ISLAM Y AL-ANDALUS

YIA.LM

  HISTORIA DE AL-ANDALUS

 

EL ISLAM EN AMÉRICA ANTES DEL DESCUBRIMIENTO

 

LAS COLUMNAS DE HÉRCULES, MAR DE TINIEBLAS

 

 

En la confluencia del Mediterráneo y el Océano se encuentran los faros de piedra y bronce construidos por el gran rey Hércules. Están cubiertos por inscripciones y coronados con estatuas que apuntan como si dijeran: No hay camino más allá de este punto; ¡del otro lado no hay pasaje para aquellos que entran al océano desde el Mediterráneo!

Ningún barco puede entrar al océano. No contiene tierras habitadas y no moran allí animales racionales. No se sabe dónde comienza ni dónde termina. Es el Mar de las Sombras, el Mar Verde, el Océano Circundante.

 

Paul Lunde: (Historiador y arabista)

Qué al comienzo de la Época del Descubrimiento, ¿Qué sabía Colón acerca de la forma del mundo, y cómo lo sabía?

 

Foto

 

 

 

"Para la Edad Media latina, Atlántico era Mare Tenebrosum, para los árabes, Bahr al-Zulamat. Ambos significaban el Mar de Tinieblas, y cualquiera que haya mirado hacia el oeste desde la costa norte de Portugal y haya visto los pesados bancos de nubes sobre el horizonte admitirá que el Atlántico se merece ese nombre. Llevaba un mal presagio, para los cristianos, la palabra tenebrosum sugería el mal y evocaba al Ángel de las tinieblas. Para los musulmanes, la palabra árabe para tinieblas; al-zulumat, inevitablemente hacía pensar en el magnífico pasaje del Corán en Sura 24, al-Nur, La Luz, en que el estado de los infieles se describe como siendo similar a las profundidades tenebrosas de un enorme océano profundo, lleno de olas, cubierto de olas, cubierto por [oscuras] nubes - capas de tinieblas, unas encima de las otras.

 

Este nombre - y su análogo, El Mar de Tinieblas - al-Bahr al-Muzlim - basta para indicar el temor y la ignorancia del hombre medieval ante el Océano Atlántico. Pero el océano tenía también otros nombres más propicios. Dos de éstos, El Mar Verde y ElOcéano Circundante, aparecen en el pasaje que acabamos de citar del famoso historiador y geógrafo árabe del siglo X, al-Masudi, cuyas obras están llenas de fascinante información geográfica. Los árabes utilizaban otros nombres también, como la del erudito uqiyanus, transliterada directamente de la palabra griega okeano, e incluso, en fuentes posteriores del mundo islámico occidental, al-Bahr al-Atlasi, El Mar de las Montañas Atlas -una versión exacta de la palabra Atlántico- 

 

 

Pero el nombre árabe más frecuente para el Atlántico era al-Bahr al-Muhit, el Océano Circundante, o Global. Este nombre encarnaba una noción muy antigua. Los babilonios, y tal vez los sumerios antes de ellos, concebían la parte habitada del mundo como un barco invertido, un gufá, flotando en el mar. Esta antigua palabra sumeria se empleaba para describir los barcos de casco redondo de caña que se utilizaban en los pantanos del sur de Irak, donde aún se les conoce por el mismo nombre. Tanto el nombre como la idea resultaron extraordinar­iamente persistentes. La idea pasó de Babilonia a los griegos, y los geógrafos desde Herodoto y Hecateo en adelante han descrito al mundo como rodeado por todos lados por un océano universal, aun cuando los límites del mundo conocido se habían ampliado mucho más allá de lo que podían haber llegado a imaginar los babilonios.

 

Mucho después de que Aristóteles demostrara, en el siglo cuarto antes de Cristo, que el mundo era una esfera, seguía manteniéndose la antigua imagen babilónica. Escribiendo casi 1400 años después de Aristóteles, y sabiendo perfectamente bien que la tierra es esférica, al­Masudi la comparaba con un huevo flotando en agua. El historiador árabe Ibn Khaldun, quien escribió 400 años después de al-Masudi y casi 1900 después de Aristóteles, comparó la parte habitada del mundo a una uva flotando en un platillo de agua.

Mapa de la época elaborado por Ibn Khaldun

Los babilonios tenían poco conocimiento de tierras más allá de la Mesopotamia y sus inmediaciones. La imagen del mundo se basaba en su cosmología, más que en la observación directa. El hecho de que los babilonios estuvieran acertados en el sentido de que todos los grandes cuerpos de agua que rodean al globo están inter­conectados es fortuito. Sin embargo fue esta idea, transmitida a los griegos y luego a los árabes y a través de éstos a la Europa medieval, la que contribuyó a los descubrimientos geográficos de los siglos XV y XVI.

