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CULTURA ISLÁMICA |
LAS BASES DEL CONOCIMIENTO EN EL ISLAM |
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BOLETIN Nº29 - AGOSTO 2004 |
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En el mundo islámico, la ciencia en general, y especialmente determinados estudios, se vieron favorecidos por la fundación, a menudo con carácter oficial, de grandes bibliotecas como la de Basora, El Cairo y Bagdad. El desarrollo de las ciencias en los países donde arraigó el Islam, se vio enriquecida por las tradiciones helenísticas y orientales anteriores. Astronomía, medicina y ciencias exactas, estaban orientadas hacia el concepto atomístico del universo, con un claro predominio del álgebra sobre la geometría. Todo ello se vio favorecido por ser la lengua árabe muy adecuada para la expresión de los hechos científicos. Al comienzo, los sabios fueron muy a menudo de origen iraní. Más tarde empezaron a surgir otros por todo el mundo musulmán, incluso en lugares como fue el caso de Al-Andalus, donde aparecieron grandes poetas, médicos, químicos, físicos y matemáticos. La ciencia escrita en lengua árabe fue fundamentalmente práctica. Acumuló conocimientos sobre plantas, nuevas drogas, cuerpos químicos, nuevos cultivos, así como experiencias clínicas.
MATEMÁTICAS Y MÍSTICAEn el caso específico de la aritmética, ésta fue perfeccionada con el empleo de valores numéricos «indios» y del cero. Al Battaru y su continuador Abúl- Wafá, introdujeron las nociones de seno y de tangente. El término álgebra procede del árabe al-jabr «<restitución» o «nivelación») y, está extraído de la obra principal del matemático y astrónomo AlJuwarizíni, titulada Kitab al-mukhtasar.fi hisab al-jabr wal mu qabala. Del álgebra hicieron una ciencia exacta, estudiaron también la geometría. Todo ello les indujo a fundar la geometría analítica moderna. Hacia el año 900 Abu Kamil redactó una obra denominada Sobre el pentágono y el decágono, en la cual llegó a resolver sistemas de ecuaciones de hasta cinco incógnitas y también abordó problemas indeterminados manejando coeficientes irracional es. Este tipo de documentos pone en evidencia el asombroso grado de desarrollo que alcanzó en la cultura Islamica el pensamiento abstracto. Las ciencias matemáticas fueron de las preferidas de los musulmanes. Su interés provenía de la necesidad de tener personas expertas que supieran definir con precisión las horas del salat y la alquibla: la orientación precisa en la dirección de La Meca, que todos los musulmanes deben encarar en sus salat. Pero los guarismos de los números pronto adquirieron un sentido esotérico en la interpretación de los textos sagrados, al trasmutar letras y palabras en fantásticas combinaciones de cifras, como hicieron los judíos con la Kabbalah. Las cifras también permitieron crear lenguajes criptográficos y los famosos cuadrados mágicos, en los cuales los árabes combinaban los nombres de Allah con números, práctica que también utilizaron los sufíes, siguiendo la estela de los gnósticos del periodo helenístico y sentando las bases de su adopción por parte de Occidente. Estos cuadros entusiasmaron a los alquimistas, que rápidamente se entregaron a construir todo tipo dé combinaciones numéricas cuyos resultados eran idénticos en todas las direcciones en que podían sumarse las cifras. En cuanto a la geometría, algunas figuras adquirieron una considerable importancia. Así, por ejemplo, el octógono se convirtió en una figura cargada de poder que los sufíes utilizaban para sus meditaciones y que, más tarde, se empleó como base para la construcción de diversos edificios e incluso de los torreones de los castillos, desplegando un simbolismo que el Temple adoptó en la Europa cristiana.
