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2 DE ENERO: PAZ Y TOLERANCIA PARA TODOS LOS ANDALUCES
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Debíamos entrar por Granada. En primer lugar, porque
es nuestro último recuerdo
de Al-Andalus. Debimos entrar en ella por Adra, pero tuvimos que hacerlo
por otro camino, un camino escogido para nosotros por nuestros hermanos,
los hijos de nuestra tierra, las gentes de Andalucía, nuestros hermanos y
amigos . He aquí que ahora volvimos a entrar en Granada atravesando
otra senda, Gibraltar.(2). Apenas
encontramos expresiones para mostrar nuestro agradecimiento a nuestros
hermanos, por esta gran oportunidad histórica que nos ofrecen después de
cinco siglos de exilio, cinco siglos de extrañamiento, cinco siglos de
deambular por diversas partes del mundo, expresión reciente de un pueblo
para cuya crueldad es difícil encontrar semejanzas, después de todos
estos siglos he aquí que nuestros hermanos andalusíes nos proporcionan
la oportunidad de un encuentro con la tierra, con la madre, con la fuente,
con Al-Andalus. Gracias a los hijos de nuestra tierra en común, a
nuestros hermanos en el Islam, que Allah los premie con la más bella de
las recompensas. Mi
regreso de hoy a Al-Andalus, nuestro encuentro en ella, tiene significados
de entre los cuales el más profundo de modo absoluto es que el exilio por
largo que sea su duración no mata la identidad, mientras la esperanza del
retorno permanece solidamente en nosotros, y si en ese retorno depositamos
nuestra fe. Estamos orgullosos de nuestra pertenencia y cargamos con la
responsabilidad histórica de luchar por la causa del retorno a la tierra
madre, Al-Andalus; que sepa así la juventud de Andalucía, y
la próxima generación entre las gentes de esta tierra bondadosa, que el
ser humano sin identidad histórica, es un hombre sin dignidad, y nuestra
identidad andaluza es la islámico-andalusí. Si
la historia ha de servirnos de algo es para aprender. Cada andalusí hoy
deberá aprender que nadie en el mundo habrá de bendecir la meta que nos
hemos marcado salvo nosotros. No me refiero tan sólo a los Estados, sino
que vuelvo la mirada atrás, al pasado, y aludo a la pasividad de los
otomanos, cuando abandonaron a los moriscos, siendo esa Administración
islámica una potencia mundial tenida en cuenta; aunque, no podemos
olvidar su auxilio a nuestros moriscos, pasándolos al Norte de África (
las primeras pateras ), cuando se les amenazó y muchos de ellos
rechazaron convertirse al cristianismo. Aunque esa actitud la consideramos
humana y solidaria, fue una actuación ya demasiado tardía y sin duda los
políticos y militares otomanos pudieron haber hecho más antes de la caída
de Granada en 1.492, podían y debían haber sido adalides de nuestra
causa, haber ayudado a los andalusíes para que no perdiesen su tierra, en
lugar de aplazar su ayuda cuando los acontecimientos ya se habían
desencadenado. Debemos aprender de la historia, y debemos saber que quien
no tiene algo no puede darlo, y que los derechos no los recupera sino el
que los tenía. Por ello, mi
presencia hoy en Al-Andalus debe ser un compromiso y una fe en nuestra
responsabilidad histórica ante las gentes de Al-Andalus. Donde quiera que
esté el lugar en la que nos hemos recogido en nuestro exilio, nuestras
conciencias deben comprometernos, y nuestra obligación más trascendente
deberá ser el derecho que sobre nosotros tiene la tierra. Por mucho que
el hijo se aleje de la madre, a ella le atan lazos indisolubles....ello
nos enseña el Islam. Y
esta responsabilidad atañe en primer lugar al hijo que ha vivido toda su
vida al lado de su madre, y aquí me dirijo al Pueblo de Al-Andalus en
general, y a los musulmanes andaluces en particular, y aún más a la
juventud andalusí en esta Andalucía errante en el sin sentido de
occidente, arruinado espiritualmente, una juventud a la que espero que
Allah conduzca al Islam; me refiero a esa juventud que nos rodea y que en
muchos casos adivino un desinterés grave en lo referente, a Al-Andalus,
que incluso es posible en muchos casos puede llegar a suponer un rechazo a
la causa de Al-Andalus. Sólo con la recuperación de nuestra identidad, sólo
con la recuperación de nuestra libertad, recuperaremos nuestra dignidad y
repetiremos los logros de Al-Andalus, aquellos que hicieron de nuestra
tierra una lámpara civilizadora a cuya luz se ha encaminado el mundo
hasta hoy; deberemos devolverle las lágrimas derramadas durante más de
cinco siglos a nuestra tierra, sólo entonces podremos considerarnos sus
hijos. (1)
Ridwuan Reichico, ingeniero 44 años, descendiente directo de Boabdil. Ha
mantenido la llama encendida generación
tras generación de sus antepasados y su compromiso con Andalucía. Vive
en Soliman, (pueblo durante décadas de mayoría andalusí) en Túnez (2)
Su primera visita a su Patria coincidió con el 2 de Enero de 1989 y entró
por Algeciras recorriendo todas las ciudades importantes andaluzas y la
ciudad andalusí de Murcia. En
las hemerotecas de la época queda constancia en sus múltiples
intervenciones ante la prensa, radio y tv. |