataca y también le escapa, y por
último lo matan; pero a veces el toro mata al caballo y a su jinete
con sus poderosos cuernos..''
Al irse de Cuenca, Elías se
dirigió a las minas de oro de Zaruma, pasando por Loja en medio de
una lluvia torrencial en los agrestes pasos por las montañas.
Zaruma, dice Elías, " está en la cima de la montaña, rodeada de
minas de oro. Inspeccioné todos los procesos mediante los cuales
separan el oro del mineral. Primero extraen el oro de la mina y
separan el polvo con agua corriente. Lo funden y lo forman en
barras:' Elías compró unos 1800 gramos de oro aquí, de modo que
obviamente estaba prosperando. Su interés en la tecnología minera
parece poco común, y cabe preguntarse nuevamente, como en la
recepción del rev de Francia, si en realidad existían otras razones
de sus viájes, encubiertas por el pretexto de recaudar limosna para
reconstruir una iglesia en Bagdad.
Elías tomó una ruta diferente
para regresar de las minas de Zaruma, siguiendo el consejo del cura
local. Era un camino por el desierto, y Elías contrató dos muleteros
para que le guiaran. La primera noche en el camino éstos trataron de
matarlo, supuestamente para robarle el oro, pero Elías los desarmó y
ellos huyeron. Cuando llegó a la ciudad más cercana, los indios se
maravillaron por su bravura. "Estaban asombrados debido a mi barba
crecida, v dijeron que debía ser muy valiente por haber pasado pór
esa región."
Sabemos que Elías generalmente se
vestía a la usanza oriental, seguramente con caftán y turbante. Debe
haber tenido un aspecto bastante extraño y exótico, al salir
cabalgando del desierto y entrar en el pueblo indio de Guachanama,
como una figura que sale de un sueño. Cuando llego a Amotapé, el
cura local le dijo a Elías que los ladrones que le habían atacado
también habían asesinado al hermano del sacerdote en el mismo
camino. Elías compara el Río Colán, que pasa por Amotapé, a su
nativo Tigris. Le escribió a un amigo, el gobernador de Piura, y le
pidió que le enviara una litera para trasladarse a Piura pasando por
Paita." Tan pronto como recibió mi esquela, él me envió una litera,
pues en ese país uno se cansa muchísimo viajando a caballo, debido
al calor y la arena:'
Continuó con rumbo al sur,
dirigiéndose a Lima, y cerca de Saña el territorio se convirtió en
un bosque espeso. Como dice Elías, "Entrar en este bosque es una
empresa formidable, pues no tiene ni comienzo ni fin:' Su muletero
se adormeció en el recorrido y se perdieron. Elías tuvo el buen tino
de quedarse donde estaba, prendiendo un fuego de señal y atando un
estandarte blanco al árbol más alto. Al día siguiente, una partida
de búsqueda les encontró, habiendo visto el estandarte de Elías.
El camino a Trujillo era tambien
difícil, "con pocos lugares para acampar y nada poder comer:' Elías
cabalgaba un poco y otro poco era transportado en su litera.
Descanso en Trujillo, donde fue recibido cálidamente, como siempre,
pero después de sólo 10 días volvió a ponerse en camino.
Cruzó el Río Santa en una balsa
construída de madera de balsa - esta palabra ocurre aquí por primera
vez en el idioma árabe - que él compara a los flotadores de pieles
infladas que se usaban en el Eufrates. Atravesó cañaverales de
azúcar, campos de trigo y maíz, y notó los talleres donde se hacían
unas excelentes telas de lana. Por último llegó a Lima, donde se
alojó con el presidente de la Inquisición, Don Pedro de la Cantera,
a quien le había prestado 1400 doblan es de a ocho en Portobelo. El
dinero le fue devuelto con un interés del 40 por ciento,
"como es la costumbre de los mercaderes de ese país:' Dónde
consiguió los 1400 doblones de a ocho en primer lugar, es algo que
Elías no declara.
Después de descansar de las
fatigas de su viaje, Elías presentó sus cartas de recomendación al
virrey, Don Baltasar de la Cueva Enriquez Arias de Saavedra, Conde
de Castellar, segundo hijo del duque de AJbuquerque. "El me recibió
con gran alegría y prometió que me ayudaria en todo lo posible:'
Elías muy pronto se hizo amigo
del virrey y de su esposa, y cuando Elías se enfermó, probablemente
por fatiga, el virrey mandaba averiguar acerca de su salud dos veces
al día y le enviaba dulces. Al leer los viajes de Elías a uno le
llama la atención la civilidad que encontró en todas partes en
Sudamérica, y sus numerosas amistades con prelados y líderes
seculares. Tenía un don de amistad, y era extremadamente leal, como
veremos más adelante.
