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En la reciente
historia
de la Intifada de Al Aqsa o
Segunda lntifáda, se puede
considerar que a habido dos momentos
especialmente críticos en los que se han producido un incremento
en cantidad y forma de la
violencia.. El primer
momento sería la salvaje represión de las
manifestaciones en los primeros meses de la
misma, a finales de 2000, en los que se ensayaba el modelo de represión
sangrienta y se iniciaba una nueva fase del conflicto. El segundo momento se
daría de marzo a junio del 2002 en los que se puso en marcha la Operación Muro
Defensivo mediante la cual se reocupó Cisjordania. En ese momento, especialmente
con la destrucción del campo de
refugiados de Jenin en
abril, se consolidó otro modelo de
incursión en el que
además del asesinato indiscriminado, hasta entonces corriente, se usaba la
destrucción total como práctica y medida disuasoria. A pesar de que el modelo en
cuestión ya se había ensayado con éxito en incursiones anteriores, no había
alcanzado el grado de destrucción al que se llegó en esta ocasión. Así pues.
estos dos momentos, los primeros días de la Segunda
lntifáda y la Operación Muro
Defensivo han supuesto no sólo un hito cuantitativo en cuanto a número de
víctimas y crímenes de guerra, sino también un cambio cualitativo en cuanto a
las tácticas empleadas por las Fuerzas de Defensa Israelí (IDF). Este aumento
progresivo y escalonado de la violencia por parte de estas se debe, tal y como
denunciaba el pacifista israelí Michael Warschawski, a que "cada
operación
tiene también
por objetivo probar las reacciones
tanto de la opinión pública israelí como de la comunidad internacional, e
imponer, dada la ausencia de reacciones muy críticas, un nuevo grado de
violencia—. De este modo cada uno de estos dos momentos, el inicio de la
Segunda lntifáda y la Operación
Muro Defensivo, ha supuesto un vuelta de tuerca más en la escalada de violencia,
como confirma la operación "Continuando la Historia" a principios de 2004.
“Si nuestros padres en vez de
escribir obras sobre el amor
al género humano, hubiesen venido aquí y hubiesen masacrado a seis millones de
árabes, o incluso nada más que a un millón, hoy nos encontraríamos aquí, un
pueblo, Israel, de 20 ó 25 millones
de personas”.
(Ariel Sharon 1982)
El inicio de la Segunda Intifada
La arrogante visita de Sharon a
la Explanada de las Mezquitas (Haram Al Sharif), acompañado de más de 2.000
soldados y policías, dio comienzo al periodo de violencia conocido como
Intifada de Al-Aqsa, en referencia a la gran mezquita que hay en lo que
para los judíos es conocido como el Monte del Templo. En este lugar, en la
colina de Sión, cuenta la tradición judaica que se levantaba el Templo de
Salomón emplazado en el lugar donde Abraham trató de sacrificar a su hijo Isaac,
mientras que para la tradición musulmana este fue el lugar donde Mahoma ascendió
al cielo y constituye el tercer lugar sagrado del Islam, tras Medina y La Meca.
La visita de Sharon a la Explanada de las Mezquitas implicaba una provocación a
la comunidad palestina, cuya religión mayoritaria es musulmana, pues Sharon no
era simplemente un judío conservador aspirante a primer ministro, sino un
criminal de guerra que aspiraba al desplazamiento total de los palestinos en lo
que él llama públicamente "finiquitar la guerra del 48". El caso es que Sharon
había tenido un protagonismo especial como general en la guerra del 67 y había
sido destituído de su puesto de Ministro de Defensa bajo el primer gobierno
del Likud por su responsabilidad personal en las matanzas de Sabra y Shatila en
1982.
Para
estudiar
el resurgimiento de la violencia generada por esa visita, en la Cumbre de Sharm
el Sheikh se formó
una comisión de investigación encabezada por miembros del senado de los Estados
Unidos, el presidente de Turquía, el ministro de asuntos exteriores noruego y
Javier Solana como representante de la Unión
Europea
(UE). El resultado de esta investigación fue el llamado Informe Mitchel, que
intentaba identificar los problemas que impedían la vuelta a las negociaciones y
que achacaba las causas de la escalada de violencia no a la visita de Sharon
propiamente dicha a la Explanada de las Mezquitas, sino al uso de armas letales
por parte de la policía en la represión de las manifestaciones acaecidas al día
siguiente.
