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Asesinatos
La Cuarta Convención de Ginebra
(1949), base de la legislación humanitaria internacional que asegura una mínima
protección para la población en conflictos armados o bajo ocupación, en su
artículo 147, señala como asesinatos deliberados, y por tanto crímenes de
guerra, el asesinato de personas desarmadas, independientemente de su condición
de militar o civil, suponiendo además una flagrante violación del derecho a la
vida que sanciona el tercer artículo de la Declaración Universal de los Derechos
Humanos. En esta categoría entran por tanto los milicianos que entregan las
armas como los niños que tiran piedras, además del resto de civiles desarmados
cuyo asesinato se ha producido indirectamente o "por error" y se considera según
el eufemismo del lenguaje militar como "daño colateral". Sin embargo, muchos de
los asesinatos ilegítimos ni siquiera pueden entrar en esa sádica categoría de
daño colateral, pues, tal y como denuncian las organizaciones de derechos
humanos, se producen intencionadamente como forma de amedrentar a la población
para obligarla a claudicar en su empeño de supervivencia y forzarlos a emigrar
fuera de Palestina, objetivo último de la política sionista. El Centro Palestino
de Derechos Humanos nos proporciona las cifras para ilustrar esta violación
sistemática del derecho a la vida:
"En 2003, entre las fuerzas de
ocupación israelíes y los colonos mataron 569 palestinos y tres voluntarios
internacionales. De ellos, 473 eran civiles desarmados que no suponían ninguna
amenaza para las vidas de los soldados israelíes, incluyendo 114 niños, 27
mujeres y 20 personas con edad superior a los sesenta años. Miles más fueron
heridos por las fuerzas de ocupación israelíes, incluyendo al menos 1.238 en la
Franja de Gaza. A fecha de 31 de diciembre de 2003, 2.402 palestinos han sido
muertos por las fuerzas de ocupación israelíes desde el comienzo de la presente
Intifáda en septiembre de 2000."
En esta Segunda Intifada se ha
producido una nueva forma de asesinato legal que quebranta las normas básicas de
cualquier estado de derecho que pretenda considerarse como tal. Apenas cuarenta
y dos días después de la visita de Sharon a Al Aqsa, era asesinado Hussein
Abayat, activista local de Fatah en Beit Sahour, mediante dos misiles
antitanques lanzados por un helicóptero en una populosa
calle de dicha ciudad colindante con Belén. También resultaron
muertas dos mujeres que pasaban por la calle y heridas otras tres. Ese día, el 9
de noviembre de 2000, cuando Barak todavía estaba en el poder, supuso el inicio
de la política oficial (que no real) de asesinatos selectivos del Estado de
Israel. En realidad tan sólo suponía el reconocimiento abierto de la
responsabilidad por diversos asesinatos en un práctica que se venía realizando
desde los tiempos de la Primera lntifada. Desde entonces más de 300 palestinos
han sido asesinados en operaciones de carácter selectivo, aproximadamente la
mitad eran personas que al estar cerca de los blancos pasaron a engrosar las
cifras de los "daños colaterales". El piloto de combate y objetor israelí,
Yonathan Saphira, ilustra esta inmoralidad que llevó en 2003 a pilotos de las
fuerzas aéreas a firmar una carta en la que se negaban a obedecer órdenes de
ataque que el Estado de Israel ejecuta en los Territorios Ocupados. Volvamos
ahora a la noche del 22 al 23 de Julio de 2002:
"Es tarde, el escuadrón de F-16
se encuentra en la base militar del Ejército del Aire. La tripulación de guardia
se compone de un piloto y un navegante. Despegue urgente para Gaza. A la espera
de la orden de ataque. Llega la orden. Se lanzan las bombas. Aterrizaje, parte
de misión y vuelta a la rutina. En esa misión se lanzó una bomba de una tonelada
(equivalente a cien bombas suicidas) sobre una casa del barrio AI-Deredg de
Gaza, uno de los más poblados de Gaza y del mundo. En el curso de la acción
fueron asesinados 14 seres humanos y heridos más de 150. Cuatro familias, 9
niños, 2 mujeres y dos hombres, fueron aniquilados por la tripulación de un
avión que ejecutó la misión y alcanzó el blanco, convencida de que estaba
defendiendo a los israelíes. Y lo creía honestamente. Y esto es lo que Dan Halutz
(comandante del ejército del aire) tuvo a bien decir sobre la misión: "Declaro
que cuanto ha tenido lugar con vistas a la misión está justificado según mis
criterios morales...". Y dijo a los pilotos: "Que durmáis bien esta noche...
