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EL ISLAM EN AMÉRICA ANTES DEL DESCUBRIMIENTO |
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LOS
MUSULMANES Y
EL
DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA
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*José Antonio Hurtado García
publicado en:
www.webislam.com
Si revisamos por enésima vez la historia de Colón y
consideramos las “pruebas” que Colón reúne de la existencia de unas tierras
en alguna parte del Atlántico nos encontramos con los siguientes objetos:
maderas labradas, madera canuto, pinos, canoas y cadáveres[1];
objetos que como se sabe no tienen ningún elemento tecnológico en
particular, y si ahora repasamos un poco el nivel actual de conocimientos
sabemos que Thor Eyerdhal con una balsa de juncos llegó hasta las Antillas
partiendo de las costas del Magreb, y que en el mes de febrero de éste año
2.000 unos jóvenes con un coche rodeado de ruedas de tractor como flotadores
llegó hasta las costas americanas partiendo desde El Hierro y tras más de un
mes de navegación, queda claro que la tecnología no juega en absoluto un
papel de primera magnitud para ir y volver al continente americano.
La “corriente de Canarias”, la “corriente ecuatorial” y la “corriente del
Golfo” forman un inmenso carrusel en el océano que permite que elementos
cuyo nivel tecnológico se reduce simplemente a mantenerse a flote viajen
entre el continente americano y Euráfrica y esto ha sido así desde la
Antigüedad. Pero si no ha sido la tecnología el elemento determinante para
alcanzar las costas americanas y volver, hay que preguntarse lógicamente que
es lo que a partir de determinado momento impele a los hombres a lanzarse “a
mar abierto” sin tener una presión migratoria que obligue a tal
circunstancia, así que conviene razonar un momento sobre la lógica de ese
carrusel marino que antes he mencionado.
Supongamos que una expedición cualquiera se pierde, y arrastrada por la
corriente de Canarias llega hasta América, ¿que encuentra allí?, en
principio no va a encontrar cosas muy diferentes de las que encontraron los
españoles en sus primeros viajes, unas tribus primitivas y un conjunto de
islas, o tierras de una magnitud desconocida, ahora supongamos que la
expedición es lo suficientemente afortunada como para retornar por la
corriente del Golfo, y más afortunada aún es capaz de retornar a su puerto
de origen ¿que interés, aparte del anecdótico puede tener su aventura?, y
aún suponiendo que dicha proeza tuviese interés ¿como volver a ese punto a
cual arribó cuando se perdieron?.
Ahí está la solución del problema, el navegante es capaz de determinar con
un nivel de precisión razonable la situación de dos puntos sobre la
superficie de la tierra, y entonces es cuando se siente capacitado para
emprender aventuras en mar abierto, puesto que aunque los vientos o
corrientes o tormentas puedan desviarle de su derrota inicial, en la calma,
sabe recobrar de nuevo la posición relativa de su nave con respecto al
puerto de partida y por tanto, hacia donde debe encaminarse para retornar.
Ese es el elemento decisivo que permite el gran avance de las expediciones
atlánticas: poder conocer la situación relativa de dos puntos sobre la
superficie terrestre y para ello resulta fundamental el conocimiento de tres
ciencias: la Astronomía, la Trigonometría y la Geometría y es indispensable
la utilización de una herramienta de cálculo que permita operar con números
enteros y decimales con la mejor precisión posible.
No voy a exponer aquí toda una página de Historia de la Ciencia de como los
musulmanes ya desde el siglo IX utilizaban el actual sistema de numeración
que permitió el abandono del ábaco y el cálculo con exactitud en los
decimales, o como fueron los que desarrollaron la actual trigonometría plana
y esférica simplemente quiero resaltar una cuestión, desde el siglo XI todas
las mezquitas desde cualquier lugar del territorio islámico se orientan
hacia La Meca, ¿que quiere decir esto?, cualquiera que sepa un poco de
matemáticas sabe que se ha resuelto el problema de la situación relativa de
dos puntos. Bien mediante una proyección, o mediante la situación real en la
esfera terrestre pero con respecto a una línea de referencia es posible
determinar el ángulo que forma la línea que une ambos puntos y por tanto
“orientarse” hacia el primero desde el segundo, así que al menos desde ese
siglo, la civilización islámica tiene la capacidad científica suficiente y
necesaria para lanzar expediciones atlánticas con la garantía de retorno.
