ESPECIAL: "LA GUERRA DE BUSH"

LA GUERRA CONTRA IRAK ¿POR PETRÓLEO?

LO QUE ESCONDE

EL PROFESIONAL

Incluso en Estados Unidos la futura guerra contra Irak tiene sus críticos. Entre ellos: el Fondo Monetario Internacional y serios analistas de dentro y fuera de la Casa Blanca. Sin embargo, sí son evidentes los grandes beneficiarios del conflicto venidero; entre  ellos, grandes compañías petrolíferas, los fabricantes de armas o de equipo informático, así como quienes controlan los medios de información de masas. 

A finales del verano, la Administración Bush parecía propensa a abandonar al menos temporalmente el espectacular aunque poco fructífero operativo de buscar y capturar del “enemigo pública número uno” de Occidente, Osama Bin Laden, centrando su interés en el hombre fuerte de Bagdad: Saddam Hussein. El actual inquilino de la Casa Blanca aseguró que Irak, uno de los países que integra el llamado “eje del mal”, está en condiciones de fabricar armamento nuclear. Sin embargo, la advertencia sobre la inminente amenaza iraquí, formulada ante el Congreso de los Estados Unidos y la Asamblea General de la ONU, no logró convencer a la mayoría de los Estados que formaban parte de la alianza contra el régimen de Bagdad liderada hace apenas una década por otro Presidente norteamericano: George Bush padre.

Huelga decir que en esta ocasión, pocos estadistas y políticos apuestan por la opción militar. Los europeos consideran que una guerra abierta contra Irak podría generar nuevos equívocos en el ya de por sí tenso diálogo con los países de Oriente Medio y el Zagreb, socios de la UE en el ambicioso proyecto de cooperación económica euromediterránea, que debería desembocar, de aquí al 2015, en la creación de una zona de libre cambio. Dicha iniciativa, lanzada en Barcelona en diciembre de 1995, tropieza con un sinfín de obstáculos. Los altibajos del malhadado proceso de paz de Oriente Medio, el integrismo argelino, el inmovilismo político de Damasco, constituyen sólo algunos elementos a tener en cuenta a la hora de hacer un balance objetivo del estado de las relaciones entre las dos cuencas del Mediterráneo.

Suspicacias antioccidentales

Para los regimenes árabes “moderados”. Es decir, pro occidentales, el derrocamiento del dictador iraquí presupone una amenaza potencial. De hecho, numerosos analistas políticos, jefes de servicios de inteligencia, expertos en cuestiones relacionadas con la explotación de los recursos petrolíferos, catedráticos y periodistas estiman que el malestar provocado por la caída del régimen de Saddam, podría generar violentas reacciones de rechazo en el mundo árabe musulmán, provocando el pozo deseable o deseando “efecto domino” –el derrumbamiento de las monarquías conservadoras de la Península Arábiga y el Golfo Pérsico y su sustitución por gobiernos de corte islamista radical. Ficticio o real, el peligro se ha convertido en una auténtica pesadilla para los politólogos.

Conviene recordar que el operativo bélico ideado por los estrategas del Pentágono cuenta con numerosos detractores en los Estados Unidos. Un ejemplo: la jerarquía eclesiástica ha anunciado públicamente que no avalará una intervención militar. Por otra parte, los analistas de la CIA llamaron la atención sobre las posibles repercusiones de una oleada de violencia a escala mundial, hábilmente orquestada por los servicios secretos del dictador iraquí. Obviamente, Saddam no abandonará el poder sin tratar daños a sus contrincantes. Por si fuera poco, antiguos altos mandos del ejército de los Estados Unidos aseguran que el éxito o el fracaso de la campaña contra el régimen del Bagdad dependen de la presencia de unidades de infantería en suelo iraquí. Una opción ésta que el Pentágono prefieren destacar, sabiendo positivamente que, desde el punto de vista meramente psicológico, no conviene aludir de antemano al elevado número de bajas de la futura campaña.

