YAMA'A BOLETINES

 

CRUZADA DE CIVILIZACIONES CONTRA LOS MUSULMANES

          Articulo de José Santamarta director de World Watch

 

 

Los atentados terroristas contra Estados Unidos y los 3.000 muertos que han ocasionado son totalmente repudiables, pero el terrorismo no debería servir de excusa para una nueva guerra contra Afganistán, ni para criminalizar a los movimientos sociales o a poblaciones enteras, o para una nueva Cruzada de civilizaciones contra los musulmanes. Nada justifica el terrorismo, pero ciertas políticas lo favorecen. El conflicto de Palestina se arrastra desde hace más de 50 años, propiciando la desesperación de la población palestina y el sentimiento de agravio en el mundo musulmán, y EE UU, que es el gran aliado y soporte financiero y militar de Israel, no ha contribuido a una solución pacífica y razonable.

Arabia Saudí, con las mayores reservas mundiales de petróleo, es el gran aliado de EE UU en el mundo árabe, y cuenta con una "democracia" islámica al servicio de unas pocas familias que no tiene nada que envidiar a la de Afganistán. ¿Intervendrá también EE UU y sus aliados contra este país, tan ligado al integrismo y a los actos terroristas del 11 de septiembre? Conviene recordar que los talibanes  y Osama Bin Laden han llegado tan lejos precisamente gracias a anteriores gobiernos estadounidenses del partido republicano, en las presidencias de Reagan y Bush padre. El fundamentalismo islámico, financiado por la muy reaccionaria Arabia Saudí y con la asesoría de la CIA de EE UU y el ISA de Pakistán, era bueno para combatir a los comunistas afganos, a la antigua Unión Soviética y a los movimientos populares en los mismos países islámicos. La misma familia de Osama Bin Laden tuvo relaciones comerciales con el hoy presidente George W. Bush. De aquellos polvos, estos lodos. En la década de los setenta el hoy presidente creó la empresa Bush Energy, en la que participaban como socios Khaled Bin Mafouz y Salem Bin Laden. Mafouz es banquero de la familia real saudí, novio de una hermana de Salem y Osama, y controla Relief y Blessed Relief, dos "ONG" acusadas de ser una cobertura legal para la organización de Osama Bin Laden.

Los atentados de EE UU muestran la inutilidad del escudo antimisiles propuesto por George W. Bush y la vulnerabilidad de la única superpotencia, y la necesidad de una política real de paz que resuelva conflictos tan antiguos como el de Palestina, entre otros muchos. En un mundo cada vez más desigual e injusto, no hay escudo antimisiles capaz de impedir acontecimientos como los atentados terroristas del 11 de septiembre. La política a adoptar no debería ser haber sido la "venganza" y la represalia, con todos sus daños colaterales y las heridas que nunca cicatrizan, sino la de prevención y solución de los conflictos, y no la prepotencia y la imposición, olvidando las causas de los conflictos.

Factor de desestabilización


Estados Unidos con George W. Bush, ya antes de los atentados del 11 de septiembre y el ataque de represalia a Afganistán, se ha convertido en un factor de desestabilización internacional. La única superpotencia hoy es el gran obstáculo a la sostenibilida y la equidad. Y en cuanto a los valores democráticos y al respeto de los derechos humanos conviene recordar su apoyo a numerosas dictaduras en todo el mundo en desarrollo, en el pasado y en el presente. La lista es ya casi interminable: rechazo del protocolo para verificar la aplicación del tratado que prohíbe las armas biológicas (una de las mayores  amenazas terroristas), rechazo al Tratado de Prohibición de las Minas Antipersonal , negativa a ratificar el Tratado de Prohibición Total de las Pruebas Nucleares, boicot de la conferencia de la ONU contra el tráfico ilícito de armas ligeras, negativa a aceptar un Tribunal Penal Internacional (donde deberían juzgarse a los responsables de los atentados del 11 de septiembre), revisión del Tratado ABM (que limita los sistemas de defensa contra misiles balísticos), y rechazo del Protocolo de Kyoto sobre reducción de
emisión de gases de efecto invernadero, por citar las actuaciones más graves. EE UU tampoco ha ratificado el Convenio de Diversidad Biológica, trató de boicotear el Protocolo de Bioseguridad y pretende forzar la
introducción de cultivos y alimentos transgénicos sin ningún control sanitario y ambiental. La política de Bush está al servicio de los intereses de unas pocas multinacionales, como Exxon o Monsanto.

El Plan Colombia, promovido y financiado por EE UU, agravará el conflicto interno y tendrá unas graves consecuencias ambientales, al fumigar con herbicidas (el glifosato fabricado por Monsanto) las zonas productoras de coca y amapola en el país andino. EE UU es el país que más firmemente se opone a la legalización de las drogas, lo que incentiva el narcotráfico con todas sus secuelas de corrupción y violencia. Afganistán era el mayor productor de heroína y Colombia de coca, pero EE UU impide cualquier solución racional al problema de las drogas, que pasa por la legalización y campañas que reduzcan el consumo.
La política de EE UU se reduce a intentar destruir la oferta en los países en desarrollo, sin reducir la demanda en su propio país. La política de Estados Unidos es inaceptable, al amenazar la paz mundial y poner en peligro todas las actuaciones encaminadas a frenar el deterioro del medio ambiente y a disminuir las terribles desigualdades mundiales. En este contexto la Unión Europea debería dar los pasos adecuados para crear un marco jurídico internacional que propicie la sostenibilidad ambiental, la paz mundial, el diálogo intercultural y la equidad norte-sur.

En el plano interno Bush utilizará los atentados para aumentar los gastos militares, incluido el inútil escudo antimisiles, reforzar el control social y mejorar su escasa popularidad ante de los ataques. Como recordaba Noam Chomsky, los terribles atentados del 11 de septiembre fueron un regalo para la derecha dura y patriotera de EE UU, que no quiere dejar pasar esta oportunidad