ASTROLOGÍA Y ASTRONOMÍA La astronomía floreció desde los principios del califato abasí. Fueron erigidos observatorios en Bagdad, donde se determinó la duración exacta del año solar y se descubrió la inclinación del plano de la elíptica. Después se erigieron observatorios en Samarcanda, El Cairo, Córdoba y Toledo. Fue la astronomía la que llevó a los sabios «árabes» a crear la trigonometría plana y esférica, siendo ésta prácticamente desconocida por los griegos. Como sucedió con las matemáticas, la astronomía también surgió por necesidades religiosas y, bajo este impulso, se convirtió pronto en una ciencia completamente desarrollada. El astrónomo musulmán más destacado fue Al Battani, en el siglo X, que en el mundo latino fue conocido como Albatenio. Se conserva una obra suya traducida al latín y titulada Opus astronomicum. En dicho libro, Al Battani demostró cómo el apogeo solar está sujeto a la precisión de los equinoccios. Por otro lado, refutó ciertas ideas de Ptolomeo y elaboró una nueva, teoría para determinar las mejores condiciones para lograr la visualización de la fase de Luna nueva. En el siglo XI, Azarquiel inventó la azafea, que simplificó el manejo del astrolabio, instrumento muy empleado en el mundo islámico. La azafea, consiguió una mayor eficacia a la hora de establecer la altura y la posición de los astros e introdujo mayor precisión en el cálculo de las latitudes. Sin embargo, como había ocurrido en Egipto y en Grecia, la observación del Cielo y las estrellas también supuso una amplia práctica en relación con los seres humanos, ya que estos nacían en determinados momentos y, en consecuencia, se veían afectados por determinados signos zodiacales. Poco a poco se desarrolló una pseudociencia de predicción astrológica cargada de profecías. No se trata de una creación islámica, mas adelante en el tiempo también se pondría de moda en Europa desde el Renacimiento. Recordemos que Nostradamus practicó esta ciencia y la asoció con sus famosas profecías. Al respecto, René Guénon hace una observación que debemos tener en cuenta: «La astrología es en realidad algo completamente distinto al arte adivinatorio o a la ciencia conjetural que únicamente perciben los modernos; ante todo, se relaciona con el conocimiento de las leyes cíclicas, que desempeñan un papel importante en todas las doctrinas tradicionales», e indudablemente, entre ellas, las árabes. Ya en la época preislámica los nómadas se orientaban, según las estrellas y calculaban su curso para determinar el lugar donde se hallaban y la fecha. Las estrellas también se consideraron como poderes superiores que otorgaban gracia o desgracia. Los diversos signos celestes se pusieron en relación con determinadas partes del organismo y, al diagnosticar las enfermedades, los médicos se valieron de las constelaciones. La figura de la Osa Mayor, por ejemplo, procede del catálogo de estrellas As Sufi, que en Europa apareció en una traducción latina y contribuyó a la difusión de los nombres árabes de las estrellas usados hasta hoy.
DE LA «AL-KIMIYA» A LA QUÍMICA Utilizando las bases establecidas por los griegos, los musulmanes perfeccionaron la química confundida en una sola disciplina con la alquimia, que mezclaba observaciones prácticas y preocupaciones místicas. En todo caso, descubrieron un gran número de cuerpos importantes, cuyos nombres pasaron a diversas lenguas europeas, como fue el caso del alcohol. También desarrollaron uno de los procedimientos fundamentales de la química moderna: la destilación. La química estudiada por los musulmana fue conocida como al-k'imiya, lo que dio origen en Occidente a la aparición de la alquimia. Este término deriva de la voz árabe que, a su vez, proviene al parecer de Kemé, término que designa la «tierra negra» egipcia (fecundada por los limos que el Nilo aportaba con cada inundación anual y que se asociaba, por eso mismo, a la transformación a través del papel fundamental que tenía en la actividad agraria). Aunque es probable que el antiguo Egipto desarrollara una alquimia de la cual carecemos de información, es importante observar que la alquimia árabe también se enriqueció después de la llegada del Islam a Egipto, en el siglo VIII. Los árabes se interesaron especialmente por la parte más práctica de esta disciplina, perfeccionaron sus técnicas de laboratorio y, especialmente, el proceso de la destilación. El alambique -otro término de origen árabe- fue uno de sus inventos destacados. También aportaron unos conocimientos teóricos nuevos, plasmándolos en diferentes obras. Dyabir ibn Hayyan, considerado miembro de una orden sufí, fue discípulo del sexto imán shií, Dyafar as-Ssadiq, y fundó en el siglo VIII d.C una verdadera escuela que ha dejado centenares de escritos alquímicos. Para René Guénon, la alquimia sólo la entienden en un sentido material los ignorantes, para quienes los simbolismos son letra muerta, aquellos mismos a quienes los verdaderos alquimistas de la Edad Media occidental estigmatizaban con los nombres de «sopladores» y de «quemadores» de carbón y que, no obstante, fueron los auténticos precursores de la química moderna. Centenares de alquimistas europeos basaban sus estudios en libros de procedencia árabe. Muchos de ellos, como Raimundo Lulio, mantenían relaciones con ciertos grupos musulmanes, como los Hermanos de la Pureza, de los que conseguían determinados secretos alquímicos que luego trataban de ampliar en los talleres europeos. En realidad, todos los elementos del taller del alquimista europeo tienen un origen musulmán, como se comprueba en la terminología instrumental (el matraz o los destiladores). Pero la alquimia pretendía alcanzar un objetivo mucho más importante que la simple transmutación de los metales: la transformación espiritual del propio operador en un nuevo ser. En otros casos se trataba de conseguir la transmutación del plomo en oro, o de obtener la panacea: aquella sustancia capaz de curar todos los males y a la que incluso se le atribuía la virtud de otorgar la inmortalidad.
