ISLAM Y AL-ANDALUS

YIA.LM

  

 

ESPECIAL PALESTINA

 

 

EXPLICACIONES DEL HORROR

 

"PAZ CON DIGNIDAD"

        

        Es difícil llegar a comprender corno es posible llegar a la situación de violencia generalizada que se vive en Palestina sin que Israel haya tomado conciencia de que su sistema político, basado en la pertenencia a la etnia judía y la exclusión del árabe, poco tiene que ver con lo que actualmente se entiende por democracia. Las investigaciones sociológicas sobre el caso más flagrante de vulneración de los derechos humanos en Occidente, el Holocausto judío a manos de los nazis durante la segunda guerra mundial, nos pueden ayudar a entender la situación actual en Palestina. En este sentido, el trabajo del sociólogo alemán Zygmunt Bauman, Modernidad y Holocausto, es una referencia obligada sobre el asunto. Este autor llamó la atención sobre el error de los estudiosos que consideraban este hecho aberrante, la muerte sistemática de seis millones de personas, como algo extraordinario, un hecho único y atípico, ajeno a las condiciones de la civilización. Bauman aportó pruebas de que el Holocausto es un fenómeno completamente congruente con la sociedad moderna, capitalista y burocratizada como había señalado Max Weber, de forma que se sustenta bajo los mismos principios del ordenamiento social que rigen por todo Occidente. Esto tiene como consecuencia lógica la necesidad ineludible de una revisión ética del propio proceso de civilización.

        Cabe señalar que no es casualidad que para explicar el conflicto de Palestina se recurra al Holocausto que los judíos sufrieron en sus propias carnes (la otra analogía frecuentemente usada es la del régimen de Apartheid de Sudáfrica). En términos de José Saramago los judíos son "rentistas del Holocausto", aunque sin duda la comparación de Ramala con Auschwitz que hizo es exagerada y salta a la vista la diferencia cuantitativa de las víctimas y la ausencia por el momento de la llamada "solución final". El sociólogo norteamericano James Petras ha precisado esta comparación señalando que sería más correcta si se hiciera con el Guetto de Varsovia, tal y como de hecho la han revindicado generales israelíes calificando públicamente la actuación de las S.S. en Polonia como modelo a seguir (y que de hecho están siguiendo) en la ocupación de Gaza y Cisjordania. Valga como ilustración del paralelismo del sionismo con el nazismo la reciente práctica de marcar con cruces rojas a los trabajadores árabes de trabajos de mantenimiento, remodelación y de obras de reconstrucción del Knesset, el parlamento israelí, para "facilitar la acción de los francotiradores que vigilan la obra"' amparándose como siempre en desquiciados motivos de seguridad.

  • Desde 2002-2004 se han superado los 3.000 civiles asesinados, más de 500 eran niñas y niños menores de 17 años. Más de 200 eran mujeres. 6.000 casas fueron demolidas, 200 escuelas bombardeadas, 700 estudiantes asesinados, 300 hospitales atacados y destruidos, 1.000 ambulancias a las que se negó el transporte de los heridos, 216 ambulancias atacadas y destruidas, 200 personas asesinadas en checkpoints por no permitírsele asistencia médica, de las cuales 50 eran niños. Más de 500 médicos fueron heridos por disparos del ejército mientras asistían a los heridos y 50 fueron asesinados.

  •         Ciertamente, aunque todavía no se ha llegado a aplicar una "solución final" contra los palestinos, estamos viviendo tiempos en los que se empiezan a repetir las condiciones que citaba Bauman para que un ser humano corriente, "civilizado", se pudiera convertir en verdugo ejecutor y se pudiera dar un fenómeno de las características del Holocausto:

  • "Y entonces ¿cómo se convirtieron estos alemanes corrientes en alemanes autores de asesinatos en masa? En opinión de Herbert C. Kelnan, las inhibiciones morales contra las atrocidades violentas disminuyen cuando se cumplen tres condiciones, por separado o juntas: la violencia está autorizada (por unas órdenes oficiales emitidas por departamentos legalmente competentes), las acciones están dentro de una rutina (creada por las normas del gobierno y por la exacta delimitación de las funciones), y las víctimas de la violencia deshumanizadas (como consecuencia de las definiciones ideológicas y del adoctrinamiento). De la tercera condición trataremos posteriormente. Sin embargo, de las tres, las dos primeras nos resultan ciertamente familiares. Se han enunciado detallada y repetidamente en los principios de la acción racional que las instituciones más representativas de la sociedad han convertido en principios universales."

