Artículo
extraido de la revista "Alif Nûn" nº26, abril 2005
El estado de Bahía, al nordeste
de Brasil, fue una de las zonas de esclavitud y de producción de
azúcar en el Nuevo Mundo. A causa de su rebeldía, sus esclavos
fueron siempre temidos por todos los propietarios brasileños, que
evitaban comprar cautivos de la región. Se sabe que durante el siglo
XIX tuvieron lugar en Bahía más de veinte revueltas y conspiraciones
de esclavos. Estas rebeliones atacaron las plantaciones de azúcar
del Reconcavo, el área que bordea la Bahía de Todos os Santos
y la ciudad de Salvador, capital de Bahía y del imperio portugués en
América hasta 1.763, año en que fue reemplazada por Río de Janeiro.
En este artículo investigaremos algunos de estos movimientos, a los
cuales los musulmanes africanos contribuyeron en grado sumo. Pero
antes veamos cuál era la situación en la región.

1.- Las dos primeras
décadas del siglo XIX marcaron la explosión azucarera de Bahía, un
fenómeno ligado al declive de las sociedades de plantaciones en
Santo Domingo (Haití) a causa de una revolución de esclavos en la
década de 1.790. La prosperidad bahiana llegó a su fin a principios
de la década de 1.820 con la guerra de independencia.
Posteriormente, la producción de azúcar de remolacha en Europa, el
desarrollo de la producción azucarera en Cuba y el fin del comercio
de esclavos tuvieron en conjunto un efecto negativo. La crisis en el
comercio exterior se combinó con un colapso en la producción de
alimentos, un rápido crecimiento de la población y altas tasas de
inflación. Tampoco el escenario político estaba en calma. Además de
un aumento en el número de las revueltas de esclavos, la región se
hallaba agitada por rebeliones militares y liberales, movimientos
antiportugueses, protestas por la escasez de alimentos, al menos un
serio levantamiento de indígenas en el interior y la destrucción de
un cementerio recién construido en Salvador.

Durante los años de
prosperidad y algún tiempo después, las plantaciones de azúcar se
expandieron y el comercio de cautivos africanos fue en aumento.
Muchos de los africanos procedían del área del golfo de Benin, que
en ese tiempo sufría serios levantamientos ligados a la expansión
del Islam y a las revueltas que anunciaban el colapso del imperio
Oyo[2].
La mayor parte de los esclavos que fueron conducidos a Bahía en este
periodo eran, por tanto, prisioneros de guerra, y de entre ellos
muchos eran musulmanes. La mayoría se distribuía étnicamente entre
los pueblos yoruba (llamados nagô en Brasil), aja-ewe
(incluyendo a los jeje, un nombre frecuentemente aplicado a
los fon y grupos emparentados con ellos) y hausa (ussa
o aussa). Otros contingentes menores procedentes de esa
región incluían a los nupe (tapa), gurma (grumau),
morgu y otros. Estos africanos representaban en 1.811 un 50%
y en 1.835 un 60% de los esclavos africanos en Salvador. El resto
fue llevado desde la Costa de Oro y de África Central y Occidental
(Congo, Cabilda y especialmente Angola). En Brasil, a estos grupos
étnicos y regionales se los llamaba propiamente naçoes, ya
que sus miembros se veían unos a otros y eran vistos por los
brasileños como pertenecientes a muy distintas categorías
“nacionales”.
En Bahía, el régimen de
esclavitud era cruel, con altas tasas de mortalidad y cortas
expectativas de vida. La formación de familias y la reproducción
biológica se hallaban inhibidas a causa de una escasa relación entre
mujeres y hombres, resultado de un esquema de tráfico de esclavos
que capturaba en primer lugar a los hombres, y de las prácticas de
manumisión que favorecían a las mujeres. Así, hasta el fin del
comercio de esclavos en 1.850, la fuerza del trabajo esclava se
reprodujo por importaciones procedentes de África. La proporción de
nativos en el total de la población esclava de Salvador variaba
desde un 30 a un 35% durante la década de 1.830. Los antiguos
esclavos africanos o libertos también se encontraban en gran número
entre las clases libres, de las cuales representaban en 1.835
aproximadamente un 12%. Alrededor del 33% de los 66.500 habitantes
de la capital habían nacido en África. Sumados a los afrobrasileños
(esclavos, libertos y negros libres nacidos en Brasil) formaban una
formidable mayoría negra de un 72%. Estos números eran incluso
mayores en los pueblos y plantaciones de la zona azucarera del
Reconcavo, cercana a la capital. Un informe del Reconcavo en 1.816
arrojaba un recuento de seis esclavos por cada persona libre. Aquí,
el predominio africano era con seguridad más significativo que en
Salvador.
Tal concentración de grandes
grupos de africanos creó un entorno ideal para el desarrollo de una
fuerte cultura esclava y el restablecimiento de la solidaridad
étnica y entre esclavos. Tanto dentro de sus propias instituciones
como en las instituciones impuestas por la clase propietaria, los
esclavos podían reproducir, seleccionar, desarrollar y redefinir
buena parte de sus tradiciones africanas. En el contexto urbano
donde se desarrollaron las conspiraciones más elaboradas, a los
esclavos se les permitía ofrecer sus servicios en el mercado laboral
con bastante independencia, mientras pagasen a sus amos una cantidad
diaria o semanal previamente negociada. El trabajo esclavo en las
calles de Salvador implicaba la organización de grupos africanos de
trabajo y sociedades de manumitidos a través de líneas étnicas en
las que los antiguos esclavos también participaban. La etnicidad
influenciaba otros aspectos de la vida de los africanos en Bahía.
Cortejaban, y cuando era posible, se casaban con hombres y mujeres
de sus tribus. Incluso las hermandades católicas seglares tenían
esta orientación étnica, por no mencionar los cultos africanos de
posesión y el Islam. Así, los africanos de Bahía trabajaban,
jugaban, rezaban y, al fin y al cabo, se revelaban en base a su
etnicidad. Ciertamente, también estaban divididos por su etnicidad,
pero frecuentemente se las arreglaban para establecer alianzas
interétnicas para enfrentarse al régimen de esclavitud. En la
formación de estas alianzas la explotación clasista y la opresión
racial eran factores importantes.

2.- La serie de revueltas
esclavas del siglo XIX en Bahía se ve frecuentemente ligada al
mensaje revolucionario del Islam. Sin embargo, de las más de veinte
rebeliones y conspiraciones, sólo tenemos evidencia documental de
influencia musulmana en tres de ellas: en 1.807, en 1.814 y en
1.835, todas las cuales estaban bien organizadas.
