ISLAM Y AL-ANDALUS

YIA.LM

  

 

ESPECIAL PALESTINA

 

 

CONSECUENCIAS SOBRE LA VIDA DIARIA: 

EL APARTHEID

 

"PAZ CON DIGNIDAD"

        

        La economía palestina sufre una prolongada crisis, y ello pese al nivel de ayuda financiera internacional que asciende a 315 dólares per cápita anuales. A finales de 2002, la Renta Nacional Bruta había caído a 5.200 millones de dólares según el Banco Mundial y la inversión había caído a 150 millones, sufriendo una disminución del 90% desde 1999. Las exportaciones e importaciones se redujeron un tercio durante los primeros meses de 2003 y el PIB cayó un 35% entre 1999 y 2002 (situándose alrededor de 999 dólares en Cisjordania y 624 dólares en la Franja de Gaza). La inflación acumulada desde 1999 hasta 2003 fue de 21,37%. Los ingresos diarios de los trabajadores palestinos pasaron de 15 dólares en 1999 a 13 dólares en 2003. Esto sucedía mientras el precio de la canasta básica se incrementaba en un 17%. Dos elementos han determinado la crisis de la economía palestina: el cierre del territorio y la fragmentación del mismo. El cierre alude a las restricciones impuestas por Israel a la libre circulación de bienes, mano de obra y personas a través de las fronteras interiores y exteriores, así como dentro de Gaza y Cisjordania. Así pues, la conjunción de las políticas de ocupación y apartheid han generado una situación dramática en Palestina y hacen que la mera supervivencia diaria se convierta en un acto de resistencia. Como se ha visto, se enfrentan por un lado a agresiones periódicas de las IDF en las que asesinatos, torturas y otras acciones consideradas crímenes de guerra se producen con normalidad e impunidad, y por otro lado se enfrentan a una política de restricción de movimientos que les hace sumamente difícil abandonar su propia localidad, con lo que se han perdido unos 125.000 empleos en Israel. Todas estas duras condiciones han provocado una espectacular caída en la demanda de bienes y servicios y un aumento no menos espectacular de los precios, cosas que han hecho que la economía palestina se haya colapsado por completo. Según datos de la UNRWA (United Nations Relief and Works Agency), el 60% de la población palestina vive con menos de 2 dólares al día y las cotas de desempleo alcanzan a la mitad de la población activa (67% en Gaza y 48% en Cisjordania).

  • En Qalqilya 600 tiendas y empresas han cerrado. Ello, junto a la calificación de tierras y las restricciones de movimiento, ha llevado a la pérdida de 7.000 empleos.

  •         El cierre de Palestina ha ido provocando el colapso de todos los sectores productivos hasta llegar a la casi total paralización de la actividad económica que se da en la actualidad. Tal y como informa el Consejo Económico Palestino para el Desarrollo y la Reconstrucción (PECDAR) la agricultura, que antes ocupaba un 7% del PIB con un volumen de operaciones de 392 millones de dólares, ha visto reducido su mercado debido al aumento de los costes derivados de las sanciones israelíes y de las restricciones a la exportación de productos agrícolas. Por otro lado la destrucción de más de cien mil olivos, la imposibilidad de acceder a los campos que quedan al otro lado del Muro y la desconexión de estos de la red de agua está haciendo que en muchas comunidades afectadas por su construcción, la agricultura ni siquiera pueda efectuar la función de subsistencia y mucha gente se haya quedado por completo sin recursos.

            El cierre incide directamente en los territorios ocupados, dada su dependencia histórica del mercado israelí en cuanto al comercio y el empleo. Todo ello lleva a elevadas tasas de desempleo, una reducción en el nivel de ingresos, consumo y ahorro, provocando una caída drástica del nivel de vida y un incrementó de la pobreza.

  • La rama de olivo ha llegado a convertirse en un símbolo de la paz, pero también de resisintencia y vida para los palestinos/as

  • Paz y Tercer Mundo.