Por mucho que la Cristiandad quiera “aparecer” como la descubridora del
continente americano, hasta bien entrado el siglo XVI no tiene el nivel de
conocimientos necesarios para situar puntos sobre la superficie terrestre y
únicamente unos escasos pilotos relacionados (se quiera o no) con los
conocimientos cartográficos de las juderías mallorquinas desaparecidas en el
progrom de 1.391 son capaces, mas por tradición que por estudios
específicos, de ejercitar ese conocimiento, y para prueba bastan dos
botones, el primero es que en el Tratado de Tordesillas el único que
entiende como Colón sitúa la línea de demarcación es Jaime Ferrer de Blanes,
actualmente se sigue pensando que el mapa de Juan de la Cosa contiene
latitudes erróneas porque se piensa que el eje de la carta es una recta,
error decisivo que origina la mala interpretación; el eje de la carta de
Juan de la Cosa es una ortodrómica perpendicular al meridiano que pasa por
la isla de El Hierro, a partir de ahí todas las medidas de la carta son
absolutamente correctas.
Pero aún hay más, en 1.535 se publica con licencia imperial el “Tratado del
Esphera y del arte de marear”, de Francisco Falero, que se considera un
tratado importante para que los pilotos conozcan aquello que atañe a su
profesión, el libro lleva por subtítulo “Con el regimiento de las alturas;
con algunas reglas nuevamente escritas muy necesarias”, y en él, el capítulo
denominado “Reglas para aprender a contar de guarimos en muy breve tiempo”,
capítulo que no es mas que la enseñanza para utilizar la numeración arábiga
actual a los pilotos de las naves del Emperador, señal evidente de que tal
numeración era todavía desconocida para la mayoría de ellos que utilizaban
la numeración romana para dar las distancias, y las medias cuartas de viento
como máxima medida de precisión angular, así que con dichos elementos
auxiliares de cálculo la Cristiandad (excepto como ya he dicho algunos pocos
elementos privilegiados) estaba científicamente incapacitada para realizar
viajes de “descubierta” que no fuesen de cabotaje.
Por tanto, a lo largo de los siglos XII, XIII y XIV el mundo islámico está
capacitado para llegar a América, la pregunta es obvia ¿llegaron?, y la
respuesta es evidente: si. Si, pero ¿por qué?, ¿que les pudo impulsar a esa
navegación?, la contestación es muy sencilla, los árabes dominaban las rutas
del comercio desde la India hasta el Mediterráneo, tanto por tierra como por
mar, y además eran suyas las caravanas que traían el oro desde el interior
de África así que como no plantearse la misma cuestión que la historiografía
dice que se planteó Colón siglos después: ¿Puedo llegar hasta las Indias por
la vía de Occidente?, ¿Repercutiría eso en el costo o en los riesgos
actuales?; por lo tanto tenían además todas las motivaciones necesarias para
realizar las expediciones y como complemento conocían perfectamente el
diámetro de la Tierra evidencia que hasta ahora ningún historiador ha sabido
deducir.
Para poner al descubierto ésta evidencia hay que tomar exactamente el valor
de la famosa milla de Alfragrano cuya verificación en tiempos de Al-Mamum ha
llegado hasta nosotros perfectamente documentada[2] y a la que se
le atribuye un valor de 1.973,5 metros cuando tenemos un arco de 56' y 2/3,
¿que valor tiene dicha longitud si el arco es de 60' justos?. Explico con
detenimiento el cálculo, tenemos un arco de un grado, ese arco lo puedo
dividir en las partes que quiero, en 5, 10, 75, 60, 100... Alfragrano lo
divide en 56 y (2/3) partes iguales y actualmente sabemos que cada una de
esas partes mide 1.973,5 metros, ¿por qué Alfragrano divide el arco en ese
número de partes?, la explicación se escapa del contexto de éste artículo,
pero lo hace así, y por lo tanto la longitud total del arco de 1º de
Alfragrano será de:
Si ahora nosotros, que utilizamos grados sexagesimales dividimos ese arco en
60 partes iguales tendremos la longitud de un arco de un minuto, y nos dará
aproximadamente:

metros
Nuestra milla náutica actual tiene un valor de 1.852 metros, por lo
tanto la milla de Alfragrano en una división sexagesimal del grado es
prácticamente equivalente a la milla náutica actual con un error por
exceso de 12 metros por minuto o sea 720 metros por grado, así que para
el diámetro terrestre supone un error total de 259,2 kilómetros; y para
el radio de la Tierra 41,25 Km.
Así que el cálculo árabe del radio terrestre tiene un error por exceso
de 41, 25 Km sobre un total de 6.371 Km lo que significa un error
relativo del 0,675%, extraordinaria precisión que concuerda con lo
apuntado anteriormente de saber situar relativamente dos puntos sobre la
superficie terrestre, ya que si el valor tomado para el radio fuese
erróneo lo sería la distancia que separa ambos puntos, y por tanto el
ángulo que forma la línea de unión de ambos puntos con la línea de
referencia y que sirve para orientar la mezquita hacia La Meca; pero
además la utilización del valor de la milla náutica actual como medida
de longitud está acreditado desde la época del Califato Cordobés donde
según los estudios de Vallvé Bermejo[3]
una milla era igual a
1.857,57 metros y dicha distancia ha sido obtenida a través del valor
del codo grabado en la Mezquita Cordobesa.