habéis desempeñado perfectamente esta misión. "No dormimos bien esa noche, y
seguimos sin dormir bien: El 31 de agosto de 2002, cuando fue aniquilado Darama
y 4 niños con él. El 8 de abril de 2003, cuando fueron asesinados Arbid y Al-Halabi
y con ellos 2 niños y 5 adultos. El 10 de junio de 2003, en un intento de
asesinar a Rantisi, murieron una joven, una mujer y 5 hombres. El 11 de junio
de 2003, cuando fue asesinado Abu-Nahal y con él 2 mujeres y 5 hombres. Y así
muchos más... (...) ¿Y qué logramos como contrapartida en términos de
seguridad'? Ataques y más ataques, nosotros con nuestros Apache y ellos con sus
bombas suicidas, embarcados juntos hacia el suicidio en una danza demencial. Así
que no dormimos por la noche y redactamos esta carta."
Como se puede observar, lo
realmente inmoral de los asesinatos selectivos es que la decisión de ejecutar a
personas en particular se hace por las autoridades políticas pasando por alto
cualquier consideración sobre el derecho a un juicio justo. Al no representar
la víctima ninguna amenaza inminente para nadie no se puede argumentar el
derecho a la defensa y a la seguridad y se convierte en un crimen de guerra
condenado por la Cuarta Convención de Ginebra con el agravante de hacerse de
manera legal y pública.
Utilización de personas como "escudos humanos". Otra conducta calificada por el
derecho internacional como crimen de guerra es el secuestro y forzamiento de
palestinos a acompañar a los soldados de las IDF en las operaciones militares de
castigo, bajo la carga de angustia, miedo y alto riesgo que esto conlleva para
su vida. Esta práctica, que en realidad
consiste en el uso de población civil como escudos humanos, no ha de confundirse
con la acción de voluntarios que realizan acompañamientos a
personas amenazadas que se ven obligadas a moverse bajo el toque de queda
militar y que a veces reciben nombre también de escudos humanos. Esta forma de actuar, por el contrario, indica algo más que el nulo valor dado
a la vida otorgado por los soldados israelíes a la población árabe, ya que sólo
puede entenderse en el contexto de una actuación que persigue atemorizar a la
población civil. Amnistía Internacional fue muy clara además a la hora de
denunciar esta práctica: Tanto en
Jenin como en Nablus, las IDF han obligado sistemáticamente a palestinos a
tomar parte en operaciones militares o a actuar como "escudos humanos". Con
este fin han empleado tanto a mujeres como hombres. Habitualmente, las IDF
retienen al ciudadano palestino durante varios días y lo obligan a registrar
viviendas en los campos de refugiados, colocándolo así en situación de grave
peligro de ser lesionado. Faisal Abu Sariya, profesor de 42 años de edad, contó a Amnistía Internacional que lo
obligaron a acompañar a las IDF en operaciones militares en Jenin durante dos
días y que lo utilizaron como "escudo humano". Según ha manifestado, recibió
palizas y otros malos tratos por parte de las IDF y un disparo en la rodilla
cuando estaba sirviendo de "escudo humano", lesión para la que no le dispensaron
atención médica.
USAN UN NIÑO PALESTINO COMO ESCUDO HUMANO.
Jerusalén: Varios policías israelíes ataron a su jeep a un adolescente palestino de 13 años a modo de
escudo humano para evitar pedradas de manifestantes. Así lo reveló ayer a la
prensa un grupo de derechos humanos formado por rabinos.
Bloqueo de acceso de ayuda médica.
En el
informe antes citado del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para
los
Derechos Humanos en Palestina, también se relataba el hecho de que la misma
delegación había sido testigo de cómo se bloqueaba el paso de la ayuda médica a
heridos en
los
enfrentamientos.
"Un
aspecto de particular gravedad es el trato médico que algunas de las víctimas
han sufrido, con algunas muertes debido a la denegación de acceso a la
asistencia médica a tiempo. Según se afirma se ha impedido a las ambulancias
palestinas y al personal
médico desempeñar su trabajo con normalidad. Durante
la visita a Gaza de la Alta Comisionada,
su
vehículo fue incapaz de circular por
la principal carretera de norte a sur debido a un intercambio de fuego que
provocó heridas graves a dos soldados
israelíes y dos muertos palestinos en su
propio vehículo en un puesto de control. La Alta Comisionada fue testigo de
cómo
se impidió a dos ambulancias atender a las víctimas palestinas.
