LOS ANDALUCES

 

FRAGMENTOS SOBRE EL SER ANDALUZ

 

BLAS INFANTE.

 

 

Andalucía jamás espiritualmente fue un pueblo servil fue creado por la naturaleza pueblo de espíritu, señor. Y  hoy, esclavizada, no sirve, manda. El amo que le puso Europa, España ¿No es hoy andaluz ante la misma Europa, y ante el mundo entero? Como el filósofo griego en el mercado de esclavos, Andalucía dice:

¡Quién compra un señor! No, Andalucía, no puede copiar. La  esclavitud de Andalucía  se resuelve, hoy, en la esclavitud espiritual de España ante el  mundo. Andalucía fue siempre un pueblo cultural, guía libre de otros pueblos de España cuando éste llegó a ser verdaderamente grande (no con grandeza bélica o excluyente y Bárbara); y en varias ocasiones, muy solemnes y de enorme trascendencia, sirvió de modelo o de arquetipo a Europa.

Y Cataluña, es más Europa que Andalucía. Nosotros no podemos, no queremos, no llegaremos jamás a ser europeos. Externamente, en el vestido o en ciertas costumbres ecuménicas impuestas con inexorable rigor hemos venido apareciendo aquello que nuestros dominadores  exigieron de nosotros. Pero jamás hemos dejado de ser lo que somos de verdad: Esto es, Andaluces; euro—africanos, euro—orientales, hombres universalistas, síntesis armónicas de hombres. Durante el término de la acción, asimilista europeizante desarrolla secularmente contra nosotros, en el ámbito del siglo XIX, y en la culminación del prestigio mundial de los  valores europeos, los andaluces menos andaluces, los señoritos de la ciudad, hijos o nietos de inmigrantes o de colonos de las planicies o montañas  castellanas, asturianas o gallegas, tenían por norte de su estimativa, el llegar a ser autómatas de Europa. Pues bien a ser el concepto de señoritaje de importación europea  no podían llegar a expresar  propiamente a Europa. ¡Quieren parecer europeos  decían de  ellos los visitantes extranjeros, se ofenden si no se les llega a considerar como a tales civilizados; pero no pueden, no pueden fingir con perfección a Europa!, ¿Y, si esto llega a ocurrir con los señoricos, qué no sucederá con los jornaleros, con los campesinos sin campos, que son los moriscos de hoy; con la casi totalidad de la población de Andalucía; con los andaluces auténticos privados de su tierra por el feudalismo conquistador? No queremos. No hemos podido llegar a ser europeos, a pesar  del bárbaro coloniaje, no queremos, no podemos ser sólo Europa; somos, Andalucía.

No. Nosotros no queremos ser solamente europeos. Nuestro método no sólo llega a excluir de la duda metódica al  pensamiento, sino al sentimiento también. No decimos sólo: — Yo pienso: Luego existo. Esto es Europa. Andalucía es: Pensar y sentir. He aquí la existencia. Si cada pensamiento no es motor de una vibración sentimental humana; si cada pensamiento sentimental no es un motor de la razón pura, ¿En dónde esta el hombre? ¿A dónde va el, hombre? ¿A Detroit? Nosotros jamás podremos ir a Detroit.  Nosotros queremos la técnica y la facultad oradora de la técnica, animada por la Historia por el pensamiento hecho sentir hecho entusiasmo, o vuelo de Dios. Nosotros no comprendemos la vida sin el entusiasmo sin la alegría; y la alegría para nosotros está en “experimentar” la sensación natural correspondiente a las cosas, tal como ellas son, naturalmente, cósmicamente, o en su ordenación al cosmos. Mucho antes que el método europeosofista, nuestro insuperable Averroes definió la regla clave, también de nuestra historia. Así la contemplación de una maquina poderosa, excluye de nuestra  expectación la idea del dollar,  como posibilidad de esa máquina. Antes que sea idea está la percepción de esta otra: La de la potencia ganada por la especie para la coordinación de las fuerzas  inarticuladas, en un divino resultado cósmico; el latido de entusiasmo correspondiente a la vibración de esa idea.

¡Europa, no Andalucía! Europa es por su método, la especialización que convierte al individuo  en pieza de máquina. Andalucía  por el suyo, es la integridad que apercibe al individuo como un mundo completo ordenado al mundo creador, Europa, es el individuo para la mesa. Andalucía, el individuo para la Humanidad, Europa, es el feudalismo territorial e industrial. Andalucía, el individualismo libertario que siente el comunismo humano, evolutivo, único comunismo indestructible por ser natural, el que aspiración, que cada individuo llegue en sí a intensificar, de crear por sí, pero no pare sí, sino para dárselo a los demás. Ese único comunismo posible que no puede llegar a crearse por artificio maquinista, sino  por alegría y por el espíritu que la alegría viene a crear. Europa es el empaque dominador megalómano, rabiosamente utilitario. Andalucía es como decía no recuerdo quien como  son casas de apariencia humilde, con patios, jardines centrados por fuentes; sencillez  por fuera; iluminación por  dentro.