SIMBOLISMO ALQUÍMICO «Atanor», palabra que deriva del árabe al-tanur, define un elemento imprescindible de todo alquimista que consiste en un hornillo. Cada operador debía construirse el suyo propio, así como el dispositivo que regulaba el tipo y la intensidad de calor que debía desprender el aparato, dependiendo de las manipulaciones y del tiempo de exposición. Este atanor o fogón es la representación simbólica del «útero materno» o la «matriz de Gaia». El Azufre, la Sal y el Mercurio de los alquimistas representan los diferentes elementos de la psique humana. El recipiente en el que se mezclan, el «Atanor», simboliza el propio hombre a través de su origen. El fuego en el que se deposita, y que recibe el significativo nombre de incendium amoris, alude a esa fuerza transformadora que es el calor del amor espiritual. Las sustancias primero se vuelven negras en el atanor; es la putrefacción, que corresponde al estadio de purificación del que hablan los místicos; después se vuelven blancas y se transforman en plata, simbolizando la iluminación del alma; finalmente se vuelven rojas y se convierten en oro, fase que evoca el oro espiritual, que es la conclusión de la Magnum Opus y que corresponde al estado unitivo místico del que tanto hablan los sufíes. Los alquimistas designan los diferentes metales con los mismo signos que los planetas: oro, Sol; plata, Luna; azogue, Mercurio, etc. A este respecto es interesante, y esclarecedor, leer la carta que escribió Al Hakim a su hijo: «Debes saber, hijo mío que este arte no trata de lo sólido, con lo que nada líquido está unido; y no de lo caduco, con lo que nada sólido está unido; no de lo masculino, con lo que nada femenino está ligado; y no de lo femenino, con lo que nada masculino está unido; sino que está compuesto de lo tosco y de lo fino, de lo masculino y de lo femenino, de lo caliente y de lo frío, de lo húmedo y de lo seco en conjunto (…). Vino el sabio con sus conocimientos y formó de todo ello tres pilares (…), cuerpo, alma y espíritu (...), y en estos se hallan los cuatro elementos, pues todas las cosas de la Creación han sido hechas de estos principios». Avicena también hace referencia a la alquimia en sus escritos y destaca: «Sólo hay una piedra, una manera de operar, un único modo de cocer para llegar al blanco y al rojo, y todo se completa en una sola vasija». Raimundo Lulio, que adquirió muchos conocimientos alquímicos a través de los Hermanos de la Pureza y se refiere a las transmutaciones alquímicas para alcanzar la Piedra filosofal destaca en uno de sus escritos: «Toma de esta medicina exquisita, gruesa como una judía. Proyéctala sobre mil onzas de mercurio; éste cambiará convirtiéndose en polvo rojo. Añade una onza de este polvo rojo a mil onzas de otro mercurio, y se operará la misma transformación. Repite dos, veces esta operación y cada onza cambiará mil onzas de mercurio en Piedra filosofal».
FILOSOFÍA MEDIEVAL El movimiento filosófico islámico se basó en gran medida al encuentro entre el mundo musulmán y las obras filosóficas y científicas griegas. Al Kindi, del siglo IX, está considerado el primer filósofo importante, ya que intentó alinear los conceptos filosóficos griegos con las verdades reveladas del Islam. Al igual que los posteriores filósofos de este periodo, estuvo influenciado por las obras de Aristóteles y por el neoplatonismo. A Alfarabí se le atribuye la teoría que sostenía que la verdad filosófica es idéntica en todo el mundo y que todas las religiones existentes son expresiones simbólicas de una religión universal ideal. Un concepto que Aldous Huxley utilizaría en el pasado siglo al formular su teoría de la filosofía perenne. Avicena, filósofo y médico persa, logró en el siglo XI la más sistemática integración del racionalismo griego y del pensamiento islámico. Averroes, filósofo y médico andalusí del siglo XII, defendió los conceptos platónicos y aristotélicos contra Al Ghazali, convirtiéndose en el filósofo islámico más importante en la historia intelectual de Occidente, gracias, en gran medida, a su influencia en la escolástica europea.