  •         La industria depende en gran medida de sus vínculos con la economía israelí, por lo que se ha visto también enormemente afectada. Siguiendo el mismo informe del PECDAR, en este caso han sido acciones directas como la prohibición de entrada de materias primas y de exportaciones, e indirectas como los cortes parciales y constantes de electricidad, el cierre de zonas industriales, la inaccesibilidad al puesto de trabajo y la interrupción del comercio entre ciudades palestinas, las que han supuesto el completo desplome de casi toda la actividad industrial. La construcción, por ejemplo, al ver bloqueados administrativamente sus proyectos no puede abastecerse de materiales básicos para su actividad, como cemento, hierro o madera, prohibidos en las aduanas. Además, las retenciones en la frontera que generan gastos de almacenamiento y la obligación de usar camiones israelíes, entre otros, ha hecho que aumenten los costes y disminuyan por tanto las actividades comerciales. Las carreteras exclusivas para las colonias confiscan tierras de labranza, no pueden exportar sin permiso israelí y les despojan de sus recursos hídricos (Palestina dispone de 112 m3 de agua/persona/año mientras la población judía tiene 333 m3. Israel controla el 90°% del agua de Cisjordania. Los residentes árabes tienen prohibido horadar pozos mientras los colonos judíos no tienen límite. Éstos consumen 17 veces más agua palestina que un palestino, el cual la paga al doble de precio).

            Por otro lado, el turismo, que era un sector destacado debido a la importancia arqueológica, monumental y religiosa de lo que en otros tiempos se conoció como Tierra Santa, se ha derrumbado por completo. Los ataques contra ciudades turísticas, hoteles y lugares religiosos, el cierre del aeropuerto de Gaza, la toma de hoteles para transformarlos en puestos militares e incluso la propia prohibición de entrada de turistas, ha hecho que en un contexto de extrema violencia sean tan sólo los activistas internacionales por la paz los que visiten los lugares turísticos.

            Israel es el principal abastecedor de productos a los Territorios Ocupados después de la producción local. En 2003 las importaciones de los TTOO alcanzaron 1,9 billones de dólares y fueron financiados en su mayoría con ayuda exterior.

            En definitiva, en lo económico se ha pasado a una total dependencia de la ayuda humanitaria internacional que permite apenas sobrevivir. Más de un 30% de los 3,5 millones de palestinos que viven en Gaza y Cisjordania dependen de las raciones alimenticias distribuidas por el P.A.M. (Proación Mundial), el C.I.C.R. (Comité Internacional de la Cruz Roja) y algunas O.N.G. Sin embargo, se ha creado la paradoja de que el principal beneficiario de toda la ayuda internacional sea Israel, que se ha liberado de las obligaciones que el Derecho Internacional Humanitario establece para las potencias ocupantes y se ahorra los 5.000 0 6.000 millones de shekels ( alrededor de 1.104 millones de euros) al año que costaría dotar de servicios mínimos a los tres millones y medio de palestinos que viven en los Territorios Ocupados. Un informe del Banco Mundial destacaba en 2002 el papel que está jugando la ayuda extranjera, mayoritariamente árabe, y predecían los actuales problemas derivados de la intensificación del cierre por la construcción del Muro.

  • "Las donaciones se han incrementado espectacularmente a pesar del conflicto. El 80% de los desembolsos de 2001 fueron dedicados al presupuesto y a la ayuda de emergencia. A mediados de 2001, los donantes de la Liga Árabe contribuyeron con 45 millones de dólares mensuales al presupuesto (a través del Banco de Desarrollo Islámico), mientras que la UE ha aportado otros 9 millones de dólares mensuales. Esta cantidad sin precedentes para respaldar el presupuesto ha ayudado a sostener un mínimo nivel de demanda y ha evitado la desintegración de las estructuras de gobierno. (...) Incluso así el aumento de las ayudas tiene un precio, la inversión a largo plazo ha sido sacrificada por la supervivencia a corto plazo.

  • Si el cierre se intensifica aún más, los esfuerzos de la ANP, de la propia comunidad y de los donantes serán insuficientes para mantener una economía ya bajo mínimos. Poco se conservará del sector privado más que la agricultura de subsistencia, un insignificante comercio y una industria de taller. Los servicios públicos desaparecerán con la acumulación de basuras, cortes frecuentes de energía y agua, falta intermitente de medicamentos en los hospitales y de libros de texto y papel en las escuelas. Especialmente vulnerables son los municipios que han recibido escasa ayuda de emergencia y que tienen deudas con compañías de servicios israelíes. La pobreza está aumentando, particularmente en las comunidades aisladas, y se están dando graves problemas sanitarios y medioambientales. Mientras tanto aumentará la miseria y el odio."

  •         La fragmentación del territorio en áreas geográficamente no continuas (la división en tres zonas: A, B y C), cuya salida y entrada está vigilada y controlada por Israel - consecuencia de los Acuerdos de Oslo - tiene un impacto devastador. En diciembre de 1999 Gaza se dividió en tres cantones y Cisjordania en 227, con una extensión en la mayoría de los casos que no supera los dos kilómetros cuadrados. Ambas zonas fueron separadas de hecho de Jerusalén Este.

