CULTURA ISLÁMICA

EL PROFETA MUHAMMAD (S.A.S) Y LA JUSTICIA SOCIAL

BOLETIN Nº29 - AGOSTO 2004

 

  Y.I.A.L.M. - 

   

Con los ojos tan brillantes como el sol resplandeciente, un corazón más fresco que los jardines de Yazrib y Ta’if, los hábitos y el comportamiento más claros que las noches de luna llena del Hiÿaz (región de Arabia), un pensamiento más penetrante que los fuertes vientos, una forma de hablar encantadora, un corazón con luz celestial, determinación firme como una espada afilada y palabras celestiales en la lengua este es Muhammad (s.a.s), hijo de Abdullah, el profeta de Arabia, el profeta que destruyó los ídolos que habían separado a los hermanos de los hermanos. No solamente destruyó los ídolos de madera y piedra, sino que también rompió los ídolos de la riqueza, los hábitos indecentes y el tribalismo.

La única cosa que los cobardes Quraysh (tribu dominante en la Meca y enfrentada al Islam y los musulmanes en los primeros tiempos) deseaban era dinero, que tenía que ser transferido de las manos de los árabes nómadas a sus bolsillos. El único valor que concedían a la vida de una persona era en la medida que ésta les podía servir para alguna ganancia material. Por eso comerciaban tan duramente a través del desierto, en caravanas de camellos, para volver a la Meca la misma ciudad que en esos momentos era la capital de la idolatría, y dónde el dinero era el único valor tenido en cuenta.

De repente oyeron una voz que hizo temblar sus nervios. Sus esperanzas se vieron hechas pedazos. El mundo cambió su aspecto para ellos con la palabra: "El valor del hombre no es el mismo que vosotros habéis estipulado y el objeto de la creación de los árabes nómadas no es el mismo que pensáis".

Esta fue la voz de Muhammad (s.a.s).

Los Banu Asad y Banu Tamim (nombres de tribus árabes) eran tan necios e ignorantes que enterraban a sus hijas recién nacidas vivas "para protegerse del deshonor". No hay justificación para su proceder excepto que era una "costumbre" que practicaban. Se oponían a la Voluntad de Allah. Odiaban la belleza de la naturaleza. Y oyeron una voz, que era expresión de un profundo amor y compromiso con los débiles de entre la gente que decía: "No enterréis vivas a vuestras hijas. Las hijas son tan buenas como los hijos, son una creación de Allah. Nadie tiene el derecho a negar a otro la vida. Sólo es Allah que da y quita la vida".

Esta fue la voz de Muhammad (s.a.s).

Los árabes siempre estaban luchando. Luchaban y derramaban sangre durante años por cuestiones extremadamente triviales. Mataban a sus propios hermanos y después se regocijaban y se enaltecían a sí mismos por ello. Sacrificar sus vidas por su propia ignorancia era algo muy ordinario para ellos. Los niños lloraban, sufrían y crecían en unas condiciones que no conducían a la creación del amor o simpatía por alguien en sus pensamientos.

En estas circunstancias, oyeron otra voz que les decía: "¿Qué hacéis? Os matáis unos a otros cuando sois hermanos porque habéis sido creados por Allah (s.w.t). La lucha interna es satánica. La paz y la amistad son más beneficiosas para vosotros. La bendición por la que lucháis no puede ser alcanzada más que por la paz".

Esta fue la voz de Muhammad (s.a.s).

Los árabes eran la gente más chauvinista y egoísta. Consideraban a los no-árabes inferiores a sí mismos. No sólo esto, sino que creían que los no-árabes no eran seres humanos. A Muhammad (s.a.s) le disgustaba profundamente esta actitud. Dirigiéndose a esa gente arrogante dijo: "Ningún árabe es superior al no-árabe excepto por su imân (apertura del corazón a Allah, que conlleva un pensamiento recto y purificado del egoísmo y la parcialidad, una actuación limpia y honrada y un corazón lleno de amor por el prójimo) Queráis o no, todos los seres humanos son hermanos".

Había personas oprimidas, sin techos y desheredadas cuyas caras estaban demacradas por el efecto de los vientos calientes. La sociedad los había excluido y había hecho que sus vidas fueran miserables. Eran menos a los ojos de la gente que las partículas de arena y su vida era extremamente despreciada. Esos eran los auténticos amigos del Profeta del Islam (s.a.s), como los indigentes y los descastados de la sociedad eran los amigos de Jesús (a.s.) y otras grandes personalidades de la historia. Fue para esa gente que el Profeta Muhammad (s.a.s) luchó contra la tiranía, impidió la esclavitud, liberó al hombre de los vínculos de su prójimo, y fijó que el tesoro público pudiera beneficiar a todo el mundo sin discriminaciones. Dirigió todos los esfuerzos de la gente a la consecución del bienestar para todos. Insistió en que la tribu de Quraysh, a la que pertenecía, a cada paso mejorara su conducta, actuara rectamente y dirigieran su atención hacia Allah, que había dado armonía a la creación entera.