CALIGRAFÍA La caligrafía está considerada la suprema de las artes islámicas, así como la expresión más típica del espíritu musulmán. Al ser escrito el mensaje de Allah en lengua y escritura árabe ésta es considerada como un tesoro por todos los musulmanes. Una tradición del Profeta declara: «La bella escritura hace que la verdad se mantenga». A lo largo de la historia se desarrollaron diferentes tipos de escritura. Las primeras versiones del Corán se realizaron con una caligrafía denominada Jazm; a su vez ésta influyó en, el desarrollo de la escritura cúfica, cuyo trazo es vigoroso y angular. Durante siglos los coranes se redactaron con escritura cúfica. A mediados del siglo X existían seis tipos de escrituras clásicas de la caligrafía islámica: Thuluth, Naskhi, Muhaqqaq, Raihani, Tawqi y Riqa. Algunas de estas escrituras eran utilizadas en las transcripciones coránicas aportando efectos decorativos. También surgieron otras cuatro escrituras: Turnar, Ghubar, Taliq y Nastaliq. Durante cuatro siglos estas cuatro últimas fueron consideradas como las favoritas de los musulmanes del Irán, Turquía y la India. El arte y la belleza de estas caligrafías eran expuestas como motivo ornamental en las piedras de las tumbas, en ánforas, textiles, azulejos, armas, etc. Los calígrafos gozaban también de una alta estima por parte de los soberanos musulmanes más poderosos. La tinta se elaboraba con humo y vinagre. El árabe se escribe de derecha a izquierda, y la mayor parte de las letras cambian de forma respecto a su posición en la palabra, dependiendo de que vayan al comienzo; en el medio o al final. Exceptuando alif, todos los demás signos representan consonantes. Wau y Ya son semivocales porque significan los sonidos consonánticos de w-y, además, de las vocales u-i y los diptongos aw-ay (ai). Las vocales breves son representadas por medio de signos colocado encima o debajo de las letras. También existen signos que se ponen encima de una letra para doblar su valor consonántico o que se colocan encima de una letra para indicar que tal consonante no lleva vocal.
CARÁCTER SAGRADO DE LA ESCRITURA ÁRABE Desde el primer momento, cuando el Corán fue transmitido al profeta Muhammad (s.a.s) en lengua árabe por el arcángel Gabriel, adquirió un estatuto de lengua divina. Desde ese momento la escritura conservó un lugar importante en la cultura musulmana. El Corán hace continuas referencias a ese hecho. Así, leemos que una de las primeras revelaciones referentes al arte de la escritura: «Que ha enseñado el uso del cálamo, ha enseñado al hombre lo que no sabía» (Corán, 96:4-5). La segunda revelación coránica tiene por título al-Qalam (El Cálamo): «Por el cálamo y lo que escriben» (Cor., 68:1). Los ángeles son los primeros escribas, según se recoge en Cor., 82:10-12 y en Cor.,50:16-16: «En verdad, a vuestro encuentro, son verdaderos los ángeles que retienen vuestros actos, ángeles nobles que escriben recogiendo lo que vosotros hacéis». «Cierto, nosotros hemos creado al Hombre. Sabemos lo que le sugiere su alma. Estamos más cerca de él que su vena yugular, ya que recogen sus palabras los dos ángeles. Recogen así de derecha a izquierda». Es lógico que en esta cultura, donde todo está predestinado, la existencia de cada hombre ya esté escrita. Por lo que podemos leer: «En cualquier situación en que te encuentres, cualquiera que sea el pasaje que recites del Corán, cualquier cosa que hagáis. Nosotros somos testigos de vosotros desde su principio. A tu Señor no se le pasa desapercibido el peso de un átomo en la tierra ni en el cielo. No hay nada, menor o mayor que eso, que no esté en una Escritura clara» (Cor., 10:62).
ALFABETO Y CÁBALA ÁRABEOtro aspecto que caracteriza a la escritura árabe es el simbolismo de sus letras. Cada una de ellas tiene un importante significado, ya que se trata de exponer la realidad escondida en las palabras de Allah. Estamos hablando, por tanto, de una alquimia de las letras; en árabe, el término jafr que lo indica simboliza el deseo de expresar una geometría del alma. Estamos, por tanto, ante una verdadera ciencia cabalística, donde el jafr reposa sobre la combinación de cada una de las 28 letras del alfabeto árabe con diez cifras. Estas 28 letras se dividen en cuatro grupos de siete letras, que representan los cuatro elementos del universo: el Aire (Ba), la tierra (Dal), el fuego (Ale/) y el agua (Jim). A cada elemento corresponde una letra. Por otra parte, cada letra tiene un valor numérico. Así se distribuirán del 1 al 9, desde Alef aTa; del 10 al 90, desde Ya a Sad; de 100 a 900, de Qaf a Za; y 1000 para Ghain. A partir de estas cifras se pueden establecer correspondencias con las diferentes letras del alfabeto: el Ba, 2; el Kah, 20 y el Ra, 200. Ibn Kaldoun llegó a establecer significativas relaciones entre las letras y los humores de los hombres. . Las letras forman parte del lenguaje simbólico de la prosa y la poesía. Alef, la primera letra, una línea recta vertical, tiene el valor del número 1, cifra de la unidad, y el símbolo de Allah, el único, unidad absoluta. Algunos poetas han llegado a decir, basándose en este aspecto del valor de la letra Alef, que sólo llegaron a aprender dicha letra, ya que es la más importante del alfabeto, la que reúne la unicidad y la unidad de Allah y predomina sobre el conocimiento de las cosas visibles de este mundo. El resto de las letras partirán del Alef. Así, la Hha será un Alef curvado, y la Mim será un Alef circular. La segunda letra importante será Ba, segunda del alfabeto y, a la vez, inicial de la palabra Bismilláh con la que empieza el Corán. Está considerada como la primera manifestación de la sabiduría divina: la puerta de entrada en el mundo de lo absoluto. Para los sufíes el Alef se creó espontáneamente, por su voluntad propia, mientras que Ba fue obligada a existir. Como conclusión, se dice que la libertad no es incompatible con la obligación. Las letras árabes tienen multitud de sentidos esotéricos que se nos ocultan, escapando a la comprensión humana. Son letras que deben ser comprendidas como una especie de signo de Allah, desde una intuición divina.