También el
Informe de Amnistía Internacional señalaba cómo se disparaban a ambulancias que
trataban de atender a los heridos y
cómo
el retraso de la
atención médica había
tenido efectos trágicos para algunas de las víctimas:
"Tanto en
Jenin como en Nablus, las IDF impidieron que las organizaciones de asistencia
médica tuvieran acceso a las zonas afectadas incluso una vez que,
según los in
formes habían cesado los combates. (...) Las IDF realizaron disparos contra
ambulancias o al aire, como advertencia, y acosaron o detuvieron a los
conductores de las ambulancias. A causa de ello, los heridos permanecieron
tendidos en la calle durante horas sin ser atendidos o bien fueron tratados en
las casas, y los muertos yacieron abandonados en las calles o en las
casas durante días. En varios casos, según los informes, es posible que la falta
de acceso a atención médica provocase o acelerase la muerte de varias personas."
Desgraciadamente hay que decir que el bloqueo de la ayuda médica es un dato
recurrente en todos los informes
de
organizaciones de derechos humanos.
El Centro
Palestino de Derechos Humanos ha recopilado datos generales sobre este acoso al
personal sanitario por parte de las IDF. Aunque los datos son de marzo de 2003
reflejan claramente la problemática que pretendemos visualizar:
- "I7
individuos del personal médico han sido asesinados por el ejército israelí
durante la Intifada. Al menos 206 han sido heridos.
Paramédicos
palestinos
también han sido arrestados, golpeados y usados como escudos humanos en
numerosas ocasiones.
- 10
Ambulancias del Creciente Rojo han sido destruidas y el 80% de la flota de
ambulancias ha
sido dañada.
Durante los ataques israelíes sobre ciudades palestinas, las fuerzas israelíes
han bombardeado y saqueado hospitales y clínicas en Ramala, Belén, Hebrón y Al
Bireh con resultado de destrucción de equipo médico e interrupción del cuidado
de pacientes.
- Al menos
43 palestinos han muerto durante la
Intifáda
de Al Aqsa
debido al retraso
u
obstrucción del acceso de atención médica en
checkpoints
israelíes.
En al menos una docena de casos, las mujeres se han visto forzadas a dar a
luz
en
los
checkpoints,
con
resultado de al menos 5 niños nacidos muertos. Un número indeterminado de
palestinos heridos han muerto después de que las fuerzas israelíes rechazaran
que se dispensara atención médica".
En 2004
llegaron a un total de 216 las ambulancias atacadas, 121 de ellas destruidas.
Según, la Unión de los Comités de Labores Sanitarias (UHWC) sólo los retrasos
debidos a retenciones en
los checkpoints
provocaron la
muerte de 600 personas en el año 2002, y otras 68 en los mismos puestos de
control, donde además dieron a luz 36 mujeres que estaban tratando de llegar a
la maternidad. Por supuesto, cuando se trata de una incursión del ejército a
gran escala en la que abundan los heridos y una atención médica rápida puede ser
la diferencia entre la vida y la muerte, el bloqueo de las ambulancias que
acuden a atender a los heridos no es sino una continuación de la propia
estrategia de la incursión y demuestra que el objetivo no son milicianos o
grupos armados, sino la propia población civil. Como veremos más adelante, el
bloqueo del paso de ambulancias está generando una grave situación humanitaria
al ser cada vez más difícil el acceso a los hospitales, en muchos casos fuera
del cerco que las IDF mantienen sobre las poblaciones palestinas.
Torturas Los
informes de Amnistía Internacional sobre la Operación Muro Defensivo se
puede comprobar que las torturas u otros tratos degradantes son comunes
en las operaciones de castigo israelíes.
"Las
IDF infligieron malos tratos habituales, y en ocasiones, según los
informes, torturas a palestinos detenidos en redadas masivas de
varones
de edades comprendidas entre los 15 y los 55 años durante la ocupación de
ciudades y de campos de refugiados. La mayoría de los
detenidos
fueron humillados, y muchos, insultados. Una gran parte de ellos
describieron tratos asociados a tortura, principalmente en forma de golpes
propinados al azar con la culata de los fusiles”.
