Los moriscos hallaron refugio en el Norte de
África, en el
Imperio Otomano y en América. En el Nuevo Mundo fueron los artífices del mal
llamado «arte colonial español», y forjaron las culturas ecuestres de los
gauchos (Argentina, Uruguay y Brasil), huasos (Chile) y llaneros (Colombia y
Venezuela), con múltiples influencias en la música, costumbres y estilos, desde
el folclore argentino a la escuela tapatía mexicana (Véase Ignacio Henares y
Rafael López Guzmán: Mudéjar iberoamericano. Una expresión cultural de los
mundos, Ed. Universidad de Granada, Granada, 1993; Varios Autores: El
mudéjar iberoamericano. Del Islam al Nuevo Mundo, Lunwerg, Barcelona, 1995.
Los arquitectos y artesanos mudéjares construyeron casas,
edificios públicos, iglesias y palacios a lo largo y a lo ancho de toda América,
desde Cuba hasta el norte argentino, desde la misión San Juan de Capistrano
(edificada en recuerdo de un tristemente célebre inquisidor italiano que vivió
entre 1386-1456, perseguidor de musulmanes y judíos) en California hasta los
balcones del palacio del Arzobispo en Lima. Un ejemplo es la bellísima catedral
de la Virgen de la Candelaria, en la población de Copacabana a orillas del lago
Titicaca a más de 3800 metros sobre el nivel del mar construida entre 1610 y
1620 (Véase Manuel Toussaint: El arte mudéjar en América, Porrúa, México,
1946; Varios autores: El arte mudéjar, Unesco, Zaragoza, 1995).
Incluso en Brasil se han estudiado las influencias islámicas
en la arquitectura del estado de Mato Grosso (cfr. Carlos Francisco Moura:
Notas sobre a historia da architectura en Mato Grosso, Ediçoes UFMT, 1976).
En Argentina, las huellas de la herencia andalusí son
palpables y cotidianas. Basta mencionar el gaucho (del árabe uash =
resero indómito, montaraz) y su cultura criolla, del aljibe (ár. al-ÿubb
= el pozo, cisterna) a la guitarra (ár. qitar = instrumento de cuerdas).
Buenos Aires, ciudad mudéjar como Lima, La Habana, Antigua
Guatemala, Querétaro, Popayán, Tunja, Quito, Potosí o Veracruz, posee aun
diversos edificios y residencias que ostentan las inconfundibles huellas del
arte hispanomusulmán. Una es la casa que perteneció al novelista Enrique Larreta
(1875-1961) en el barrio de Belgrano (Juramento 2291) que hoy contiene al Museo
de Arte Español «Enrique Larreta». Otra es el salón «Alhambra» en el subsuelo
del Club Español (Bernardo de Irigoyen 172).
Véase Varios Autores: Andalucía en América: El legado de
ultramar, Lunwerg, Barcelona, 1995; Varios Autores: El Mundo Arabe y
América Latina, Unesco/Libertarias, Madrid, 1997).