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Los
atentados terroristas contra Estados Unidos y los 3.000 muertos que han
ocasionado son totalmente repudiables, pero el terrorismo no debería
servir de excusa para una nueva guerra contra Afganistán, ni para
criminalizar a los movimientos sociales o a poblaciones enteras, o para
una nueva Cruzada de civilizaciones contra los musulmanes. Nada
justifica el terrorismo, pero ciertas políticas lo favorecen. El
conflicto de Palestina se arrastra desde hace más de 50 años,
propiciando la desesperación de la población palestina y el
sentimiento de agravio en el mundo musulmán, y EE UU, que es el gran
aliado y soporte financiero y militar de Israel, no ha contribuido a una
solución pacífica y razonable.
Arabia Saudí, con las mayores reservas mundiales de petróleo, es el
gran aliado de EE UU en el mundo árabe, y cuenta con una
"democracia" islámica al servicio de unas pocas familias que
no tiene nada que envidiar a la de Afganistán. ¿Intervendrá también
EE UU y sus aliados contra este país, tan ligado al integrismo y a los
actos terroristas del 11 de septiembre? Conviene recordar que los
talibanes y Osama Bin Laden han llegado tan lejos precisamente
gracias a anteriores gobiernos estadounidenses del partido republicano,
en las presidencias de Reagan y Bush padre. El fundamentalismo islámico,
financiado por la muy reaccionaria Arabia Saudí y con la asesoría de
la CIA de EE UU y el ISA de Pakistán, era bueno para combatir a los
comunistas afganos, a la antigua Unión Soviética y a los movimientos
populares en los mismos
países islámicos. La misma familia de Osama Bin Laden tuvo relaciones
comerciales con el hoy presidente George W. Bush. De aquellos polvos,
estos lodos. En la década de los setenta el hoy presidente creó la
empresa Bush Energy, en la que participaban como socios Khaled Bin
Mafouz y Salem Bin Laden. Mafouz es banquero de la familia real saudí,
novio de una hermana de Salem y Osama, y controla Relief y Blessed
Relief, dos "ONG" acusadas de ser una cobertura legal para la
organización de Osama Bin Laden.
Los atentados de EE UU muestran la inutilidad del escudo antimisiles
propuesto por George W. Bush y la vulnerabilidad de la única
superpotencia, y la necesidad de una política real de paz que resuelva
conflictos tan antiguos como el de Palestina, entre otros muchos. En un
mundo cada vez más desigual e injusto, no hay escudo antimisiles capaz
de impedir acontecimientos como los atentados terroristas del 11 de
septiembre. La política a adoptar no debería ser haber sido la
"venganza" y la represalia, con todos sus daños colaterales y
las heridas que nunca cicatrizan, sino la de prevención y solución de
los conflictos, y no la prepotencia y la imposición, olvidando las
causas de los conflictos.
Factor de desestabilización
Estados Unidos con George W. Bush, ya antes de los atentados del 11 de
septiembre y el ataque de represalia a Afganistán, se ha convertido en
un factor de desestabilización internacional. La única superpotencia
hoy es el gran obstáculo a la sostenibilida y la equidad. Y en cuanto a
los valores democráticos y al respeto de los derechos humanos conviene
recordar su apoyo a numerosas dictaduras en todo el mundo en desarrollo,
en el pasado y en el presente. La lista es ya casi interminable: rechazo
del protocolo para verificar la aplicación del tratado que prohíbe las
armas biológicas (una de las mayores amenazas terroristas),
rechazo al Tratado de Prohibición de las Minas Antipersonal , negativa
a ratificar
el Tratado de Prohibición Total de las Pruebas Nucleares, boicot de la
conferencia de la ONU contra el tráfico ilícito de armas ligeras,
negativa a aceptar un Tribunal Penal Internacional (donde deberían
juzgarse a los responsables de los atentados del 11 de septiembre),
revisión del Tratado ABM (que limita los sistemas de defensa contra
misiles balísticos), y rechazo del Protocolo de Kyoto sobre reducción
de
emisión de gases de efecto invernadero, por citar las actuaciones más
graves. EE UU tampoco ha ratificado el Convenio de Diversidad Biológica,
trató de boicotear el Protocolo de Bioseguridad y pretende forzar la
introducción de cultivos y alimentos transgénicos sin ningún control
sanitario y ambiental. La política de Bush está al servicio de los
intereses de unas pocas multinacionales, como Exxon o Monsanto.
El Plan Colombia, promovido y financiado por EE UU, agravará el
conflicto interno y tendrá unas graves consecuencias ambientales, al
fumigar con herbicidas (el glifosato fabricado por Monsanto) las zonas
productoras de coca y amapola en el país andino. EE UU es el país que
más firmemente se opone a la legalización de las drogas, lo que
incentiva el narcotráfico con todas sus secuelas de corrupción y
violencia. Afganistán era el mayor productor de heroína y Colombia de
coca, pero EE UU impide cualquier solución racional al problema de las
drogas, que pasa por la legalización y campañas que reduzcan el
consumo.
La política de EE UU se reduce a intentar destruir la oferta en los países
en desarrollo, sin reducir la demanda en su propio país. La política
de Estados Unidos es inaceptable, al amenazar la paz mundial y
poner en peligro todas las actuaciones encaminadas a frenar el deterioro
del medio ambiente y a disminuir las terribles desigualdades mundiales.
En este contexto la Unión Europea debería dar los pasos adecuados para
crear un marco jurídico internacional que propicie la sostenibilidad
ambiental, la paz mundial, el diálogo intercultural y la equidad
norte-sur.
En el plano interno Bush utilizará los atentados para aumentar los
gastos militares, incluido el inútil escudo antimisiles, reforzar el
control social y mejorar su escasa popularidad ante de los ataques. Como
recordaba Noam Chomsky, los terribles atentados del 11 de septiembre
fueron un regalo para la derecha dura y patriotera de EE UU, que no
quiere dejar pasar esta oportunidad
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