“En
Jenín, a los hombres que
habían
sido congregados y separados de las
mujeres,
niños y varones de más de 55
años
de edad, los desnudaron
dejándolos en ropa interior, esposados y con los ojos vendados. Muchos
afirman haber sufrido malos tratos y algunos, palizas. Un detenido murió a
consecuencia de los golpes recibidos”.
“Los
detenidos fuereon
conducidos
a
Bir Sa'adeh, donde,según afirman, los
obligaron a permanecer en cuclillas, con la cabeza gacha, durante
periodos prolongados.
Segün
informes, durante las primeras 24 horas no les dieron
de comer y sólo
les dieron agua en contadas ocasiones. La mayoría de los detenidos
señaló que no les facilitaron mantas pese a las
bajas temperaturas nocturnas y que les limitaron o incluso les
prohibieron el acceso a los aseos. Una vez en libertad se vieron obligados
a caminar varios
kilómetros. muchos de ellos sin ropa ni calzado”
El uso
de métodos físicos de tortura contra presos palestinos fue aprobado
por el Tribunal Supremo Israelí el 11 de Noviembre de 1996, pero era una
práctica que se
había extendido impunemente desde 1967 (Guerrde
los Seís
Días). Se conoce incluso de la existencia de prisiones secretas, como la
denominada "Faculty 1391" (Instalación 1391), borrada incluso de los mapas
y fotos aéreas, en la que los presos son torturados
sitemáticamente y
llevan una bolsa negra en la cabeza para evitar que puedan ver a sus
torturadores. Huelga decir que los malos tratos aumentan con mucho el
clima de
tensión e incrementan exageradamente el odio de los palestinos
hacia Israel, haciendo cada vez
más difícil el camino hacia la
reconciliación y son por tanto un elemento clave del conflicto al actuar
como generador de odio constante. Hay que señalar no obstante que los
informes
más espeluznantes sobre malos tratos y torturas llegan de la mano
del
Comité Público Contra la Tortura en Israel (PCATI) y de asociaciones
pro derechos humanos palestinas, como Addameer o el Centro Palestino de
Derechos Humanos. El PCATI ha denunciado en un informe titulado
"Back to the routine of torture"
(Vuelta a la rutina de la tortura) lamultiplicacion
por parte del Shin
Beit, los servicios secretos
israelíes, del uso de la tortura en los
interrogatorios a sospechosos palestinos durante la actual
Intifáda.
De
acuerdo con los datos oficiales de las fuerzas de seguridad,
aproximadamente 23.000 palestinos fueron interrogados por las fuerzas de
seguridad durante la primera
Intifáda
(1987-1993). El PCATI estima que casi todos sufrieron alguna forma de
tortura durante su interrogatorio. En la actual
Intifáda
más
de 28.000 palestinos han sido arrestados entre el principio de la
Intifáda
en
Septiembre de 2000 y el principio de Abril de 2003. A mediados de mayo de
2003, 5.362 palestinos habían sido llevadosa
prisión, de los cuales 1.107
fueron detenidos sin ningún cargo o juicio (estaban bajo detención
administrativa). Durante cada uno de los seis primeros meses
correspondientes al año 2002 y 2003, el número de palestinos interrogados
por el Servicio de Seguridad Shin Beit que sufrieron tratos que pueden
ser definidos como tortura
se
situó alrededor de la centena, mientras que en Septiembre de 2001 ennúmero
estaba tan sólo en la docena, lo cual es un indicadde
que esta
volviendo a la
política
de tortura
sistemática
de la primera
Intifada
Citando
textualmente el informe del PCATI los malos tratos a los que son sometidos
habitualmente los detenidos por las IDF o el Shin Beit son los siguientes:
-
Malos
tratos a familiares de los detenidos, incluyendo amenazas , insultos o registros
destructivos. Violencia durante el arresto, incluyendo golpes (a veces con
las
culatas de los rifles), bofetadas, patadas o pisotones tras sentarlo en el suelo
del vehículo.
-
Esposar
con
"azikonim".
Este el
único método de malos tratos que es legal en las IDF. Las azikonim
son bridas hechas
de plástico flexible pero duro, pueden ser atadas pero no desatadas.
Estas esposas suelen causar hinchazones, cortes en las manos y un intenso
dolor.