"La visita de
Sharon
no provocó la lntifada de Al Aqsa, pero su mal momento y su efecto provocador
debería haber sido previsto; en efecto, estos fueron previstos por aquellos que
reclamaron que la visita fuese prohibida. Más significativos fueron los
acontecimientos que tuvieron lugar a continuación: la decisión de la policía
israelí de emplear medios letales contra los manifestantes palestinos y el
consiguiente fracaso de cada parte, como hemos señalado más arriba, de ejercer
la contención.”
En el
informe
de la comisión de las Naciones Unidas que en Noviembre de 2000 visitó
Palestina, y en otros similares elaborados por otras organizaciones de derechos
humanos, se puede comprobar una patente militarización del conflicto como seña
de identidad de la presente Intifáda,
en la que ha aumentado radicalmente el nivel de violencia. Ello está
en concordancia con las conclusiones del Informe Mitchel sobre el uso de
munición letal, que habría aumentado la ola de protestas palestinas de tal modo
que, al ser respondidas con más violencia israelí, incita la acción de grupos
violentos de milicianos armados y suicidas con explosivos. Hay que señalar la
constatación de que las autoridades del ejército israelí en su explicación a la
Alta Comisionada de las Naciones Unidas invertían el orden de los
acontecimientos señalando que fueron primero los palestinos los que
militarizaron sus manifestaciones de protesta para provocar apoyo internacional
ante la segura represión sangrienta:
"En cuanto al
modelo
de violencia, los oficiales de las FDI las describieron como una situación
iniciada con el arrojamiento de piedras que rápidamente evolucionó hacia los
ataques armados. Mientras la Intifada previa ha implicado exclusivamente
lanzadores de piedras que fueron neutralizados utilizando técnicas
antidisturbios, ahora los palestinos están armados y varios incidentes tienen
una mezcal letal de lanzadores de piedras y francotiradores. Se señaló que de
los 5.085 ataques contra asentamientos israelíes, cerca de 1.400 utilizaron
armas de fuego y cócteles molotov."'
“Dejen que yo haga el trabajo
sucio, dejen que, con mi cañón y mi napalm, quite a los indios las ganas de
arrancar la cabellera de nuestros hijos”.
(Ariel Sharon, 1982).
Este argumento
incurre
en la tendenciosa lógica de no considerar que la respuesta armada de los
milicianos palestinos no comenzó hasta que habían fallecido ya unas cincuenta
personas, sobre todo niños y adolescentes, por el uso de munición letal para
reprimir las manifestaciones. Por el contrario, Barak, al permitir la visita de
Sharon a la Explanada de las Mezquitas que desde muchos organismos había sido
desaconsejada por el clima de crispación ante el bloqueo de las negociaciones de
paz y la persistencia de la ocupación, sí podía imaginar que las manifestaciones
iban a ser masivas, de modo que al ordenar la represión sangrienta lo que
pretendía era "castigarlos por haberse atrevido a rechazar su plan de paz con
«ofertas extremadamente generosas». (...) ¿con qué derecho han osado a
desacreditarlo y hacerle perder las elecciones".
Operación
Muro Defensivo:
Poco
más
de un año más tarde, ya durante el gobierno de Ariel Sharon, mediante la
Operación Muro Defensivo, tuvo lugar una reocupación de Cisjordania en la que
las ciudades de Jenin y Nablus fueron especialmente castigadas y se puso cerco
a Arafat en la Mukata en Ramala. A partir de entonces la destrucción de
viviendas con personas dentro, el bloqueo de ayuda médica o el uso de palestinos
civiles como escudos humanos se convirtieron en prácticas habituales de las IDF,
añadidas a su ya extenso currículum de asesinatos, torturas y demás crímenes de
guerra. El Informe de Amnistía Internacional sobre la operación Muro Defensivo
pone de manifiesto la extrema vulneración de los derechos humanos en los
crímenes de guerra cometidos en esas fechas en el amparo de la impunidad que
reina en las incursiones realizadas por el ejército israelí.
