LOS MORISCOS QUE NO SE FUERON
POR ELENA PEZZI

 

LOS RUFIANES

        

El vocablo "rufián", también antiguamente "rofián", en germanía, designa al "chulo" que tiene una o varias mujeres prostituyéndose para vivir a cuenta de ellas y que sale en su defensa en los casos en que lo necesitan.

Covarrubias lo define: "el que trae mugeres para ganar con ellas, y riñe sus pendencias" y en el Diccionario de Autoridades se dice: "el que trata y vive deshonestamente con mujeres, solicitándolas o consintiéndolas el trato con otros hombres. Llámase así también el que por causas torpes riñe sus pendencias". El verbo "rufiana" o "rufianear" tiene el sentido de 'alcahuetead'.

 En Pedro de Alcalá encontramos traducida la palabra "rofián" al árabe vulgar granadino por gandür, étimo del castellano "gandul", que pasó con el significado de 'tunante, vagabundo, holgazán', pero que Alcalá traduce también como "garçon assi [que se quiere casar]", "barragán valiente" y "allegado en bando". En las cuatro acepciones que da su Vocabulista se puede resumir todo el proceso semántico de este vocablo: designando, en principio, simplemente a un hombre joven y fuerte; luego toma un sentido peyorativo adecuado a su conducta licenciosa como 'barragán', que Alcalá da como sinónimo de "abarraganado", "adúltero", "combleço" ('rival en amores'), "fornicador", "luxuriosa cosa" y "putañero" (para el femenino añade "fornicaria"); estas cualidades son las que le convierten en un completo "rufián", el cual, por último, se reúne en bandos para mejor realizar con impunidad sus fechorías. Les estaban prohibidas las armas de fuego por la autoridad, pero ellos se procuraban de tenerlas siempre a la mano.

 Había también "rufianes" cobardes, a quienes se les llamaba "matones de pega", que, como dice Deleito, "explotaban el miedo ajeno para disimular el propio y cotizarle como valentía" ; de éstos escribió Lope de Vega:

 "¿Cuándo has visto tú rufián

que no parezca Roldan

y sea después lebrón?".

(El rufián Castrucho)

 Otra voz empleada como sinónimo, en germanía, es la palabra "gayón", de la que Autoridades dice "lo mismo que Rufián"; creo que es vocablo tomado del árabe gayy o gayyan, ambas con el mismo significado de 'entregado a sus pasiones; seductor; equivocado, engañado, errado, descarriado', y que luego pasaría a tomar el sentido de 'alegre' y 'vistoso',con el que se extendió a otras lenguas romances.

 Las picaras que deseaban encontrar marido, empleaban sus malas artes para hacer valer ante el juez sus demandas contra un caballero a quien hacían responsable de la pérdida de su honra, para lo cual se buscaban testigos falsos que apoyaban sus afirmaciones, y éstos eran generalmente sus propios rufianes. Sobre estos ardides escribe Piñeyro:

 "Tales escrituras, que hacen las madres sobre las honras de las hijas, me afirmaron ser cosa corriente en Castilla, porque de otro modo fácilmente comprometen a un hombre; y como ellas prueben que gozan de reputación de doncellas y estaban para casar, condenan en casamiento o a dotar en 2 ó 3.000 ducados a cualquier picara, que a veces son las bellacas más desvergonzadas, que con dos de sus rufianes por testigos prueban su buena reputación, y luego meten en prisión y echan por puertas al mejor".

 La palabra "rufián" se documenta ya en los siglos XIV y XV, y su semántica se amplía hasta abarcar la calificación suma de la bellaquería y de la infamia, como espadachín de oficio y asesino de alquiler. En La Celestina, dice Areusa:

 "Vete de mi casa, rufián, bellaco, mentiroso, burlador..."

 Los "rufianes" constituían una verdadera hermandad dentro de la delincuencia y se regían por sus propias leyes, sometidos a unos principios que ellos mismos imponían y juzgaban. Así se dice en la Vida de don Gregorio Guadaña, de Antonio Enríquez Gómez:

 "adonde los senadores de las musas jacarandinas se ponían

a jugar los pleitos de la vida rufiana..".

 También recibía el nombre de "rufián", en gemianía, el ayudante en la casa de juego cuya misión es proteger a los que hacen pillerías de acuerdo con ellos, en caso de conflicto. En este sentido, recoge Alonso Hernández el siguiente texto:

 "El segundo interlocutor es el rufián, valiente de esta cuadrilla, está por su cuenta luego que se acaba el juego tomar los naipes porque no vayan a manos ajenas y se conozca la flor y ampáralos con su braveza".