-
Condiciones inhumanas de detención, incluyendo exposición al calor, el frío o la
lluvia bajo cielo abierto durante largos periodos de tiempo (hasta
días), en el
asfalto, en una "jaula" o en cubos de basura, así como falta de alimentación e
higiene.
-
Otras
formas de malos tratos, incluyen mantener al sujeto en suspenso con las piernas
en alto, jugar a tirarle piedras en un concurso, forzar al detenido a correr
con los ojos vendados y hacerle la zancadilla, desnudarle (a veces hasta
dejarles completamente desnudos), intimidarle con un perro, simular ejecuciones
sumarias y más.
Por otro
lado, La Corte Suprema Israelí ha rechazado 124 denuncias presentadas por el
PCATl. En vez de supervisar al Shin Beit, las autoridades judiciales
simplemente han aprobado la política de tortura al servicio de la seguridad,
creando con ello un clima de impunidad que hace posible que se vaya extendiendo
las vulneraciones de los derechos humanos a niveles cada vez mayores, pues en la
práctica es como si se autorizaran legalmente dichas prácticas abusivas.
Detenciones arbitrarias y presos políticos
Hemos vistocómo
en las incursiones
del ejército se suelen
producir detenciones masivas de palestinos varones, aproximadamente 28.000 desde
que empezó
la segunda
Intifada
y abril de
2003, de los que más de 7.500 continúan presos en la actualidad, entre los que
hay que destacar
más de mil nños que han sido arrestados principalmente por
tirar piedras. Así mismo, hay que añadir cerca de ochenta mujeres encarceladas
(de las que 12 son menores de edad), sujetas a vejaciones y abusos y como
elemento de extorsión sobre sus familias. Estas detenciones tal y como denuncia
la asociación de presos palestinos Addameer ("conciencia" en árabe) se han
centrado en "líderes políticos y comunitarios palestinos, encarcelando a los
dirigentes de la sociedad palestina y afectado negativamente al desarrollo de la
comunidad". Esto contradice profundamente los motivos esgrimidos por las IDF que
se basan en los ya sabidos criterios de seguridad para justificar todas sus
actuaciones.
Para poder
llevar a cabo esta política de detenciones Israel aplica, desde los tiempos de
la primera
Intifada,
la figura
de la "detención administrativa", en la cual las causas de la detención se
convierten en material confidencial, que no conoce el detenido ni el abogado y
que es lo que determina el tiempo de detención que oficialmente dura seis meses,
pero que es prorrogado una y otra vez indefinidamente. A los palestinos
detenidos en las incursiones se les suele dar este estatus, pero también
se aplica muchas veces a aquellos que finalizan sus sentencias, por lo que ya
han cumplido entre uno y diez años de cárcel antes ser puestos en libertad. A
pesar de que el preso administrativo puede apelar a un
habeas
corpus que
lo lleve al juez que decidirá confirmar, cancelar o reducir la detención
administrativa, en la práctica los servicios de inteligencia todavía
tienen la autoridad para ordenar detenciones que contradigan lo que dicte el
juez y son los que acaban tomando las decisiones. Es usual que antes del fin del
periodo de detención se pase al prisionero a interrogatorio con lo que se agrava
su situación al emplearse métodos de tortura en tos mismos. También se
sabe de la existencia de presos que pasan largos periodos confinados en
solitario, a los que además se les priva de recreo, visitas familiares
o comprar cosas en la cantina de la prisión, causando por tanto un gran
desgaste físico y psicológico. Mahmoud Mahajni estuvo más de siete años
confinado en solitario hasta que fue puesto en libertad en 1999. Poco
se sabe de los que actualmente padecen en solitario largos o cortos
confinamientos en las dependencias especiales habilitadas para tal fin en
las prisiones de Nafha, Ber Alsabi'a y Asqalan.
El aumento
en la cantidad de detenciones ha deteriorado las condiciones de las mismas, que
con la saturación actual de las cárceles ha provocado, según Addameer,
"condiciones inhumanas, con comida inadecuada, sin visitas familiares, sin
actividades de recreo, y sujetos a severas restricciones para poder dejar sus
celdas y respirar aire fresco, entre otros muchos problemas".