En 1.807, el levantamiento
nunca llegó a materializarse. La conspiración fue denunciada por un
esclavo leal y rápidamente desbaratada por eficaces medidas
policiales. Los rebeldes habían planeado alzarse el 28 de mayo,
durante la celebración del Corpus Christi. Tenían intención de
quemar edificios en el distrito comercial como táctica de
distracción, mientras se unían a los esclavos de las plantaciones
del Reconcavo y junto con ellos, de acuerdo con la narración del
gobernador de Bahía, “hacer la guerra contra los blancos”. Más
tarde, una investigación policial descubrió una elaboradísima red
conspirativa, con “capitanes” situados en cada parroquia de
Salvador, y un líder llamado “embaixador”. Los insurgentes
eran esclavos y libertos hausa. Durante los registros, la
policía encontró arcos y flechas, cuchillos, unas cuantas pistolas y
armas de fuego, un tambor y amuletos musulmanes llamados “mandingas”
en Bahía en aquella época, probablemente como referencia a los
esclavos de etnia mandinga[3]
que en los siglos XVII y XVIII habían sido importados en pequeño
número. Sin embargo, no se sabe de que ningún mandinga
participase en la conspiración. Los amuletos y la participación de
los hausas (un grupo altamente islamizado) son indicaciones
de que los musulmanes estaban involucrados en esta conspiración,
como señala el hecho de que dos hausas, un esclavo y un
liberto, fueran posteriormente ejecutados y once más recibieran
ciento cincuenta latigazos cada uno. Poco más se sabe de este
episodio.

En 1.814 tuvo lugar una
insurrección que de nuevo fue predominantemente hausa. Cierto
número de esclavos se reunió en 28 de febrero en un quilombo
(comunidad de esclavos fugitivos) en las cercanías de Salvador, y
desde ese punto unos doscientos cincuenta atacaron el pueblo costero
de Itapoan y varios edificios relacionados con la industria
ballenera. Entonces iniciaron una marcha hacia el Reconcavo,
quemando unas cuantas plantaciones de camino, pero jamás alcanzaron
el corazón de la zona azucarera. En los márgenes del río Joanes
fueron interceptados por tropas de caballería rápidamente
enviadas por el gobierno. Los esclavos pelearon valientemente al
grito de “muerte a los blancos y a los mulatos”, siendo estos
últimos la espina dorsal de la milicia bahiana y las fuerzas
regulares. Contra las balas de los soldados usaron arcos y flechas,
garrotes y algunos jinetes a caballo. La batalla duró menos de una
hora. Los rebeldes fueron derrotados, perdiendo cincuenta y ocho
hombres, mientras causaron tan solo catorce bajas, incluyendo
algunos esclavos recién llegados que estaban demasiado asustados
para unirse a la rebelión. Cuatro esclavos fueron sentenciados a
muerte, muchos recibieron azotes públicos y veintitrés hombres,
probablemente antiguos esclavos, fueron deportados al puerto
portugués de Benguela, en Angola. Otros, sin embargo, pudieron
escapar por los bosques y colinas que rodeaban la capital.

Comercio de esclavos en Brasil
La descripción de esta
rebelión muestra muchos elementos comunes con la conspiración de
1.807. Como el complot previo, parece haber sido planeada muy
cuidadosamente. Las actas del juicio están, por desgracia,
incompletas, pero ofrecen cierto número de pistas para comprender
este episodio. Por ejemplo, mencionan a un tal João, supuestamente
un “malomi ou sacerdote”, en palabras del escribano de la
policía. La palabra “malomi” probablemente procede de “malam”,
el término hausa para designar la palabra árabe “mu‘allim”
o “sacerdote” musulmán[4].
El malomi João comandaba la conspiración desde el quilombo.
Su principal agente en Salvador era un esclavo llamado Francisco
Cidade que, debido a la relativa independencia de la que disfrutaban
los esclavos urbanos, se comunicaba con los esclavos del Reconcavo y
obtenía fondos y alimento que enviaba con regularidad al quilombo.
Se decía que hizo un viaje a la isla de Itaparica donde confirió a
un tal David el título de “Duque de la Isla”. Parece que los
rebeldes intentaban establecer sus propias jerarquías usando una
terminología europea como descripción de poder político y social, y
con la cual estaban familiarizados.Vemos entonces términos africanos
como malomi mezclados con términos portugueses como duque (o
embaixador en 1.807). También pudiera ser que estuviesen
introduciendo en Bahía la terminología política que caracterizaba el
Haití de Christophe[5].
Hay fuertes evidencias de que los esclavos brasileños conocían
Haití, como lo prueba la publicación por parte de Luiz Mott[6]
de un documento que revela que en 1.807 los esclavos de Río de
Janeiro llevaban medallas con la imagen de Christophe. Estos son
signos de la flexibilidad, la adaptabilidad y el nivel de
información que caracterizaban, en tiempos de guerra y de paz, las
culturas esclavas del Nuevo Mundo. Al igual que ese Duque David de
Itaparica, otros fueron señalados probablemente como dignatarios de
una nueva y clandestina estructura de poder, y finalmente como
líderes locales de la posible rebelión.

En el tema del liderazgo,
resulta sorprendente que los informes hablen de Francisco Cidade
como “presidente de las danzas de su nación, su protector y su
agente”, una descripción que le cuadra mejor a un Sarkin Bori
(título del líder masculino del culto Bori, de la etnia
hausa, que por lo demás es practicado por mujeres) que a un
líder religioso musulmán, incluso considerando el tremendo
sincretismo en la tierra hausa. Tal vez en Bahía el Islam
había adoptado más profundamente que en África ciertos aspectos de
los rituales africanos, incluyendo los bailes de los cultos de
posesión. O tal vez Francisco fuese el líder de los
kefirai[7].(paganos)
hausa que en 1.814 se aliaron con los musulmanes para luchar
contra la esclavitud. Otra posibilidad que no debe ser desechada es
que Francisco fuese responsable de la organización de los danzantes
africanos que participaban en los festivales anuales de las
hermandades católicas negras, en cuyo caso nos encontraríamos con
una interesante alianza entre el Islam y el afrocatolicismo en
1.814. El hecho de que los musulmanes fueran miembros de la
Hermandad de Nuestra Señora del Rosario en Pelourinho, Salvador, ha
sido señalado por Pierre Verger[8].
Por desgracia, los archivos hasta
ahora investigados no revelan mucho más acerca de la rebelión de
1.814.
Después de la guerra de
independencia en Bahía (1.822-23) las rebeliones de los esclavos se
convirtieron en parte de la vida cotidiana. En 1.835 tuvo lugar la
amenaza más seria a la clase propietaria: la revolta dos malês.
“Malê” (procedente de la expresión “imale”, de origen
yoruba), era el término utilizado en Bahía durante la década
de 1.830 para designar a un musulmán africano. La palabra africana “mussulmi”
o “mussurumim” se hizo más común en fechas posteriores.
Al atardecer del 24 de enero de
1.835, un grupo de militares que habían sido advertidos irrumpió en
una casa en el corazón de Salvador, a unos cuantos metros del
palacio del gobernador, el ayuntamiento y la catedral. Dentro, un
grupo de aproximadamente sesenta hombres había estado haciendo los
últimos preparativos para un levantamiento a primera hora de la
mañana del día siguiente, un domingo dedicado a la celebración
católica en honor de Nossa Señora da Guia. A pesar de ser
sorprendidos dentro de la casa, los rebeldes vencieron fácilmente a
sus atacantes y llevaron la lucha a las calles de Salvador, donde su
número creció al unírseles otros africanos en respuesta a sus
llamadas. Atacaron a la guardia de palacio, los calabozos
municipales, donde un alufa esperaba ser subastado, y varios
puestos de policía y barracones militares en diferentes lugares de
la ciudad. Incapaces de conquistar ni ocupar ninguno de estos
bastiones y símbolos del poder del hombre blanco, y sometidos a un
intenso fuego, intentaron salir de Salvador y alcanzar el Reconcavo,
donde habían establecido contactos previos con los esclavos de las
plantaciones. En su camino, sin embargo, se encontraban los
barracones de la caballería, cuyos hombres combatieron contra ellos
y los derrotaron. Los entre cuatrocientos y quinientos insurrectos
tenían en su poder muy pocas armas de fuego, siendo su principal
arma un tipo de cuchillo largo importado de Alemania conocido como
parnaiba, de extendido uso en Bahía. Al menos setenta
africanos murieron en la lucha, que dejó tan sólo nueve bajas en el
campo contrario.

