|
El vocablo "rufián",
también antiguamente "rofián", en germanía, designa al "chulo"
que tiene una o varias mujeres prostituyéndose para vivir a cuenta de ellas
y que sale en su defensa en los casos en que lo necesitan.
Covarrubias lo define: "el
que trae mugeres para ganar con ellas, y riñe sus pendencias" y en el
Diccionario de Autoridades se dice: "el que trata y vive
deshonestamente con mujeres, solicitándolas o consintiéndolas el trato con
otros hombres. Llámase así también el que por causas torpes riñe sus
pendencias". El verbo "rufiana" o "rufianear" tiene
el sentido de 'alcahuetead'.
En Pedro de Alcalá
encontramos traducida la palabra "rofián" al árabe vulgar
granadino por gandür, étimo del castellano "gandul", que pasó
con el significado de 'tunante, vagabundo, holgazán', pero que Alcalá
traduce también como "garçon assi [que se quiere casar]", "barragán
valiente" y "allegado en bando". En las cuatro acepciones que
da su Vocabulista se puede resumir todo el proceso semántico de este
vocablo: designando, en principio, simplemente a un hombre joven y fuerte;
luego toma un sentido peyorativo adecuado a su conducta licenciosa como 'barragán',
que Alcalá da como sinónimo de "abarraganado",
"adúltero", "combleço" ('rival en amores'), "fornicador",
"luxuriosa cosa" y "putañero" (para el femenino añade
"fornicaria"); estas cualidades son las que le convierten en un
completo "rufián", el cual, por último, se reúne en bandos para
mejor realizar con impunidad sus fechorías. Les estaban prohibidas las
armas de fuego por la autoridad, pero ellos se procuraban de tenerlas
siempre a la mano.
Había
también "rufianes" cobardes, a quienes se les llamaba
"matones de pega", que, como dice Deleito, "explotaban el
miedo ajeno para disimular el propio y cotizarle como valentía" ; de
éstos escribió Lope de
Vega:
"¿Cuándo has visto
tú rufián
que no parezca Roldan
y sea después lebrón?".
(El rufián Castrucho)
Otra voz empleada como
sinónimo, en germanía, es la palabra "gayón", de la que
Autoridades dice "lo mismo que Rufián"; creo que es vocablo
tomado del árabe gayy o gayyan, ambas con el mismo significado de
'entregado a sus pasiones; seductor; equivocado, engañado, errado,
descarriado', y que luego pasaría a tomar el sentido de 'alegre' y
'vistoso',con el que se extendió a otras lenguas romances.
Las picaras que deseaban
encontrar marido, empleaban sus malas artes para hacer valer ante el juez
sus demandas contra un caballero a quien hacían responsable de la pérdida
de su honra, para lo cual se buscaban testigos falsos que apoyaban sus
afirmaciones, y éstos eran generalmente sus propios rufianes. Sobre estos
ardides escribe Piñeyro:
"Tales escrituras,
que hacen las madres sobre las honras de las hijas, me afirmaron ser cosa
corriente en Castilla, porque de otro modo fácilmente comprometen a un
hombre; y como ellas prueben que gozan de reputación de doncellas y estaban
para casar, condenan en casamiento o a dotar en 2 ó 3.000 ducados a
cualquier picara, que a veces son las bellacas más desvergonzadas, que con
dos de sus rufianes por testigos prueban su buena reputación, y luego meten
en prisión y echan por puertas al mejor".
La palabra
"rufián" se documenta ya en los siglos XIV y XV, y su semántica
se amplía hasta abarcar la calificación suma de la bellaquería y de la
infamia, como espadachín de oficio y asesino de alquiler. En La Celestina,
dice Areusa:
"Vete de mi casa,
rufián, bellaco, mentiroso, burlador..."
Los
"rufianes" constituían una verdadera hermandad dentro de la
delincuencia y se regían por sus propias leyes, sometidos a unos principios que
ellos mismos imponían y juzgaban. Así se dice en la Vida de don
Gregorio Guadaña, de Antonio
Enríquez Gómez:
"adonde los senadores
de las musas jacarandinas se ponían
a jugar los pleitos de la vida
rufiana..".
También recibía el
nombre de "rufián", en gemianía, el ayudante en la casa de juego
cuya misión es proteger a los que hacen pillerías de acuerdo con ellos, en
caso de conflicto. En este sentido, recoge Alonso Hernández el siguiente
texto:
"El segundo
interlocutor es el rufián, valiente de esta cuadrilla, está por su cuenta
luego que se acaba el juego tomar los naipes porque no vayan a manos ajenas
y se conozca la flor y ampáralos con su braveza".
