Cada día oímos que el mundo es
ahora más pequeño que nunca, pero ¿era hace siglos tan grande y tan inconexo
como pensábamos?
La Antigua América
no estuvo tan aislada del viejo mundo como muchos historiadores nos pretendían
hacer creer. Conocimiento, productos agrícolas, ganado y otros productos
comerciales se intercambiaban entre los dos mundos y posiblemente los musulmanes
fueron el grupo de contacto más importante antes de los viajes de Colón.
Las evidencias de
la presencia de musulmanes en la Antigua América son numerosas, se pueden
encontrar en esculturas, en tradiciones orales, en testimonios oculares, en
artefactos e inscripciones. En el arte Meso-americano podemos ver africanos y
semitas en posiciones de poder y prestigio, especialmente en comunidades
comerciales de Méjico.
Cyrus Gordon en su
libro “Antes de Colón”, describe el hallazgo de monedas en la región sur del
Caribe: “en la zona costera de Venezuela se descubrieron gran cantidad de
monedas mediterráneas, pero en tal número que no pueden ser una mera colección
numismática, sino más bien un aprovisionamiento de fondos. Casi todas las
monedas son romanas, desde el reinado de Augusto hasta el siglo IV D.C. Sin
embargo dos de las monedas son árabes, del siglo VIII de nuestra era. Son estas
últimas las que nos dan la medida temporal exacta de esta “colección” de monedas
que no puede ser anterior a ellas. No olvidemos que las monedas romanas seguían
en uso en el medioevo. Todo indica que un barco “moro” posiblemente procedente
de España o del Norte de África cruzó el Atlántico alrededor del 800 de nuestra
era”.
Estas monedas son
confirmación sólida de los informes históricos aportados por historiadores y
geógrafos musulmanes acerca de los viajes de navegantes y aventureros musulmanes
por el Atlántico.
El geógrafo
Al-Sharif Al Idrisi en su extenso trabajo “La Geografía de Al Idrisi” del siglo
XII de nuestra era nos relata el viaje de un grupo de navegantes norteafricanos
que llegaron a América. Al Idrisi escribió: “Un grupo de marinos zarparon
hacia el mar de Oscuridad y Niebla (el Océano Atlántico) desde Lisboa para
descubrir lo que había en él y hasta donde extendía sus límites. Eran un grupo
de ocho y llevaron un barco cargado con víveres para varios meses. Navegaron
durante once días hasta que llegaron a aguas turbulentas con grandes olas y
donde la luz se hacia tenue. Pensaron que perecerían, así que pusieron proa al
sur viajando durante 20 días. Finalmente llegaron a una isla donde había
cultivos y gente, pero fueron capturados y encadenados durante tres días. Al
cuarto día vino un traductor ¡que hablaba árabe! Tradujo para el rey y les
pregunto sobre su misión. Ellos le hablaron sobre si mismos, después fueron
devueltos a su confinamiento. Cuando el viento del Oeste comenzó a soplar,
fueron metidos en una canoa, se les vendaron los ojos y navegaron durante tres
días antes de llegar a tierra. Se les abandonó en la costa con las manos atadas
a la espalda, al siguiente día, apareció otra tribu que los liberó, estos les
dijeron que entre ellos y sus tierras había un viaje de dos meses”.
Este asombroso
informe histórico no sólo describe claramente el contacto entre navegantes
musulmanes e indígenas de las islas del Caribe, sino que confirma el hecho de
que el contacto entre los dos mundos había sido tan intenso que incluso algunos
nativos eran capaces de hablar el árabe.
El 29 de Octubre de
1929 Khalif Edhem Bey descubrió por casualidad en la biblioteca de Serrallo en
Estambul un mapa de pergamino elaborado en el mes de Muharran del 919 de la
Hégira (Marzo de 1513). Este raro y valioso mapa contenía entre otras leyendas
la siguiente anotación: “Este capítulo explica como se ha hecho este mapa.
Nadie tiene un mapa semejante en la actualidad. Por mano de este pobre hombre ha
sido compuesto y elaborado”. El descubrimiento era importante. El pergamino
estaba escrito en turco y pintado de varios colores. Representa la zona
occidental del mundo. Abarca el Océano Atlántico con América y el borde
occidental del mundo. Las otras partes del mundo que sin duda incluía el mapa se
habían perdido.