Esta rebelión es obviamente más
importante por lo que pudo llegar a ocurrir que por lo realmente
ocurrido, pero los altos cargos de la provincia e incluso el
gobierno central de Río de Janeiro no se lo tomaron a la ligera.
Después de todo, una ciudad importante del Imperio había sido
atacada desde su interior por esclavos africanos. Los juicios
masivos que siguieron a la insurrección produjeron uno de los
archivos más voluminosos de una sola revuelta de esclavos en todo el
continente americano: testificaron más de doscientos cincuenta
acusados y más de cuatrocientos testigos.
De los acusados, ciento noventa y
nueve eran yoruba (cincuenta y tres libertos, ciento cuarenta
y tres esclavos y tres de condición desconocida; catorce eran
mujeres y ciento ochenta y seis hombres), treinta y uno hausa
(veintitrés libertos y ocho esclavos; una mujer y treinta hombres),
diez jejes (seis libertos, tres esclavos y uno de condición
desconocida; dos mujeres y ocho hombres) y dieciocho eran nupe,
borgu o gurma (catorce libertos y cuatro esclavos; seis
mujeres y ocho hombres). Unos cuantos minas, calabris,
angoleños y congoleños también fueron arrestados, incluyendo a
cuatro afrobrasileños que, como muestra una cuidadosa lectura de las
actas, no tuvieron ninguna participación en este clarísimo
movimiento completamente africano. El número total de africanos
encausados incluía ciento ochenta y cinco esclavos, ciento once
libertos y ocho personas cuya condición no hemos sido capaces de
identificar.

Pintura Yoruba de Brasil
Cerca del 65% de los acusados
eran yorubas, aunque los yorubas sólo constituían un
26% de la comunidad africana de Salvador. Los hausa, por otra
parte, sólo estaban ligeramente sobre representados entre los
acusados: 10,2% frente al 9,4% de la población africana de la
ciudad. Sin embargo, si miramos solamente a los libertos, los
hausa están significativamente sobre representados: constituían
un 9,2% de los libertos africanos de Salvador, pero alcanzaban un
20,7% de los libertos detenidos. El 75% de los acusados africanos
era yoruba o hausa, pero de ellos, los yorubas
predominaban con claridad. La rebelión fue fundamentalmente un
movimiento nagô (yoruba).
De los principales grupos
africanos de Bahía en 1.835, los jeje sólo aportaron un
pequeño número de rebeldes. Eran el segundo grupo más numeroso,
representando un 16% de los esclavos y un 24% de los libertos de la
comunidad africana de Salvador. Sin embargo, sólo diez de ellos
fueron arrestados, esto es, un 3,3% de los acusados africanos. Esto
puede explicarse tanto por la transferencia a Bahía de la
animadversión entre los yorubas y los jeje (las
guerras constantes entre Oyo y Dahomey) como por el escaso papel
que jugaba el Islam entre la gente de Dahomey en esa época.

Mujer Jeje de Brasil
Por supuesto, no todos los
procesados habían participado realmente en la revuelta o eran
musulmanes. Aún así, es posible decir que las cifras sugieren que el
Islam en Bahía, o al menos esta revuelta musulmana en particular,
era en gran medida un movimiento étnico de los
nagô[9]
y en menor medida de los hausa. De los siete líderes
conocidos, cinco eran nagô, uno tapa (nupe) y
sólo uno hausa. Fue la expresión yuruba “imale”,
o su forma bahiana malê, la que identificó a la “sociedad
conspiradora” en 1.835. Se considera frecuentemente que el papel del
Islam en 1.835 fue el de creador de una multialianza étnica, pero
esta conclusión necesita una revisión o al menos algunas
puntualizaciones. La revuelta incluyó la formación de un frente
étnico en el que los nagô prevalecían numérica y
políticamente. Tomando prestada una expresión que hemos usado en un
contexto más reciente, es posible que entre los nagô de 1.835
convergiesen en gran medida la islamicidad y la yorubaidad
de Bahía. Además, hay evidencias de que muchos nagô no
musulmanes lucharon en nombre de su “nación” contra la esclavitud.
Más del 62% de los acusados
africanos eran esclavos. Este es un importante descubrimiento si
tenemos en cuenta que la proporción de libertos entre los
procesados, cercana al 38%, superaba en un 17% su proporción
estimada en la comunidad africana de Salvador. Muchos autores han
rechazado la idea de que la lucha contra la esclavitud fuese una
cuestión principal o que fuese incluso una motivación de la
rebelión, señalando el hecho de que hubiese tantos libertos
involucrados. Pero para aceptar sus opiniones ha de considerarse
como indiscutible el hecho de que las revoluciones sólo las hacen
los completamente desposeídos. En cualquier caso, la mayoría de los
procesados eran esclavos y entre los acusados nagô los esclavos
constituían una tremenda mayoría de un 73%, sin contar los tres de
condición incierta. Además, de los siete líderes musulmanes que
hemos sido capaces de identificar con certeza, cinco eran esclavos,
incluyendo a los respetadísimos alufas Ahuna y Pacífico
Licután, cuyo nombre musulmán era Bilâl, el nombre del almuédano[10]
negro de Muhammad, tomado con frecuencia como sinónimo de almuédano
en África Occidental. Durante su interrogatorio, Bilâl afirmó que
tanto él como sus compañeros nagô habían sufrido “mau
cativeiro”, una clara referencia a la condición de los esclavos
urbanos y en particular a los esclavos nagô musulmanes en
1.835.
Otro argumento que con
frecuencia se contrapone a la idea de que la solidaridad esclava
tenía algo que ver con la revuelta se basa en un pasaje de la
declaración de una liberta que denunció a los malês. Ella
manifestó que había oído a algunos conspiradores decir que habían
planeado matar a los brasileños blancos y negros y esclavizar a los
mulatos. La traducción por parte de un esclavo hausa de un
documento escrito en árabe en 1.835 y cuyo original desgraciadamente
se perdió, también manifiesta que a “todo el que perteneciera a la
tierra del hombre blanco” habría que matarlo. Además, el esclavo
João afirmó en su declaración que los rebeldes planeaban “matar a
todos los blancos, mulatos y
crioulos[11].