 

Hernando Colón, en su biografía de su padre Cristóbal, enumera las fuentes clásicas y medievales que llevaron al almirante a pensar que podía llegar a las Indias navegando hacia el occidente. Una de las más importantes de estas fuentes era el De Caelo (Del cielo) de Aristóteles, un libro conocido en su traducción árabe desde el siglo noveno y citado frecuentemente por al-Masudi. El texto griego original alcanzó Italia en el siglo XV, después de la caída de Constantinopla en 1453, pero no se imprimió hasta después del descubrimiento de América. Sin embargo, se lo había conocido en España en el siglo XII a través de un comentario de Ibn Rushd de Córdoba, el Averroes de la Edad Media latina. No se sabe si Colón conocía el De Caelo a través de las traducciones latinas de Averroes o más directamente a través de las nuevas traducciones renacentistas de los humanistas italianos con quienes estaba en contacto. En todo caso, este es el pasaje que dio vuelo a su imaginación: Hay muchos cambios, quiero decir en las estrellas arriba, y las estrellas que se ven son diferentes, si uno se mueve hacia el norte o hacia el sur. En verdad, hay algunas estrellas que se ven en Egipto y en la vecindad de Chipre, que no se ven en las regiones del norte; y las estrellas que, en el norte, nunca salen del campo de observación, se levantan y se ponen en dichas regiones. Todo lo cual sirve para demostrar no sólo que la tierra tiene forma circular, sino también que es una esfera de tamaño no muy grande; pues de no ser así el efecto de un cambio de lugar tan insignificante no se notaría tan rápidamente.  Por ende uno no debería estar tan seguro de la incredibilidad de la opinión de aquellos que conciben que existe una continuidad entre las partes vecinas a las Columnas de Hércules y las partes vecinas a  la India y que por lo tanto el océano es uno solo. Para mayor evidencia en favor de esto ellos citan el caso de los  elefantes, una especie que existe en cada una de estas regiones extremas, sugiriendo que la característica más común de estos extremos se explica por su continuidad. También aquellos matemáticos que tratan de calcular el tamaño de la circunferencia dé la tierra llegan a la cifra de 400.000 estadios. Esto indica no sólo que la masa de la tierra es esférica, sino también que cuando se la compara con las estrellas no es de gran tamaño.

Una de las Torres de Hércules en Huelva (España)

 

Dejando de lado la estimación de Aristóteles de la circunferencia de la tierra, que es aproximadamente el doble de grande, es fácil ver porqué Colón se aferró a este pasaje. Aristóteles, la autoridad suprema para la Edad Media, sugiere que Asia podría estirarse directamente alrededor del globo, uniéndose tal vez a África, o por lo menos que ambas son bañadas por el mismo mar. Por ende bien podría llegarse a Asia navegando hacia occidente, a través del mar que lo abarca todo. Esta, por lo menos, era la teoría, y contaba con el apoyo de numerosas referencias clásicas, así como leyendas medievales acerca de islas en el occidente y hasta por esporádicas observaciones de madera labrada que el mar arrojaba a las playas de las islas del Atlántico. Pero aún quedaba por superar una tremenda barrera psicológica, la antigua creencia de que no existe nada más allá de las Columnas de Hércules. Esta creencia se expresaba en el lema Ne Plus Ultra, no hay nada más allá; una frase que se refleja en el relato de al-Masudi de las estatuas que apuntan como si dijeran: No hay camino más allá de este punto..: Para el mundo clásico, las Columnae Herculis, las Columnas de Hércules, no eran columnas - o faros - reales sino dos puntos montañosos a cada lado del Estrecho de Gibraltar, Calpe y Abyla - la Roca de Gibraltar y el punto montañoso de al-Mina, adonde se levanta hoy la ciudad de Ceuta sobre las ruinas de la Abyla fenicia.

 

Los fenicios navegaron atravesando las Columnas de Hércules allá por el 1100 antes de Cristo y fundaron su primer puerto atlántico, Gadir (Lugar fortificado) donde se encuentra hoy la ciudad de Cádiz. En el interior por esas partes está la fabulosa región - o tal vez ciudad - conocida en el mundo clásico como Tartessos y en la Biblia como Tarshish. Los fenicios establecieron un rico comercio con el mundo mediterráneo oriental traficando en oro y plata de las ricas minas de Tartessos. También abrieron la ruta marítima del Atlántico a Casitérides, las Islas del Estaño, probablemente en algún lugar de lo que es hoy Gran Bretaña, y al  Báltico, donde comerciaban por ámbar. El estaño es un componente vital en la fabricación del bronce; mientras que el ámbar se utilizaba para la ornamentación. Los fenicios tenían virtualmente ,o, el monopolio de ambos, y lo  guardaban   celosamente, hundiendo todo barco rival que se aventurara en el Mediterráneo Occidental. Consideraban que sus rutas comerciales eran secretos de estado, y las fuentes clásicas citan por lo menos un buque mercante fenicio que prefirió hundirse antes que dejar que un rival conociera su curso.