El autor del mapa,
Piri Muhyid Din Re’is no es un desconocido. Fue un famoso navegante y creador de
mapas que murió en 1554-1555. Escribió un manual de navegación por los mares
Egeo y Mediterráneo que se conoció como “Piri Re’is Bahriye”. Quizás el mapa
encontrado por Khalid Edhem Bey era una parte de este manual que había sido
presentado al sultán Selim I en 1517, lo que explicaría como se encontró el
pergamino en Serrallo.
A pesar de los
numerosos viajes realizados por los musulmanes de Al-Andalus y el Norte de
Africa, sus contactos con tierra americana permanecieron limitados y bastante en
secreto. La ola más significativa de exploradores y comerciantes musulmanes
llegó del imperio islámico de Mali en África Occidental. Nada hay de leyenda en
esto; el relato de Mama Musa, emperador de Mali, a eruditos del Cairo cuenta que
su predecesor había organizado dos expediciones por el Atlántico para descubrir
sus límites. Al ‘Umari en su “Masalik al Absar fi Mamalik Al Amsar” extrajo el
siguiente informe: “Pregunte al sultán Musa, dice Ibn Amir Hajib, como llegó
el poder a sus manos. ‘Somos’, me dijo ‘de una casa que transmite el derecho a
gobernar por herencia. El gobernante que me precedió no admitía que fuera
imposible descubrir los límites del vecino mar, quería encontrarlos y persistió
en su plan, equipó 200 barcos y los cargó de hombres y otros 200 de oro, agua y
víveres en cantidad suficiente para varios años. Les dijo a aquellos que
comandaban la flota: Volved aquí sólo cuando hayáis llegado al extremo del
océano o cuando hayáis acabado vuestra comida y agua. Partieron, y fue una larga
ausencia antes de que alguno de ellos regresara. Finalmente apareció un solo
barco. Le preguntamos al capitán por su aventura’
‘Principe’
contestó, ‘navegamos durante mucho tiempo hasta que encontramos en medio del
océano algo como un río con una violenta corriente. Mi barco era el último, los
otros continuaron navegando y gradualmente según entraban en esa corriente
desaparecían para no volver. No supimos que les pasó. En lo que a mi respecta,
retrocedí y no entré en la corriente’.
Pero el
emperador no quiso creerle. Equipó 2000 barcos, 1000 para el y los hombres que
lo habían de acompañar y otros 1000 con agua y víveres. Me entregó el gobierno y
zarpó. Esta fue la última vez que lo vi a él y a los demás y así quedé como
gobernante absoluto del imperio”.
Este informe revela
que el monarca mandinga hizo grandes preparativos para el viaje y que tenía
confianza en su éxito. Su capitán, el que informó sobre el violento río en el
medio del océano, debió haber encontrado una corriente oceánica. Hay datos que
confirman la posibilidad de que tal éxito tuviera lugar; había medios como
demuestra el hecho de que Thor Heyerdal cruzara el Atlántico dos veces en barcas
de papiro y también hay pruebas de toda índole como diversas inscripciones
encontradas en Brasil, Perú y los Estados Unidos, transferencia lingüística
probada en las lenguas nativas amerindias, y numerosas evidencias culturales de
la presencia mandinga.
Los mandinga
tomaron contacto con la masa de tierra más cercana a la costa de África
Occidental, Brasil. Aparentemente Brasil fue la base desde la que partieron para
adentrarse en las densas junglas de Sudamérica, atravesaron ríos y cruzaron todo
el continente hasta llegar a Norteamérica. Pero no fue sólo un trasiego de uno a
otro lugar, hubo asentamientos estables. Muchas de las ciudades mandinga de
piedra y mortero han sido reclamadas por la jungla, pero un gran número de estas
ciudades fueron vistas por los primeros exploradores españoles.
Partiendo desde
Brasil, estos mandinga fueron hacia el Oeste y el Norte, según Cieza de León, un
grupo de estos viajeros llegaron al lago Titicaca donde fueron atacados y muchos
de ellos murieron, pero otros quedaron allí, estableciéndose entre los nativos,
dejando el legado de su escritura entre los indios de la isla Koaty en el lago
Titicaca, cuyos ideogramas son los mismos que los ideogramas mandinga. Las
expediciones de Sudamérica llegaron hasta el Océano Pacífico, donde en una roca
en la costa cerca de Ylo, se encuentra la siguiente inscripción: “Kye Nghe-gyo
ghe-su. Kye-ngbe-ta-wo-nde” (El hombre. Para adorar, para madurar y para
convertirse en materia sin vida. El hombre persigue un cavernoso lugar).
