HISTORIA DEL ISLAM
  

 

 

 

 

 

 

2.  SÎRA: Biografía de Muhammad (570-632)
 

         Muhammad (léase Muhámmad) es el nombre del fundador del Islam, más conocido en castellano por Mahoma, deformación medieval de su nombre. La palabra sîra, que significa biografía (y significa también conducta), se emplea sobretodo para el relato de su vida (as-sîra an-nabawía, la biografía del Profeta).

         La biografía de Muhammad (cuyo nombre debe ir seguido siempre de la expresión sallà llâhu ‘aláihi wa sállam con la que se le desea bendiciones y paz, y que abreviamos bajo la forma s.a.s.) tiene como fuentes principales el Corán y la Sunna (el hadîz), en los que encontramos una información de primera mano y muy abundante sobre él (s.a.s.). Algunos autores occidentales han querido poner en duda la validez histórica de dichas fuentes con argumentos espúreos, pero la profundización en ellas ha demostrado su autenticidad y ya nadie las cuestiona. Esto hace de Sidnâ Muhammad (s.a.s.) el único fundador de una gran tradición espiritual perfectamente documentado. El carácter resumido que queremos dar a estos apuntes nos impiden extendernos en esta cuestión en concreto, de enorme interés, pero esperamos ofreceros estudios más detallados en otros artículos en las distintas secciones de Zawiya, in shâ Allah. Además, en Publicaciones tenéis el primer volumen de una Sîra escrita por nuestro hermano Yusuf Luay en la que podéis ampliar los datos que aquí simplemente se van a bosquejar. El estudio en profundidad de la Sîra es indispensable para una comprensión rigurosa y seria del Islam.

 

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         Muhammad (s.a.s.) nació en Meca (Makka) el año 570 de la era cristiana. Meca está en el Hiÿâç, región de Arabia que bordea el Mar Rojo. Muhammad (s.a.s.) era un qurashí, es decir, pertenecía a la prestigiosa tribu de Quráish, y dentro de ésta pertenecía al clan de los Banû Hâshim que no era el más poderoso política y económicamente, pero sí tenía influencia moral en la ciudad. Poco antes de que naciera Muhammad (s.a.s.) murió su padre (‘Abd Allah), y a los pocos años murió su madre (Âmina), y poco más tarde su abuelo (‘Abd al-Muttalib). Pasó a la tutela de su tío Abû Tâlib que lo crió junto a sus propios hijos, entre los que se contaba ‘Ali.

         De niño se dedicó al pastoreo y participó en algunos viajes comerciales. Más tarde condujo la caravana de una mujer, Jadîÿa, con la que se casó después. Con ella tuvo varios hijos de los que sólo sobrevivió Fâtima, que se casaría con ‘Ali.

         A los cuarenta años, Muhammad (s.a.s.) recibe la primera Revelación: al modo de los ascetas del desierto, él acostumbraba a retirarse a una cueva cercana a Meca (la Cueva de Hira, Gâr Hirâ), y ahí se le manifestó Gabriel (Yibrîl), el Ángel Puro, el Espíritu Fiel, que comenzó a trasmitirle el Corán, que es la Palabra de Allah, el Creador de los cielos y de la tierra. A partir de entonces, Muhammad (s.a.s.) es Rasûl (Mensajero) y Nabí (Profeta).

Hacia el año 613 empezó a comunicar el Mensaje (Risâla) que estaba recibiendo, invitando a sus conciudadanos a reconocer la Unidad del Creador (Tawhîd) y rechazar la idolatría (el shirk). Encontró algunos pocos seguidores, la mayoría de una extracción social modesta. Pero su tribu, los Quráish, dependía del culto a los ídolos y no estaba dispuesta a que cambiaran las cosas. De un primer escepticismo despectivo se pasó a la persecución de los musulmanes y Muhammad (s.a.s.) pensó en buscar refugio para su comunidad fuera de Meca. Tras varios intentos encontró la aceptación de algunos habitantes de Yázrib, un oasis al norte de Meca, a unos quinientos kilómetros. Finalmente, Muhammad (s.a.s.) decidió que los musulmanes emigraran a Yazrib (que pasaría a llamarse a partir de entonces Medina, es decir, Madînat an-Nabí, la Ciudad del Profeta).

Esa Emigración (Hégira, Hiÿra) tuvo lugar el año 622, fecha fundamental en el Islam y primer año del calendario musulmán. A partir de entonces todo cambiaría.

Muhammad (s.a.s.) logró pacificar la ciudad. Hasta entonces se enfrentaban en ella las dos tribus más importantes, los Áus y los Jáçraÿ. Ambas tribus aceptaron el Islam y socorrieron a los musulmanes que lo habían dejado todo en Meca (los muhâÿirûn, o emigrantes; a los medineses que los acogieron se les llamó ansâr, auxiliadores). Con los muhâÿirûn y los ansâr, hermanados por el Profeta, se establecieron las bases de la Nación Musulmana (la Umma).

Al año del establecimiento de los musulmanes en Medina comenzaron los enfrentamientos con Meca y se inició una guerra civil (el Yihâd) que duraría diez años, tras los que los musulmanes triunfaron y conquistaron Meca (el Fath, la Apertura o Victoria). Durante esos diez primeros años del Islam en Medina se sucedieron pequeñas batallas (Badr, Úhud) y treguas (Hudzaibía), hubo traiciones (las de los judíos de Medina) y escollos (los que planteaban la existencia de hipócritas), se enviaron embajadas y se establecieron alianzas, todo lo cual demostró la habilidad, firmeza y nobleza del Nabí (s.a.s.), que consiguió difundir el Islam entre muchas tribus y darle una influencia definitiva en Arabia. A su muerte en el 632 gran parte de la península era musulmana.

 

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         Muhammad (s.a.s.) tras su muerte dejó a los musulmanes dos cosas fundamentales: el Corán, es decir, el Libro de Allah, la Revelación, y en segundo lugar la Sunna, es decir, su propio ejemplo de cómo realizar en la vida cotidiana las enseñanzas contenidas en el Corán. La Sunna es el Corán puesto en práctica. Con ambos elementos, los musulmanes tenían lo suficiente para crear una civilización.

 

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         Es totalmente absurdo intentar comunicar al lector quién fue realmente Muhammad (s.a.s.) en estos apuntes que necesariamente deben ser rápidos. Sólo hemos querido señalar algunos aspectos de su biografía imprescindibles para una visión de conjunto de la historia del Islam, pero realmente ésta seguirá siendo un misterio si no intuimos que el ‘secreto’ de Muhammad (s.a.s.) es el verdadero forjador del Islam, y es un ‘secreto’ que no puede ser resumido porque está más allá de los acontecimientos. Para conocer ese ‘secreto’ hay que proponerse a Muhammad (s.a.s.), es decir, hay que centrar totalmente en él el interés e indagar por la Sîra sin las prisas con las que aquí debemos cerrar la cuestión.