Pero todavía la milla de Alfragrano nos depara una pequeña sorpresa:

Pero todavía la milla de Alfragrano nos depara una pequeña
sorpresa:
La milla de Alfragrano multiplicada por 3, nos da el mismo
valor que la milla romana (1.481 metros) multiplicada por 4. Pero como ya
estudió Kretschemer en su estudio sobre los portulanos la legua atlántica
tiene en éstos 4 millas, mientras que la mediterránea tiene una longitud de
3 millas (por supuesto millas romanas), lo que significa que la fachada
atlántica de los portulanos está “reducida” con respecto a las costas
mediterráneas, lo que a su vez quiere decir que se ha utilizado una unidad
mayor para medir las distancias.
Tomemos por ejemplo una distancia de 60 metros, y sobre el Mediterráneo
utilizamos unidades de 15 metros para dibujarlas, mientras que sobre el
Atlántico utilizamos unidades de 20 metros, la distancia de 60 metros en el
mar estará representada por una línea de 4 unidades, mientras que la misma
distancia en el Atlántico nos dará una línea mas corta, una línea de 3
unidades de longitud, es lo que está ocurriendo en los portulanos, pero tal
y como acabo de verificar la milla de Alfragrano es la que está en relación
3/4 con la milla romana, lo que quiere decir que los portulanos han basado
su cartografía atlántica en fuentes árabes y por error de los cartógrafos
han tomado la unidad milla sin darse cuenta que en las fuentes árabes el
valor de ésta no era el de la milla romana.
Pero aún queda un cabo suelto que es importante, ya he demostrado que la
milla de Alfragrano corresponde a una división del grado en 56 y (2/3)
partes iguales, si la relación entre las medidas entre el Atlántico y el
Mediterráneo es de 4 a 3 y consideramos que la unidad de medida oceánica es
la árabe, quiere eso decir que la milla romana sobre el Mediterráneo también
representa una división del arco en el mismo número de partes que la milla
árabe, es decir que los portulanos son una representación plana donde los
60' se convierten en 56 y (2/3)’,ya que si no fuese así no se habría podido
deducir directamente la relación de 4 a 3 entre las costas marítimas ya
señaladas, así que los portulanos si tienen un tipo de proyección, una que
sustituye un arco de 18 unidades de longitud por 17 unidades medidas sobre
el plano, y eso es lo que nos indica claramente Colón en su apostilla:
"Nota: navegando a menudo desde Lisboa al sur hacia Guinea, observé con
cuidado 1a derrota, como es usual entre capitanes y marineros, y después
tome la altura e1 sol con e1 cuadrante y otros instrumentos y halle que
concordaba con Alfragrano, es decir que a cada grado correspondía 56 millas
y 2/3. Por lo cual hay que creer en ésta medida. Así, podríamos decir que el
perímetro de 1a Tierra en el arco equinoccial es de 20.400 millas.... Y esto
lo puede ver cualquiera que mida por las cartas de marear,
midiendo de norte a sur por el océano fuera de toda 1a tierra en línea
recta, lo cual bien se puede hacer empezando en Inglaterra o Irlanda en
línea recta hacia el sur hasta Guinea”[4]
El subrayado mío, indica con evidencia a que se está refiriendo Colón cuando
utiliza la milla de Alfragrano: hay que medirla sobre la carta de marear y a
lo largo de un círculo máximo, todo lo que yo he explicado.
Pero si toda esta evidencia no fuese aún suficiente, nos queda un testimonio
escrito que yo he encontrado ya trasladado en la referencia al pie nº 3, y
que nos da la distancia en millas entre Mallorca, Ibiza, Denia, y Menorca,
la Figura 1 explica estas longitudes

Se ve en ella que si la distancia entre Ibiza y Mallorca es de 70
millas, la distancia entre Denia e Ibiza no puede ser de 100, debe
de existir un error en la traslación del nombre o de la cifra, así
que no la voy a considerar. Se especifica claramente que está
midiendo la distancia “directa” de un punto a otro y que son
distancias “marineras”, de ahí que para interpretar la distancia
entre Mallorca y Menorca haya yo tomado como bases Pollença y
Ciudadela como las dos ciudades más cercanas a la costa. Del Atlas
Encarta 2000 de Microsoft he obtenido las coordenadas geográficas de
los puntos, y he construido la Tabla I; tras introducir las
coordenadas en un GPS MAGELLAN, modelo Blazier 12, el aparato me da
la distancia real entre los puntos cuyas coordenadas he determinado,
medida a través de un conjunto de satélites en órbita alrededor de
la Tierra.
