CULTURA ISLÁMICA

LOS YACIMIENTOS DE IRAK

Pablo Villarrubia Mauso                                 

Ernest de Sarzec fue uno de los principales aventureros que viajó por Oriente Medio en el siglo XIX.

 

        

            Cuenta EveGran-Aymerich en su libro El nacimiento de la arqueología moderna 1798-1945 - Prensas Universitarias Zaragoza, 2001-, que fue el descubridor, en 1877, de la ciudad de Tello-Lagash, revelando al mundo la existencia de la civilización Sumeria.

            Sazec (1837-1901) fue destinado –a partir de 1875- a la destruida por las tropas anglo norteamericanas en el último conflicto bélico. La arqueología ya estaba asociada a la política en Oriente, donde las potencias europeas disputaban el control geopolítico y económico de la región, especialmente ingleses y franceses.

            Cuado el diplomático galo llegó a Basora en 1877 encontró una mísera concentración de casas con cerca de 20.000 habitantes.

             Posteriormente Sarzec se dirigió a la cercana colina de Tello, movido por la noticia del descubrimiento de estatuas encontradas durante unas excavaciones clandestinas. Bajo un calor infernal se encaminó al lugar.

             El explorador bebió el agua verdosa y caliente de los pantanos infestados de mosquitos y describió en sus diarios las tiendas negras de pelo de cabra-su hogar en el desierto-, la pobreza y suciedad de los beduinos, dudando de que allí estuviera el origen de la civilización occidental. ¿Eran aquellos los vástagos de los sumerios?

         Los “fellahs” le hablaron de “ladrillos”con signos misteriosos, una especie de escritura, y esculturas de piedra. Al final encontró más de 30.000 tablillas, con escritura cuneiforme, es decir, una biblioteca más grande que la de la mítica Ninive, que pudo estar enterrada durante más de 4.000 años. Las estatuas mostraban los enigmáticos “hombres-toro” –como esfinges- de esteatita negra del tercer milenio antes de Cristo, de la ciudad de Tello-.

             Hasta 1900 dirigió once campañas en la zona. El vicecónsul viajó a París y, a su vuelta, se topó con las excavaciones clandestinas de Tello-Lagash realizadas por un tal H. Rassam. De vuelta a Irak, Sarzec se detuvo en Constantinopla para conseguir que el sultán le concediera la posesión para Francia del yacimiento de Lagash.

            Entre 1880 y 1881 Sarzec dirigió la tercera y cuarta compañas, y sacó de la ciudad una colección de grandes estatuas del rey Gudea y varios fragmentos de la “Estela de los Buitres” los  primeros ejemplos del arte prebabilónico. Estas piezas fueron compradas por el Louvre gracias al apoyo del gobierno francés, que financiaba las investigaciones en el Oriente Próximo como una forma de penetración colonial en un territorio constantemente disputado-hasta hoy- por las grandes potencias.

              En 1883 Ernest Sarzec fue nombrado cónsul en Bagdad, y únicamente volvería a reanudar las excavaciones en Tello-Lagash en 1888, después de delicadas negociaciones con Hamdi Bey, director del museo de Constantinopla, ya que el gobierno otomano había establecido nuevos reglamentos, más restrictivos, en materia de antigüedades.

              Los trabajos de excavación en el yacimiento de Nippur, dirigidos por el teólogo Jogn P. Peters de la Universidad de Pensilvania, fueron un fiasco y terminaron con la huida de los estadounidenses expulsados-en medio de un tiroteo- por tribus hostiles. Estos no estaban familiarizados con la costumbre del país de pagar a los jeques árabes una especie de contribución y dedicarles buenas palabras.

              En una campaña posterior, en 1890 Peters abono el impuesto a los jeques llevando a cabo una verdadera rapiña arqueológica en Nippur. Por ello fue duramente criticado por otros científicos, además de no saber interpretar el valor histórico de las piezas excavadas.

              Ernest Sarzec está considerado como el hombre que hizo renacer la arqueología francesa en Mesopotamia. En función de los hallazgos en Tello, estimuló la creación del “Departamento de Antigüedades Oriente del Museo del Louvre”, que posiblemente posea el mayor número de piezas procedentes de esta mítica cultura. En 1894 el francés volvió a Basora y retomó los trabajos en Tello.

               Tras la muerte de Sarzec, en 1901, Tello-Lagash cayó en manos de “huaqueros” o profanadores de reliquias. En la actualidad, algunas se encuentran en colecciones privadas de todo el mundo.