 

Barco fenicio

 

Los fenicios y sus sucesores, los cartaginenses, establecieron colonias mercantiles a lo largo de la costa del norte y del oeste de África. Adelantándose al Príncipe Enrique el Navegante de Portugal en unos dos mil años, también emprendieron una serie de intentos de circumnavegar África. Uno de éstos, patrocinado por el faraón egipcio Neko II, tuvo lugar alrededor del año 600 Ac.

 

Heródoto, que llama Libia a Africa y el Golfo Arabe al Mar Rojo, es nuestra única fuente de información acerca de este viaje y lo describe de la siguiente manera: En cuanto a Libia, sabemos que todas sus costas son bañadas por el mar excepto en donde se encuentra con Asia, como fuera demostrado por primera vez, según nuestros conocimientos, por el rey egipcio Neko, quien, después de suspender la construcción del canal entre el Nilo y el Golfo Árabe, despachó una flotilla tripulada por fenicios con órdenes de navegar hacia el oeste y regresar a Egipto y al Mediterráneo por el Estrecho de Gibraltar. Los fenicios zarparon del Golfo Árabe rumbo al océano del sur, y llegado cada otoño desembarcaban en algún lugar conveniente de la costa líbica, sembraban una parcela de terreno y esperaban hasta la cosecha del año próximo. Después, habiendo conseguido su grano, volvían a hacerse a la mar, y después de dos años enteros rodeaban las Columnas de Hércules en el curso del tercero, y regresaban a Egipto. Estos hombres declararon algo que yo personalmente no creo, aunque otros posiblemente sí crean -que en verdad habían navegado siguiendo un rumbo hacia el oeste dando la vuelta al extremo sur de Libia, que habían tenido el sol a su derecha - hacia el norte de ellos. Es así como se descubrió por primera vez que Libia estaba rodeada por el mar...

 

No hay porqué dudar que este viaje tuvo lugar. Lo que Heródoto, y los geógrafos griegos que le sucedieron, encontraban difícil de aceptar era el enorme tamaño de África. El consenso de opinión, convertido en ortodoxia por Ptolomeo, era que África se extendía poco más allá de la latitud 17° sur. Herdóto parece haber creído lo mismo, de ahí su incredulidad de la afirmación de que el sol estaba a la derecha de los viajeros fenicios.

 

La mayoría de los geógrafos griegos preptolemeicos aceptaban que África estaba limitada por todos lados por el mar, excepto donde se unía al Asia. Ptolomeo, sin embargo, suponía que no mucho más abajo del Cuerno de África, el continente se extendía hacia el este, uniéndose eventualmente al territorio chino y convirtiendo al Océano Indico en un mar mediterráneo. Es posible que desarrollara esta opinión bajo la influencia del De Caelo, donde Aristóteles sugiere que la presencia de elefantes tanto en Asia como en África podría indicar que los dos continentes eran contiguos. Ptolomeo complicó su error al postular la existencia de un enorme continente meridional, una Terra Australis, al sur de África. Este continente imaginario sólo desapareció de los mapas europeos recién a comienzos del siglo XVIII.

 

Los circumnavegantes fenicios de África eran marinos prácticos que no hacían caso de las teorías. Los cartaginenses, como llegaron a conocerse los colonos fenicios en el Mediterráneo Occidental, deben haber conocido la circumnavegación de África en el sentido de las agujas del reloj por parte de sus compatriotas. En una oportunidad, antes del año 480 AC, los cartaginenses enviaron una gran expedición, bajo un jefe de nombre Hanno, en la dirección opuesta. Una versión griega del relato original púnico de este viaje revela claramente que Hanno llegó a un punto muy remoto en el sur, pasando la montaña volcánica que él denominó El Carro de los Dioses - probablemente el Monte Kakoulima de 998 metros de altura en lo que es hoy Guinea - y llegando hasta Sierra Leone. En el camino descubrió las Islas Canarias y las Islas de Cabo Verde, que tuvieron gran importancia después como puntos de reabastecimiento para los viajes transatlánticos. Las Islas de Cabo Verde no se redescubrieron hasta 1455, casi dos mil años después.