Fue probablemente en Lima donde
Elías comenzó a interesarse en la historia de Sudamérica por primera
vez. Había buenas bibliotecas y abundancia de hombres eruditos.
Describiendo la situación de los nativos del continente cuando
llegaron los españoles, Elías escribe... "nadie conocía al Dios
verdadero; algunos adoraban ídolos, otros adoraban al sol, la luna y
las estrellas. No tenían alfabeto y no sabían ni leer ni escribir.
Cuando deseaban presentar una petición a su rey, acostumbraban a
expresar sus deseos dibujándolos en un trozo de tela… sus armas eran
arcos y flechas, lanzas y hondas para tirar piedras. No tenían
animales domésticos, como caballos, mulas y asnos... ni tenían
toros, vacas, ovejas o pollos. Tenían un animal como el camello,
pero más pequeño, aproximadamente del tamaño de un burro, con su
joroba sobre el pecho, y lo usaban para transportar cargas y cuya
carne comían.
Pero esta bestia no tiene mucho
aguante - cada día no recorre más de cuatro leguas y cuando se cansa
se echa a dormir y larga espuma y escupe a sus compañeros. Cuando se
moria uno de los indios, acostumbraban a hacer una tumba alta para
él, de unos dos codos de alto y tres codos de largo. Después ponían
las herramientas de su oficio en la tumba, junto con una especie de
vino hecho del mijo:''
A los historiadores modernos
posiblemente les resulte interesante esta referencia a las
pictografías incas, cuya existencia, aunque denegada por mucho
tiempo, ha sido afirmada últimamente.
Elías pasó un año en Lima,
viviendo en la casa de Don Pedro de la Cantera, quien costeó
amablemente todos sus gastos. Esta fue una ventaja importante, pues
Lima era una ciudad muy' cara - un pollo, dice Elías, costaba un
doblón y medio de a ocho.
Elías estaba ansioso por
visitar las minas de mercurio de Huancavélica y las minas de plata
de Potosí, y, gracias a las cartas de recomendación de su
amigo el virrey, pudo hacerlo. Cruzó la altiplanicie de Puna de
Pariacaca, cruzó el famoso y peligroso puente colgante sobre el Río
Puni, y llegó a Huancavélica en 10 días:
Fuí a ver
la mina con
el gobemador de Huancavélica. Ví su
enorme tamaño y cómo los trabajadores cortaban el mineral y lo
llevaban a la superficie. Me mostraron cómo extraían el azogue.
Me llevaron a un cuarto
en donde habían hecho agujeros en el piso y habían puesto un
recipiente en cada agujero; estos recipientes estaban unidos y
dispuestos en hileras. Tenían dos aberturas, una en la parte de
arriba y la otra en la parte de abajo, pero la de abajo estaba
sellada, como un tarro. Apilaron el mineral de azogue en capas sobre
los recipientes, como el alfarero en el horno. El cuarto estaba
cerrado, pero tenía un techo alto y fuerte con respiraderos para
dejar escapar el humo. En la parte de arriba del mineral apilan
maderas y les prenden fuego. Al quemarse calientan el mineral a una
temperatura elevada para que al azogue comience a fluir, bajando y
recogiéndose en los recipientes. Los trabajadores saben cuándo ha
ocurrido esto y apagan el fuego y lo dejan un día y una noche para
que se enfríe. Después retiran la escoria y las enizas, las
depositan afuera y sacan el azogue vertiéndolo de los recipientes.
El azogue estaba destinado para
las minas de plata, donde se lo utilizaba en el proceso de
amalgamación del mercurio, para refinar la plata.
En Huamanga, donde pasó 20
días felices, Elías asistió a una obra de teatro; después partió con
destino a Cuzco. Tuvo que cruzar otro puente colgante, sobre el
Apurímac; "Un puente tejido de raíces y ramas de árboles tendido
sobre el río. Tenía un codo de
ancho, más o menos, y 20 codos de
largo. Lo cruzamos
con gran dificultad y temor. Los fardos
fueron desempacados de las mulas y los indios los transportaron al
otro lado sobre sus espaldas, uno por uno, hostigando a las mulas
para hacerlas cruzar el puente. El puente era de planchas cruzadas y
si el casco de una mula se enganchaba en una de éstas, los indios
simplemente levantaban las planchas y dejaban que la mula cayera al
agua por la abertura. La mula entonces nadaba hasta la otra orilla
del río:''
Pasaron por los enormes solares
azucareros de Abancay y llegaron a Cuzco. Elías estaba muy
impresionado por los artesanos indios, y estaba asombrado por los
enormes bloques de piedra labrados por los incas sin herramientas de
hierro. Elías hizo una expedición especial en la región para
examinar las ruinas de otros edificios y tumbas de los incas.