Es impresionante
el informe sobre la situación de los presos elaborado por esta misma
organización:
1.-
Centros de detención: Hay 7 centros de detención localizados en Cisjordania y la
Franja de Gaza a los que los detenidos palestinos son llevados en condiciones
extremadamente malas. Por ejemplo, en el Centro de Detención Beitel , los
presos son llevados a pequeñas y sucias celdas que carecen de acondicionamientos
básicos. Los servicios se sitúan fuera de las celdas y usualmente se niega el
permiso para usarlos como una forma de castigo. Los presos de los Centros de
Detención Huwara y Kadumin se han declarado recientemente en huelgas de hambre
como forma de protesta por sus duras condiciones de arresto, en particular por
el hecho de que se les ha prohibido abandonar las celdas para pasear al aire
libre, se les impide usar el baño más de dos veces al día, carecen de atención
médica y comida adecuada en calidad y cantidad. Un detenido informó al abogado
de Addameer que una manzana a la semana es compartida entre ocho presos y que de
vez en cuando se les ofrece un vaso de te. Los presos son llevados a celdas
atestadas, con diez detenidos en celdas con capacidad para cuatro, y se les
restringe el tiempo que pueden pasar en otras secciones. Estas circunstancias de
detención para la mayoría de los detenidos ha degenerado en problemas médicos.
2.- Prisiones centrales: El cuarenta por ciento de los presos palestinos
están
detenidos en una de las 9 prisiones centrales israelíes, incluyendo Telmod para
menores, y la
prisión de Ramala para mujeres. La mayoría de ellos tienen largas
sentencias desde que empezó la presente
Intifada.
Ha habido
un claro deterioro en las condiciones de vida y trato a los prisioneros
palestinos en las prisiones centrales, en clara violación de la Cuarta
Conversión de Ginebra. La
más dolorosa de estas violaciones es la
prohibicon de visitas familiares a los presos en los últimos dos años, que
Israel justifica como medida necesaria por "motivos de seguridad". Otras
medidas de castigo en las prisiones israelies incluyen severas restricciones en
el tiempo en el que a los detenidos se les permite tomar el aire y visitar otras
secciones.
Las
condiciones de salud en las prisiones también se han deteriorado, con retrasos
extremos en servicios médicos por parte de la Autoridad de Prisiones, retrasos
en el traslado de casos serios al hospital para un examen
más profundo, además
de ofrecer una atención
médica inadecuada en las propias
cárceles. La Autoridad
de Prisiones
continúa
poniendo obstáculos a los presos que se han matriculado como estudiantes de la
Israelíes Open University,
institución que constituye la
única posibilidad de estudio,
impidiéndoles seguir los cursos que la ley les
permite hacer. La ropa para los presos está restringida, la Autoridad de
Prisiones permite cambios de
ropas sólo dos veces al
años, momento en que los
presos devuelven sus ropas a cambio de unas nuevas compradas por sus familiares.
Las condiciones
higiénicas son muy limitadas, en el mes pasado, la Autoridad de
Prisiones ha decidido no proveer de papel del baño a los presos.
3.-
Campos
Militares de
Detención: Además de Megiddo, el Alto Mando Militar Israelí en la
región reabrió los Campos Militares de Detención Ofer, en Ramala, y Ketziot, en
el desierto del Neguev. (..). La
situación en los campos militares de
detención
es particularmente preocupante, con presos en viejas tiendas de campña en
condiciones climáticas extremas, sujetos a condiciones de vida inhumanas, falta
de una comida adecuada en calidad y cantidad, prohibición de visitas familiares
y de objetos tales como libros, ropas, salvo raras excepciones en que los
abogados logran que se permita alguno de ellos.
Dentro de
estos campos los presos están expuestos a ataques con gas lacrimógeno lanzado
dentro de las tiendas o a ser rociados con mangueras de agua a
presión. Un gran
número de los presos sufre afecciones
médicas, en particular aquellos que
fueron heridos durante su arresto en las incursiones israelíes de abril de 2002.
Hay
aproximadamente 3.000 palestinos detenidos en estos centros militares de
reclusión, aproximadamente 1.000 de ellos
están bajo
detención administrativa,
es decir, sin cargos presentados ni juicio celebrado.
El asunto
de los presos palestinos no es nuevo. Desde la
ocupación de los Territorios
Palestinos en 1967, en torno a 650.000 palestinos han sido encarcelados por
Israel. Esto conforma aproximadamente el 20% de la
población total de los
Territorios Ocupados. Considerando el hecho de que la
mayoría de estos detenidos
eran varones, el
número de palestinos detenidos supone aproximadamente el 40% de
toda la
población masculina de los Territorios Ocupados."