 

antiguo mapa de las Islas Canarias

 

Las Canarias son un ejemplo clásico de cómo se habían hecho descubrimientos en la antigüedad que después se perdieron. Descubiertas por Hanno en el siglo quinto Ac, fueron exploradas y colonizadas en el 24 año 24 AC por Juba II, el erudito rey de Mauritania y esposo de Cleopatra Selene, hija de Marco Antonio y Cleopatra. Juba, quien era un apasionado coleccionista de arte y se interesaba también por las ciencias y la tecnología, inventó un nuevo método de fabricación de tintura violeta en base a la planta urchilla - y la exportación de la urchilla de las islas atlánticas ha tenido importancia económica hasta comienzos de este siglo. Juba pobló las Canarias con colonos de habla berebere, posiblemente los antepasados de los guaraches. Gradualmente se fue perdiendo el conocimiento de la ubicación de las Canarias, aun cuando Lanzarote, la isla más cercana a la costa norteafricana, se encuentra a menos de 100 kilómetros al oeste del continente. Los griegos llamaron a las Islas Canarias Tón Makarón Nésoi, Las Islas de los Bienaventurados, y se las consideraba las tierras conocidas más remotas de occidente. Ptolomeo trazó su longitud de 0°, o meridiano primo, a través de las Canarias; los franceses continuaron haciéndolo hasta el siglo XIX.

 

Las Islas Canarias fueron redescubiertas en el siglo XIV por un buque francés o genovés que había perdido su rumbo. En 1402 los normandos las conquistaron parcialmente, enfrentándose con la fiera resistencia de los nativos guaraches. A mediados del siglo XV los españoles tomaron el control de las Canarias y continuaron la conquista de su población. Cuando Colón utilizó las islas como primera etapa en sus cuatro viajes al Caribe todavía se libraban batallas. Los guaraches no fueron totalmente sometidos hasta fines del siglo XVI, cuando desaparecieron prácticamente, y con ellos su idioma. De las pocas palabras guarache que se han preservado en las crónicas españolas, sabemos que hablaban una forma de berebere, y que por ende probablemente descendían de los colonos de Juba. Sin embargo, cuando los europeos los encontraron, no parecían tener recuerdos de la tierra firme; al no tener barcos, no sabían que las otras islas del grupo estaban habitadas.

 

 

Tolomeo

Los árabes conocieron estas islas a través de Ptolomeo, y las llamaron al-Jazair al-Khalidat, Las Islas Eternas, posiblemente una versión del griego. Algunas fuentes hablan de estas islas como si fueran legendarias, diciéndonos por ejemplo que en cada una de las seis islas - en realidad hay siete - había una estatua de bronce, como la que hay en Cádiz, advirtiendo a los viajeros que regresen. Pero al-Idrisi, el famoso geógrafo del siglo XII, quien escribió en la corte del Rey Rogelio de Sicilia (ver Aramco World, julio-agosto 1977), habla de una expedición a las Canarias a fines del siglo XII, durante el reino del emir almorávide Yusuf ibn Tashufin. El almirante a cargo de la expedición murió justo cuando estaba por iniciarla, y la aventura quedó en la nada. Al-ldrisi dice que la curiosidad del almirante había sido despertada por el humo que se levantaba del mar en el oeste, probablemente el resultado de la actividad volcánica.

 

Después de decirnos que las Canarias habían sido visitadas por Alejandro el Magno y que en una de ellas puede verse la tumba de un rey preislámico de Arabia del Sur, hecha de mármol y vidrios de colores, al-ldrisi da los nombres de dos de las islas. La isla con una montaña circular en el centro se llama Masfahan. Esta es probablemente Tenerife, y la montaña redonda sería el volcán de 3600 metros de altura llamado Pico de Teide. La otra isla se llama Laghus y es probablemente la Gran Canaria. Ninguno de estos nombres es árabe, así como tampoco parecen ser transcripciones del griego, el latín o las lenguas romances - pero el hecho de que estas dos islas tuvieran nombre indica que habían sido visitadas por marinos, y los nombres son o bien designaciones de los nativos o se remontan a una fuente tal vez oral, cuyo origen se ha perdido.

