HISTORIA DEL ISLAM
  

 

 

 

 

 

 

LA YÂHILÍA
 

        

Es imprescindible que todo el que se inicie en el estudio de la lengua árabe (al-luga al-‘arabía) adquiera conocimientos (ma‘lûmât), aunque sean rudimentarios, sobre historia del Islam (târîj al-islâm) y literatura árabe (al-ádab al-‘arabí). Hay otros muchos temas de cultura (zaqâfa) sobre los que se debería leer, pero los reservaremos para más adelante. En este primer curso básico nos contentaremos con que se adquieran nociones generales sobre historia y literatura, que deben aprovecharse para incrementar el vocabulario.

         Además de ofrecer al estudiante (tâlib) datos elementales e importantes, estas secciones son complementos ideales para las clases de lengua, y se dan al final de cada sesión, relajando los últimos minutos de estudio. Con ello pretendemos que las clases que se imparten en la Madrasa de la Yamâ‘a Islámica de al-Ándalus ofrezcan a los andaluces un panorama suficiente sobre cultura islámica, y que además sean clases amenas. En esta sección de zawiya.org proporcionaremos a nuestros visitantes los apuntes y borradores sobre historia y literatura.

 

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         El origen y desarrollo del Islam tiene la apariencia de un prodigio. Un pueblo hasta entonces casi desconocido se había unificado bajo el impulso de un hombre único, Muhammad (s.a.s.), que comunicó un Mensaje que trastocó el mundo. En pocos años, el Islam se extendería por todo lo que antes era el Imperio de los persas sasánidas así como todas las provincias asiáticas y africanas del Imperio bizantino. A todo oriente se añadió pronto al-Ándalus, Sicilia y, temporalmente, otros territorios europeos; y se sumó gran parte de la India, y el Islam alcanzó las fronteras de China y, con el tiempo, penetró profundamente en ella. El Islam avanzó por Asia y llegó a Indonesia, a Malasia,... En África atravesó la barrera del Sáhara y penetró en el Sudán, la tierra de los negros... La civilización que se iba fraguando en esta extraordinaria expansión del espíritu islámico figura entre las más brillantes de la humanidad, y el Islam fue un crisol único en el que fueron posible la recuperación de saberes olvidados, el encuentro entre pueblos, el intercambio, la tolerancia,...

         No obstante, se debe prevenir al estudiante de que, hoy por hoy, no existe una visión exacta de lo que ha sido la historia musulmana. Por muchas causas, los estudios sobre el Islam casi siempre han tenido lugar en medio de circunstancias difíciles y extrañas. No pretendemos, en estos apuntes, más que ofreceros una panorámica general de lo que una persona culta en la actualidad ‘debe’ saber acerca del Islam, esperando que surja en vosotros un interés que se cuestione muchas cosas y os pongáis a ‘investigar’ de verdad. In shâ Allah.

 

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 1. LA YÂHILÍA

 

         La historia del Islam comienza en los siglos VI y VII de la era cristiana. Nace en Arabia (al-ÿaçîra al-‘arabía), península desértica en la que se instalaron los árabes (‘árab), pueblo de origen semita, al menos mil quinientos años antes.

Cuando se relata la historia del Islam se empieza siempre con una descripción de la Arabia pre-islámica (época que se conoce bajo el nombre de Yâhilía). Esa época pre-islámica, o Yâhilía, es considerada la Edad de Oro del ‘arabismo’ (‘urûba): es la época en que quedaron fijados una serie de ideales y de virtudes que el Islam ensalzaría y universalizaría. También fue época de barbarie (ÿâhilía significa literalmente tiempo de ignorancia): había costumbres y creencias que el Islam combatiría.

La mayoría de la población era nómada (beduinos, o bádu plural de bádawi, palabra que deriva de bâdia, desierto), pero había una minoría sedentarizada que se dedicaba a una modesta agricultura o al comercio en algunos lugares privilegiados (Meca, Yázrib, Tâif, poblaciones situadas en la región a la que se llama al-Hiÿâç, en la costa del Mar Rojo).

Los beduinos estaban organizados en tribus y no aceptaban más autoridad que el arbitraje moral de un anciano (sháij, palabra que ha dado en castellano jeque). La falta de cohesión política era compensada por una gran solidaridad tribal (la ‘asabía). Eran frecuentes las guerras entre grupos por motivos de venganza.

A pesar de la dispersión, existía un vago sentimiento de unidad árabe materializada en la existencia de una lengua poética común. Los poetas, de los que quizá Imru l-Qáis fuera el más importante, cantaban las hazañas de los hombres del desierto y los grandes días de los árabes (los ayyâm al- ‘árab, especie de crónicas épicas).

Al sur, en el Yémen, y al norte (los gassâníes y los lajmíes), algunos pequeños emiratos habían conseguido consolidarse. El reino de Kinda, en la misma Arabia, es el ejemplo de una excepción: nunca las tribus del interior habían fundado reinos.

Existían algunas ‘repúblicas de comerciantes’, muy rudimentarias, en particular Meca (Makka), donde estaba establecida la tribu de Quráish. Había caravanas que iban del Yemen a Siria a lo largo de la costa del Mar Rojo que hacían escala en Meca, y de ahí la importancia comercial de la ciudad, que se dotó de una importante feria (el mercado de ‘Ukâz) y además recibía anualmente a peregrinos de toda Arabia que venían a visitar la Ka‘ba, el templo construido por Abraham (Ibrâhîm), el antepasado de los árabes... La Ka‘ba fue albergando con el tiempo los ídolos de las distintas tribus (se difundió entre los árabes la idolatría, el shirk) y quedó olvidado el origen unitario y profético de la Casa de Abraham, pero ese origen sería rescatado por el Islam.

El las fronteras de Arabia, al norte, los bizantinos (con sus aliados etíopes) y los persas sasánidas luchaban desde hacía mucho tiempo por el dominio de las rutas comerciales.

La inmensa mayoría de los árabes eran idólatras (mushrikîn). Había algunos grupos de judíos (sobre todo en Yázrib, la futura Medina) y cristianos. También existían los hanîfes, buscadores del Uno-Único.

En este entorno nació Muhammad (s.a.s.) en el año 570, fundador del Islam, y a cuya biografía (la Sîra) dedicaremos la clase del próximo día, in shâ Allah...