"El 29 de
marzo
de 2002, las Fuerzas de Defensa emprendieron una nueva ofensiva, la "Operación
Muro Defensivo" contra las poblaciones palestinas. La ofensiva comenzó con un
ataque contra el cuartel general de Yasser Arafat en Ramala. Seguidamente las
IDF entraron en Belén, Tulkarem y Qalqilya el 1 de abril, y en Jenín y Nablus en
la noche del 3 y 4 de abril. Las IDF declararon esas zonas "áreas militares
cerradas" y prohibieron el acceso del mundo exterior, incluido el acceso de los
servicios de ayuda médica y humanitaria. La población de Jenín permaneció
aislada entre los días 4 y 5 de abril; el casco antiguo de Nablus
prácticamente de forma ininterrumpida del 3 al 22 de abril. Las IDF cortaron el
suministro de agua y electricidad de las mayoría de las zonas, e impusieron
toques de queda estrictos a los residentes de las ciudades.
(...) Desde el
primer
día no se pudieron enterrar los cadáveres de las víctimas ni se pudo dispensar
atención médica a los heridos en Jenín y Nablus. Los cadáveres permanecían en
las calles debido a que los residentes que se atrevían a salir para asistir a
los heridos o recoger a los muertos se convertían en blancos de los disparos de
las IDF. Los tanques a su paso por las calles estrechas demolían
implacablemente los muros externos de las casas, causando destrozos en gran
parte arbitrarios c innecesarios. En el curso de una atroz operación a gran
escala las IDF demolieron, derruyeron con explosivos y apisonaron con máquinas
excavadoras del ejército una amplia zona residencial del campo de refugiados de
Jenín; según parece, gran parte de la operación se llevó a cabo tras cesar los
enfrentamientos."
“Hay que causar daño a
las
familias de los terroristas, no sólo destruir sus casas, hay que ofrecer un
premio de dinero para quienes brinden información, y hay que enterrarlos
envueltos en piel de cerdo o con sangre de cerdo para volverlos impuros”.
(Guideon Ezra, ministro del
gobierno
israelí, 2001).
Estos
últimos
sucesos son los mismos que se narran en la película "Jenin Jenin",
prohibida y censurada no sólo en Israel, donde se ha prohibido su exhibición
comercial, sino también en la cadena franco-alemana ARTE, donde por presiones
del lobby proisraelí francés se obligó a suspender su emisión programada. En
ella el conocido actor palestino-ísraelí Muhammad Barakha habla con los
habitantes de Jenin poco después de la incursión y reconstruye los hechos en
las ruinas del campo de refugiados, convertido en una gran explanada tras el
ataque. Más adelante hablaremos más sobre estos hechos, pues ahora interesa
resaltar que estos sucesos no constituyen hechos aislados, sino que tal y como
reitera
el propio Informe de Amnistía Internacional: "muchas de estas violaciones han
sido cometidas de forma sistemática y generalizada, en aplicación de una
política de gobierno (algunas, como los asesinatos selectivos o las
expulsiones, fueron realizadas en aplicación de una política declarada
públicamente)". Así mismo, dicho informe también señala un amplio repertorio de
violaciones sistemáticas de los derechos humanos: "homicidios ilegítimos,
tortura, y malos tratos; detenciones arbitrarias; juicios injustos, castigos
colectivos tales como la clausura punitiva de zonas y la demolición de
viviendas; destrucción a gran escala y arbitraria de bienes; expulsiones y trato
discriminatorio hacia palestinos en comparación con el trato dispensado a los
colonos israelíes". Por otro lado, el relato de una voluntaria norteamericana
del Movimiento de Solidaridad Internacional (ISM), organización de
acción
no violenta a la que pertenecían los activistas asesinados Rachel Corrie
(norteamericana) y Tom Hurndall (británico), en el que describe los efectos
del despliegue militar en la ciudad de Tulkarem a finales de mayo de 2003,
nos permite observar cómo el modelo de incursión destructiva empleado por
primera vez en la operación Muro Defensivo se usa ya de forma rutinaria por
parte de las IDF en las denominadas acciones de castigo.
"En el
campamento
de refugiados de Tulkarem, el miércoles fue el quinto día de incursión militar
del ejército israelí. Durante la incursión en el campo los soldados saquearon
casas, impidieron a las ambulancias recoger a los heridos, varios niños de las
casas ocupadas fueron brutalmente
agredidos (se desconoce si hay alguna víctima). Voluntarios de ISM dieron
testimonio de las consecuencias que el ejército causó visitando cinco de las
familias cuyas casas habían sido saqueadas por los soldados hebreos. Los
voluntarios observaron el daño innecesario hecho sobre las pertenencias de las
familias palestinas. armarios rotos, televisores y refrigeradores, fotografías,
marcos y vasos estrellados. y se cebaron en la destrucción de
artículos
religiosos".