Permaneció cinco meses en Cuaco, y después se dirigió a las minas de
plata de Condoroma y de Caylloma. Nuevamente da una buena
descripción técnica del método de refinación de la plata, sobre el
que tenía una curiosidad insaciable.
Elías fue al Lago Titicaca,
aparentemente para visitar la fundición del rey en Chucito, y de
allí a Potosí.
Potosí, en lo que es
actualmente Bolivia, tenía la mina de plata más rica del mundo, a
4.900 metros sobre el nivel del mar. Esta era la principal fuente de
la plata
que estaba inundando
a Europa y al Oriente, causando una grave inflación (Ver
"Plata americana y la decadencia
otomana"). Las minas
se descubrieron en 1545; hacia 1572,
los españoles habían establecido un elaborado sistema de lagos
artificiales cuya capacidad de almacenamiento total ascendía a los
6.000.000 de toneladas métricas en 1621. Y máquinas moledoras de
mineral impulsadas por energía hidráulica. Elías da una descripción
técnica muy detallada de la minería y la refinería y después
describe con cierta amplitud la ceca, la Casa de la Moneda. Se quedó
45 días en Potosí, una estadía prolongada considerando lo inhóspito
de ese lugar.
Después de visitar amigos en
Charcas - el punto más meridional de sus viajes - Elías regresó a
Potosí y de ahí regresó a Lima por la ruta costera. Descubrió que,
en su ausencia, su amigo el virrey había sido destituido de su cargo
y lo iban a enviar al exilio en Paita, esa ciudad del desierto por
la que Elías había pasado hacía mucho tiempo. El virrey había sido
acusado de malversación, y Elías hizo todo lo que pudo para ayudar a
su amigo, con solando a su esposa e interviniendo ante las
autoridades. Antes de que el virrey partiera para su exilio, dejó su
casa y su esposa bajo el cuidado de Elías, y éste pasó el proximo
año y dos meses "custodiando su casa y su esposa:'' Pasó este tiempo
escribiendo sus diarios de viajes y trabajando en su historia del
descubrimiento y la conquista del Nuevo Mundo. Debe haber sido todo
un espectáculo ver a Elías escribiendo detenidamente su manuscrito
árabe, en la casa cerca de Surco, tan lejos de su país natal.
El relato de Elías de la
destitución y el exilio del virrey arroja una luz importante sobre
un episodio poco conocido en la historia del Perú del virreinato; a
diferencia de la seca prosa oficial de los documentos sobre el mismo
en el Archivo de las Indias en Sevilla, está llena de vida y
colorido.
EIías había estado en Perú seis
años. Un nuevo virrey llegó para asumir el cargo y EIías decidió
acompañar a su amigo el Conde de Castellar hasta Portobelo. Zarparon
del puerto del Callao el 21 de septiembre de 1681, con destino a
Panamá, y llegaron sanos y salvos en 42 días. El virrey se disculpó
ante Elías por no haberle podido ayudar más, y le escribió una carta
de recomendación para el virrey de México.
Entonces Elías decidió ir a
México. Tuvo suerte, pues un barco estaba por zarpar para Realejo en
Nicaragua, y en diciembre de 1681 se hicieron a la mar. Echaron
anclas en Golfo Dulce en Costa Rica para tomar agua dulce. Elías fue
a la costa para bañarse en un arroyo de agua dulce y encontró polvo
de oro mezclado con arena en el lecho del arroyo. Se lo mostró al
capitán del barco, quien le dijo que los españoles estaban enterados
del oro, pero no se animaban a explotarlo por temor los indios. Seis
días después, anclados en el puerto de la Caldera, Elías pidió a
unos marineros que le trajeran unas ostras. En una de ellas encontró
una gran perla, del tamaño de un garbanzo. "Le dije al capitán:
'¿Cómo podéis ser tan indiferente? ¿Cómo pueden haber perlas en este
mar, sin que se las coseche?' Y El me dijo: 'Esto también se debe a
nuestro temor de los indios:"
El obispo de León, en Nicaragua,
resultó ser un hombre que Elías había conocido en París muchos años
antes, El obispo se mostró encantado de ver a Elías y le dio una
buena mula para cabalgar. En las calles de León, se topó con un
conocido de Lima, quien le puso en contacto con otro, y ocho días
más tarde Elías emprendía viaje por tierra hacia la ciudad de
México. Cruzó el Golfo de Fonseca en una canoa y se abrió camino
por aldeas indias - a las que les dio un nombre - hasta San
Salvador. Describe el método del cultivo del índigo, otro producto
que, al igual que el azúcar, había sido una vez un monopolio
oriental, pero que ahora se producía más económicamente en
Sudamérica.