El cuidador de estos
antros de juego, que a menudo prestaba con usura a los jugadores, recibía
el nombre de coime, con el valor germanesco de 'señor de la casa';
es voz documentada por primera vez, según Corominas, en 1609 (J. Hidalgo),
mientras la forma coimero figura ya en 1599 (Guzmán de Alfarache).
Autoridades lo define como: "El garitero que tiene a su cuidado el
garito o casa de juego pública. Es voz de poco uso". El coime, en
principio, no tenía que ser necesariamente un rufián, como lo prueba el
texto que se cita a continuación:
"Qué diremos de un
desventurado Coime, que en la casa de juego de que vive, está oyendo
continuas blasfemias?".
Eguílaz
considera que procede de la palabra árabe qâ'im, 'el que se encarga
de algo, el encargado o gobernante', pero, fonéticamente, creo que sería
un étimo más adecuado la voz qawím, de la misma raíz verbal y de
idéntica semántica, como 'jefe, tutor de alguien', así, según se
emplee,puede significar 'el marido' o 'el encargado de negocios'. Su
significado de 'señor', como 'dueño y tutor', en germanía, queda
atestiguado al ser empleado este sustantivo también para nombrar a Dios,
que vemos mencionado como "gran coime", "coime de las clareas
o del claro", "de las cumbres", "del alto o de lo
alto" o "coime prestador de clarea", y la frase
"el gran coime que señete
en el alto claro", como 'Dios que está en el cielo'.
Su femenino daría la
palabra coima, de qawima, como 'mujer del encargado' o bien
'encargada' ella misma; Autoridades la define "Lo mismo que gorrona. Es
voz de Germanía y usada entre Rufianes", diciendo de la
"gorrona" que es
"La mugér de baxa fuerte, que sale a prostituir su cuerpo para ganar
torpemente su vida". Hay que tener en cuenta que la sociedad cristiana
no admitía como esposas a las mujeres no casadas por la iglesia, aunque
ellas se consideraran casadas según sus propios ritos, y por tanto las
mujeres que se hallaban en esa situación, aunque fueran honestas, eran
consideradas como amancebadas. También se llamaba "coima"
al derecho que se pagaba al garitero por el cuidado de prevenir lo necesario
para el juego; en este caso derivaría del diminutivo de qima,
también quwayma, que significa 'precio, valor'. Alonso Hernández
recoge algunos textos en donde se mencionan:
"Coiyma, no estimo en
dos chufas
a las yças de esta
tierra".
"el Conporte era gran
gorra...
y la Coyma y los Chulamos
lo eran sin
comparación".
En cuanto a las mujeres, en la lengua de gemianía,
"rufiana" era sinónimo de ^alcahueta', y se llamaba así a la
mujer que tiene a cargo una o varias prostitutas a las que dirige, busca
clientes y protege; a veces también se daba el caso de ser alcahueta de sí
misma, es decir, aquella que busca los clientes para sí. También recibía
este nombre, la mujer que adiestra putas en la vida que es la suya. Así
dice Francisco Delicado, en
La lozana andaluza:
"Balij.- Y es tanta
la libertad que tienen las mujeres, que ellas los buscan y llaman, porque se
les rompió el velo de la honestidad, de manera que son putas y rufianas.
Loz.-
¿Y qué quiere decir rufianas7, ¿Rameras o cosa que lo valga?
Balij.-
Alcagüetas, si no lo habéis por enojo.
Loz.-
¡Cómo! ¿que no hay alcagüetas en esta tierra?
Balij.-
Sí hay, mas ellas mismas se lo son las que no tienen madre o tía, o amiga
muy amiga, o que no alcanzan para pagar las rufianas, porque las que lo son
son muy taimadas...".
"vuestra intención
es buscar la vida en diversas maneras... Felice Lozana, que no habría putas
si no hubiese rufianas que las inxiriesen a las buenas con las
malas...".
"que voto a Dios, con
putas y rufianas y tabaqueras no podemos medrar".
Con la palabra
"rufián" se identifican otras formas, como las voces "rudio"
o "rufo", también "rufista", sobre cuya etimología se
apoyan algunos autores para encontrar un étimo adecuado para la primera, ya
que su semántica es tan afín como su fonética, puesto que designa
igualmente al hombre de mal vivir, chulo protector de prostitutas a costa de
las cuales vive. Alonso Hernández cita algunos textos muy significativos:
"Quiso Lugo empinarse
sobre el hombre y, siendo rufo de primera tonsura..." (El rufián
dichoso, I).
"y, aunque puesto de
rodillas le hizo suplicaciones, el rufo le hizo barquillo en el
agua..." [La picara Justina, I, II).
"Yo vos ternia bien
contento,
si diessedes escarmiento
al rufo que me ha garlado".