En una de las de
las
casas forzaron a los miembros de la familia a introducirse en un cuarto
diminuto, incluyendo una mujer mayor con problemas de corazón y dos niños que
aún permanecen encarcelados. cuando las temperaturas alcanzan en esta época del
año mas de 30 grados, negándoles el acceso al agua fría, comida o leche para
los bebés. A partir de las 20 horas del 28 de mayo, las fuerzas israelíes y la
Policía Fronteriza dispararon a nueve niños, seis con munición reglamentaria y
tres con las balas de caucho. Los niños van de siete a dieciséis años de edad.
Uno de los muchachos sangró casi hasta la muerte, ya que la Policía de Frontera
negó el acceso de la ambulancia y uno permanece en estado crítico. Esta es la
segunda operación a gran escala en el campo de refugiados de Tulkarem en los dos
últimos meses."
Hemos
visto en estos informes
la especial saña con la que los soldados de la IDF se ceban en las operaciones
de castigo, sin distinguir entre sus víctimas y cometiendo asesinatos
indiscriminados. En estos también se cita la muerte durante la reocupación de
Cisjordania de 250 israelíes, de los que 164 eran civiles, incluidos 32 niños,
cosa que confirma las voces de las pancartas de grupos pacifistas israelíes que
claman que "la ocupación nos está matando a todos", corroborando el principio
gandhiano de que la violencia
genera violencia. Se puede observar como las muertes acaecidas en cada parte se
usan como legitimación de nuevos asesinatos entre las mismas, entrando en una
espiral de violencia de la que es muy difícil salir. Sin embargo, resulta
necesario discriminar las diferentes formas de violencia sin tener por ello que
legitimar algún tipo de la misma. Por parte israelí la
violencia
se ejerce, sobre todo desde las IDF, aunque también existen milicias
paramilitares de los colonos que actúan bajo la cobertura de estas. Sin embargo
la presentación mediática de la violencia, tanto en Israel como en Europa y los
Estados Unidos, sólo califica de terrorismo, con la manipulación que ello
conlleva, la violencia de los grupos armados palestinos. La violencia asociada a
las acciones del ejército israelí por mandato de su gobierno, debe calificarse
de tanto más grave y dañina por cuanto alimenta y sirve de inicio a una espiral
de violencia sistemática y planificada. Esto se realiza bajo una
crítica
descafeinada de las democracias occidentales, pero con un histórico y claro
apoyo de EE.UU. que trata de proteger su estrategia en todo Oriente Medio.
Basándose en el "derecho legítimo a la seguridad del Estado de Israel". el
gobierno de Sharon está llevando a cabo ofensivas que llevan al extremo de
permitir a los soldados que disparen a los niños que salen de la escuela, tal y
como detalla el informe de ISM del día posterior a la citada incursión en
Tulkarem, en el que Radhica -voluntaria del ISM-, señalaba que contra lo
que se pudiera pensar, no estaban atacando con piedras a los invasores, sino que
simplemente volvían de la escuela, actividad para la cual necesitan
acompañamiento de observadores internacionales que ejercían de auténticos
escudos humanos, por lo que son perseguidos y arrestados.
Repasaremos
ahora cada una de las diferentes vulneraciones sistemáticas de los derechos
humanos que se observan en Palestina y que se han convertido ya en rutinarias en
las actuaciones de las IDF. Para ello, hemos usado precisamente los informes de
las organizaciones que trabajan sobre el terreno en Palestina, así como los
propios datos de campo recogidos por el autor en sus viajes a Oriente Medio y su
participación en congresos sobre el tema. Así mismo, se opta por establecer dos
categorías amplias: una estaría formada por aquellas vulneraciones que entran
dentro de lo dispuesto en la legalidad internacional como crímenes de guerra,
que se producen mayormente en momentos puntuales de incursión de las Fuerzas de
Defensa Israelí en los Territorios Ocupados, la otra comprendería aquellas
vulneraciones fruto del régimen de apartheid generado por el cierre de
las ciudades palestinas, con las restricciones al movimiento que lleva
implícito. También incluiremos un breve apartado sobre la vulneración de los
derechos humanos llevada a cabo por la propia Autoridad Palestina, otro sobre la
discriminación de los ciudadanos palestinos con ciudadanía israelí y por último
haremos una pequeña reflexión sobre cómo afectan la ocupación y el cierre a la
vida diaria de la colapsada sociedad palestina.

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