  •         Con respecto a esa tercera condición, la deshumanización de la víctima, Israel la usa para legitimar su agresiva política de seguridad invirtiendo el origen causal de la violencia al entender que todos los palestinos son terroristas y achacando las causas de ese terrorismo a un difuso antisionismo inherente a los árabes que evita cualquier responsabilidad previa. Es decir, se omite la consideración de otro terrorismo anterior de la mano de las IDF y relega a toda la población palestina al rango de asesinos innatos sobre los que está justificada cualquier violación de sus derechos. Si se usara el término terrorista en su original acepción de violencia con intención de producir terror, obtendríamos que los ejércitos coloniales, entre los que hay que incluir a las IDF, han sido y son sus máximos exponentes, tanto cuantitativamente refiriéndonos al número de víctimas cono cualitativamente si atendemos a los métodos empleados. Todas estas acciones se pueden considerar así mismo como el origen de la violencia palestina dentro del propio Israel, bajo la fórmula de atentados suicidas que tanto pavor causan, pero también de ataques de milicianos a las colonias judías en los Territorios Ocupados. Por lo tanto una evaluación honesta de la política de seguridad israelí ha de resaltar el completo fracaso que supone el recurso permanente a la seguridad de su propia gente cuando en realidad se persiguen otros intereses ajenos e inconfesables para justificar las pretensiones del sionismo radical, que no son otras que la ocupación total de la Palestina histórica. Por otro lado, el propio gobierno israelí, de la mano de los medios de comunicación, se esfuerza en extender el miedo dentro de su propia población para legitimar su agresiva política de seguridad mientras que se califica de traición cualquier crítica a la misma. El Estado de Israel se ha militarizado hasta unos niveles inusitados en Occidente, de forma que el ejército cobra una importancia que abarca aspectos insospechados de la vida, como por ejemplo la publicidad de los medios de comunicación. El objetor de conciencia israelí, Jonathan Bien Artzi, habló recientemente sobre ello:

  • "En Israel, el ejército (llamado Fuerzas de Defensa, IDF) es una especie de Dios, y se supone que yo debía adorarlo desde tan temprano como me alcanzara la memoria. En la escuela teníamos actividades militares. Los estudiantes del instituto asisten a `exhibiciones de fuego' que se realizan para inducirlos a alistarse, haciendo una campaña con los niños para reclutarlos en los cuerpos de paracaidistas, de ingenieros o de lo que sea. Los llevan como por un pasillo que conduce a la institución militar, y se ejerce una enorme presión social por parte del director de la escuela, los profesores, los amigos".

  •         En lo referente a la autorización por las instituciones de la violencia inmoral, el clima de impunidad en el que se comenten los actos más inhumanos hace que en la práctica, aunque sean crímenes de guerra a la luz del derecho internacional, se pueda considerar que cumplen la condición de estar autorizados por el poder existente, que no investiga multitud de casos e incluso anima a los soldados a cometer atrocidades ilegales. Del mismo modo, la persistencia de la ocupación durante más de treinta años ha convertido en rutina graves violaciones de los derechos humanos que se llevan a cabo de forma sistemática por los soldados israelíes, sobre todo a partir del rebrote de la violencia durante la actual Intifada. Tanto la impunidad como la rutina se pueden comprobar en la declaración que el "refusenik" israelí, Asaf Oron, uno de los primeros 53 firmantes de la "Carta de los Combatientes" donde ya varios cientos de soldados reservistas declaran que se niegan a servir en los Territorios Ocupados, realizó para explicar sus motivos.

  • "Te acostumbras a ello en un momento, y muchos incluso aprendería a que les guste. ¿En qué otro sitio puedes ir de patrulla - esto es, andar por las calles como un rey, acosar y humillar a los peatones por diversión, y hacer travesuras con tus colegas - y a la vez sentirte como un gran héroe defendiendo a tu país? Las Hazañas de Gaza se convirtieron en cuentos heroicos, una fuente de orgullo para Giv'alti., por aquel tiempo una brigada relativamente nueva que tenía poca autoestima. Durante mucho tiempo, no estuve implicado en la cosa heroica. Pero cuando, de sargento. me ví al mando, algo se rompió dentro de mí. Sin pensarlo, me convertí en el perfecto ocupador. Rompí los documentos personales de hombres de la edad de mi padre. Golpeé, acosé, serví de mal ejemplo ... y todo ello en la ciudad de Qalqilya, a poco más de tres millas del hogar-dulce-hogar de mi abuela y mi abuelo. No. No se trataba de ninguna aberración. Era lo normal.