(Hill, 3, 15, I)
"y volví a la
posada, donde hallé a la señora, y al rufo, y al escribano". [Marcos
de Obregón, III, IX).
"No se pueden alabar
otras ninfas, ni otros rufos
que nos pueden igualar".
[El rufián viudo]
"El pobre pastor, de
ver la manera
del alto rufista y ver su
denuedo..."
(Hill, 11, 146,11).
En el -Diccionario de
Autoridades se cita el siguiente texto de un romance de germanía:
"En el compás los
atajan,
los que en amistades tercian,
que son los rufos godeños,
a quien los demás
respetan".
La localización de las
zonas donde más destacaba esta vida rufianesca parece resumirse en el
refrán español que cita Bartolomé Joly, limosnero del rey de Francia, que
vino a España en 1603 e hizo luego el relato de su viaje, el cual dice:
"Rufián cordobés y p... valenciana".
Corominas y Pascual indican que
la palabra "rufián" es vocablo común a todos los romances de
occidente, muy antiguo en Italia y el Sur de Francia y quizás nacido en el
primero de estos países, aunque consideran que es de origen incierto, tal
vez procedente del latín rufus, 'pelirrojo'.
Habitualmente se
consideran las voces "rufo" y "rufián" como dos
variantes de un mismo étimo, bajo la sugerencia de un origen latino, sin
embargo, según Corominas, parece demostrado que "rufo",
'rufián', no se extrajo de este vocablo, sino que fue vieja palabra
indígena, documentada ya hacia el año 1500.
Yo creo que "rufo"
procede del árabe rujw (similar a rajw y rijw), que
significa 'flojo, blando, nacido, relajado, acomodaticio, condescendiente,
dejado, abandonado, perezoso, indolente, negligente, haragán, holgazán,
gandul\ El sonido de la ja' equivalía al sonido de la h aspirada,
por lo que, por ultracorreción solía interpretarse como f, por lo
que de
ruhu se
escribiría rufu.
También la palabra "haragán" procede del árabe fargan,
'ocioso, desocupado, que excusa y rehuye el trabajo".
En cuanto a
"rufián", pienso que su étimo adecuado sería el árabe ru´yan,
puesto que el
'ayn, sin sonido equivalente en las lenguas romances, solía sustituirse
por la h aspirada, con lo cual tendríamos la misma
evolución fonética de la
palabra anterior, es decir ruhyan y rufyan. Esta palabra
significa 'pastor, gobernante, patrón', es decir, 'todo aquel que cuida o
vela sobre algo, que lo guarda y vigila'. Esta era, según hemos visto en
los textos, la labor del "rufián", que se contrataba como esbirro
para servir de guarda personal de quien lo requería: garitos, burdeles,
prostitutas, e incluso damas o caballeros con problemas personales, los
cuales se valían de estos matones a sueldo para realizar sus venganzas
personales y sus ajustes de cuentas, al margen de la justicia.
En la práctica, dentro de
la vida rufianesca, ambos conceptos se con fundían en la germanía, pero
esto ocurría también ya en la lengua árabe, pues Lane da como
sinónimas las raíces de donde derivan, raja y ra´a, junto
con otras dos muy interesantes, que son hassa y lana, todas
con el significado común de 'ser blando, ceder, ser servicial'; así
encontramos el sustantivo layn como 'flojo, suave, manejable', lo
mismo que rujw. Pues bien, en Alfonso de Palencia volvemos a
encontrar unidas semejantes voces cuando dice: "Leño... es el rufián
o alcaguete enseñoreado a las mundanas y el que las engaña: dicese leño
porque primero las halaga con blandas palabras a las mesquinas para
que sean burdeleras"; y también dice: "abenidor" y
"Agapeta es rufián que deshonestamente conversa con las fembras y es
nombre de priapo".
Leño es palabra latina
antigua que significa 'alcahuete', de donde se tomó después, en el siglo
XVIII, el culterano "lenocinio", y tenis equivale a 'dulce, suave
al tacto'; la coincidencia semántica se repite. Ernout y Meillet afirman
que son voces antiguas en latín, clásicas, usuales, pero sobre todo
populares, considerando que leño es, sin duda, un préstamo de otra lengua.
Es posible que en latín tuviese ya un origen semítico, si lo comparamos
con el árabe
layn, cuya derivación normal sería *len.
En cuanto a la otra
variante "rudio", que aparece indistintamente con las
anteriores, creo que procede también del árabe rud' (o rid´},
'ayuda, apoyo; ayudante, auxiliar; valedor', o más probablemente del
adjetivo de cualidad de la misma raíz verbal radi' (o rudi'),
pues el verbo radu'a significa 'ser malo, depravado y abyecto'.

|