 

Aun más interesante es el relato de al-Idrisi de un viaje de exploración del Atlántico Occidental, emprendido por 80 bravos hombres de Lisboa a quienes llama los mugharriun, cuya traducción más aproximada es la de exploradores intrépidos. La expedición debe haber tenido lugar antes de 1147 - la fecha en que Lisboa cayó en poder de los cristianos - pero es imposible dar más precisión. Los mugharrirun se hicieron tan famosos por su hazaña que en Lisboa se nombró una calle en su honor. Vale la pena contar esta historia en toda su extensión, por su mezcla de realidad y leyenda que es característica de los primeros relatos de los viajes por el Atlántico:

Fue desde la ciudad de Lisboa que zarparon los mugharrirum para navegar el Mar de Tinieblas con el fin de descubrir lo que había en él y dónde terminaba, como mencionáramos anteriormente. Una calle de Lisboa, cerca de las aguas termales, todavía se llama La Calle de los Intrépidos Exploradores; en honor de ellos. Ochenta hombres, todos gente del pueblo, se reunieron y construyeron un gran barco y lo aprovisionaron con  alimentos y agua suficientes para varios meses. Luego se lanzaron a la mar con las primeras brisas del este y navegaron por unos once días, hasta llegar a un mar con gran oleaje, mal olor, lleno de arrecifes y con muy poca luz. Estaban seguros de que iban a perecer, por lo tanto decidieron cambiar de rumbo hacia el sur y navegaron por doce días, hasta llegar a la Isla Ovejas. Había tantas ovejas que era imposible contarlas, y andaban en libertad, sin nadie que las vigilara. Desembarcaron y encontraron un manantial de agua y una higuera silvestre a su lado. Atraparon algunas ovejas y las mataron, pero la carne era tan amarga que no la pudieron comer. Tomaron algunas pieles de oveja y zarparon con rumbo al sur durante otros doce días hasta que avistaron una isla. Podían ver que estaba habitada y cultivada. Se dirigieron hacia la isla para explorarla y cuando estaban cerca de la costa, se encontraron de pronto rodeados por botes que les forzaron a desembarcar frente a una ciudad en la costa. Vieron a los hombres que vivían allí; tenían la piel muy clara, con muy poco vello facial. El cabello de sus cabezas era lácio. Eran altos y sus mujeres era muy bellas. Los encerraron en una casa durante tres días. Al cuarto día entró un hombre que hablaba árabe y les preguntó quiénes eran y adónde iban y cuál era el nombre de su país. Ellos le contaron todo y le dijeron que no se preocupara, y él era el intérprete del rey. Al día siguiente fueron llevados ante la presencia del rey, y éste les hizo las mismas preguntas que les había hecho el intérprete. Le dijeron al rey lo que le habían dicho al intérprete el día anterior, es decir cómo se habían embarcado para cruzar el océano con el fin de conocerlo y ver las maravillas que contenía, y cómo habían llegado a este lugar. Cuando el rey escuchó esto se rió y le dijo al intérprete que les dijera lo siguiente: Mi padre ordenó a algunos de sus esclavos que navegaran este mar, y ellos lo navegaron por un mes hasta que no hubo más luz y regresaron sin haber encontrado nada de valor. Entonces el rey ordenó al intérprete que los trataran bien para que se llevaran una buena impresión de su reino, y así hicieron. Se los llevó de vuelta al lugar donde residían hasta que comenzó a soplar el viento del oeste. Se preparó un barco para ellos, se les vendó los ojos, y se les lanzó al mar por algún tiempo. Ellos dijeron: Hemos estado en el mar unos tres días y tres noches. Después llegamos a tierra firme y nos dejaron en la costa. Nos ataron y nos dejaron allí. Cuando amaneció y se levantó el sol, sufrimos mucho dolor porque nos habían atado fuertemente. Después escuchamos unos ruidos, voces de personas, y todos gritamos. Se acercaron unas personas, quienes al vernos en estas dificultades nos liberaron. Nos preguntaron qué nos había ocurrido y les contamos todo lo acontecido. Estos eran bereberes. Uno de ellos nos preguntó: '¿Sabéis a qué distancia estáis de vuestro país?' No; contestamos. '¡A dos meses de viaje!' respondió. Nuestro jefe dijo, '¡Wa asafi!' (¡Desgraciado de mí!) y hasta la fecha el lugar se conoce como Asfi.

 

Safi actual

 

Asfi, un puerto de la costa sur de Marruecos, se llama actualmente Safi. Es difícil sustraerse a la impresión de que debemos la preservación de este relato en gran parte a la etimología popular del último renglón. Pero es también obvio que se trata de un relato de un viaje por el Atlántico que en verdad tuvo lugar. Podría pasarse por alto lo del mar con gran oleaje, mal olor, lleno de arrecifes y con muy poca luz, porque el pasaje está influenciado por la tierra de las tinieblas que se creía que existía en el lejano oeste, y los arrecifes pueden reflejar un pasaje del Timeo de Platón donde se habla de las aguas poco profundas del Atlántico que marcan el lugar donde se hundió la Atlántida. Pero la Isla Ovejas (Jazirat al-Ghanam) suena a relato de algo vivido. En otro pasaje al-Idrisi da más detalles de esta isla - mostrando de paso que debe haber existido un relato más extenso del viaje de los mugharrirun. Dice que la Isla Ovejas es grande, sumida en sombras, y llena de pequeñas ovejas de carne amarga e incomible. Está cerca de otra isla, llamada Raka, donde vive un ave roja del tamaño de un águila, que atrapa peces en sus garras y nunca vuela muy lejos de la isla. Crece allí un fruto semejante a un higo grande; si se lo come, es el antídoto para cualquier veneno conocido. Al enterarse de esto un rey de los francos, añade al-Idrisi, envió un barco a la isla para que le llevara ese fruto y algunos de los pájaros, pero el barco se perdió y nunca regresó.

