LOS MORISCOS QUE NO SE FUERON
POR ELENA PEZZI

 

LOS GUAPOS

  

Hemos visto que, en la jerarquización perfecta de la "carrera de la valentónica", el guapo ocupa un puesto destacado en este escalafón de la delincuencia: la función que se le asigna es la de "protector de prostitutas, a cuenta de las cuales vive y riñe sus pendencias", y a él se le define como "entre chulos, hombre que corteja a una mujer o tiene amores con ella".

 También para la mujer existía este sentido peyorativo para la denominación de "guapa", pues este nombre figura en el escalafón femenino de la picaresca a la par que el de "reciente", con el sentido de 'mujer joven', incluido en el cuadro sinóptico que ofrece Alonso Hernández con la clasificación de las prostitutas de prostíbulo. También estas mujeres habían de estar bien dispuestas siempre, según la definición que el Diccionario de Autoridades da de la guapeza, para "acometer con bizarría las empresas dificultosas", que no serían pocas.

 En la antroponimia del lenguaje de Gemianía también figura un tal llamado Guapo de Santa Ella, según aparece en el índice de la citada obra de Alonso Hernández.

 Luis Martínez Kleisser, en su obra Del siglo de los chisperos recoge los castizos comentarios de la prensa española en el siglo XVIII; de La pensadora gaditana (año 1763) destaca los requiebros que un galanteador dirigía a las muchachas en la calle: "Vaya que está V. m. muy guapa. Es V. m. muy chula...", piropos que hoy se considerarían inocentes, pero de los que La pensadora gaditana tratará de poner en guardia a las jóvenes, advirtiéndoles:

 "Vs. ms. los toleran porque no reflexionan la falta del respeto que incluyen semejantes expresiones y el baxo concepto que de Vs. ms. tienen los que se atreven a hacer tales cumplimientos".

 A estas palabras, llenas de prudencia, añade el comentarista: "Sin embargo, la ingenuidad de los referidos galanteos no era garantía completa de que tales frases estuviesen exentas de malicia".

 Pero, a pesar de todos estos prejuicios arcaicos, el éxito popular de la palabra " guapo " ha sido abrumador; no cabe la menor duda de que ha suplantado, sin competición posible, a todos los adjetivos que se han utilizado para expresar el buen aspecto físico de una persona, y que, muchas veces, se han ido quedando cursis o demodés.

 En nuestro lenguaje actual no nos resulta adecuado, si queremos hablar al día, calificar a un hombre de "bello", "hermoso" o "bonito" (hasta es posible que el destinatario de nuestro elogios se sintiera un poco molesto); sin embargo, sí nos resulta normal y aceptable decir que un hombre es "guapo", cuando con esta palabra sólo queremos hacer constar nuestro reconocimiento de su buen parecer. ¿Hay quizás en nuestra mente una reminiscencia del pasado de este vocablo, que nos permite atribuir este adjetivo a un hombre, sin temor a ofender por ello su virilidad?

 Puede ser que, sin saberlo, la mayor parte de los españoles por lo menos, estemos conservando el profundo trasfondo semántico que le vino desde su lengua de origen, y que no era precisamente el de 'bello', sino el de 'bizarro, animoso, valiente', cualidades profundamente apreciadas por el llamado sexo fuerte. Si el calificativo de " bello " podía pecar de afeminamiento, no ocurre así con el de " guapo ", eminentemente varonil.

 Sin embargo, la evolución semántica de esta palabra ha ido deslizándose hacia dos polos opuestos, como tantas otras: por una parte, con un carácter positivo, encomiástico, derivó hacia 'galán, apuesto, bien vestido', hasta llegar a ` hermoso de rostro o de figura'; en el sentido inverso, con el afán de destacar la bravura, tomó un valor peyorativo como 'bravucón, fanfarrón o perdonavidas'. Recordemos nuestra frase habitual de " ¡a ver quién es el guapo que hace tal cosa!".

 Antes de entrar en el estudio etimológico de este vocablo, veamos lo que de él nos dicen los diccionarios, para poder comparar después si sus definiciones encajan bien con el étimo que luego vamos a proponer para "guapo"-. En primer lugar, nos interesa saber qué es la "guapeza", de la cual parte directamente, sin duda, la cualidad de "guapo".

 

 Guapeza (1734): "Bizarría, valor y resolución, para acometer alguna empresa arriesgada o peligrosa" [Autoridades). - "Fam. Baladronada. / Buen aspecto" (Marty Caballero. - "Ostentación en los vestidos. / Acción propia de un valentón o bravo " (R. Academia).

 Guapamente: " Adv. de modo. Bizarra y valerosamente, con ánimo y resolución " (Autoridades ). - " Con guapeza. / Muy bien " (R. Academia).

 Guapear: " Ostentar esfuerzo, ánimo, valor y osadía, para las cosas en que puede haber peligro: o presumir de bien vestido " ( Autoridades ). - " Chile. Fanfarronear, echar bravatas" (Gran Enciclopedia Larousse).