También en
Arizona se han encontrado inscripciones donde se muestra que los exploradores
mandinga trajeron un gran número de elefantes a América. Hay escrituras y
pictogramas en una caverna en Four Corners (Arizona) que explican las
características del desierto.
En Panamá los
mandinga tuvieron tal efecto que están clasificados como parte de los indígenas
del área. Un experto en tradiciones de América Central, L’Abbe Brasseur de
Bourbourg escribió: “Así es que hoy distinguimos los indígenas de Darien
(Panamá) bajo dos nombres, los Mandinga y los Tul: cuyas diferencias quizá
estriben en su diferente origen”.
Cuando Núñez de
Balboa llegó a Panamá en 1513, el y sus hombres distinguieron la presencia de
africanos. Uno de los registradores de las actividades de Balboa escribió:
“Cuando Balboa entró a la provincia de Quareca, no encontró oro, sino algunos
esclavos negros que pertenecían al rey del lugar. Habiendo preguntado a este rey
donde obtuvo estos esclavos negros, recibimos como respuesta que gente de ese
color vivía bastante cerca de allí y que estaban constantemente en guerra con
ellos”. Gomara, el redactor, añade: “estos negros eran exactamente
iguales a los negros de Guinea”. Incluso a mediados del siglo XIX
sobrevivían un buen número de nombres mandinga de lugares en Panamá.
Desde Panamá los
mandinga viajaron al norte hasta Honduras. Fernando Colón, hijo de Cristóbal,
daría informes de ellos señalando que vivían en la zona del Cabo Gracias a Dios.
También se da
cuenta de otro grupo de negros cerca de la actual Nicaragua. Eran conocidos como
“Jaras y Guabas”. Estos nombres parecen ser los mismos que “Jarra” en Gambia y
“Dira” en Senegal y Mali, los cuales representan un antiquísimo clan y una
designación territorial entre los Mending-Sarakoles; y “Kaba o Kubba” un nombre
asociado a connotaciones religiosas islámicas. Estos nombres son claramente
parte del legado dejado por los primeros exploradores mandinga que llegaron de
Mali. Aún hoy son usados en África.
Algunos de los
musulmanes africanos que se establecieron en Honduras se llamaron a si mismos
“Al-mamys” antes de la llegada de los españoles. Giles Cauvet en su libro “Los
beréberes de América” al hacer una comparación etnográfica entre África y
América declaró, “…una tribu de Al-mamys habitaron en Honduras… precediendo por
poco la llegada de Colón allí”. Añade que el título Al-mamy no es anterior al
siglo XII de nuestra era que es la época más temprana en la que los negros
musulmanes africanos podrían haber llegado al Istmo americano. Hemos de recordar
que en lenguaje mandinga “Al-mamy” se usaba para designar al “Imam” (el que
dirige el salat).
Otra parte del
legado africano pre-colombino es el que dejaron los Caribes, de cuyo nombre
derivamos la palabra “Caribe”.
En el Daily Clarion
de Belice del 5 de Noviembre de 1946 podemos leer un artículo de un historiador
hondureño: “Cuando Cristóbal Colón descubrió las Indias Occidentales en el
año 1493, encontró una raza de mestizos con pelo lanoso a quien llamó Caribes,
eran cazadores y navegantes, agricultores y eran pacíficos y estaban unidos.
Odiaban la agresión. Su religión eral el Muhammadismo y su lengua
presumiblemente el árabe”
Por otro lado el
“Manual de la Honduras Británicas” dice que “los Caribes son muy tribales y
hablan una lengua propia que guardan celosamente. Parece ser básicamente un
dialecto africano con una fuerte mezcla de francés, español e inglés”.
Los caribes negros
también tenían un gran número de claras prácticas islámicas como la prohibición
absoluta de comer carne de cerdo, al que ellos llamaban “coincoin o buiroku”. El
Manual de los indios de Sudamérica describe a los Caribes de la siguiente
manera: “La más preciada posesión de los hombres caribes era la ‘Caracoli’
una pieza en forma de Creciente con aleación de oro y cobre enmarcada en
madera la cual obtenían los guerreros cuando realizaban los ataques sobre los
Arawaks del continente. Algunas de las ‘caracoli’ eran pequeñas y se usaban como
pendientes, aros para la nariz o los labios, otras eran suficientemente grandes
para cubrir el pecho. Eran un signo de alto rango, pasando de generación en
generación y usadas solamente en ocasiones ceremoniales o con motivo de viajes”.