Desde San Salvador fue a
Guatemala, y de ahí pasó a
Chiapas en México, luego a Oaxaca,
donde compró una gran cantidad de cochinilla, una tintura roja hecha
de insectos, cuya producción describe. Por último llegó a la ciudad
de México donde estuvo enfermo durante 10 días, probablemente
agotado por su difícil viaje por Centroamérica.
La aparición de Elías en la
ciudad de México el 8 de julio de 1682 causó gran sensación: un
contemporáneo diarista dice que vestía una sotana de seda o
balandran, con un cuello blanco, v llevaba un turbante en su cabeza,
como un turco. Cuando se recuperó de
su enfermedad,
alquiló una casa, la amuebló y compró unas
mulas. Todas las noches visitaba al virrey durante dos horas.
Elías pasó seis meses en la
ciudad de México, Hacia el final de su estadía, el puerto de
Veracruz fue atacado por piratas, bajo el mando de Graff y Nicolas
van Horn, quienes tomaron la ciudad con gran derrame de sangre y la
saquearon despiadadamente, llevándose un botín de 8.000.000 doblones
de a ocho. Elías perdió su carga de cochinilla, que había almacenado
en Veracruz, y que valía 1000 doblones de a ocho. Su descripción del
saqueo de
Veracruz es uno de los pasajes más gráficos de
sus Viajes.
EIías quería navegar con rumbo
oeste hacia las Filipinas desde Acapulco con los galeones de Manila,
y después tomar un barco armenio desde Manila hasta Surat, en la
India occidental, para volver desde allí a Bagdad. A último minuto
estos planes tuvieron que cancelarse, y en vez Elías regresó a
España navegando con rumbo este. Si hubiera podido realizar su plan
inicial, habría sido el primer árabe en circunnavegar el globo según
nuestro conocimiento.
Elías dejó Veracruz el 18 de
abril de 1685 y zarpó con destino a Cuba, donde pasó cuatro meses y
medio; le llevó como regalo al gobernador el raro presente de
cebollas secas: aparentemente las cebollas no crecían bien en Cuba.
Después tomó un barco que salía de Caracas con destino a España, y
después de un viaje relativamente fácil entró al puerto de Cádiz.
"Había guerreros pertenecientes al rey de Francia anclados fuera del
puerto y guerreros del rey de España anclados frente a ellos. Cuando
entramos al puerto entre los hombres de ambas armadas y les
saludamos con fuego de cañón, tanto los barcos franceses como los
españoles devolvieron nuestro saludo. Los cañones continuaron
disparando desde ambos lados hasta que el humo de ambos fue como una
neblina. Entonces entramos al puerto y echamos anclas:''
EIías pudo pasar por la aduana
sin que le abrieran sus cofres, Traía consigo cuatro loros y un
candelabro de plata de "maravillosa artesanía'': Fue a Sevilla,
entabló un juicio contra un capitán de barco que no había pagado una
deuda, y lo ganó, y después viajó a Roma, donde presentó el
candelabro a la Propaganda Fide, la organización misionaria de la
iglesia. El Papa Inocencio XI le nombró protonotario apostólico - un
cargo honorifico que no tenia deberes involucrados - y a éste le
siguieron otros altos honores.
Después de muchas otras
aventuras, Elías finalmente regresó a España, donde pasó sus últimos
años en la encantadora ciudad portuaria del Puerto de Santa María,
sobre el Atlántico. Aquí terminó de escribir sus
Viajes
y su historia de El descubrimiento y la
conquista de América. Estos dos libros deben haber sido las
últimas obras de literatura árabe compuesta en al-Andalus; es justo
que se hayan dedicado al Nuevo Mundo, en el extremo más alejado del
Mar de Tinieblas.