 Guapo, -pa (1640): - " Animoso, valeroso y resuelto, que desprecia los peligros y acomete con bizarría las empresas arduas y dificultosas". - "Se toma también por galán, lucido, y que cuida de la decencia y adorno de su persona". - "En estilo picaresco se llama el galán, que festeja y galantea a alguna mujer" (Autoridades). - "Fam. Bien parecido. / Hombre pendenciero y perdonavidas" (R. Academia). - "Hermoso de rostro o de figura. / De buen genio. / Cortejo " (Marty Caballero).

 Además de estos cuatro vocablos, Autoridades sólo recoge dos más guapazo, -za y guapetón, ambos aumentativos: "muy guapo".

 Posteriormente se formaron nuevos derivados, como:

 Guapería (1656): " Fam. Valentía / Baladronada " (Marty Caballero).  "Acción propia de guapo " (R. Academia).

 Guapote: "Fam. Bonachón, de buen genio. 2, fam. De buen parecer " (R. Academia).

 Guapura: "Cualidad de guapo" [Gran Enciclopedia Larousse).

 Guapos: " En Avila y Salamanca, fam. Adornos, cosas ostentosas e inútiLes" (R. Academia).

 La correlación existente entre todas las variaciones semánticas sigue una línea paralela con otro vocablo, de origen árabe, que también alcanzo gran fortuna en su supervivencia, la palabra "jaque", de la que ya hemos; hablado anteriormente. Ante un historial tan paralelo, cabía pensar que el origen de la palabra "guapo "tuviese también alguna afinidad en su cuna y que se podía buscar otro participio activo que se adecuase a nuestro vocablo.

 Realmente, pensando en el sentido originario de "guapo", se hace muy difícil poder aceptar la etimología propuesta por Corominas como procedente del latín vappa, propiamente 'vino insípido ', aunque éste también hubiese derivado después hacia un sentido rufianesco, como 'bribón , granuja' La época de su primera documentación, a mediados del siglo XVII, también nos aproxima más a una influencia morisca, en pleno auge de difusión de la lengua de germanía (también llamada algarabía) de la picaresca nacional, ligada a los muchos moriscos nómadas que recorrían la península ; como arrieros, buhoneros, trajineros, recoveros, etc., etc..., muchos de ellos huidos de la justicia y perseguidos por la Inquisición, como falsos conversos o criptomoriscos.

 En buena disposición, pues, para buscar un étimo árabe, encontramos un verbo que nos viene pintiparado, el verbo wabba, cuyo participio activo wább, conforme a una evolución fonética rigurosamente normal, había de producir necesariamente una fonética guap, a la que la lengua castellana habría de añadir regularmente una vocal final de apoyo, "guapo".

 En el francés antiguo cita Corominas la existencia de unas formas dialectales y jergales wape, gape o gouape, que corresponderían a la adaptación de este mismo vocablo a esta lengua, procedentes pues, posiblemente, del mismo étimo, con los significados de 'soso, bribón, holgazán'. También  existe en el francés actual la voz gouapeur, popularmente 'vagabundo'. La introducción en Francia pudo tener lugar a través de España, o bien, dada la fecha que se da para su documentación (1223), pudo ser importada por los, soldados que regresaban de las los reinos cristianos de Oriente y de las Cruzadas.

 Pues bien, el verbo wabba significa, literalmente: ' prepararse al ataque disponerse (en el combate) a hacer un ataque, una carga sobre el enemigo'

 Esta preparación o disposición requería, por supuesto, el estar bien provisto de armas y bien guarnecido (como el " jaque "). Este sentido cuadra perfectamente con la definición de "guapo" como 'valiente, resuelto, que desprecia los peligros y acomete con energía las empresas arduas y dificultosas ', según nos daba el Diccionario de Autoridades.

 En esta misma raíz verbal no he encontrado más ampliación en los diccionarios que he podido consultar, pero, sin embargo, Lañe da una clave decisiva para poder continuar nuestras investigaciones, cuando dice que wabba era originariamente 'abba y que el' alif fue después cambiado por waw.

 Si buscamos, pues, en esta raíz originaria 'abba, encontraremos que en la lengua árabe se habían producido también derivaciones semánticas muy afines; así, en Kazimirski, se traduce por:

 1.- " Remover algo, tocándolo".

 2.- " Meter mano, echar mano a alguna cosa: por ejemplo, a la espada"

 3.- " Desear vivamente alguna cosa, suspirar por algo".

 4.- " Arreglar, disponer, determinarse a hacer alguna cosa".

 5.- " Disponerse, prepararse a alguna cosa".

 6.- " Estar arreglado, dispuesto; encontrarse en orden, puesto a punto"

 Estas diversas acepciones pueden ser equiparadas con las definiciones dadas anteriormente para "guapo" y sus derivados, ya que todas incluyen un sentido de estar dispuesto para acometer una empresa, preparándose de antemano para ello, bien por las armas, bien en el propio ornato o atavío; por tanto, su sentido es más general, de disposición o arreglo, con un fin indeterminado, mientras que en wabba se centraba más concretamente en la predisposición a un ataque o al desafío de un peligro.