Los esclavos crioulos eran vistos por muchos africanos como
absolutamente leales a los blancos, una percepción común a muchos
lugares del Nuevo Mundo donde floreció la esclavitud. Es cierto que
crioulos y mulatos eran favorecidos sobre los africanos en
asuntos tales como el tipo de trabajo y la posibilidad de crear una
familia o alcanzar la manumisión. Cuando eran liberados, con
frecuencia ingresaban en la milicia o se hacían conductores o
cazadores de esclavos. A finales del siglo XVIII un grupo de
esclavos crioulos abandonó el trabajo y se enfrentó a su amo
con una serie de demandas, incluyendo la de que las tareas más
ingratas de la plantación habrían de ser encargadas solamente a los
africanos. En otro lugar, en 1.827, los esclavos crioulos de
una plantación del Reconcavo se pusieron del lado de su amo contra
una rebelión de esclavos africanos. Los crioulos libres y
particularmente los mulatos también poseían esclavos, aunque también
se encontraban propietarios de esclavos entre los libertos
africanos. De hecho, un liberto yoruba que poseía un esclavo
congoleño participó en el complot musulmán. Fue, sin embargo, el
único propietario de esclavos del partido rebelde. Y en el asunto de
la “lealtad” respecto a los blancos, ha de recordarse no sólo que
fueron dos libertas africanas quienes denunciaron el plan rebelde,
sino que la inmensa mayoría de los libertos y esclavos africanos no
se unieron a la rebelión.
Como quiera que sea, dadas las
diferencias culturales, étnicas y sociales, no es difícil explicar
la animosidad malê contra los grupos afrobrasileños.
Definitivamente, la solidaridad esclava no se expresaba de modo
abierto, ya que políticamente los esclavos africanos y los esclavos
brasileños estaban profundamente divididos. No obstante, “una guerra
contra los blancos” fue la expresión más frecuentemente escuchada en
los interrogatorios de los africanos arrestados en 1.835. Parece
absurdamente irreal negar que el movimiento rebelde fuese una
reacción a su esclavitud en la tierra del hombre blanco. La rebelión
no fue sólo, aunque sí básicamente, un movimiento musulmán, nagô
y esclavo.
El gran número y el importante
papel de los participantes libertos puede explicarse a causa de la
solidaridad étnica y musulmana, pero también por una solidaridad
dependiente de la naturaleza específica de la esclavitud urbana.
Como hemos mencionado anteriormente, los esclavos y los libertos
frecuentemente trabajaban codo con codo en las ciudades, a menudo en
bandas de portadores de sillas y estibadores organizadas por ellos
mismos mediante líneas étnicas. El 60% de los negocios en los que
los esclavos y los libertos estaban ocupados pertenecían, o bien a
la categoría de servicios de porte, o bien de artesanía. El 23% de
los acusados se ganaban la vida como portadores de sillas o
porteadores. Algunas ocupaciones como la venta ambulante eran con
frecuencia desempeñadas por libertos africanos, en particular
mujeres, mientras otras, como el servicio doméstico, pertenecían
principalmente a los esclavos. Pero muchos esclavos y libertos
tenían más de una ocupación y continuamente se encontraban en las
calles de Salvador. A algunos esclavos se les permitía incluso vivir
fuera de las casas de los amos y terminaban compartiendo casas y
habitaciones con compañeros libertos. Así, además de la etnia y la
religión, y reforzando estos lazos, el trabajo y las condiciones de
vida bajo la esclavitud urbana ayudaban a fomentar la solidaridad
entre libertos y esclavos.
Si, como hemos dicho antes, la
rebelión fue primordialmente musulmana, yoruba y esclava,
también fue no musulmana, no yoruba y no esclava.
Secundariamente, fue un movimiento africano en el cual no
participaron esclavos ni libertos nacidos en Brasil que, en una
Bahía controlada por rebeldes musulmanes, en apariencia no ocuparían
un lugar privilegiado ni quizás lugar alguno, no tanto porque no
fuesen musulmanes (aunque es cierto que por aquella época no había
presencia islámica entre los negros nacidos en Brasil) sino a causa
de su supuesta asociación cercana a la clase propietaria.

Origen africano de
los esclavos
Los archivos del juicio son
muy reveladores acerca de la comunidad musulmana de Bahía en este
periodo y, desde luego, sobre su papel en la rebelión. Los malês
intentaron reproducir en el Nuevo Mundo buena parte de su vida
religiosa en África. Con frecuencia se reunían usando las ropas
blancas favoritas de los musulmanes yoruba (la aqbada)
y rezaban, recitaban el Corán, aprendían la escritura árabe y
celebraban las fechas señaladas del calendario musulmán. Solían
reunirse en casas alquiladas por libertos, pues los amos casi nunca
les permitían reunirse en las barracas de los esclavos. En 1.834, un
mercader inglés permitió a sus esclavos construir una choza en su
patio trasero, pero más tarde los obligó a destruirla después de que
el juez de paz local protestase a causa de las reuniones de esclavos
mantenidas allí, en particular por la inquietante celebración de
Lailat-al-Mi‘râŷ[12].
El Islam era una religión clandestina, quizás mucho más que el
candomblé, la religión tradicional de los yoruba y los
jeje. Pero antes de 1.835, los portadores de sillas y
estibadores africanos estudiaban discretamente la escritura árabe en
grupos de dos o tres, mientras esperaban clientes en las esquinas de
las calles. En ocasiones especiales del calendario musulmán, los
malês sacrificaban corderos y exaltaban la gloria del Islam.
Durante el ramadán, observaban el ayuno prescrito. Como no podían
ponerse la aqbada en público, para reconocerse entre ellos
llevaban anillos de plata, un símbolo de identidad musulmana que
parece haber sido particular de Bahía.
Pero quizá uno de los
rasgos más visibles del Islam africano en Bahía fuese la
fabricación, comercio y uso de encantamientos de buena suerte y
amuletos, conocidos como tira en lengua yoruba. Los
comerciantes hausa vendían estos amuletos en el Reconcavo,
junto con telas, cauris[13]
y alimentos africanos. Hemos sido capaces de identificar al menos a
un esclavo hausa que trabajaba como pescador y fabricante de
amuletos, siendo este último negocio suficiente por sí solo para
cubrir la cuota diaria que los esclavos de la ciudad pagaban
habitualmente a sus amos. Los africanos en general, y quizá también
los brasileños, creían que los malês eran poderosos magos y
sus amuletos, libros de oraciones y de apuntes tenían un alto valor.
Protegían al viajero en su viaje, eran un excelente remedio contra
el mal de ojo (mau olhado) y mantenían a los malos espíritus
(los yinns[14],
o aujonn en lengua yoruba) a distancia. Vendían
estos amuletos en el Reconcavo, junto con telas, cauris.
Hay evidencias de que el Islam
estaba creciendo dentro de la comunidad africana en tiempos de la
rebelión. Algunos de los africanos arrestados eran claramente
musulmanes desde hacía mucho tiempo, mientras que otros se habían
unido recientemente a la “sociedad malê”, e incluso otros
declararon que se los había invitado pero habían rechazado unirse.
Probablemente, muchos de los que luchttp://www.libreria-mundoarabe.com/Boletines/n%BA26%20Abr.05/Islam%20Bah%EDa.htmlhtml%EDa.htmlhtmls podría considerar como
pertenecientes a la periferia de la sociedad malê, es decir,
gente que tenía amigos o compañeros de trabajo musulmanes. Como ya
se ha dicho, la solidaridad étnica jugó un importante papel en
atraer a los no musulmanes al partido rebelde.