Podemos afirmar que
no solamente el conocimiento de la presencia de musulmanes en América en la
época precolombina fue un hecho conocido por los exploradores españoles y
portugueses, sino que esta presencia y la información de los musulmanes sobre
datos geográficos y de navegación fue realmente la base que propició la
expansión europea en América. Se sabe que el propio Vasco de Gama consultó a
Ahmed ibn Majid acerca de la costa occidental de África. Se considera a ibn
Majad como el autor de un manual de navegación del Océano Indico, el Mar Rojo,
el Golfo Pérsico, el Mar del Sur de China y las aguas que bordeaban las Indias
Occidentales.
En realidad
podríamos decir que la colonización de América por los españoles fue una
extensión de la mal llamada “Reconquista de la Península Ibérica”. Los
musulmanes habían gobernado en Al-Andalus durante 8 siglos dominando Europa
cultural, educativa y económicamente. Los primeros exploradores eran en muchos
casos soldados españoles que habían luchado en África y surcaron los mares para
destruir el poder del Islam. Reconocieron la influencia del Islam donde quiera
que viajaran e hicieron todo lo que estuvo en su poder para convertir al mayor
número de gente al catolicismo. Cuando Hernán Cortés, conquistador de Méjico,
llego a Yucatán, nombró a esa área “El Cairo”. Los hombres de Cortés y Pizarro,
algunos de los cuales habían tomado parte directamente en la lucha contra los
musulmanes en África y Al-Andalus llamaron mezquitas a los templos indios. Por
una extraña paradoja el primer cristiano que vio tierra americana, Rodrigo de
Triana en su vuelta a España entró al Islam, abandonando su herencia cristiana,
“porque Colón no le dio crédito ni recibió recompensa alguna del Rey, por
haber visto antes que ningún hombre la luz de las indias”.
Durante el reinado
de Fernando el Católico, a pesar de los excesos contra el Islam en la península,
algunos moriscos que viajaron a América como exploradores, soldados o jornaleros
comenzaron a practicar su auténtico “Din” y consiguieron propagar el Islam entre
los indios. Como consecuencia se decretaron una serie de leyes para frenar la
afluencia de musulmanes libres o esclavizados a América y para devolver al redil
a los indios musulmanes nativos. En el siguiente fragmento podemos ver la
actitud de la jerarquía española ante este acuciante problema:
“El Rey: A
nuestros oficiales que residen en la ciudad de Sevilla en la Casa de
Contratación de las Indias. Estamos informados de que a causa del aumento de
precio de los esclavos negros en Portugal y en las islas de Guinea y Cabo Verde,
algunos mercaderes y otras personas cuya intención es tenerlos para nuestras
Indias, han ido o han mandado comprar negros en las islas de Cerdeña, Mallorca,
Menoría y otras partes del Levante para enviarles a las Indias que dicen que son
más baratos. Y ya que muchos de los negros de esa parte de Levante son de la
casta de los moros y otros comercian con ellos, y en una nueva tierra, donde en
el presente nuestra santa fe Católica está siendo establecida, no es apropiado
que gente de este tipo vaya allí, en previsión de las dificultades que de ello
se pudieran derivar. Os ordeno que bajo ninguna circunstancia consintáis pasaje
a nuestras Indias, tanto en islas como en tierra firme a ningún esclavo negro
que pueda ser de Levante o que haya sido criado allí, o de otros negros que
puedan haber estado en contacto con moriscos, aún cuando sean de la raza de los
negros de Guinea.” (Valladolid, 16 de Julio de 1550).
En otro edicto el
Rey escribió: “Se os informa que si tales moros, son por su nacionalidad y
origen moros, y si quisieran enseñar doctrinas musulmanas o se alzan en guerra
contra vosotros o los indios o que puedan haber adoptado la religión musulmana,
no haréis bajo ningún concepto esclavos. Al contrario intentaréis convertirles o
persuadirles por medios buenos y legítimos de aceptar nuestra sagrada fe
católica”.