CERÁMICA El mundo musulmán revestía de mucho color su arquitectura. Sus edificios los recubría de una brillante variedad de tonos y de modelos. Comúnmente se utilizaba el azulejo vidriado. En el norte de África se realizaban cuatro estilos principales en lo referente a la decoración con azulejos: caligráfico, geométrico, floral y arabesco. También en este apartado hallamos un simbolismo que da pleno sentido al término arabesco como sinónimo de enigma, no de adorno.
LAS UNIVERSIDADES Fueron creadas en el siglo XI por Nizam al Mulk, ministro de Allp Arslan, que fue sultán seléucida de Bagdad. La madrazas se desarrollaron a lo largo de todo mundo islámico. Estaban dirigidas por un rector. En ellas estudiaban los alumnos en régimen de internado. Existían madrazas públicas y privadas. Normalmente se estudiaban las ciencias del Din del Islam, Fiqh, jurisprudencia. Las madrazas son consideradas como los precedentes de las universidades europeas. Las primeras aparecieron en Alepo, donde en el año 1300 ya funcionaban 40. En El Cairo, en el siglo XV, había 74. La más grandiosa y célebre fue la de Nizamiyya, en Bagdad. Occidente conoció las madrazas a través de las que se erigieron en Granada en el siglo XlV. También se crearon en Málaga y, a mediados del siglo XV, en Zaragoza. Esta última se especializó en la enseñanza de la medicina.
LA ARQUITECTURA DE LA MEZQUITA El término árabe que las designa es masyid, que quiere decir «lugar de postración». Están destinadas a la congregación de los musulmanes , durante sus salats. El diseño arquitectónico y sus características, reflejan sus funciones en el culto público. Las mezquitas están orientadas de tal forma que una línea recta tirada desde La Meca debe dividirlas siempre en ángulos rectos. La edificación tiende a ser cuadrada y no longitudinal para que al hacer el salat los musulmanes estén lo más cerca posible del muro del mihrab y, por lo tanto, de La Meca. El denominado minarete se construye con la finalidad de llamar a la gente a al salat. En las mezquitas encontramos también una pila o fuente para que los musulmanes puedan realizar sus abluciones; el minbar o púlpito, donde el imán pronuncia su jutba los viernes; y finalmente el cursi O atril que sostiene El Corán. El mihrab, que señala la dirección de La Meca, es el distintivo principal de cualquier mezquita. Por lo general, también es la parte más profusamente decorada del edificio. Las mezquitas importantes suelen complementarse con una biblioteca y escuelas. En algunas ocasiones también cuentan con una casa de baños y posada. Pero no son consideradas residencias de la divinidad como ocurre con los templos cristianos; sino simplemente como un lugar de oración. .
LOS JARDINES En el mundo islámico los jardines representan una verdadera pasión, especialmente entre los persas. Existe una gran cantidad de miniaturas en las que se representan jardines. La palabra firdaus (jardín) designa al Paraíso. A los persas se debe más frecuentemente el plano de estos jardines cerrados, que se componen de dos canales principales que se cortan en ángulo recto y delimitan cuadros. No solamente los palacios principescos tenían jardines, también las viviendas privadas incluían detrás de sus muros unos jardines, aunque fueran de dimensiones modestas. En los de las calles se realizaban mosaicos, depósitos y fuentes. Los persas incluso llegaron a cubrir grandes superficies con baldosas verdes para crear la sensación de céspedes perpetuos. Estos jardines han desaparecido casi. en su totalidad, pero tanto en Delhi, en el palacio Topkapi de Estambul, como en Al-andalus, con los maravillosos conjuntos de la Alhambra y del Generalife, se puede contemplar este arte islámico en todo su esplendor.