Andalucía por ellos, aspiraba nada menos que a reanudar en plena superficie el sucederse de su estilo inmortal, que había venido produciendo hechos culturales en un fluir  subterráneo, impuesto por despiadadas condiciones sociales y políticas, elaboradas por  un Genio extraño, dominador  desde hacía siglos en nuestra tierra, y con respecto al cual Genio dominador, la expresión del Genio andaluz había sido siempre heterodoxa...

Un sólo observador, extraño o forastero, muy perspicaz por cierto, en esta ocasión vino a apercibir el secreto  que guardábamos cuidadosamente (Y ya diré más adelante la razón de haber llegado a mantener este secreto). Ese observador fue un destacadísimo catalán. Recuerdo que en cierta ocasión, ya hace muchos años,  llegó a preguntarme: ¿Os fundáis vosotros en Al—Andalus? y que muy parcamente, sin añadir una palabra más,  y hube de contestarle: ¡Sí!..

Aquí, quedamos vivos aún. La terrible y secular tragedia, ha sido presidida por un treno: El cante jondo. ¡Y vosotros que os veníais a reír de lo flamenco, como de una contorsión musical o plástica de nuestro secular bufón! ¡Y  vosotros, que hicisteis del nombre de nuestra tragedia un dominador peyorativo toda  creación de la raza vencida es despreciable para expresar gestos de bravía, de germanesca o rufería; nombre de escarnio, mediante el cual la subconciencia conquistadora, se ensaña aún  contra los perros sometidos!

Andalucía fue siempre un pueblo cultural, creador de las  culturas más intensas y originales de Occidente. Fue siempre un pueblo antibélico y acogedor. En su territorio, siempre que fue libre (La última  vez, durante la época musulmana) se operaron las grandes síntesis, prácticas o industriales y doctrinales y científicas,  de Europa. Esta vocación sintética respondía, acaso, al acogimiento y libertad de convivencia social, que en su solar tuvieron siempre las razas más opuestas, africanas, orientales y europeas, desde los más lejanos tiempos de su historia (Véase mi libro Ideal Andaluz,. Sevilla, 1915). Últimamente en Al-Andalus, convivían perfectamente dentro de nuestra sociedad varias razas y religiones: Beréberes, árabes, gallegos, catalanes, eslavos o centro europeos, y las tres  grandes religiones de carácter universal: El   judaísmos el cristianismo y el islamismo; además de innumeras heterodoxias por consiguiente, el regionalismo andaluz tenía que ser antirregionalista o antinacionalista, en el sentido de haber de repugnar los exclusivismos económicos y políticos. “Andalucía, por sí, para Iberia y  la Humanidad, no es una fórmula arbitraria, Es una expresión síntesis de la Historia de Andalucía. En Andalucía no hay extranjeros”, no es un snobismo, es una tradición. El libre cambio como regla en contradicción con los nacionalismos proteccionistas, son las nuevas  palabras que vienen a traducir la aspiración constante de un pueblo universalista, comerciante y marítimo o navegante, cual ningún otro, durante sus periodos de libertad, y como  ningún otro, cual hemos ya visto acogedor.

La tierra de Andalucía para el jornalero andaluz, es precisamente el imperativo que actualmente viene a contener la reivindicación esencial de un pueblo privado de su tierra por  la conquista cristiana o europea; de un pueblo cuyo genio  es extra al feudalismo medieval, que en el Renacimiento,  precisamente, cuando Europa, merced a los gérmenes culturales lanzados sobra ella, por  Andalucía; aquella institución sombría empezaba a morir, vinieron los bárbaros a arraigar en esta tierra, la cual sólo la hubo de aguantar durante dos épocas de esclavitud; La  primera, en el principio de la medievalidad representativa por la dominación germánica o  goda; la segunda, la actual impuesta por los europeos que  son los descendientes continuadores de aquellos bárbaros los cuales se valieron para consumar la conquista de Andalucía, genio heterodoxo al suyo, del instrumento de los demás españoles. Andalucía, pueblo cultural,  necesita además de su tierra, como fuente de jugos nutricios que vengan a alimentar la reinundación de  su historia. Debe serle devuelta su tierra, aunque sólo sea como decía, con respecto a Etiopía, Heliodoro, “por  el mérito  de haber sido madre de los dioses”.

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