El Islam fue el principal
factor organizador del movimiento y el lenguaje del discurso. Los
malès lucharon en las calles de Salvador llevando sus aqbadas
y amuletos con inscripciones coránicas o islámicas. El alto
liderazgo estaba formado por alufas respetados, muchos de
ellos africanos de edad que, de acuerdo con un testimonio, habían
llamado explícitamente a sus seguidores al levantamiento. Los
jóvenes seguidores del liberto yoruba “padre” Manoel
Calafate, como era llamado, prestaron juramento de no morir “en la
cama” sino luchando en pos de su maestro espiritual. Fue en casa de
Manoel donde comenzó el levantamiento. Un hombre llamado Mala
Mubakar, que aparentemente nunca fue arrestado ni identificado por
la policía y que podría haber sido en aquel tiempo el
imam[15]
de Bahía, parece haber dado la orden final del ataque. La rebelión
tuvo lugar al final de ramadán, es decir, en una época en la que se
cree que los espíritus malignos están bajo control divino. Como el
ramadán es considerado generalmente por los musulmanes como una
época de contemplación y purificación, puede ser más preciso decir
que la insurrección había sido planeada para después de Lailat
al-Qadr (Noche del Poder o Noche del Decreto), fiesta celebrada
a final del ramadán y ocasión en la que Allâh aprisiona al los malos
espíritus y pone orden en el mundo. En esa noche, dice la azora 97
del Corán, llamada al Qadr: “descienden los ángeles y el
Espíritu con permiso de su Señor...En esa noche todo es paz hasta el
amanecer”. Los malês habían prometido a uno de sus líderes
más importantes (el esclavo Bilâl anteriormente mencionado, que
estaba encarcelado esperando su subasta) que sería liberado al final
de la época de ayuno. La rebelión había sido planeada para el
amanecer del 25 de enero de 1.835 (25 de ramadán de 1.250) y cuando
la policía llegó a casa de Manoel los conspiradores estaban
aparentemente rompiendo el ayuno, por lo que parece verosímil que
estuvieran celebrando Lailat al-Qadr. La época de
purificación del ramadán iba a ser inmediatamente seguida por una
gloriosa guerra contra los bahianos.
Sin embargo, la azora 97 no
se encuentra en ninguna parte de los papeles confiscados por la
policía ni en las actas del juicio. Tales papeles, escritos en árabe
magrebí, han sido traducidos e interpretados por Vincent Monteil[16]
y Rolf Reichert[17].
Todos son de naturaleza religiosa (pasajes del Corán, plegarias
musulmanas, diseños cabalísticos) en su mayor parte escritos por
principiantes, lo que supone una prueba a favor del movimiento de
conversión, y sólo unos pocos el trabajo de manos musulmanas
experimentadas. A pesar de que, como señalo Reichert, algunos
pasajes hablan sobre el sufrimiento de los oprimidos y prometen
mejores días para los creyentes, no hay un mensaje laico ni ningún
texto o declaración política entre los papeles que se salvaron.
Cierto número de ellos aún tiene las marcas de haber sido
cuidadosamente doblado por fabricantes de amuletos. Sin embargo,
existe una supuesta traducción de textos árabes escritos por un
esclavo hausa, una parte de los cuales ya hemos mencionado,
que contienen instrucciones y una llamada a las armas. No obstante,
el documento original, si alguna vez existió, ha desaparecido de los
archivos. Traducidos también por aquella época, y más en consonancia
con los papeles que se salvaron, hay una serie de amuletos vistos
por el señor E. de Rosière, el representante francés en Río de
Janeiro en 1.835. De acuerdo con él, decían: “¡En el nombre de
Dios Clemente y Misericordioso! ¡Pueda Dios extender Su misericordia
sobre nuestro señor Muhammad! Alabado sea el nombre de quien da la
salvación. La sangre debe ser derramada y todos nosotros debemos
desear mancharnos las manos con ella ¡Oh, Dios! ¡Oh, Muhammad!
¡Servidor del Todopoderoso! ¡Esperamos el éxito si place a Dios El
Altísimo! ¡Gloria a El! ¡Así sea!” El diplomático añadió: “El
versículo de la sangre a derramar se repetía doscientas diez veces
en cuarenta y dos líneas sobre cada papel del cual era portador cada
negro”. Aunque no hay razón para dudar de su existencia, es
cuestionable que un texto idéntico a éste fuese llevado por cada
luchador, ya que ninguno de los escritos árabes que se salvaron
contiene exactamente el mismo texto.
Debido a la fuerte
evidencia del papel ideológico dominante que jugó el Islam en 1.835,
la revuelta ha sido interpretada tradicionalmente como una
continuación directa en el Nuevo Mundo de los yihads de la
espada o guerras santas musulmanas que buscaban reformar y extender
el Islam en África Occidental. Inicialmente, esta interpretación fue
formulada a principios del siglo XX por el primer estudioso serio
del movimiento, el profesor brasileño de medicina forense y etnólogo
pionero Raymundo Nina Rodrigues. Sostenía que los malês
planeaban matar a todo no musulmán (tanto libre como esclavo,
brasileño o africano, blanco o negro, cristiano o pagano) y
establecer un régimen islámico monolítico en Bahía. De acuerdo con
él, la revuelta no puede ser considerada como un levantamiento de
esclavos, a causa de su orientación religiosa y la falta de
contenido social explícito, y también porque muchos libertos
africanos, algunos de ellos supuestamente ricos, habían participado
en ella. Más recientemente, el etnógrafo francobrasileño Pierre
Verger, que escribió un estudio ya clásico sobre las conexiones
culturales y comerciales entre Bahía y el Golfo de Benin, concuerda
absolutamente con Nina Rodrigues en esta apreciación. En su
excelente libro acerca de las religiones africanas en Brasil, Roger
Bastide dedica unas cuantas páginas a la revuelta malê en las
que reduce el campo adversario de los rebeldes a la población
católica y llama la atención sobre el hecho de que los kafirai
o paganos africanos también se unieran al levantamiento. En un
reciente artículo, el eminente paleofilólogo Jack Goody ha resaltado
el papel del Islam como una religión alfabetizada, universalista,
proselitista y por tanto intolerante, que los creyentes africanos
intentaban proteger y extender en Bahía siguiendo el modelo de los
yihadistas fulani[18]
en África.
La “interpretación del
yihad” ha sido atacada desde diferentes ángulos. El autor
brasileño Adeimal Jurcema, un marxista militante, escribió en los
años treinta un folleto en el que sostenía que la rebelión había
tenido lugar contra la explotación de los esclavos y que el Islam
había sido una herramienta ideológica inadecuada para tal reacción
debido a que no se basa en los principios de la lucha de clases. Una
versión más reciente de esta interpretación la da Decio Freitas[19]
y se dirige específicamente a las contradicciones inherentes a la
condición de los esclavos urbanos, que por un lado hacía más fácil
para el esclavo imaginar una sociedad sin esclavitud y por otro
facilitaba la organización de rebeliones. Otro erudito, Clovis
Maura, ha rechazado la tesis del yihad pero considera el
papel del Islam como el de un arma supraétnica y políticamente
unificadora utilizada por los esclavos contra el régimen de
esclavitud y por los libertos contra la opresión racial.