FUENTES DEL ESOTERISMO Los estudiosos occidentales del esoterismo han querido ver en el sufismo, la parte esotérica y mística del Islam, comparando el sufismo con ciertos aspectos de esoterismo cristiano ya en los manuscritos de Nag Hammadi y en los rollos del Mar Muerto. En el hinduismo encontramos un legado esotérico en los Upanishad, y en el judaísmo en la Kabbalah. Los estudiosos de las doctrina religiosa esotéricas dicen con respecto al sufismo: <<El sufismo se funda en los principios de la unidad del Universo, de la identidad sustancial de la divinidad con el alma, de la reabsorción de aquélla con ésta, del repudio de todo culto y de la interpretación del conjunto de cosas y seres del mundo como falaz espejismo de la sola, eterna e increada realidad del Uno>> Es evidente que el sufismo ofrece al hombre el conocimiento de la unidad esencial Tawhid (Unidad y reunificación), mostrando que su enseñanza no lleva a un culto, ni a una religión, ya que es una filosofía práctica basada en las Ibadas (practicas) del Islam. Conforme el Islam crecía y se expandía por el mundo, llego a tener contacto con los antiguos cultos helenísticos, especialmente la comunidad sabea de Harram, que se consideraba heredera del aspecto más esotérico de la tradición griega. Y, además, tuvo contactos con el cristianismo y el judaísmo en sus orígenes y durante la expansión hacia el norte. Con las religiones persas, tanto zoroastrismo como maniqueísmo, en el imperio sasánida; con el budismo, en el noroeste de Persia, en Afganistán y Asia Central; con el hinduísmo, en Sind. El chamanismo mongol y siberiano influyó en las tribus turcas. Y, finalmente, la tradición china fue recogida por los musulmanes de Sinkiang. Sólo quedó al margen el shintoísmo de Japón.
¿QUÉ ES EL SUFISMO? El fallecido Idries Shah, uno de los mayores expertos en sufismo, que con sus libros ha ayudado a divulgado en el mundo occidental, lo define de este modo: «El sufismo es una ideología, es una ciencia, un arte o, más bien, un método para el desarrollo humano; un método para aprender a ver sin filtros distorsionantes y para aprender a responder adecuadamente a los requerimientos de la vida. La experiencia sufí hace posible hacerse consciente de cómo y por qué se fue estableciendo el propio condicionamiento y por qué las propias creencias se tomaron excesivamente simplistas y estereotipadas» Diremos que el sufismo no se puede entender sin el Islam el sufismo no es otra cosa que la practica diaria de las Ibadas del Islam: El sufí el musulmán quiere la libertad de uno mismo y su espíritu; dejar de violentarse y reprimirse; advertir la imperfección de cada uno, sus errores y sus defectos; dominar las dificultades que se presentan en la vida, etc. Pero, sobre todo, los sufíes ponen especial énfasis en destacar que esta corriente no es una secta y que tampoco es un sistema dogmático.
El Sheik Muzaffer ozak al-Yerrahi, escribe. <<El
nombre de sufí es una expresión derivada de la palabra árabe saaf "puro". Otro significado es también que ellos estaban espiritualmente conectados con los constantes compañeros del Profeta (s.a.s) que fueron llamados " los compañeros con manto de lana". Ellos estaban totalmente absortos en la búsqueda espiritual interior, despreocupados por su apariencia exterior. Su única posesión era ese manto de lana (suf). El Sufismo, en su calidad de vía interior del Islam, se presenta como una sucesión de expresiones personales que tienden a favorecer un acercamiento del ser y de la Realidad última. Su objetivo final consiste en acceder a la conciencia de esta realidad, es decir en aniquilarse en ella. En el Islam, el Sufismo es la vía que conduce de lo individual a lo universal, del mundo de las apariencias a la Unidad. En la práctica, el Sufismo está ligado fundamentalmente a dos grandes dominios: el de las verdades universales y el de la realización del hombre a través de los distintos grados de la vía. El camino a seguir por el adepto para alcanzar el grado de purificación implica, además del respeto a la ley y una práctica religiosa esotérica, una iniciación y un método. Estos últimos se realizan gracias a la presencia de un guía (Sheik), considerado como el representante de la "cadena" que asciende hasta el Profeta. Tal como lo expresa al-Hallaj, el sufí más importante del siglo X, al finar del camino:"me he transformado en Aquél a quien amo, y Aquél a quien amo se ha transformado en mí. Somos dos espíritus fundidos en un único cuerpo". En los textos más antiguos, se dice que Ghazzali, en Kimia Al-Saadat (La alquimia de la felicidad) explica las tres capacidades que acompañan al conocimiento sufí: · El poder de extrapercepción, conscientemente proyectado. · La habilidad de mover los cuerpos fuera de su propia masa. · La