Durante meses, el debate suscitado por la guerra contra Irak se ha centrado en los aspectos geoestratégicos de la iniciativa de Bsh. Los datos facilitados por el establishment político de Washington giraban en torno al gasto militar y las posibles repercusiones del conflicto para la economía estadounidense. Mientras jefe del Ejecutivo trataba de lograr el apoyo de la Banca y el sector empresarial, el asesor económico de la Casa Blanca, Lawrence Lindsey, aseguraba, en declaraciones al prestigioso rotativo “The Wall Street Journal”, que el coste de la intervención oscilaría entre 100 y 200 mil millones de dólares, lo que representa alrededor del 2 por ciento del PIB norteamericano. Se trata de una cantidad tres veces superior a la que desembolsaron los aliados (árabes) de Washington en 1991, durante la primera Guerra del Golfo. Aún así, los consejeros del Presidente estiman que la guerra es una inversión “beneficiosa”. Beneficiosa, ¿para quién? Durante meses, la Administración trató de eludir la respuesta. Las voces discordantes de partidarios y detractores del proyecto bélico desconcertaban a la opinión pública estadounidense. Mientras el subsecretario del Tesoro, Paul O´Neill, afirmaba rotundamente que los efectos de la guerra no debían sopesarse en clave económica, el Premio Nobel Joe Stiglitz, estimaba que el conflicto sólo serviría para sobre las perspectivas de recuperación a escala mundial. Por su parte, los expertos del Fondo Monetario Internacional (FMI) señalaban que un posible y muy probable incremento del precio del petróleo a raíz de la guerra podría causar una caída del PIB global.

Por el control del “oro negro”

Hacia mediados de Septiembre, los enemigos de George W. Bush pusieron sin embargo el dedo en la llaga, señalando que la constante demonización de Saddam pretendía ocultar  otros designios, más pragmáticos y poco altruistas. Se trataba, en realidad, de lograr el control de los yacimientos petrolíferos de Irak, segundo país productor de “oro negro” del planeta. En un discurso propio Presidente de los EEUU reconoció que “…el país que surja tras la caída de Saddam venderá más petróleo”. En efecto, los expertos del Petroleum Instute Londinense estiman que las nuevas autoridades de Bagdad tardarían menos de un año en duplicar la producción de crudo, convirtiendo a Irak en el segundo productor y suministrador mundial de petróleo. A buen entendedor…..

De todos modos, Bush no reveló detalles acerca del inevitable reparto de la riquezas naturales de Irak entre los vencedores de la guerra. Algunos expertos norteamericanos estiman que los planes de crear un Estado federal descentralizado contemplan  la desaparición “de facto” de la entidad nacional iraquí. Los más pesimistas creen que ese ejercicio serviría de punto de partida para la aplicación de un nuevo modelo de soberanía limitada a otros Estados de la región.

Entre los beneficiarios del conflicto venidero figuran las grandes compañías petrolíferas Chevron Texaco y Exxon-Mobil (EE.UU.), BP (Reino Unido), Elf-Fina (franco-belga), Royal Dutch Shell (Países Bajos) y Repsol (España). Sin olvidar a los fabricantes de armas o de equipo informático, así como a los conglomerados de medios de comunicación; sabiendo es  que las guerras “venden”.

Los grandes bancos europeos y japoneses, junto con las aerolíneas, compañías de seguros y agencias de viajes, encabezan la lista de los sectores más perjudicados por el conflicto. La caída de Saddam podría afectar también los actuales suministros secretos discretos de “oro negro” ofrecido a precios políticos a tres Estados vecinos: Jordania, Siria y Turquía.

Por ende, cabe destacar la preocupación de los analistas financieros helvéticos, quienes advierten sobre la incidencia negativa de una acción bélica prolongada sobre el embrionario proceso de reactivación económica. Y, de hecho, Washington no descarta la posibilidad de una ocupación militar la posibilitad de una ocupación militar a medio o largo plazo de las legendarias tierras babilónicas.

Reservas mundiales de petróleo (*)

(Estimaciones diciembre 2001) )

Arabia Saudita……………………………261,6

Irak………………………………………..112,5

Emiratos Árabes Unidos…………………..97,8

Kuwait…………………………………….96,5

Irán………………………………………..89,7

Venezuela…………………………………77,7

Rusia………………………………………48,6

EE UU…………………………………….30,4

Libia……………………………………….29,5

México…………………………………….26,9

(*)millones de barriles

Fuente: British Petroleum