Se puede ver en dicha Tabla que las 70 millas entre Ibiza y Palma se
trasforman en 69 millas náuticas actuales, y las 40 entre Pollença y
Ciudadela pasan en la realidad a 39,1 es decir un error de 1,85 Km;
pero lo importante no es la precisión, sino el sistema de cálculo.
Para obtener esa distancia “directa” tuvieron que utilizar
necesariamente un sistema de coordenadas (al igual que lo he hecho
yo) para cada punto, y a partir de esas coordenadas resolver el
problema del cálculo de un lado en un triángulo esférico, ya que la
distancia entre Pollença y Ciudadela no es una distancia navegada,
pues hay tramos de tierra. Los resultados obtenidos corroboran 4
puntos:
1º. Que desde el siglo X (al menos), la cultura Islámica es la
primera en la Historia de la Humanidad en poseer los conocimientos
técnicos necesarios para situar dos puntos sobre la superficie
terrestre, y por tanto navegar en cualquier mar.
2º. La milla de Alfragrano es una unidad utilizada para medir sobre
cartas de navegación. Ya vemos que la distancia “directa” está en
millas náuticas reales y actuales.
3º. El valor de la milla cordobesa totalmente equivalente a nuestra
milla náutica indica que la cultura Islámica conocía perfectamente
el valor del radio terrestre.
4º. La distancia de 40 millas náuticas equivalente a medio grado (3º
millas) indica la precisión de cálculo de los geógrafos árabes,
dicha precisión es inalcanzable con dígitos en números romanos, o
con dibujos sobre pergamino.
Así que el mundo islámico tenía la tecnología, los conocimientos y
la motivación para buscar el camino de las Indias por la ruta de
Occidente, hay que ser un ingenuo para pensar que ni siquiera lo
intentaron y creer que unos pilotos semianalfabetos como los
vikingos fueron capaces de ir volver, y retornar al mismo punto, o
que otros trabajando con cifras romanas y con precisiones en rumbo
de media cuarta fueron capaces de lanzarse en expediciones de
“descubierta” a mar abierto sin ninguna garantía de retorno.
Utilizando a Pascal: “en los dominios de la ciencia (o de la
técnica), el azar favorece únicamente a los espíritus (o las
culturas) preparadas” y como último detalle citaré que todavía hoy,
en la utilización de coordenadas astronómicas se supone que el radio
de la Tierra es la unidad elemento introducido por los árabes y que
resulta verdaderamente útil cuando se quieren resolver triángulos
esféricos.
La cuestión se reduce a que como los árabes no han dejado
cartografía se piensa que no “salieron” del Mediterráneo pero una de
las razones por la cual no han llegado hasta nosotros sus mapas es
evidente, se dibujaban sobre el papel que ofrece mucha mayor
precisión geométrica que el trazo sobre pergamino, con lo que su
conservación ha sido mucho más problemática, pero ahí están todas
las pruebas indirectas que he presentado en este artículo, y aún hay
más la numeración de los aborígenes canarios, muy anterior a la
llegada de europeos, corresponde a una numeración árabe, las raíces
de su lenguaje son claramente de origen bereber, uno de sus dioses
primitivos recibe el nombre de Al Corán, y Ben Como (en clara
concomitancia fonética con el nombre del dirigente de las
comunidades mozárabes en las ciudades árabes) es uno de los
caudillos de Gran Canaria; por último tanto el aspecto físico de
algunas de las momias existentes en Tenerife, como la descripción
que se hace por parte de los primeros visitantes europeos a las
islas de sus habitantes, coincide con aquellas cuadrillas de
artesanos que recorrieron Europa hablando en “argot” y levantando
catedrales góticas lo que señala hacia asentamientos de procedencia
árabe en las Islas, y las Canarias son un punto crucial en el
“carrusel” de corrientes que llevan a América.
[1]Morales Padrón, Francisco. "Atlas
histórico cultural de América". Consejería de Cultura y
Deportes del Gobierno de Canarias. Las Palmas de Gran
Canaria.1988, pgn 92
[2]Laguarda Trías, Rolando.
"La aportación
científica de mallorquines y portugueses a la cartografía
náutica de los siglos XIV al XVI". Instituto Histórico de
Marina. Madrid.1963.
[3]Ariel, Rachel. "España musulmana".
Labor. Barcelona.1994. Pgn 238
[4] d'Ailly, Pierre. "Ymago Mundi". versión
de: Antonio Ramirez de Verger. Alianza Editorial.
Madrid.1992. Apostilla 490, pgn 149.
*José Antonio Hurtado García es ingeniero
aeronáutico por la U.P. de Madrid y Doctorando en Historia
por la Universidad de La Laguna.
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