capacidad de adquirir, por conciencia directa, conocimiento que de otra manera se obtendría sólo a través de mucho trabajo. Lo cierto es que al sufismo se le atribuyen logros muy importantes conseguidos hace muchos años. En el campo de la psicología, habló mucho antes que Freud, Jung o Pavlov de los condicionamientos. Los argumentos sexuales de Freud fueron puestos de relieve por Ghazali en La alquimia de la felicidad, escrito hace 900 años. Casi mil años antes de Einstein, el derviche sufí Hujwiri argumentaba en escritos técnicos la identidad del tiempo y el espacio. Los sufíes formularon una ciencia de la evolución más de seiscientos años antes de Darwin. La teoría arquetípica jungiana fue expuesta por el maestro (Sheij) sufí Ibn AI-Arabi. Por poner un solo ejemplo de lo avanzada que estaba esta escuela de pensamiento, véase este verso de Jalaluddín Rumí, escrito en el siglo XIII: «La humanidad ha surgido del mar. La humanidad procede de más allá del cielo. Habiendo descendido a la Tierra, debe intentar regresar. No debería desperdiciar el tiempo en lo que realmente son actos circenses. Hay una continua llamada, tono o sonido, llamando a cada uno al regreso». Si analizamos estos versos de Rumí vemos que son verdad. Según la ciencia oficial ¿Nos dice que evolutivamente la vida fue surgiendo del mar encarnada en seres anfibios que más tarde pasaron a ser reptiles, mamíferos y aves, para dar lugar finalmente a la especie horno? ¿No es cierto que las últimas teorías científicas plantea que el origen de la vida en la Tierra sea el efecto del impacto de un cometa en el mar y que dicho cometa era portador de los aminoácidos que dieron lugar a las primeras formas de vida?
DOCTRINA Y FILOSOFÍA Al hablar de la doctrina sufí hay que destacar que comprende los siguientes aspectos: una metafísica sobre el principio y la naturaleza de las cosas; una cosmología referente a la estructura del Universo y a los múltiples estados del ser; una psicología tradicional sobre la estructura del alma humana; una psicología de orden profundo; una escatología referente al fin postrero del hombre y del Universo, así como del devenir. Es evidente que el sufismo se presenta como una acción para trascender las limitaciones ordinarias. Por tanto, sus conocimientos deben estudiarse con una cierta actitud, con determinadas condiciones y de una manera específica. El fin es lograr un estado de pureza e integridad, no mediante la negación de la inteligencia, como ocurre a menudo en el tipo de piedad alentado por ciertos movimientos religiosos modernos, sino mediante la integración de cada elemento del ser de uno en su propio centro. Seyyed Hessein Nars en Sufismo vivo, destaca: «Las doctrinas escatológicas sufíes revelan al hombre la extensión de su ser más allá del yo empírico terrenal con el que la mayoría de los seres humanos se identifica». Este mismo autor pone en relieve la importancia que tiene dominar la mente: «La mente está siempre errante de un pensamiento a otro. Ser capaz de mantenerla dentro del cuerpo significa estar siempre totalmente presente, aquí y ahora, en el instante que conecta lo temporal con lo eterno». Así, vemos que el objetivo es ser espontáneamente consciente de las limitaciones físicas y materiales del mundo fenoménico que rodea al individuo. En este ámbito, los pensamientos abstractos y las emociones son considerados como más sutiles y, por lo tanto, superiores. Cuanto mayor es el conocimiento y la conciencia interior de una persona, menos le sorprenden los acontecimientos exteriores y, cuanto más amplia es su perspectiva, con mayor facilidad verá la relación causa-efecto que existe en todo lo que acontece, tanto en lo que se ve como en lo que no se ve. En Un escorpión perfumado, Idries Shah sostiene: «La elección por parte del sufí de los intereses mundanos está determinada por la conciencia de su valor para la raza humana, de acuerdo con su percepción de un diseño cósmico. Su elección del estudio y la actividad está determinada por la comprensión del sufí, no por intereses arbitrarios. Los sufíes no cultivan intereses, buscan realidades. Se adentran en sucesivas capas de realidad comprendiendo las. La experiencia sin comprensión es agua sin humedad». . Está claro que existe un propósito y que éste es, sobre todo, comprender. El sufí el musulmán debe conocerse a sí mismo antes de que pueda comprender a los otros. El conocimiento de sí mismo le abrirá las puertas para entender la naturaleza del hombre, del mundo y de los otros seres que le rodean. Así vemos, por tanto, que el sufismo está trabajando en el terreno de la educación más que en el de la terapia, en de la psicología superior más que en el del entretenimiento, en el de la comprensión más que en la creencia. El propósito