            Esta fragmentación y el cierre ha perjudicado enormemente la actividad económica palestina al dividir unas unidades económicas, que ya de por sí eran pequeñas, y al negar a los palestinos tanto el control de sus fronteras interiores como exteriores, como la movilidad. Todo ello ha proporcionado a Israel un mecanismo con el cual mantener el control de los recursos y factores de producción palestinos - mano de obra, tierra y agua - , y mantener la dependencia económica palestina respecto a Israel.

            A ello deben sumarse las constantes confiscaciones de tierras, entre 1993 y 2001 Israel ocupó 28.000 hectáreas de tierras palestinas, sobre todo agrícolas y pastizales. También, por una parte la destrucción masiva de redes hídricas, viviendas, negocios, edificios, tierras de uso agrícola, y por otra, la restricción de movimientos, los toques de queda y los cierres, junto a la persistencia de la fragmentación del territorio y ahora la construcción del muro, forman el centro de los problemas económicos palestinos.

            E1 colapso de la economía ha llegado ya a un nivel en que, aunque se tenga trabajo, a menudo no se cobran los sueldos ni siquiera en el caso de los funcionarios públicos. Esto hace que algunas actividades fundamentales, como la enseñanza o la sanidad, dependan muchas veces de la entrega personal de los profesionales o de las propias mujeres que asumen esas responsabilidades como una parte de sus tareas cotidianas. Otras actividades públicas menos acuciantes, como la recogida de basura, se está empezando a convertir en un problema higiénico serio, pues en muchos casos el vertedero queda fuera del cerco de la ciudad, con lo que además del problema de los sueldos del personal hay que vencer las dificultades añadidas del cierre.

            Colapso de los servicios públicos y deterioro social

            En el caso de la enseñanza, a las dificultades del profesorado hay que añadir las de los estudiantes, tanto unos como otros, tienen que dar grandes rodeos que les hace demorarse varias horas, con lo que las clases se imparten en pésimas condiciones. A pesar de ello, los estudiantes siguen acudiendo a clase, pues ésta, como otras muchas facetas de la vida diaria, se ha convertido ya en un acto de resistencia. El siguiente extracto del informe de la Universidad de Bir Zeit de finales de 2002 resume la problemática de la enseñanza en el contexto de apartheid, aunque las cifras que menciona se hayan incrementado significativamente:

  • "El último año académico (2001-2002) fue especialmente traumático en la medida en que la nación Palestina se vio arrastrada por una espiral de pobreza, mientras la destrucción del entorno y de las infraestructuras, la demolición de las residencias y de las instituciones, la impotencia, el daño, la muerte y el arresto de los seres queridos, así como la reocupación por los militares israelíes de toda Cisjordania, se convertían en la forma de vida vigente hasta el día de hoy. El sistema escolar no se mantuvo al margen de esta destrucción. Al final del año escolar 2001-2002, el Ministerio de Educación calculó que se habían matado a 216 estudiantes, 1.514 habían sido heridos y 164 arrestados; se había acabado con las vidas de 17 profesores y personal del sector educativo y 71 de ellos habían sido arrestados; y 1.289 escuelas fueron cerradas por al menos tres semanas consecutivas durante la invasión israelí entre el 29 de marzo y el fin de año escolar. Aproximadamente, al 50 por 100 de los escolares y a 35.000 empleados del sector educativo se les impedía llegar a sus escuelas. Bastantes grupos de profesores y estudiantes fueron incapaces de desplazarse entre las zonas rurales y entre los centros urbanos durante el periodo anterior y posterior a la ocupación.

  • (...) Como demuestra este informe sobre la situación de la enseñanza, las repercusiones del ataque violento israelí durante el último año escolar sobre los escolares sobrepasó los efectos del daño sobre las infraestructuras en su hábitat, tanto en la escuela como en el hogar, y han tenido una profunda influencia negativa en la capacidad de los niños para aprender, en su sensación de seguridad, en su salud mental, en su dignidad, y, de hecho, en sus conciencias. Los derechos de estos niños han sido vulnerados en todos los sentidos y sus condiciones de vida destrozadas en una etapa clave como el crecimiento. En estas circunstancias es fácil imaginar que se vaya acumulando desde 1a infancia un sentimiento de odio que sólo puede predisponer hacia lo que se denomina "una tendencia hacia el comportamiento violento". Efectivamente, el comportamiento violento no es una predisposición genética sino que es socialmente construido. En el caso palestino, la construcción de la violencia empieza y termina con la ocupación militar israelí."