El estudioso norteamericano
Raymond Kent[20]
ha criticado con vehemencia tanto la interpretación yihadista como
la marxista. Según él, las guerras santas se hacen para extender el
estado islámico, cosa que no existía en Bahía.. La participación de
libertos es tomada como prueba de que la rebelión no era una lucha
de clases. Coincidiendo con Kent, Howard Prince ha sugerido que la
rebelión fue un movimiento de regeneración cultural africana con
resonancias milenaristas, siguiendo así el modelo de Lanternari
sobre los movimientos religiosos de África[21].
Finalmente, en un estudio sobre la formación histórica de la
identidad afrobahiana, el antropólogo Renato de Silveira arguye que,
aunque la esclavitud y la lucha contra la opresión son importantes
para el análisis de 1.835, el movimiento ha de ser interpretado y
caracterizado según su propia estructura organizativa. No cree en un
traslado del yihad de África Occidental a Bahía, no obstante, en su
opinión, la revuelta fue enteramente religiosa en su naturaleza y
alcance, careciendo de componente clasista (antiesclavista) y con
muy poca orientación étnica.
En nuestra opinión, ninguna de
estas interpretaciones es completamente satisfactoria. Los autores
que ven el movimiento de 1.835 como un yihad sostienen con
poco apoyo de la evidencia que el asesinato de paganos africanos
supuestamente planeado por los rebeldes es prueba suficiente de que
el levantamiento fue una guerra santa. Sin embargo, Bastide señala
correctamente que había paganos en el grupo rebelde. Como antes se
ha visto, los conspiradores reclutaron familiares y compañeros no
musulmanes y su plan era iniciar una insurrección de todos los
esclavos africanos de Salvador y del Reconcavo.

La doctrina musulmana es en
cierto modo ambigua acerca de la posibilidad de que los paganos
puedan participar en un yihad. Algunos mantienen que los
musulmanes no deben pedir ayuda a los paganos pero pueden aceptarla
si les es ofrecida. Uzman dan Fodio[22].
parece haber sido de la opinión de que la ayuda de los paganos, es
decir, de los no musulmanes que no sigan ninguna de las "Religiones
de la Escritura" como el Judaísmo o el Cristianismo, no debe ser
solicitada ni aceptada; pero en realidad muchos paganos lucharon en
su yihad. Aunque la participación pagana no elimina la
“santidad” de las guerras musulmanas, la rebelión bahiana difiere
del yihad de Sokoto y de otros modelos en que los líderes musulmanes
de 1.835 buscaron y probablemente recibieron ayuda de los paganos
africanos.
Definitivamente, la rebelión de
1.835 no se dirigió contra los kafirai africanos ni tampoco,
a pesar de otra de las sugerencias de Bastide, contra los cristianos
como tales. En sus declaraciones, los acusados identificaron de
manera sistemática a sus enemigos como los blancos y, en menor
medida, los crioulos y mulatos, pero nunca a los cristianos
como tales. Bastide introdujo un modelo europeo de conflicto
íslamocristiano en el escenario de 1.835, afirmando que el Islam en
principio es fanático e intolerante y, de este modo, dejando de
explicar el intenso comercio de símbolos entre el Islam africano y
las religiones étnicas, tanto en África como en Bahía. Goody llega a
una conclusión similar a través de una ruta diferente. Se basa en la
capacidad de los esclavos musulmanes para comunicarse por escrito,
lo que habría facilitado la conspiración, y en el papel de una
“Religión del Libro” universalista en la creación de un lazo
ideológico entre sus seguidores e intransigente frente a los no
musulmanes. Como ya hemos mencionado, la capacidad para leer y
escribir fue probablemente un éxito de los musulmanes bahianos (como
lo es de los musulmanes en general), pero en Bahía muy pocos de
ellos eran capaces de escribir con fluidez y aún no ha sido
descubierto ningún documento de contenido laico. Tal vez por carecer
de información más detallada sobre la rebelión de 1.835, Goody
subestima, aunque no niega, el papel de la palabra escrita como
protección mágica, una “lectura” del Islam encontrada más a menudo
entre los esclavos africanos de Bahía que entre cualquier otros. Por
lo tanto, es difícil aceptar que una lucha basada en los modelos de
yihad del África Occidental, principalmente el yihad
de Sokoto, se reprodujese en Bahía. Y no porque el yihad
fuese necesariamente una forma de imperialismo de estado, como
sostenía Kent, pues ciertamente éste no es el caso. Por ejemplo, el
yihad de Uzman dan Fodio no fue una guerra externa con el
objetivo de extender un estado islámico existente sino más bien una
revolución interna que tenía el propósito de crear un estado
islámico para reemplazar instituciones estatales de naturaleza
diferente.
En cualquier caso, el
precedente fulani-hausa es un débil candidato al papel de
modelo de una rebelión bahiana que fue principalmente dirigida y
conducida por esclavos yoruba. La historia del Islam en la
tierra yoruba durante el siglo XIX no siguió los mismos
esquemas que en el país hausa. Al contrario de lo afirmado
repetidas veces sin análisis alguno, los yoruba no poseían
una tradición de yihad propia. Las guerras del siglo XIX en el país
yoruba que siguieron al colapso del viejo imperio Oyo no
fueron guerras de religión sino guerras políticas entre estados
sucesores. A menudo se establecían alianzas al margen de los lazos
religiosos, de modo que se encontraba a correligionarios combatiendo
en frentes opuestos. Así, el famoso jefe guerrero musulmán yoruba
Ojo Amepo, jefe de los akese, luchó contra el emirato
musulmán de Ilorin[23]
y contra ciudades yoruba no musulmanas, y finalmente murió a
manos de la caballería de Ilorin. Es difícil creer que los yoruba
hubieran introducido en Brasil una tradición de yihad que
ellos mismos no poseían en África, a menos que ellos, los orgullosos
nagô, hubieran aceptado la dirección de líderes hausa
en Bahía, lo cual no parece haber sido el caso.
Pero, ¿no podrían haber iniciado
los nagô una tradición de yihad en Bahía con la
rebelión de 1.835? En realidad, a pesar del papel central que el
Islam jugó en la rebelión, no hay razón que garantice que el
movimiento de 1.835 fuera percibido como un yihad por sus
participantes ni declarado como tal por sus líderes. No hay duda de
que los rebeldes musulmanes obtuvieron fuerza de los ritos islámicos
y de la hermandad creada entre los musulmanes, e igualmente los no
musulmanes contaban con la ayuda sobrenatural de los amuletos
árabes. Pero no todo movimiento animado por ideas islámicas ha de
ser un yihad. No obstante, incluso si el movimiento de 1.835
hubiera de clasificarse como yihad, sería importante recordar
que una de las fuentes clásicas de los movimientos yihadistas es
precisamente la resistencia contra la opresión socioeconómica y la
decisión de luchar por la libertad política y religiosa. Esto está
enteramente de acuerdo con las creencias ortodoxas del Islam y es en
verdad un punto crucial a tener en cuenta, ya que el principal
problema de las interpretaciones que consideran la rebelión de 1.835
predominantemente como un yihad es la negación de la
centralidad de cualquier factor que no sea puramente religioso. Una
pureza religiosa (tan distinta del punto de vista musulmán sobre la
religión) que poco tendría que ver con las circunstancias concretas
de los rebeldes. No es enteramente imposible que el movimiento fuese
considerado yihad por los pocos musulmanes ancianos y
letrados, pero incluso en este caso sería un yihad que
apuntara a la victoria sobre la situación de explotación y opresión
bajo la que muchos de sus seguidores vivían en Bahía. Como religión
de africanos oprimidos, el Islam estaba perseguido por la policía
pero, al menos antes de 1.835, no más que cualquier otra expresión
religiosa africana. Debe recordarse que Bilâl estaba en prisión no
porque fuese musulmán sino porque era un esclavo. Otro alufa
importante, Ahuna, había sido castigado por su amo poco antes de la
rebelión, un episodio que afligió a sus seguidores porque, en
palabras sacadas del testimonio de un esclavo, “es un negro al que
los demás negros aman”. Por consiguiente, la defensa del Islam
estaba ligada a la destrucción de la esclavitud.