 El cuidador de estos antros de juego, que a menudo prestaba con usura a los jugadores, recibía el nombre de coime, con el valor germanesco de 'señor de la casa'; es voz documentada por primera vez, según Corominas, en 1609 (J. Hidalgo), mientras la forma coimero figura ya en 1599 (Guzmán de Alfarache). Autoridades lo define como: "El garitero que tiene a su cuidado el garito o casa de juego pública. Es voz de poco uso". El coime, en principio, no tenía que ser necesariamente un rufián, como lo prueba el texto que se cita a continuación:

 "Qué diremos de un desventurado Coime, que en la casa de juego de que vive, está oyendo continuas blasfemias?".

 Eguílaz considera que procede de la palabra árabe qâ'im, 'el que se encarga de algo, el encargado o gobernante', pero, fonéticamente, creo que sería un étimo más adecuado la voz qawím, de la misma raíz verbal y de idéntica semántica, como 'jefe, tutor de alguien', así, según se emplee,puede significar 'el marido' o 'el encargado de negocios'. Su significado de 'señor', como 'dueño y tutor', en germanía, queda atestiguado al ser empleado este sustantivo también para nombrar a Dios, que vemos mencionado como "gran coime", "coime de las clareas o del claro", "de las cumbres", "del alto o de lo alto" o "coime prestador de clarea", y la frase

"el gran coime que señete en el alto claro", como 'Dios que está en el cielo'.

 Su femenino daría la palabra coima, de qawima, como 'mujer del encargado' o bien 'encargada' ella misma; Autoridades la define "Lo mismo que gorrona. Es voz de Germanía y usada entre Rufianes", diciendo de la

"gorrona" que es "La mugér de baxa fuerte, que sale a prostituir su cuerpo para ganar torpemente su vida". Hay que tener en cuenta que la sociedad cristiana no admitía como esposas a las mujeres no casadas por la iglesia, aunque ellas se consideraran casadas según sus propios ritos, y por tanto las mujeres que se hallaban en esa situación, aunque fueran honestas, eran consideradas como amancebadas. También se llamaba "coima" al derecho que se pagaba al garitero por el cuidado de prevenir lo necesario para el juego; en este caso derivaría del diminutivo de qima, también quwayma, que significa 'precio, valor'. Alonso Hernández recoge algunos textos en donde se mencionan:

 "Coiyma, no estimo en dos chufas

a las yças de esta tierra".

 "el Conporte era gran gorra...

y la Coyma y los Chulamos

 lo eran sin comparación".

 

En cuanto a las mujeres, en la lengua de gemianía, "rufiana" era sinónimo de ^alcahueta', y se llamaba así a la mujer que tiene a cargo una o varias prostitutas a las que dirige, busca clientes y protege; a veces también se daba el caso de ser alcahueta de sí misma, es decir, aquella que busca los clientes para sí. También recibía este nombre, la mujer que adiestra putas en la vida que es la suya. Así dice Francisco Delicado, en La lozana andaluza:

 "Balij.- Y es tanta la libertad que tienen las mujeres, que ellas los buscan y llaman, porque se les rompió el velo de la honestidad, de manera que son putas y rufianas.

 Loz.- ¿Y qué quiere decir rufianas7, ¿Rameras o cosa que lo valga?

 Balij.- Alcagüetas, si no lo habéis por enojo.

 Loz.- ¡Cómo! ¿que no hay alcagüetas en esta tierra?

 Balij.- Sí hay, mas ellas mismas se lo son las que no tienen madre o tía, o amiga muy amiga, o que no alcanzan para pagar las rufianas, porque las que lo son son muy taimadas...".

 "vuestra intención es buscar la vida en diversas maneras... Felice Lozana, que no habría putas si no hubiese rufianas que las inxiriesen a las buenas con las malas...".

 "que voto a Dios, con putas y rufianas y tabaqueras no podemos medrar".

 

Con la palabra "rufián" se identifican otras formas, como las voces "rudio" o "rufo", también "rufista", sobre cuya etimología se apoyan algunos autores para encontrar un étimo adecuado para la primera, ya que su semántica es tan afín como su fonética, puesto que designa igualmente al hombre de mal vivir, chulo protector de prostitutas a costa de las cuales vive. Alonso Hernández cita algunos textos muy significativos:

 "Quiso Lugo empinarse sobre el hombre y, siendo rufo de primera tonsura..." (El rufián dichoso, I).

 "y, aunque puesto de rodillas le hizo suplicaciones, el rufo le hizo barquillo en el agua..." [La picara Justina, I, II).

 "Yo vos ternia bien contento,

si diessedes escarmiento

al rufo que me ha garlado".