 Lañe da a `abba el valor específico de "prepararse y equiparse para partir, marcharse lejos o ir de viaje; estar resuelto a viajar y prepararse para ello". Continúa pues vigente el sentido de 'pertrecharse para acometer una empresa', quizás peligrosa.

 Entre estos preparativos para un fin determinado se incluye, como es natural, el ornato y embellecimiento de la propia persona, su puesta a punto, con el solo fin de tener buena apariencia y agradar a determinada persona. Es el sentido castellano de "ponerse guapo", para " estar guapo " (independientemente de que se posea la cualidad de " ser guapo").

 La acepción 3 de Kazimirski de "desear ardientemente algo, suspirar por alguna cosa", podría haber sido el origen del "galán que festeja y corteja a una mujer",  ya que este tipo de conquista es una de las arriesgadas empresas que requieren mayor acicalamiento y aliño, pues en ella la pasión de ánimo supera a otros ardientes deseos, y se hace más imprescindible que nunca el "aparecer guapo".

 l resumen de la semántica de esta raíz verbal parece encontrarse en esta frase, citada por Lañe: ' abbat 'ababatuhu, que podría ser traducida como "su manera de vivir o de conducirse estaba convenientemente dispuesta", en su más amplio sentido, lo que equivaldría a decir: "él era elegante, garboso, bien compuesto y arreglado".

 La forma V, como reflexiva de su valor intensivo (II), se traduce por 'admirarse de, pavonearse de' (Corriente), acción propia del "guapo", definido también como 'ostentoso, galán y lucido en el momento de vestir y presentarse' (.Real Academia). La Academia define el verbo "guapear": "Hacer alarde de gusto exquisito en los vestidos y cabos [llamando así a las piezas sueltas que se usan en el vestido, como aditamentos o adornos]".

 Con el empleo de la palabra "alarde " volvemos a cerrar el círculo semántico; al-'ard, en general, es la exposición de una mercancía, pero en España se empleaba, específicamente, en el sentido de "revista de las tropas", para la que el soldado había de estar especialmente wabb, es decir, perfectamente pertrechado y dispuesto para el ataque, con sus mejores arreos.

 Es curioso que su sentido peyorativo, como "chulo" o "rufián", no se dé en la raíz árabe, y sin embargo sea bajo esta acepción como se documenta por vez primera en la lengua castellana. La explicación de este hecho creo que está en el auge de la literatura picaresca en nuestro Siglo de Oro, que permitió el paso de este vulgarismo del lenguaje de germanía y su acceso a la palabra escrita, mientras que el sentido de ' bien parecido ', que se usaba familiarmente por tradición de la lengua vulgar, no tuvo la suerte de ser llevado a la imprenta hasta finales del siglo XVIII, cuando la fuerza de la costumbre le dio carta de naturaleza en la lengua castellana.

 La idea del origen árabe de este vocablo fue sugerida ya anteriormente por el profesor José M. Vázquez Ruiz, aunque el étimo propuesto en su trabajo fue el vocablo watb y no wabb, sobre el que hemos basado este estudio. Sin embargo, creo que tanto la fonética como la semántica de la voz árabe wabb está más próxima a la castellana "guapo" que la antes propuesta watb, pues, aunque los argumentos expuestos por el profesor Vázquez son bastante convincentes, me inclino más por la aceptación de wabb como étimo más adecuado.

 Después de este estudio de las razones fonéticas y semánticas para aceptar este étimo árabe para la palabra "guapo", creo que no debe quedar ninguna duda sobre la adecuación de ambos términos.

 Sin embargo, para remachar en ello, aún podemos añadir una razón geográfica: en el mapa en el que Alonso Hernández delimita los "lugares más importantes en los poemas de valentías, guapezas y desafueros" , las ciudades que se citan (si exceptuamos Barcelona) vienen delimitadas por la zonas de mayor pervivencia morisca: Zaragoza, Valencia, Alicante, Cartagena, Badajoz y todas las capitales andaluzas (a excepción de Jaén y Huelva ), mencionando también a Marbella; aparecen también algunas ciudades del norte de África (Ceuta, Oran y Argel).

 Vemos, pues, que el área que se asigna como campo de acción para las "guapezas" es la zona más conservadora de la tradición árabe. Por desgracia, estos últimos restos de los musulmanes españoles, que malvivían en la Península, no podían pertenecer a clases elevadas y dignas, ya que, como proscritos, tenían que desenvolverse, en la mayoría de los casos, como maleantes, sumidos en el "hampa" nacional.

 Sin embargo, la tradición del vocablo wabb estaba viva, con toda la pureza de su sentido primigenio, en la lengua familiar hispana, la cual mantuvo su supervivencia, hasta permitir su afloración oficial, como palabra española, recogida por el Diccionario de Autoridades, independientemente de su vida de marginalismo.

 La verdad es que la persona que se sepa calificada de "guapa" nunca podrá ahora sentirse ofendida; sólo captará el sentido de galantería original que nos legó familiarmente la lengua árabe.