En cualquier caso, la lucha
armada que realmente tuvo lugar estaba dirigida con claridad contra
las instituciones políticas y militares del imperio esclavista
bahiano, excluyendo cualquier otra cosa. Fueron atacados los
edificios militares y administrativos pero no las residencias de los
propietarios cristianos de esclavos ni las numerosas iglesias
católicas de Salvador. Si se había planeado la creación de un estado
islámico, no hay nada en los documentos existentes que apunte en tal
dirección. Una vez en el poder ¿crearían los nagô un califato
como el de Sokoto, o intentarían reproducir la estructura política
del imperio Oyo? Nunca lo sabremos.

3.- Un aspecto importante
de la revuelta de 1.835 es la coyuntura política, oportunamente
aprovechada para la realización del levantamiento. Mirando la
situación desde la perspectiva de los rebeldes, no podría haberse
elegido mejor momento para golpear. En primer lugar, las clases
libres estaban divididas, con el grupo dominante intentando
imponerse sobre las disidencias internas y neutralizar a los
revolucionarios liberales, muchos de los cuales tenían influencia en
los barracones militares. Hubo numerosos motines militares durante
este periodo y frecuentes traslados de tropas a otras zonas del
imperio brasileño, con frecuencia más agitadas. Los esclavos veían a
los soldados, los guardianes naturales de la ley y el orden,
levantarse contra sus comandantes y su gobierno. La sociedad
esclavista parecía desesperadamente debilitada, o al menos eso
pensaban.
En segundo lugar, y tal vez tan
importante como lo que estaba ocurriendo a un nivel macropolítico,
se encontraba el día a día de las confrontaciones con los amos. Los
esclavos tenían que escoger un momento de debilidad en el control
directo de sus señores. Como escribió una vez un presidente de la
provincia de Bahía, solían escoger la Navidad para revelarse. A este
nivel micropolítico, los domingos y los festivos eran los días
preferidos en el calendario de famosas rebeliones y conspiraciones
de esclavos en toda América. Por ejemplo, Nueva York (EE.UU) en
1.712, Antigua (Guatemala) en 1.736, Richmond (Virginia, EE.UU) en
1.800, Southampton (Carolina del Sur, EE.UU) y Jamaica en 1.831.
Como recordará el lector, el levantamiento de 1.807 en Bahía estaba
planeado para el día del Corpus Christi. En aquel domingo 25 de
enero de 1.835, los propietarios de esclavos y el resto de
ciudadanos libres celebraban juntos Nossa Senhora da Guia en
Bomfim, un distante distrito de los suburbios. Los rebeldes
bahianos fueron además lo suficientemente cuidadosos como para
elegir la mañana de aquel día, momento en el que la mayoría de los
esclavos domésticos estarían en la calle acarreando agua, mientras
sus amos, cansados de una noche de fiesta, dormirían.
Finalmente, la fecha coincidía
con un momento, si no de fuerza física, sí de fuerza espiritual para
los musulmanes: el ramadán, o más precisamente, el final del mismo.
Mientras los blancos celebraban Nossa Señora en un lado de la
ciudad, en el otro los malês celebraban la gloria a Allah y
soñaban con un triunfo sobre los amos y sus aliados.
Así, los malês
consideraban que tenían ante ellos una situación revolucionaria
ideal, un momento en el que parecían estar en mejor posición
estratégica que sus adversarios en los frentes político y
cosmológico. Nunca supusieron que una denuncia de la conspiración
pondría los acontecimientos en su contra. No previeron que las
clases libres bahianas, aunque divididas, tenían aún mucho poder y
no habrían de perder su capacidad de formar un amplio frente de
brasileños de todos los estratos sociales, incluyendo esclavos
afrobrasileños, contra los rebeldes africanos. Porque la esclavitud
y la supremacía étnica en Bahía no era un débil concierto de una
clase propietaria ausente, a semejanza del caso de Haití. Además de
la influencia ideológica de los amos sobre los esclavos nacidos en
Brasil o incluso sobre un buen número de esclavos y libertos
africanos, había miles de pequeños propietarios de esclavos, entre
ellos algunos libertos africanos, que tenían cierto interés en el
régimen esclavista y se hallaban dispuestos a defenderlo o al menos
a permanecer neutrales.
La represión que siguió a la
rebelión redujo al mínimo la presencia del Islam en Bahía. Aunque
sólo cuatro rebeldes fueron ejecutados por un pelotón de
fusilamiento (las autoridades fueron incapaces de encontrar un
verdugo que quisiera ahorcarlos), cientos de ellos recibieron hasta
mil doscientos latigazos (por ejemplo, el viejo alufa recibió
mil), otros fueron encarcelados con penas de muchos años o, en el
caso de los libertos, fueron deportados a África. Fue promulgada una
serie de leyes para mantener un control estricto sobre la comunidad
africana, leyes discriminatorias para los africanos en su lugar de
trabajo, en su vivienda o incluso en sus impuestos. Muchos malês
libres se unieron a los deportados en África y una vez allí se
reintegraron en las comunidades musulmanas locales, llevando consigo
retazos de una cultura bahiana que en muchos aspectos ellos mismos
habían ayudado a crear y reflejada en el idioma, la arquitectura, la
cocina, los hábitos de trabajo y la práctica de una religión
pacífica o incluso amistosa con el afrocatolicismo.
-
- Parte de un
documento de malês. Museu Histórico da Bahia
Quienes consiguieron
permanecer en Bahía lo hicieron en la clandestinidad. Mientras los
amos y los oficiales de policía podían a veces considerar los
candomblés como “pasatiempos de negros”, las reuniones malês
cayeron bajo una estricta prohibición durante muchas décadas. Podría
decirse que los candomblés bahianos del siglo XIX crecieron a
la sombra de la represión contra el Islam. Probablemente muchos
malês abandonaron su fe, en verdad no muy ortodoxa, para
dedicarse a prácticas religiosas menos perseguidas. Sin embargo,
durante los siglos XIX y XX aún se pudieron detectar actividades
malês tanto en Bahía como en Río de Janeiro. La mayor parte de
los veinte esclavos entrevistados por Francis de Castelbon, cónsul
francés en Bahía a finales de 1.840, eran musulmanes. Al cambio del
siglo, tanto Nina Rodrigues como Manoel Querino[24]
fueron testigos de prácticas musulmanas en Salvador. Muchos malês
que tras 1.835 fueron vendidos a Río se convirtieron en famosos
fabricantes de amuletos y su presencia sería detectada a principios
del siglo XX por João do Rio[25].