  • Al completar mi servicio militar obligatorio quedé libre, y entonces comenzó la primera intifada (¿cuántas más nos esperarán?). Ofer, un compañero de armas que se quedó en el ejercito se ha convertido en un héroe: el héroe del segundo juicio a la brigada Giv'alti. Él mandaba una compañía que arrastró a un detenido palestino a un bosquecillo de naranjos y lo apaleó hasta la muerte. Según rezaba el veredicto, se demostró que Ofer había sido el jefe a cargo del trabajo. Pasó dos meses en prisión y fue degradado ... creo que fue la sentencia más severa contra un soldado israelí a lo largo de toda la primera intifada en la que murieron unos mil palestinos. El comandante del batallón de Ofer testificó que había órdenes de los escalones superiores de usar las palizas como método legítimo de castigo, lo cual le implicaba a él mismo. Por otra parte, Efi Itam, el comandante de la brigada, al que se había visto apalear a los árabes en numerosas ocasiones, negó que el hubiera dado tal orden y, consecuentemente, no fue nunca encausado. Hoy día, este hombre se dedica a adoctrinar sobre la conducta moral en su camino hacia una nueva vida en la política. (En esta intifada por cierto, la gran mayoría de los incidentes con muertes de palestinos ni siquiera son investigados. No hay nadie que ni tan siquiera se preocupe)."

  •         En este sentido, refiriéndonos a las motivaciones psicológicas que pueden permitir conductas inmorales de este tipo, es inevitable citar los experimentos del psicólogo norteamericano Stanley Milgram sobre obediencia a la autoridad. En estos experimentos el sujeto daba descargas eléctricas a un cómplice por orden del investigador para analizar las condiciones en que una persona estaría dispuesta a obedecer órdenes inmorales o violentas. El alto porcentaje de sujetos que administraban la descarga máxima le llevó a afirmar que "no es tanto el tipo de persona que es un hombre en concreto, cuanto más bien el tipo de situación en el que se encuentra el que determina cómo va a actuar". De esta forma Milgram denotaba ciertos mecanismos psicológicos tales como el sentido de la obligación, la negación de la inmoralidad de algunas normas, asignar culpabilidad a la víctima, el desplazamiento de la responsabilidad moral hacia la autoridad o el olvido de las consecuencias al centrarse la mente en los aspectos técnicos. Otro refusnik israelí, Yonathan Saphira, confirmaría algunos de estos aspectos:

  • "He oído decir a muchos soldados de infantería, y para mi gran pesar también lo he leído en una carta enviada por uno de los pilotos que se oponen a nuestras acciones, que "nuestro heroísmo hoy en las fuerzas aéreas de 2003 consiste en no poner en peligro nuestras vidas, bien por fuego antiaéreo bien en combate con la aviación enemiga; nuestro heroísmo hoy se expresa en que logremos vencer los sentimientos catastrofistas que nacen en nosotros como consecuencia de nuestra condición de "asesinos profesionales" al servicio del Estado de Israel. Nuestro heroísmo es superar esto con valentía, y levantarnos cada mañana con una decisión renovada de ser buenos soldados, dispuestos y listos para asumir cualquier misión". Justamente, este desplazamiento de la responsabilidad de las espaldas del soldado y su conversión en un sentido de plenitud de "valor" para hacer frente a su difícil tarea, es lo que permite a los pilotos ejecutar los peores crímenes contra la humanidad."