La Isla Ovejas y Raka son probablemente dos de las islas Azores. Las Azores llevan su nombre por una clase de halcón - en portugués açor - preponderante en la época del descubrimiento. Las ovejas son un problema, porque las Azores estaban deshabitadas cuando fueron colonizadas en el siglo XV, e incluso si estiramos un poco el significado de la palabra ghanam, que puede significar también cabras, todavía nos queda por explicar el origen de estas criaturas. No hay mamíferos grandes oriundos de las Azores, y sólo podrían encontrarse ovejas o cabras si hubieran sido llevadas a la isla por marinos antiguos. Las Azores se encuentran casi a 1300 kilómetros al oeste de la costa de Portugal - un tercio del camino a América. En el siglo XIX se encontraron monedas cartaginenses en una de las más occidentales de las islas, Corvo - 31° de longitud oeste - y aunque el hallazgo se ha puesto en duda, el origen de las monedas nunca se llegó a explicar satisfactoriamente. Corvo está indicada en el mapa de Canterino de 1351, con el nombre de Corvini - mucho antes de su descubrimiento oficial.

 

Al-Idrisi menciona varias otras islas en el Atlántico occidental: Sawa está cerca del Mar de Tinieblas. Alejandro el Magno pasó la noche allí justo antes de entrar en las tinieblas occidentales. Los habitantes tiraron piedras contra los viajeros e hirieron a varios de los compañeros de Alejandro. Los habitantes de la isla de al-Suali tienen formas femeninas y colmillos salientes. Sus ojos destellan como el relámpago y sus muslos son duros como maderos. Luchan contra los monstruos del mar. Los hombres y las mujeres no están diferenciados sexualmente, y los hombres no tienen barbas. Se visten con las hojas de los árboles. La isla de Hasran está coronada por una gran montaña alta. Al pie de la montaña, donde viven los habitantes, nace un riachuelo de agua dulce. Los pobladores son bajos, de piel oscura, con caras anchas y orejas grandes. Las barbas de los hombres llegan hasta sus tobillos. Comen pastos y otras plantas.

 

Al-Ghawr es larga y ancha. En esta isla crecen muchas hierbas y plantas. Hay muchos ríos y estanques, y bosquecillos donde se refugian los burros y el ganado de cuernos largos. Se dice que al-Mustashkin está habitada. Tiene montaña, ríos, árboles frutales, campos cultivados y una ciudad con altas murallas. Antes había un dragón en esa zona, y la gente se veía obligada a alimentarlo con toros, burros y hasta seres humanos, según la leyenda; cuando llegó Alejandro, la población se quejó de las depredaciones del dragón. Alejandro alimentó a la criatura con una mezcla volátil y lo hizo reventar en mil pedazos. La isla de Qualhan está habitada por personas con cabeza de animales que nadan en el mar para cazar sus alimentos. Después está la Isla de los Dos Hermanos, Shirham y Shiram. Dios los convirtió en piedra por haberse dedicado a la piratería, dice la leyenda. Esta isla está cerca de Asfi [Safi], y en un día claro puede verse el humo que surge de la misma. Es el humo que guió a la expedición frustrada del almirante de Yusuf ibn Tashufin.

 

Algunos de los nombres de estas islas tienen sentido en árabe, otros no. Sawa no tiene significado. Al-Suali es una palabra que se refiere a una clase de demonio o vampiro femenino; juzgando por la descripción de al-Idrisi de los habitantes femeninos de la isla, la palabra corresponde. Hasran significa arrepentido - ¿'Isla del Arrepentimiento? - pero si se escoge la variante khusran, significa pérdida - tal vez Isla de la Pérdida, o Isla Perdida. Pero si la palabra es árabe, cabría esperar que fuera precedida por el artículo determinativo al.