Sin embargo, los Quraysh instigaron a las personas ignorantes y a sus propios hijos para que le apedrearan y le ridiculizaran.

Los desheredados, oprimidos y esclavos sin techo, entre los que se encontraba Bilal, el Muecín del Profeta (s.a.s), se regocijaron cuando oyeron esto: "Todos los seres humanos son matenidos por Allah. Él quiere más a aquél que es más útil al prójimo".

Esta fue la voz de Muhammad (s.a.s).

Aquellos que eran sus enemigos, le apedreaban y le ridiculizaban, oyeron esta voz, que provenía directamente de Allah (s.w.t):

"Si tú (Muhammad) hubieras sido estricto y duro de corazón ellos te habrían abandonado hace tiempo. Perdónalos y pide a Allah que los perdone, y consulta con ellos los asuntos. Pero cuando llegues a una decisión confía en Allah. Allah ama a aquellos que se confían a Él". Estas palabras del Generoso Corán expresan la Inmensa Misericordia de Allah, que no quería, para dar a conocer su Mensaje, que Su Mensajero se mostrara despótico y cruel ni con los opresores. Firme sí, dictatorial en absoluto. La grandeza del carácter de Muhammad (s.a.s) se manifestaba en este equilibrio entre voluntad férrea para hacer triunfar la Voluntad de Allah (s.w.t) y Su Justicia y el método sereno e integrador.

Esta fue la voz de Muhammad (s.a.s).

Las puras palabras siguientes quedaron grabadas en las mentes de aquellos que se esforzaron en el Camino de Allah para una vida mejor, y estaban dispuestos a apoyar a Muhammad (s.a.s) en su campaña contra la idolatría y la arrogancia, y que eran tan conscientes de su respeto por los demás que hasta en el campo de batalla demostraron una conducta impecable: "¡Recordad! No seáis traidores. No rompáis las promesas. No matéis ni a un niño, ni a una mujer, ni a un viejo ni a un monje en su monasterio. No queméis la palmera ni cortéis un árbol ni destruyáis una casa".

Esta fue la voz de Muhammad (s.a.s).

Los árabes oyeron la voz celestial de Muhammad (s.a.s), y la propagaron por el mundo entero. Ellos eclipsaron a poderosos gobernantes y reyes con esta voz, establecieron la fraternidad entre los seres humanos y los unieron en un único Din. Transmitieron la Voluntad de Allah (s.w.t) a través de Su Amado, Muhammad (s.a.s).

La sombra misericordiosa de Muhammad (s.a.s) se alargó tanto hasta alcanzar todos los rincones del Viejo Mundo, y de este a oeste pronto florecerían los frutos de bondad, conocimiento, paz y fraternidad. El Profeta del Islam (s.a.s) sembró las semillas de la libertad verdadera en todo el mundo. Su mano sigue aún plantando las semillas. No hay parte en el mundo donde los musulmanes no estén presentes. En Europa, otros en Pakistán, otros en Indonesia, millones en  América, en las Antillas, muchos en África… y todos se conducen con el mismo patrón, el del Islam, el din (actitud básica de apertura a Allah que se traduce en una conducta y una cultura) revelado por Allah (s.w.t) y que Muhammad (s.a.s) predicó entre los hombres.

Esta voz de advertencia, de concienciación, de un Profeta (s.a.s) frenó a los gobernantes injustos que usurpaban la propiedad de sus gobernados y dio derechos equitativos a todos los seres humanos. En el din de Allah no hay discriminación entre un hombre común y un gobernante, un árabe y un no-árabe, porque todos los seres humanos son creación de Allah y están necesitados de Él para subsistir.

Este Mensaje emancipó a las mujeres de la opresión de los hombres, liberó a los trabajadores de la injusticia de los propietarios y liberó a los esclavos de la degradación que suponía la completa sumisión a los dueños. Contrariamente a Platón y otros filósofos, que negaban a los que trabajaban sus derechos sociales por el hecho de considerar al trabajo como algo inferior, y que justificaban la división de la sociedad en grupos cerrados, el Islam hizo posible que todos los seres humanos pudieran participar de los asuntos de gobierno. Prohibió la usura y la explotación del hombre por el hombre. Instituyó la fraternidad y la solidaridad entre los seres humanos, porque todos los hombres son una creación de Allah ( s.w.t).

El Islam es una luz en el caminar del hombre hacia su plenitud que no puede ser olvidada ni menospreciada por parte de aquellos que dicen querer la emancipación. La situación actual mundial, con toda su complejidad, ha deformado la imagen del Islam y los musulmanes, para causar el temor entre las gentes de bien, como antaño hicieran los Quraysh con el Profeta Muhammad (s.a.s) y sus Compañeros. Pero cualquier persona de pensamiento libre, a la luz del carácter y la figura del Mensajero de Allah  puede calibrar la grandeza del Islam.