último del maestro (Sheik) sufí es el de ayudar a su inmediato seguidor a buscar la verdad dentro del ser y recibir iluminación sobre la realidad. Su función consiste en guiar al buscador por un camino de disciplina hasta llegar al punto en el que éste sea capaz de sentarse en contemplación absoluta sin contemplar nada. Los maestros espirituales comparten un estado de silencio interior y de gozo, dado que la Creación nació del silencio. Por eso, cualquiera que desee comenzar a vivir debe regresar a ese punto u origen, el silencio total e interior en el cual no hay ni visión, ni memoria, ni pensamiento, ni movimiento. La meta del sufí es escalar cada vez más alto la montaña de la conciencia y alcanzar la cumbre del despertar, donde podrá ver que lo interior y lo exterior están perfectamente unificados. Finalmente, recordaremos dos aspectos sobre el maestro expuestos por. Sheik Ibrahim Gazur-i-Ilahi dice: «El maestro es aquel que abandona el ceremonial, la exhibición religiosa y las apariencias sociales, y se concentra en el desarrollo real». Indudablemente, esta es una definición que separa radicalmente a los verdaderos maestros sufíes de muchos religiosos y de muchos falsos maestros que viven de engatusar a sus discípulos. La segunda definición corre a cargo de Ghazzali cuando sostiene: «Lo que se quiere de un maestro no es que parezca importante y haga milagros; si no que tenga lo que el discípulo necesita». Dice el Sheik Muzaffer ozak al-Yerrahi <<Para ser llamado Sheik uno ha de haber obtenido perfección en lo siguiente: Edad, Conocimiento, Sabiduría, Condición Espiritual y Capacidad de Guiar. La edad es irrelevante no obstante, si la persona en cuestión está completamente desarrollada en los otros aspectos mencionados. Es esta perfección, que se origina en la luminosidad del Reino Divino, la que buscamos después de haber llegado a este mundo. Hay varios puntos a considerar en relación con el nombre Sheik. Al deletrearla en Árabe la palabra Sheik comienza con la letra shin. Esto indica la transformación de su estado desde la oscuridad de lo físico y lo emocional (bashariya / shuriya) hasta la espiritualidad luminosa (malakutiya / nuraniya). Esto significa que él posee perfecto dominio de su naturaleza física y elemental, y también de esa joya de la espiritualidad. La segunda letra Árabe en la palabra Sheik es yay, como la vigésima octava letra del alfabeto Árabe, indica los veintiocho grados espirituales (maratib manawiya) ya que llegamos al número veintiocho si multiplicamos los "Siete Nombres" por cuatro. Aquellos que logran los veintiocho grados han alcanzado el rango de quien recorre el camino (sayr as-suluk) y por lo tanto son dignos de la designación de "Sheik". La tercera letra Árabe en la palabra Sheik es kha. Ella indica que él ha obtenido maestría en la transformación del carácter (tabdil al-akhla) y ha logrado refinamiento moral. Él ha transformado su limitado ser de maldad y lujuria en la luz del Amor Divino. En otras palabras, él ha logrado el linaje de los Sabios. Es permisible dar el nombre de Sheik a uno que está autorizado a guiar la gente a la Verdad, quien haya completado los grados de la verdadera adoración, obediencia, temor y amor de Allah el Creador, y quien sinceramente instruya a la gente, la enseñanza religiosa. La letra kha indica que su calidad de criatura (khilqiya) se ha extinguido dentro de la Verdad Divina y que su carácter moral está permanentemente establecido en la Verdad Divina. Él ha de ser el servidor de los Nombres Divinos Hadi Rashid (Guía y Director) y debe estar internamente y externamente versado con las manifestaciones del Nombre Khabir (Todo-Consciente). De esta manera el título Sheik simboliza a un individuo que une en su ser todos los signos indicativos de un verdadero guía, habiendo alcanzado perfección en su estado y grados de espiritualidad. Cuando el nombre Sheik es aplicado a personas que no han obtenido estos grados, es debido a que ellos son Sheiks en apariencia externa únicamente. El camino del sufí es el camino del conocimiento, que es concebido en el Islam como la máxima expresión de perfección humana , el camino llamado Siratul-Mustaquim, el Sendero Recto, al que se llega por la apertura (Al-Fátihah) que proviene de la Baraka (energía) del Profeta. El sufí emprende una búsqueda tan fuerte de su Iman (Facultar del corazón de intuir a Allah y abandonarse a El) a través de las practicas de los salats, y la practica de la meditación (Tadabbur) del Drik (repetición y recuerdo de los nombres de Allah) un estudio minucioso de la ciencia (sadiqui) enseñada por los maestros (los shuyuj). El Sufismo (al-tasawwuf), consiste en la purificación del corazón del practicante para así posibilitarle la fusión con Allah (s.w.t.). |