|
|
|
|
|
La biografía de
Muhammad (cuyo nombre debe ir seguido siempre de la expresión sallà
llâhu ‘aláihi wa sállam con la que se le desea bendiciones y paz, y
que abreviamos bajo la forma s.a.s.) tiene como fuentes principales el
Corán y la Sunna (el hadîz), en los que encontramos una información
de primera mano y muy abundante sobre él (s.a.s.). Algunos autores
occidentales han querido poner en duda la validez histórica de dichas fuentes
con argumentos espúreos, pero la profundización en ellas ha demostrado su
autenticidad y ya nadie las cuestiona. Esto hace de Sidnâ Muhammad (s.a.s.)
el único fundador de una gran tradición espiritual perfectamente
documentado. El carácter resumido que queremos dar a estos apuntes nos
impiden extendernos en esta cuestión en concreto, de enorme interés, pero
esperamos ofreceros estudios más detallados en otros artículos en las
distintas secciones de Zawiya, in shâ Allah. Además, en Publicaciones
tenéis el primer volumen de una Sîra escrita por nuestro hermano Yusuf Luay
en la que podéis ampliar los datos que aquí simplemente se van a bosquejar.
El estudio en profundidad de la Sîra es indispensable para una comprensión
rigurosa y seria del Islam. *** Muhammad (s.a.s.)
nació en Meca (Makka) el año 570 de la era cristiana. Meca está
en el Hiÿâç, región de Arabia que bordea el Mar Rojo.
Muhammad (s.a.s.) era un qurashí, es decir, pertenecía a la prestigiosa
tribu de Quráish, y dentro de ésta pertenecía al clan de los Banû
Hâshim que no era el más poderoso política y económicamente, pero sí
tenía influencia moral en la ciudad. Poco antes de que naciera Muhammad (s.a.s.) murió su padre (‘Abd Allah), y a los pocos años murió su madre
(Âmina),
y poco más tarde su abuelo (‘Abd al-Muttalib). Pasó a la tutela de
su tío Abû Tâlib que lo crió junto a sus propios hijos, entre los
que se contaba ‘Ali. De niño se dedicó
al pastoreo y participó en algunos viajes comerciales. Más tarde condujo la
caravana de una mujer, Jadîÿa, con la que se casó después. Con ella tuvo
varios hijos de los que sólo sobrevivió Fâtima, que se casaría con
‘Ali. A los cuarenta años,
Muhammad (s.a.s.) recibe la primera Revelación: al modo de los ascetas del
desierto, él acostumbraba a retirarse a una cueva cercana a Meca (la Cueva
de Hira, Gâr Hirâ), y ahí se le manifestó Gabriel
(Yibrîl), el Ángel Puro, el Espíritu Fiel, que comenzó a
trasmitirle el Corán, que es la Palabra de Allah, el Creador de los cielos y
de la tierra. A partir de entonces, Muhammad (s.a.s.) es Rasûl (Mensajero)
y Nabí (Profeta). Hacia
el año 613 empezó a comunicar el Mensaje (Risâla) que estaba
recibiendo, invitando a sus conciudadanos a reconocer la Unidad del
Creador (Tawhîd) y rechazar la idolatría (el shirk).
Encontró algunos pocos seguidores, la mayoría de una extracción social
modesta. Pero su tribu, los Quráish, dependía del culto a los ídolos
y no estaba dispuesta a que cambiaran las cosas. De un primer escepticismo
despectivo se pasó a la persecución de los musulmanes y Muhammad (s.a.s.)
pensó en buscar refugio para su comunidad fuera de Meca. Tras varios intentos
encontró la aceptación de algunos habitantes de Yázrib, un oasis al norte
de Meca, a unos quinientos kilómetros. Finalmente, Muhammad (s.a.s.) decidió
que los musulmanes emigraran a Yazrib (que pasaría a llamarse a partir de
entonces Medina, es decir, Madînat an-Nabí, la Ciudad del Profeta). Esa
Emigración (Hégira, Hiÿra) tuvo lugar el año 622, fecha
fundamental en el Islam y primer año del calendario musulmán. A partir de
entonces todo cambiaría. Muhammad
(s.a.s.) logró pacificar la ciudad. Hasta entonces se enfrentaban en ella las
dos tribus más importantes, los Áus y los Jáçraÿ. Ambas
tribus aceptaron el Islam y socorrieron a los musulmanes que lo habían dejado
todo en Meca (los muhâÿirûn, o emigrantes; a los medineses
que los acogieron se les llamó ansâr, auxiliadores). Con los muhâÿirûn
y los ansâr, hermanados por el Profeta, se establecieron las
bases de la Nación Musulmana (la Umma). Al
año del establecimiento de los musulmanes en Medina comenzaron los
enfrentamientos con Meca y se inició una guerra civil (el Yihâd) que
duraría diez años, tras los que los musulmanes triunfaron y conquistaron
Meca (el Fath, la Apertura o Victoria). Durante
esos diez primeros años del Islam en Medina se sucedieron pequeñas batallas
(Badr, Úhud) y treguas (Hudzaibía), hubo
traiciones (las de los judíos de Medina) y escollos (los que planteaban la
existencia de hipócritas), se enviaron embajadas y se establecieron alianzas,
todo lo cual demostró la habilidad, firmeza y nobleza del Nabí (s.a.s.), que
consiguió difundir el Islam entre muchas tribus y darle una influencia
definitiva en Arabia. A su muerte en el 632 gran parte de la península era
musulmana. *** Muhammad (s.a.s.)
tras su muerte dejó a los musulmanes dos cosas fundamentales: el Corán, es
decir, el Libro de Allah, la Revelación, y en segundo lugar la Sunna, es
decir, su propio ejemplo de cómo realizar en la vida cotidiana las enseñanzas
contenidas en el Corán. La Sunna es el Corán puesto en práctica. Con ambos
elementos, los musulmanes tenían lo suficiente para crear una civilización. *** Es totalmente absurdo
intentar comunicar al lector quién fue realmente Muhammad (s.a.s.) en estos
apuntes que necesariamente deben ser rápidos. Sólo hemos querido señalar
algunos aspectos de su biografía imprescindibles para una visión de conjunto
de la historia del Islam, pero realmente ésta seguirá siendo un misterio si
no intuimos que el ‘secreto’ de Muhammad (s.a.s.) es el verdadero forjador
del Islam, y es un ‘secreto’ que no puede ser resumido porque está más
allá de los acontecimientos. Para conocer ese ‘secreto’ hay que
proponerse a Muhammad (s.a.s.), es decir, hay que centrar totalmente en él el
interés e indagar por la Sîra sin las prisas con las que aquí debemos
cerrar la cuestión.
|
||