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YAMA'A BOLETINES |
¡ ANDALUCÍA, DESPIERTA! |
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BOLETIN Nº29 - AGOSTO 2004 |
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“Los andaluces queremos volver a ser lo que fuimos, ¡hombres de luz!, que a los hombres alma de hombres les dimos”. Dice el himno de Andalucía.
Al-Andalus fue durante siglos la Meca de la Sabiduría Universal y del Unitarismo religioso. Fueron siglos de gloria y esplendor durante los que el mundo conocido volvió su rostro esperanzado hacia nuestra tierra, cosechera de hombres y mujeres ilustres. Tres confesiones, musulmanes, judíos y cristianos, pero un solo pueblo andaluz, viviendo en armonía y mutua tolerancia.
Nuestros antepasados andaluces, que no árabes, fueron personas de ciencia en lo social. Hubo gentes de confesión trinitaria que gozaron de absoluto respeto y protección, pero en su mayoría fueron de confesión unitaria en lo espiritual, es decir cristianos arrianos, judíos y, mayoritariamente, musulmanes. Ellos entendieron que, ambas disciplinas, lo “material” y lo “espiritual”, son dos caras de una misma moneda que no pueden ser separadas; el ser humano. Pero esto solo sucedió durante los ochocientos años de nuestra historia que, lamentablemente para todos, acabaron en el 1.492.
Al-Andalus vio extinguirse el esplendor de su cultura en manos de la barbarie, pero entre las cenizas de su gloria quedaron rescoldos desde los que, desde hace algún tiempo, el soplo del despertar reaviva una nueva llama. Esta llama renovadora ha comenzado a iluminar, nuevamente, el corazón de muchas personas que han visto en este renacer la respuesta a sus esperanzas. Y sabemos que cuando un espíritu libre busca es porque ya ha encontrado. ¿Quién le pondrá barreras al Soplo Divino?.
No en vano el himno de Andalucía dice; “Los andaluces queremos volver a ser lo que fuimos, hombres de Luz, que a los hombres, alma de hombres les dimos”.
Hubo una época en que las tierras de Al-Andalus, gobernadas por musulmanes hijos de nuestra tierra, que no por invasores árabes, vieron correr ríos de leche y miel, y la luz de su sol, como polvo de oro, en guarneció el alma de las gentes de todo el mundo conocido. Sabiendo todo cuanto algunos ya sabemos. ¿Quién querría ahora beber de un charco en el camino después de haber redescubierto “el vino” de la íntima bodega?.
No fue hasta bien asentada la reciente democracia cuando, en este país de la piel de toro, comenzamos a recuperarnos de la debacle económica, social y cultural a la que fuimos sometidos tras la invasión de los visigodos del norte de confesión trinitaria. Erradicado por fin el totalitarismo político, religioso y cultural podemos, hoy día, hablar y mostrarnos, pero no es frecuente que nuestra palabra reivindicadora, que fue continente de perpetua sabiduría, sea escuchada. No nos ha pasado por alto que la pervertida, y mal llamada “reconquista”, ha continuado golpeando sobre La Gran Andalucía en el transcurso de los últimos quinientos años, durante los que el pueblo andaluz, perdida su gloria y su memoria, se ha visto sojuzgado. Antes por “unos” y después por “otros”, pero al fin y al cabo siempre por los mismos.
El año 1.492 los reyes trinitarios del norte de la Península Ibérica, descendientes de los invasores godos, nos arrebataron a sangre, fuego y espada el último reducto de nuestras tierras. Fueron fieles a su avaricia y a los dictados de la Roma eclesiástica, pero traidores a sus compromisos de protección y respeto para todos los ciudadanos andaluces. Por ello, y después de haberles garantizado la seguridad y el respeto, expulsaron de sus hogares a tantos de nuestros abuelos que, emigrantes forzosos en tierras africanas, conservaron hasta nuestros días las llaves de sus casas ¡por si pudieran volver!.
Pues sepamos que los andaluces expulsados no olvidaron jamás la tierra que, trabajada y generosa, les dio leche y miel como respuesta entre enamorados. La tierra fue su carne, y el corazón de sus gentes el alma de Andalucía, desde la que se remontaron en pos de los más altos vuelos. Y nosotros, hijos de los que aceptaron quedarse, siendo obligados a confesar una fe que no es la nuestra, tampoco nos hemos olvidado de nuestro amor herido, ni de nuestras raíces horadadas por la traición y la mentira.
Esta tierra nuestra, ¡tan nuestra!, de mar a mar, desde allende el Estrecho hasta la montaña, regada con el sudor de nuestros padres ¡y con su sangre!, la misma que hoy corre por nuestras venas, ¡nunca fue olvidada!. Desde antaño protagonista de sus más íntimas añoranzas y sueños callados. Hoy con la esperanza de un nuevo amanecer, Al-Andalus se goza con la caricia de los recuerdos y la mirada dolida del amante olvidado, pero todavía hay demasiado silencio.
¡Despierta Andalucía!, ¡Despierta!. ¡Perfúmate de arrayanes y engalana tu rostro con alheña nueva!. ¡Haz memoria!. ¡Recuerda lo que fuiste y recrécete de nuevo!. Arráncate el olvido para que se revuelva tu entraña entera. Desde tus cúspides nevadas hasta tus doradas playas, desde tus valles floridos hasta tus pueblos serranos salpicados de blancura. Pues hoy el “Soplo Divino” reaviva el rescoldo dormido entre tus cenizas para anunciarte un nuevo y glorioso amanecer.
Pero... ¿Quién de tus hijos despertará del secular sueño para escuchar la voz de tu tierra que clama por su amor perdido?. ¡¡Ay de mi Alhama!!. Y ¿Quién cerrará la herida que, tras siglos de olvido, espera para ser sanada con aquel bálsamo divino?.
¡Andalucía!, te hicieron olvidar que fuiste madre de la Tierra, y te pagaron haciendo de ti la folclórica del vino, del jamón y de la pandereta, ¡qué alto precio!.
“Buitre carroñero, devorador de pretéritas edades que tienes por nombre “Olvido”. Repliega la sombra de tus fúnebres alas, ladrón del recuerdo, y deja que la luz nos alumbre de nuevo. Te sentaste en nuestras mesas y te comiste el pan de nuestra memoria, alimento de nuestros hijos e hijas deseosos de sí mismos. Vete ahora de nuestras huertas, vete de nuestros arenales, vete de nuestro pan y de nuestra sal, vete de nuestro sudor y de nuestros olivos, vete de nuestra tierra, pero sobre todo vete de la memoria de nuestras gentes”.
¡Despierta ahora león herido!, Rúgele al mundo el final de tu sueño y vuelve a enseñarle la realidad gloriosa de tu pasado y de tu vivo presente preñado de esperanza!.
Madre prolífica y paridora de gloriosos hijos e hijas, regidora de destinos y dadora de mil riquezas. Cimiento del mundo. Vomita ya el lamento de tus dolores y recupera el canto del Almuédano, el perfume del zoco y el trono que te quitaron, ¡Sultana guapa!.
¡¡ANDALUCÍA!! |