Negro musulmán en
Brasil s.XIX
Un reciente libro escrito
por un cronista bahiano ha arrojado más luz sobre lo que quedó de la
comunidad malê de Bahía hasta los años treinta y cuarenta.
Basándose en entrevistas hechas hace décadas, identifica cierto
número de familias malês que mantuvieron una tradición
doméstica de prácticas islámicas. Sin embargo, el aspecto más
interesante de las vidas religiosas de estos últimos malês
era el sincretismo, no sólo con el candomblé sino también con
el afrocatolicismo. Eran miembros activos tanto de casas
orixás[26]tradicionales
como de hermandades católicas laicas, especialmente la hermandad
negra de Nossa Senhora del Rosario. Así, un día en la vida de
un malê bahiano a principios del siglo XX podía incluir una
misa católica por la mañana, una ceremonia de candomblé por
la noche y, en casa, la lectura de algunos pasajes del Corán antes
de acostarse.
Aunque el Islam desapareció como
religión organizada, no se desvaneció sin dejar rastro. En los años
treinta, una solitaria piedra tallada malê decoraba con
inscripciones árabes la nave de una capilla dedicada a Nuestra
Señora de la Soledad en Bahía. Además, el más viejo candomblé
de la etnia ewe, el Bogun, posee tradiciones orales
que lo enlazan con los rebeldes malês. En los centros
umbanda de Río de Janeiro, los malês son espíritus sin
miedo que requieren un cuidadoso trato ritual por parte del
creyente. Derrotado de mala manera en el campo de batalla, el Islam
africano aún consiguió dejar unas cuantas huellas en la compleja
arquitectura de los símbolos y creencias religiosas brasileñas.
NOTAS.-
[1] João José Reis es profesor de
historia en la Universidad Federal de Bahía y es autor de diversos
artículos y libros sobre el Brasil del siglo XIX.
P. F. de Moraes Farias nació en Bahía (Brasil) y está especializado
en historia medieval de África Occidental. En la actualidad trabaja
en el Centre of West Áfrican Studies (CWAS) de la Universidad de
Birmirgham, Reino Unido (N. del Tr.)
[2] Imperio situado en el suroeste de
la actual Nigeria que floreció entre los siglos XVII y XIX. Agrupaba
a buena parte de los pueblos yoruba. (N. del Tr.)
[3] Conjunto de pueblos de África
Occidental emparentados por lazos lingüísticos. Se extienden por los
actuales estados de Gambia, Senegal, Guinea Bissau, Guinea Conakry,
Liberia y Sierra Leona. Altamente islamizados, formaron parte del
imperio de Malí, creado en el siglo XIII. Sufrieron especialmente el
tráfico trasatlántico de esclavos hacia las costas de Norteamérica
y, como curiosidad, cabe destacar que el famoso Kunta Kinte,
personaje histórico protagonista del libro “Raíces”, pertenecía a
esta etnia. (N. del Tr.)
[4] Más tarde, la expresión yoruba
“alufa” prevalecería en Bahía.
[5] Henri Christophe: General
haitiano que, junto a Jacques Dessalines (futuro emperador Jacques
I) y el también general Alexandre Pétion, derrotó a los franceses y
declaró la independencia de Haití el 1 de enero de 1804. (N. Del Tr.)
[6] Luiz Mott es Doctor en
antropología y profesor en la Universidad Federal de Bahía (N. del
Tr.)
[7] Término que deriva de la palabra
árabe kufar (pl. kâfir) y que en castellano ha dado
lugar a la palabra “cafre”. (N. del Tr.)
[8] Ver referencia más adelante. (N.
del Tr.)
[9] Durante el alzamiento, el grito
de guerra que se oía en las calles de Salvador era “viva nagô”.
[10] Musulmán encargado de realizar
la llamada a las cinco oraciones diarias prescritas en el Islam (N.
del Tr.)
[11] En el Brasil de aquella época se
llamaba crioulos a los negros nacidos en Brasil.
[12] Literalmente, Noche de la
Ascensión. Celebración en la que los musulmanes conmemoran la
ascensión del Profeta Muhammad desde la tierra, a través de los
diferentes Cielos existentes en la cosmología musulmana, hasta
llegar a la Presencia Divina. (N. del Tr.)
[13] Conchas de moluscos que en
diversos lugares de África se empleaban como moneda o como adorno y
decoración. (N. del Tr.)
[14] Vocablo árabe que da nombre a un
capítulo del Corán . (N. del Tr.)
[15] En el contexto del Islam sunní
practicado por los esclavos africanos, imam es la persona
designada por los musulmanes para dirigir la oración ritual cuando
ésta se realiza en comunidad. (N. del Tr.)
[16] Islamólogo francés fallecido
recientemente (27 de febrero de 2005) a los 91 años de edad. Se
convirtió al Islam tomando el nombre de Mansûr. (N. del Tr.)
[17] Profesor de Islam e historia de
Oriente Medio, y autor de varios libros sobre el mundo islámico.
[18] Etnia africana que se extiende
por toda África Occidental y Central, desde Senegal hasta el Chad, y
que es conocida por muy diversos nombres (fulbé, peul, fula, pulaar...).
Durante siglos fueron, y algunos siguen siéndolo, pastores nómadas y
comerciantes. Con la conversión al Islam de una gran mayoría de
ellos, llegaron a constituir uno de los grandes imperios africanos,
con centro en Sokoto, en el norte de la actual Nigeria, el cual
perduró a lo largo de todo el siglo XIX hasta la invasión británica
de 1.900. (N. del Tr.)
[19] Historiador y escritor brasileño
fallecido en 2004. Es autor de numerosos libros y artículos sobre la
esclavitud en Brasil. (N. del Tr.)
[20] Profesor emérito de Historia en
la Universidad de Berkeley, California. (N. del Tr.)
[21] Para más información, consultar
el libro de Victorio Lanternari “Movimientos religiosos de libertad
y salvación de los pueblos oprimidos”, Seix-Barral, Barcelona 1965.
(N. del Tr.)
[22] De etnia fulani, Uzman
dan Fodio (1754-1817) fue jefe del yihad en el país de los
hausa entre 1.804 y 1.808 y fundador del califato de Sokoto. (N.
del Tr.)
[23] Estado yoruba que,
apoyado por los fulani, se reveló contra el estado rival de
Oyo en 1.817 y terminó siendo absorbido por el califato de Sokoto.
(N. del Tr.)
[24] Manoel Querino (1.851-1.923)
Folklorista e historiador afrobrasileño nacido y muerto en Bahía,
estudioso de la influencia africana en la historia de Brasil y
destacado intelectual republicano y liberal. (N. del Tr.)
[25] Escritor y periodista brasileño
(1.881-1.921) (N. del Tr.)
[26] Los orixás son fuerzas o
espíritus existentes en la cosmología de la religión yoruba
que se asentó en Brasil. Con la influencia del Catolicismo, muchos
de estos orixás terminaron identificándose con diversos
santos católicos, dando así lugar a diversos cultos sincréticos,
como por ejemplo las diversas variedades de umbanda. (N. del
Tr.)