 

Al-Ghawr tiene sentido; significa una depresión rodeada por una tierra alta, y ocurre en otras partes del mundo árabe como el nombre de un lugar. Al­Mustahskin es probablemente una corrupción de al-mushtakin, que significa los que se quejan - bastante adecuada para una población al servicio de un dragón -. Este relato de Alejandro y el dragón refleja la Undécima Tarea de Hércules, las Manzanas de Oro de las Hespérides, custodiadas por el dragón Ladon. En el mundo de habla árabe, la leyenda popular ha transferido varias de las hazañas heroicas de Hércules a Alejandro - inclusive la construcción de un puente de tierra entre las Columnas de Hércules. Algunos mitologistas griegos creían que las Islas de las Hespérides están frente a la costa de Africa del Norte, y ya hemos visto cómo al-ldrisi asocia a Alejandro con dos de las islas atlánticas.

 

Los Dos Hermanos podrían ser dos pequeñas islas frente a Lanzarote en las Canarias, Alegranza y Graciosa, o en realidad, cualquier par de rocas prominentes frente a sus costas.

 

Una última isla del Atlántico occidental es Laka. Al-Idrisi dice que allí crecen los árboles de áloe, pero que su madera no tiene olor. Sin embargo, tan pronto como se los saca del lugar, comienza a percibirse su perfume. La madera es negra oscura, y los mercaderes vienen a la isla para recolectarla y venderla después a los reyes del lejano oeste. Se creía que la isla estaba habitada en el pasado, pero que cayó en ruinas y fue invadida por las serpientes. Por esta razón, nadie podía desembarcar allí. ¿Sería posible que Laka fuera Madeira? Madeira estaba llena de bosques cuando se colonizó por primera vez en el siglo XV - allí su nombre. Los colonos quemaron rápidamente todos los bosques, de modo que ahora es difícil saberlo con certeza, pero es posible que alguna vez haya crecido un tipo de madera aromática.

 

Al-Idrisi da los nombres de 13 islas en el Atlántico occidental; una decimocuarta, visitada por los mugharrirun, no tiene nombre. Esta isla sin nombre, junto con Masfahan, Laghus, Los Dos Hermanos, y posiblemente Sawa, son casi seguramente islas del grupo de las Canarias. Laka podría ser Madeira, y la Isla Ovejas y Raka parte del grupo de las Azores. ¡Quién sabe dónde se encuentra al-Suali, Hasran, Ghawr, Qalhan y al-Mustashkin! Tánto al-Suali como al-Mustashkin suenan completamente legendarias, pero no hay nada legendario acerca de Hasran y Qalhan, que suenan como si formaran un conjunto. Como las únicas islas habitadas en el Atlántico occidental inmediatamente antes de la llegada de los europeos eran las Canarias, Hasran podría pertenecer a ese grupo - a menos, por supuesto, ¡que se la deba buscar en el Caribe!

 

Existe también otra referencia seductora a los antiguos viajes atlánticos, esta vez en boca de al-Masudi. El relato debe datar de antes del 942 Dc, la fecha en que al-Masudi terminó el libro del que se extrae: Existe una opinión generalmente aceptada de que este mar -el Atlántico- es la fuente de todos los otros mares. Nos cuentan historias maravillosas del mismo, que hemos relatado en nuestra obra titulada Los Anales Históricos, donde hablamos de lo que han visto los hombres que lo surcaron poniendo en peligro sus propias vidas y del que han regresado sanos y salvos. Es así que un hombre de Córdoba llamado Khashkhash reunió a un grupo de jóvenes de la misma ciudad y se lanzaron al océano en buques que habían equipado. Después de una ausencia prolongada, regresaron con un rico botín. Esta historia es famosa y muy conocida por todos los andalusíes.

 

 

Las Islas Azores

 

Los Anales Históricos, que supuestamente contienen una versión mucho más detallada de éste y otros viajes, se han perdido. Que el relato se haya preservado de todas maneras se debe probablemente a la rareza de dichos viajes. Por otra parte, este pasaje muestra que los viajes al Atlántico se hacían, y se recordaban.

 

¿En qué dirección navegó Khashkhash? Si tomó rumbo al norte, podría haber saqueado las costas de Portugal, Francia o hasta Inglaterra. Pero la historia ocurre en el contexto de una discusión del Mar Global, no de las costas del norte de Europa, que eran relativamente bien conocidas por los geógrafos árabes. El contexto implica que Khashkhash navegó rumbo al oeste. De ser así, el lugar más cercano que podía ofrecer algún botín era el Caribe.