Así que encontramos
una segunda presencia de musulmanes en América, aquellos esclavos capturados o
vendidos a traficantes europeos y transportados desde África Occidental a un
“Nuevo Mundo” de opresión e “inhumanidad”. Durante un periodo de alrededor de
300 años, millones de esclavos fueron transportados en lo que debe ser uno de
los más bárbaros y atroces episodios en la historia de la humanidad. El hecho de
que muchos de estos esclavos fueran musulmanes se suele ignorar. Muchos de ellos
provenían de naciones africanas predominantemente musulmanas como los Mandinga,
los Fula, los Susu y los Hausa y hay indicaciones de que algunos de ellos eran
distinguidos eruditos del Islam.
A pesar del
inhumano sistema de esclavitud en América y la separación forzosa de las tierras
y culturas islámicas, hay multitud de informes de musulmanes esclavos que
mantenían su fe en cierta forma, liderando revueltas, ganando en algunos casos
la libertad nuevamente y volviendo a África.
Alex Haley en su
libro “Raíces”, recrea gráficamente la historia de su antecesor musulmán, Kunta
Kinte, que fue secuestrado, vendido y transportado a América. Además de exponer
las atrocidades y el genocidio cultural perpetrado por los “civilizados”
colonizadores europeos y la forma en que se usó el cristianismo para sojuzgar y
pacificar a los esclavos en interés de los explotadores de las plantaciones. El
trabajo de Haley también muestra los intentos hechos por los esclavos para
mantener su herencia cultural islámica.
En Jamaica, el
magistrado especial, Robert R. Madden, uno de los seis magistrados especiales
enviados a la isla en 1833 por el gobierno británico dató no sólo la presencia
de una considerable cantidad de musulmanes en Jamaica sino que además constató
que generalmente eran cultos, independientes y rebeldes. En su libro “Una
estancia de doce meses en las Indias Occidentales durante la transición de la
esclavitud al aprendizaje”, Madden narra las historias de Anna Musa y Abu Bakr
Sádica que persistían en mantener su fe islámica bajo condiciones adversas y
hostiles. Abu Bakr, Anna Musa y otros habían formado una sociedad y le pidieron
a Madden que los ayudase a crear escuelas africanas para gente africana en
Kingston.
En Trinidad, los
musulmanes africanos no solamente formaron una “Sociedad Mandinga”, sino que
también establecieron escuelas en Puerto España. Los dirigía un tal Jonas
Muhammad Bath. Otros se establecieron al sur de la isla y en Monsamilla en el
noreste. Se les dio tierras y explotaron sus propias plantaciones. Se hicieron
económicamente fuertes y pidieron al gobierno británico que los repatriara a
África.
Una de las
peticiones dirigidas a Guillermo IV, Rey de Gran Bretaña e Irlanda, comenzaba
con la frase “Allahumma Sali’ala Muhammad”, y explicaba que los
peticionarios eran seguidores de Muhammad (SAS) el Mensajero de Allah (SWA), y
que no derrochaban sus bienes en productos que los enajenaran, como solían hacer
otros esclavos.
Hay muchas
evidencias que indican que los musulmanes africanos en el Caribe se resistían
pertinazmente a la esclavitud. En Jamaica se informó a R. Madden acerca de un
documento escrito en Africa en 1789, el cual exhortaba “a todos los
seguidores de Muhammad a ser sinceros y fieles si deseaban entrar en el Jenna”.
Un Yihad llamado la
“Gran rebelión de los esclavos” estalló en Manchester en 1834. Los documentos
fueron destruidos pero el espíritu de resistencia se mantuvo vivo en los
corazones de los esclavos.
En Haití, desde
1753 hasta 1757, Mackandal, un líder religioso musulmán, condujo numerosos
ataques contra los propietarios de las plantaciones. La campaña de Mackandal
llevó directamente a la Revolución de Haití de 1791 dirigida por Toussaint
L’Ouverture.
Los “negros del
matorral” en Surinam, dirigidos por Arabi y Zam-Zam, derrotaron a los holandeses
en muchas ocasiones y finalmente firmaron un tratado y se les concedió su propio
territorio (cerca de la Guayana Francesa) el cual controlan hasta la actualidad.
Todos estos grupos
musulmanes han sido sojuzgados hasta no dejar casi rastro. La casi total
eliminación del Islam entre los esclavos africanos ha sido uno de los grandes
“logros” del colonialismo europeo y de los misioneros cristianos.