Destrucción de viviendas y terrenos
Ya en el
informe de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos
Humanos en Palestina se mostraba que desde el inicio de la segunda Intifada
la
práctica de la destrucción de casas se ha hecho rutinaria en las operaciones
militares de las IDF en los Territorios Ocupados, aduciendo razones
administrativas.
"En la
Franja de Gaza, la Alta Comisionada
visitó el campamento de refugiados de Rafah
y las áreas colindantes donde pudo inspeccionar varias viviendas y apartamentos
gravemente dañados por los disparos y/o ataques de misiles, particularmente por
las noches. (...) Los pozos de agua,
según se afirma,
también fueron destruidos
en acciones llevadas a cabo por los colonos o las fuerzas
israelíes. La Alta
Comisionada vio como los terrenos de árboles frutales, especialmente los
olivos,
habiían sido arrancados. Se
comunicó a la Alta Comisionada que, en muchos
casos, estos huertos y terrenos representaban el único medio de vida de decenas
de familias."`
Amnistía Internacional
también
denunció la
destrución de viviendas durante la Operación Muro Defensivo, con
la particularidad de que, a partir de ese momento,
empezoó a ser habitual la
indiferencia al hecho de tener o no en cuenta la presencia de civiles en el
interior de las casas al derribarlas:
"En varios
casos las IDF causaron la muerte de palestinos al demoler viviendas cuyos
ocupantes se hallaban
aún en el interior. Los soldados de las IDF no solían
avisar con tiempo antes de demoler viviendas, impedían que las familias y los
vecinos avisaran a los residentes, y no se ofrecían a prestar ayuda
ellos mismos y a llamar a unidades de rescate o ambulancias y en ocasiones
dispararon contra quienes intentaban ayudan"
Sin
embargo el testimonio más brutal de la destrucción de viviendas llevada a cabo
por el ejército israelí en el campo de refugiados de Jenin es el relato de
Moshe Nissim, el judío de origen kurdo que condujo un
bulldozer
durante
tres días sin descanso. Este espeluznante relato fue publicado en el periódico
israelí
Yediot
Ahronot y
pone de
manifiesto el racismo y la mentalidad de las IDF al permitir y fomentar
semejante barbarie:
"Yo quería arrasar todo.
Cuando los oficiales me daban permiso para destruir una casa, yo aprovechaba
para destruir varias... Créame, no hemos destruido suficientes. Durante tres
días arrasé, arrasé con todo. Todo el lugar. Derribaba todas las casas desde las
que disparaban. Para hacerlo había que derribar otras de alrededor. Lo soldados
avisaban por un altavoz a los vecinos para que salieran de las casas antes de
que interviniera yo. Pero yo no daba a nadie la oportunidad de salir. No
esperaba. Le daba a la casa un golpe muy fuerte para que se hundiera lo antes
posible. Otros fueron un poco menos radicales que yo, o al menos, eso es lo que
cuentan. No hay que creerlos... Había mucha gente en las casas cuando empezamos
a destruirlas... Yo no he visto casas que hayan caído sobre personas vivas pero
si eso ha sido así, me trae al fresco. Estoy seguro de que hubo mucha gente que
murió dentro de las casas, pero es difícil de saber, porque había toneladas de
polvo, y, además, se trabajó mucho de noche. Me gustaba ver cómo las casas se
hundían, porque yo sé que ellos se burlan de la muerte, pero la destrucción de
sus casas les hace más daño. Y si hay algo que ahora me sabe mal, es no haber
destruido todo el campo... Para mi fue una satisfacción, un verdadero placer.
No podía parar. Quería continuar todo el tiempo trabajando, sin descanso. Cuando
acabaron los combates recibimos la orden de sacar el D-9 de allí, ya que el
ejército no quería que los periodistas y los fotógrafos nos vieran en plena
faena.
Me peleé con ellos para que me
dejaran seguir destruyendo. Me lo pasé muy bien en Jenin, a lo grande. Era como
si hubiera concentrado en tres días esos dieciocho años en los que no había
hecho nada. Los soldados vinieron a verme y me dijeron: "gracias kurdo,
gracias".