  •         En el caso de la sanidad, el cierre hace la situación más dramática ante las dificultades que supone el acudir a los propios centros médicos. En algunos casos se ha optado por habilitar otros edificios dentro del cerco como hospitales para evitar el paso de las ambulancias por los checkpoints. A causa de la falta de luz y de repuestos, se han dañado los sistemas de refrigeración de los hospitales y hay problemas con el mantenimiento de los bancos de sangre, mientras que algunas enfermedades, como la hepatitis B, van en aumento porque la población no puede vacunarse con regularidad. Cada vez se hace más patente la necesidad de más hospitales y medicinas por el deterioro físico y psicológico de la población palestina que está desarrollando los síntomas de malnutrición y trauma psicológico ante la desesperanza y resentimiento que se acumula cada día.

            El mero abastecimiento para la supervivencia diaria se ha convertido en una actividad difícil y a veces de riesgo. El famoso humus, la pasta de garbanzos típica de Oriente Medio, se ha convertido en el único alimento para la mayoría de la población, de forma que una quinta parte de los niños menores de 5 años sufre desnutrición. Además el número de niños con problemas familiares o de huérfanos sin parientes va aumentando cada día.

            Vertiente psicológica

            E1 cierre, como cualquier encarcelamiento, tiene también una vertiente psicológica que saben usar perfectamente en las IDF, al hacer maniobras muchas veces con la mera intención de causar temor, como pueden ser los movimientos de tanques en la noche para que el ruido de los mismos no deje dormir a la población a la par que gritan insultos en árabe para aumentar el sentimiento de sometimiento y humillación. Tal y como señala Médicos sin Fronteras la tensión de la situación se manifiesta en trastornos tales como ansiedad, depresión y problemas para conciliar el sueño, llegando a darse casos de personas que quedan postradas y dejan de hablar y de comer, con episodios de delirio acompañados de ataques de pánico. Por otro lado, la infancia está traumatizada por sus propias experiencias, como el caso de un niño en Belén que estando sólo en casa tuvo que comer las hierbas de la ventana por el miedo a salir en una incursión, pero también por la sensación de impotencia que viven sus adultos. Muchos niños se orinan en la cama o no quieren apartarse de sus madres y casi todos tienen parientes entre los mártires asesinados por las IDF o los presos. Sería necesario implementar un plan que incluyera la participación de numerosos equipos de psicólogos especializados en la cultura árabe y en conflictos, para poder ayudarlos.

            A la salud psicológica también afecta la imposibilidad de hacer planes ni tan siquiera a corto plazo. Todo se ha de vivir al día, al instante. Aunque un día se logre cl permiso para desplazarse y llegar a otro lado, nada indica que se pueda salir de la otra localidad y que se pueda volver a entrar en la propia. Amnistía Internacional ha recogido declaraciones de un camionero que ilustran la sensación de miedo que se vive diariamente:

  • "Todo el tiempo que conduzco en esas carreteras y veo un tanque en la distancia me pregunto si volveré a casa a ver a mis hijos de nuevo. Tengo un permiso, para un mes, pero si los soldados me disparan y resulto muerto no habrá ningún bien para mi familia. Ellos siempre pueden decir que o era un terrorista o que hice algo sospechoso que les hizo pensar que yo era un peligro. ¿E incluso si ellos admiten que cometieron el error y piden disculpas, que bien habrá si estoy muerto?. Por lo tanto evito viajar todo lo que puedo."

  •         El conflicto y tragedia en que vive la población palestina afecta muy especialmente a los niños y niñas que sufren la presión y horror continuos como nos cuenta en el siguiente párrafo la ONG Médicos Sin Fronteras en su informe "Crónicas palestinas: ocupación, violencia y humillación cotidiana" recogido en cl periódico "El País" de fecha 15/08/2001.

  • "Wadia, de 12 años, no quiere ir a la escuela. Hace unos días tres soldados le pararon, cogieron un lápiz de su cartera y apuntándole al ojo hicieron como si fueran a sacárselo. Tuvo mucho miedo y escapó, pero los soldados le llamaron para que fuera a buscar su lápiz. Desde entonces sueña que los soldados le persiguen y que no puede escapar. Su madre se lamenta porque él ya no es como antes; se ha vuelto agresivo y desobediente. Cuando sea mayor, quiere ser piloto de avión de guerra para combatir a todos los soldados". Los soldados son israelíes y Wadia es palestino. Su caso se repite una y mil veces en Cisjordania. "Las detenciones, las intimidaciones y las humillaciones que tienen lugar a diario acrecienta la sensación de injusticia y abandono de una población que, como consecuencia, sufre importantes trastornos psicológicos. sobre todo los niños, dice la ONG.

  • (El País, 15/08/2001)