  • Voy a citar un artículo reciente, que abre el portavoz de la fuerza aérea, en el que pilotos de Apache (no objetores) fueron entrevistados sobre el dilema al que se enfrentan: Un piloto de helicóptero con experiencia declaró al entrevistador: "Es probable que en un par de años me diga a mí mismo, eres un idiota, has cruzado la línea roja". Otro piloto habló de un conjunto de valores que experimentaron un profundo cambio en los últimos dos años: "No habría creído que iba a lanzar cohetes contra Jenin, Gaza o Tulkarem, y lo estoy haciendo. Me van a mandar quizás a disparar cohetes contra Umm-El-Fahm (una ciudad árabe-israelí)'?. Eso parece hoy una locura, pero puede ocurrir dentro de un tiempo. Quizás tengamos que disparar cohetes contra las oficinas de Arafat, o quizás contra las casas de Arafat en Jaffa, esas son cosas que creo que no haré. Pero hoy lanzo cohetes a 100 metros de la gente, con la finalidad de que se dispersen, y hace dos años no hubiera pensado que tendría que llevar a cabo tales acciones; nos hemos vuelto indiferentes". Y otro piloto añade: "A veces salgo de dar parte de una misión exitosa de exterminio y me doy cuenta enseguida de que la cuenta atrás para otro ataque acaba de comenza."

  •         La desnacionalización

            Además de los bloqueos mentales que interiorizan los soldados para seguir las órdenes militares inmorales, existe además otro mecanismo de despersonalización que permite anular a los individuos como sujetos de derechos. Este consiste en circunscribir los derechos tan sólo a la población que goza de la ciudadanía, de forma que tan sólo los titulares de esta tienen acceso a los privilegios que conlleva, tanto en el territorio adscrito al Estado al que se pertenece, como en el extranjero. Esto refleja una nueva perversión del ideal de justicia universal que nació con la idea de democracia, ya que en la práctica implica la existencia de múltiples categorías de personas atendiendo a la capacidad del Estado del que forman parte como ciudadanos para velar por esos derechos. También implica necesariamente la creación de nuevos grupos de parias sin nacionalidad que constituyen el escalón más bajo en cuanto al escalafón de las ciudadanías nacionales. Hannah Arendt escribió en 1951 acerca de cómo los totalitarismos del período de entreguerras utilizaron este mecanismo para oprimir a judíos, en el caso de la Alemania Nazi, y disidentes troskistas en el caso de la Unión Soviética, pero también de minorías nacionales en otras partes de Europa:

  • "Con la emergencia de las minorías en Europa oriental y meridional y con los apátridas empujados a la Europa central y occidental, se introdujo en la Europa de la posguerra un elemento completamente nuevo de integración. La desnacionalización se convirtió en arma poderosa de la política totalitaria y la incapacidad constitucional de las Naciones-Estados europeas para garantizar los derechos humanos a aquellos que habían perdido los derechos nacionalmente garantizados, permitió a los gobiernos perseguidores imponer su norma de valores incluso a sus oponentes. Aquellos a quienes el perseguidor había singularizado como la escoria de la Tierra judíos, troskistas, etc.- fueron recibidos en todas partes como escoria de la Tierra; aquellos a quienes la persecución había calificado de indeseables se convirtieron en los indeseables de Europa. (...) El mismo término de "derechos humanos" se convirtió para todos los implicados, víctimas, perseguidores y observadores en prueba de un idealismo sin esperanza o de hipocresía chapucera y estúpida."'

  •         En este sentido. Israel se ha negado a otorgar la nacionalidad Israelí a los árabes de los Territorios Ocupados tras la Guerra de los Seis Días en 1967, condenando a los más de tres millones de personas de Gaza y Cisjordania a un régimen brutal de apartheid al carecer de nacionalidad reconocida hasta el conato de creación de la Autoridad Palestina en los Acuerdos de Oslo en 1993. Las razones son evidentes, ya que de otorgar la ciudadanía a los casi cuatro millones de habitantes de los Territorios Ocupados, como hizo con los árabes israelíes que quedaron en territorio israelí tras la guerra del 48, Israel dejaría de ser un Estado judío, lo cual quebrantaría los principios básicos del sionismo. Del mismo modo, una vez establecida la Autoridad Palestina y el consiguiente reconocimiento de la ciudadanía palestina, se han establecido, sobre todo en Jerusalén Oriental, políticas de confiscación de tarjetas de identidad o de bloqueo del registro de los recién nacidos, con el resultado de más de 100.000 personas que se han quedado ya sin tarjeta de identidad y, por tanto, sin derecho a tener derechos. Por otro lado, la debilidad de la Autoridad Palestina hace que no pueda defender los derechos de sus ciudadanos, y se vea obligada a negociar desde posiciones de poder desventajosas en vez de sobre criterios de justicia universal que subyacen detrás de la idea de derechos humanos. Al actuar así, los israelíes no están haciendo otra cosa que seguir las enseñanzas del propio Hitler en cuanto a la forma de entenderse con las minorías dentro del Estado-Nación. Hannah Arendt lo constató así:

  • (...) La noción de que el estado de apátrida es primariamente un problema judío fue un pretexto utilizado por todos los gobiernos que trataron de acabar con el problema ignorándolo. Ninguno de los políticos fue consciente de que la solución hitleriana al problema judío, reduciendo primero a los judíos alemanes a la categoría de una minoría no reconocida en Alemania, empujándoles como apátridas al otro lado de la frontera y, fínalmente, recogiéndoles en todas partes para enviarles a los campos de exterminio, era para el resto del mundo una demostración elocuente de la forma de "liquidar" realmente todos los problemas relativos a las minorías y los apátridas. Después de la guerra resultó que la cuestión judía, que había sido considerada como la única insoluble, estaba, desde luego, resuelta, (principalmente gracias a un territorio primero colonizado y luego conquistado), pero esto no resolvió el problema de las minorías y los apátridas. Al contrario, como virtualmente todos los acontecimientos de nuestro siglo, la solución a la cuestión judía produjo simplemente una nueva categoría de refugiados, los árabes, aumentando por ello el número de apátridas y fuera de la ley en otras 700.000 u 800.000 personas. Y lo que sucedió en Palestina dentro de un pequeño territorio y en términos de centenares de miles de personas, se repitió después en la India a escala aún mayor, implicando a muchos millones. Desde los Tratados de Paz de 1919 y 1920, los refugiados y los apátridas se han adherido como un anatema a los Estados de reciente creación construidos a imagen del Estado-Nación".

  •         Así pues es en la falacia que subyace tras la idea del Estado-Nación donde está una de las claves para entender el politicidio, usando el término acuñado por el crítico sociólogo judío Baruch Kimmerling, del pueblo palestino. Si se equipara territorio con población, como se pretende en el ideal del Estado-Nación, es inevitable que existan minorías que no se identifiquen con la nacionalidad dominante y que en los procesos de construcción del mismo se tienda a llevar a cabo el desplazamiento de esas minorías y se conviertan en apátridas las comunidades (reales o imaginadas) que no han tenido el poder suficiente como para convertirse en Estados por sí mismas, es decir, no han podido controlar un territorio y expulsar del mismo a otras comunidades diferentes. Israel tan sólo trata de emular la historia europea y constituirse como Estado-Nación a través de la conquista de un territorio y de la homogeneización de la población a él adscrita, tal y como los Estados europeos hicieron en mayor o menor medida en su construcción. Para entender esto será útil la distinción ya clásica que hizo el politólogo Charles Tilly entre nacionalismos dirigidos por el Estado y nacionalismos en busca de Estado. Mientras que en los países donde se consolidó un nacionalismo dirigido por el Estado, el proceso hizo que primero se constituyera el Estado mediante la guerra y después se creara la nación. En Israel, como en los casos en que predominó un nacionalismo en busca de Estado, primero se constituyó la nación, en este caso en torno a una antigua religión tribal, y luego se la adjudicó idealmente un territorio en propiedad legítima mediante argumentos teológicos, para luego tratar de conquistar ese territorio.

            Así, las fronteras de Israel se corresponden legalmente con la cantidad de territorio que pudieron conquistar militarmente en 1948, cuando Golda Meir pactó con el rey Faisal de Transjordania, las fronteras de Cisjordania. No contentos con la cantidad de terreno bíblico que habían conseguido, el sionismo ha ido poniendo en marcha estrategias para tomar La Franja de Gaza y Cisjordania, a la que se refieren siempre con los nombres de Judea y Samaria, y para judaizar Jerusalén Oriental, donde el ejército transjordano había resistido el envite israelí de 1948. La ocupación de estos territorios desde 1967 ha de entenderse por tanto como el intento del sionismo por arrebatar los terrenos que considera suyos por derecho divino, amparándose en los motivos de seguridad para justificar su agresión. De ahí las políticas de terror que llevan a cabo los israelíes en los Territorios Ocupados, dirigidas a forzar a la población a claudicar y abandonar las tierras de sus antepasados.