¿Sabe usted cómo pude
resistir setenta y dos horas sin bajarme del D-9`? No tuve ningún problema de
cansancio porque no paré de beber whisky... Lo llevaba en la mochila. Todo el
mundo había cogido ropa, pero yo sabía lo que nos esperaba. Cogí whisky y
pistachos. Jenin me ha ayudado a olvidarme de mis preocupaciones.""'
Según datos del Palestinian
Information Center
en
total la destrucción israelí, además de las casas, se ha cobrado más de seis
mil hectáreas completamente demolidas, unos trescientos pozos destruidos, unas
doscientas granjas, unas trece mil cabras y ovejas, unas novecientas vacas y más
de un millón de gallinas echadas a perder. Y lo que es peor, estas cifras se
incrementan cada día que pasa. La destrucción de viviendas se ha convertido en
un eje sistemático de terror sobre la población palestina. El derribo de 155
viviendas en Rafah (al sur de la Franja de Gaza) en mayo de 2004, dejando a
1.600 personas sin hogar, es una muestra visible de lo que se expone.
Sin embargo la estrategia de la
destrucción de viviendas en los Territorios Ocupados no es algo que viniera con
la segunda lntifáda. Según datos del Comité Israelí Contra Demoliciones
de Casas (ICAHD) desde que empezó la ocupación en 1967 han sido demolidas por
razones llamadas administrativas más de 50.000 casas en los Territorios
Ocupados, incluyendo Jerusalén Oriental, dejando sin hogar a cientos de miles
de personas. Paralelamente, en esta ciudad se han subvencionado 70.000 de las
90.000 nuevas casas para judíos a la vez que se ha reducido el suelo urbanizable
apto para la población árabe, casi un tercio del total, a apenas un 7%. El
Observatorio de Palestina se refiere así a la situación en Jerusalén:
“Está prohibido que la
potencia ocupante destruya bienes muebles e inmuebles pertenecientes
individual o colectivamente a personas particulares, al Estado o a
colectividades públicas, a organizaciones sociales o a cooperativas, excepto en
los casos en que tales destrucciones sean absolutamente necesarias a causa de
las operaciones bélicas”.
Artículo 53 IV Convenio de
Ginebra (1.949)
"Por
tanto, los palestinos en Jerusalén Oriental únicamente pueden vivir y construir
en tan sólo el 13% de su terreno. El permiso de construcción en Jerusalén Este
puede llegar a costar 30.000 dólares (el precio de un pequeño apartamento en
Jerusalén Este) y el proceso puede llevar, a menudo, más de cinco años. Así es
frecuente que los palestinos, por consiguiente, busquen por si mismos y a falta
de otras alternativas, construir sin permiso quedando sujetos a desahucios
forzosos y a la destrucción de sus hogares. Más de 2.000 casas palestinas en la
ocupada Jerusalén Este han sido destruidas por las fuerzas israelíes de
ocupación desde 1967."
El día
12 de julio de 2004 el ejército israelí irrumpió en el campo de refugiados de Jan Yunes, al sur de la franja de Gaza para destruir 20 casas. La demolición
empieza a las 4 h. de la mañana, sin dar previo aviso a los vecinos ni
permitirles retirar sus enseres. La operación fue tan violenta que un palestino
inválido de 70 años murió sepultado bajo los escombros.
(El País,
13-7-2004).
La
política israelí de demolición de casas en Jerusalén trata de conseguir tres
objetivos: mantener o mejorar una proporción del 72 % de población judía,
frente a128% de población palestina, confinar a la población a pequeñas islas y
forzar a la población palestina a abandonar la ciudad dejando terreno libre para
los nuevos asentamientos de colonos. Todo este proceso se enmarca en lo que se
conoce como la judaización de Jerusalén, el proyecto sionista de construir una
Gran Jerusalén que corte en dos Cisjordania al ser controlada por Israel toda
su parte central.
Hay que
señalar que durante el supuestamente
paciífico proceso
de
Oslo, se
demolieron 740 casas (300 de ellas en Jerusalén) y otras 2.000 durante la
reocupación de Cisjordania acaecida en la primavera de 2002. Tanta
destrución
ha generado en 2001, tan sólo en Jerusalén Oriental, unos gastos de
demolición
que ascienden a 700.000
dólares, unos tres millones de
Shekels
(moneda
israelí), sin tener en cuenta la tragedia humana que supone para miles de
familias palestinas literalmente desahuciadas.

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