(Hill, 3, 15, I)

 "y volví a la posada, donde hallé a la señora, y al rufo, y al escribano". [Marcos de Obregón, III, IX).

 "No se pueden alabar

otras ninfas, ni otros rufos

que nos pueden igualar".

[El rufián viudo]

 "El pobre pastor, de ver la manera

del alto rufista y ver su denuedo..."

(Hill, 11, 146,11).

 

En el -Diccionario de Autoridades se cita el siguiente texto de un romance de germanía:

 "En el compás los atajan,

los que en amistades tercian,

que son los rufos godeños,

a quien los demás respetan".

 La localización de las zonas donde más destacaba esta vida rufianesca parece resumirse en el refrán español que cita Bartolomé Joly, limosnero del rey de Francia, que vino a España en 1603 e hizo luego el relato de su viaje, el cual dice: "Rufián cordobés y p... valenciana". 

Corominas y Pascual indican que la palabra "rufián" es vocablo común a todos los romances de occidente, muy antiguo en Italia y el Sur de Francia y quizás nacido en el primero de estos países, aunque consideran que es de origen incierto, tal vez procedente del latín rufus, 'pelirrojo'.

 Habitualmente se consideran las voces "rufo" y "rufián" como dos variantes de un mismo étimo, bajo la sugerencia de un origen latino, sin embargo, según Corominas, parece demostrado que "rufo", 'rufián', no se extrajo de este vocablo, sino que fue vieja palabra indígena, documentada ya hacia el año 1500.

 Yo creo que "rufo" procede del árabe rujw (similar a rajw y rijw), que significa 'flojo, blando, nacido, relajado, acomodaticio, condescendiente, dejado, abandonado, perezoso, indolente, negligente, haragán, holgazán, gandul\ El sonido de la ja' equivalía al sonido de la h aspirada, por lo que, por ultracorreción solía interpretarse como f, por lo que de ruhu se

escribiría rufu. También la palabra "haragán" procede del árabe fargan, 'ocioso, desocupado, que excusa y rehuye el trabajo".

 En cuanto a "rufián", pienso que su étimo adecuado sería el árabe ru´yan, puesto que el 'ayn, sin sonido equivalente en las lenguas romances, solía sustituirse por la h aspirada, con lo cual tendríamos la misma

evolución fonética de la palabra anterior, es decir ruhyan y rufyan. Esta palabra significa 'pastor, gobernante, patrón', es decir, 'todo aquel que cuida o vela sobre algo, que lo guarda y vigila'. Esta era, según hemos visto en los textos, la labor del "rufián", que se contrataba como esbirro para servir de guarda personal de quien lo requería: garitos, burdeles, prostitutas, e incluso damas o caballeros con problemas personales, los cuales se valían de estos matones a sueldo para realizar sus venganzas personales y sus ajustes de cuentas, al margen de la justicia.

 En la práctica, dentro de la vida rufianesca, ambos conceptos se con fundían en la germanía, pero esto ocurría también ya en la lengua árabe, pues Lane da como sinónimas las raíces de donde derivan, raja y ra´a, junto con otras dos muy interesantes, que son hassa y lana, todas con el significado común de 'ser blando, ceder, ser servicial'; así encontramos el sustantivo layn como 'flojo, suave, manejable', lo mismo que rujw. Pues bien, en Alfonso de Palencia volvemos a encontrar unidas semejantes voces cuando dice: "Leño... es el rufián o alcaguete enseñoreado a las mundanas y el que las engaña: dicese leño porque primero las halaga con blandas palabras a las mesquinas  para que sean burdeleras"; y también dice: "abenidor"  y "Agapeta es rufián que deshonestamente conversa con las fembras y es nombre de priapo".

 Leño es palabra latina antigua que significa 'alcahuete', de donde se tomó después, en el siglo XVIII, el culterano "lenocinio", y tenis equivale a 'dulce, suave al tacto'; la coincidencia semántica se repite. Ernout y Meillet afirman que son voces antiguas en latín, clásicas, usuales, pero sobre todo populares, considerando que leño es, sin duda, un préstamo de otra lengua. Es posible que en latín tuviese ya un origen semítico, si lo comparamos con el árabe layn, cuya derivación normal sería *len.

 En cuanto a la otra variante "rudio", que aparece indistintamente con las anteriores, creo que procede también del árabe rud' (o rid´}, 'ayuda, apoyo; ayudante, auxiliar; valedor', o más probablemente del adjetivo de cualidad de la misma raíz verbal radi' (o rudi'), pues el verbo radu'a significa 'ser malo, depravado y abyecto'.