 

Los viajes de los mugharrirun y de Khashkhash eran empresas privadas, aparentemente motivadas por curiosidad y bravura. Los mugharrirun eran personas comunes; los compañeros de Khashkhash eran simplemente jóvenes de Córdoba- Esta es probablemente la razón de que sepamos tan poco de ellos. Los historiadores medievales concentraron su atención en el gobernante y en su corte, y en cierta medida en la elite urbana. Las actividades de los ciudadanos privados, especialmente los de las clases más humildes, solo son mencionados incidentalmente por los historiadores árabes de la Edad Media - o, si vamos al caso, también por sus colegas cristianos. Conocemos bastante bien los esfuerzos del Príncipe Enrique el Navegante para encontrar la ruta marina a las Indias debido a que estas expediciones eran subvencionadas por la Corona, y lo mismo vale para los cuatro viajes de Colón. Había documentos, registros de buques y mapas en los archivos reales, a disposición de los historiadores de la época, mientras que el conocimiento de los mugharrirun y de Khashkhash nos ha llegado sólo debido al interés casual de al-Idrisi y de al­Masudi. Es probable, sin embargo, que hubieran penetrado la tradición oral de las costas del Atlántico y formado parte de los cuentos de otras islas fabulosas del oeste - las Antillas, Brasil, La Isla de San Brendano, la Isla Verde.

 

Las islas imaginarias estaban marcadas en los mapas del siglo XIV, junto con las otras. Las Antillas y Brasil, legendarias durante tanto tiempo, se mantienen actualmente como los nombres de los lugares reales. Los hombres aún buscaban la Isla de San Brendano en el siglo XVII; Ilha Verde, la Isla Verde, recién desapareció de las cartas marinas después de la primera mitad del siglo XIX. En la Edad Media, los relatos de islas al poniente mantuvieron vivo el interés en el otro lado del Atlántico, y cuando comenzaron a descubrirse islas reales en el siglo XIV, las leyendas cobraron nueva vida. Después de todo, si en verdad existían las Islas de los Bienaventurados, ¿por qué no habrían de existir las Antillas? En el siglo XV, con la colonización gradual de las Islas Azores, Madeira, las Canarias y las de Cabo Verde, y la implantación del cultivo del azúcar, la búsqueda se intensificó. Los banqueros genoveses estaban dispuestos a financiar la producción del azúcar; la búsqueda de tierras libres - sin las trabas de arrendatarios con derechos hereditarios y rentas fijas en épocas inflacionarias - representaba un escape de la depresión económica.

 

¿Y quién sabía lo que podía encontrarse más allá de las Canarias o de las Azores? Después de todo, al-Idrisi, quien afirma repetidamente que no hay nada más allá de las Islas Eternas, se contradice espléndidamente al decirnos en otro pasaje, citando nada menos que la autoridad del propio Ptolomeo: Hay 27.000 islas en este mar, algunas habitadas y otras deshabitadas; hemos mencionado solamente las que están más cerca del continente, y las que están habitadas. En cuanto a las otras, no es necesario mencionarlas aquí.

 

Este era el telón de fondo contra el que se emprendieron los viajes de Cristóbal Colón. Este había formado parte de las expediciones que habían recorrido las costas africanas por orden del Príncipe Enrique el Navegante. El conocía bien las islas del Atlántico; su esposa era la hija de Bartolomeo Perestrelo, uno de los primeros colonos de Madeira. Su hermana estaba casada con Pedro Correa, de la misma isla, quien encontró una pieza de madera labrada que el mar había arrojado sobre la playa y pensó que provenía de distantes islas desconocidas del oeste. El hijo de Colón, Hernando, escribiendo en 1537, muestra a las claras el peso de estas islas en las ideas de su padre, después de describir la lectura del almirante de fuentes antiguas y medievales y de la carta de Paolo Toscanelli sobre la posibilidad de llegar al Asia navegando hacia el oeste::La tercera y Última cosa que condujo al almirante a descubrir las Indias fue la esperanza que mantenía, antes de llegar a ellas, de encontrar alguna isla o tierra de gran utilidad, de la que pudieracontinuar su búsqueda principal. Sus esperanzas fueron confirmadas por la lectura de libros de muchos sabios y filósofos que decían, como algo que no admitía duda alguna, que la mayor parte de nuestro planeta es tierra seca, porque el área cubierta por la tierra es más grande que el área cubierta por el agua. Si era así, él razonaba que entre la costa de España y las fronteras conocidas de la India en esos momentos, habrían muchas grandes islas, como lo ha demostrado la experiencia. Esta creencia se reforzaba además por ciertas fábulas y relatos que había escuchado de boca de diversas personas y marinos que comerciaban en las islas y en los mares al oeste de las Azores y de Madeira. Estos eran relatos que coincidían con sus propias opiniones, y él los recordaba. Nunca se cansó de contarlas para satisfacer la curiosidad de quienes disfrutan de tales curiosidades

 

ANTERIORSIGUIENTE