CULTURA ISLÁMICA

LA ARQUITECTURA ISLÁMICA

        

Los elementos primordiales de los edificios islámicos son dos, el arco y la cúpula, y también dos los elementos constructivo-decorativos, el Íwán (pórtico abierto) y el muqamas (decoración de estalactitas, término procedente del griego coronis, "comisa"). El tipo de edificio varía según su función (mezquita, madraza, palacio, hospital, caravasar, mausoleo, baño turco o mercado cubierto) y algunos presentan elementos específicos, como el mihráb y el minbar. A veces la mezquita posee un elemento típico del Islam, el alminar, que se alza imponente sobre una construcción normalmente vinculada al terreno en que se encuentra y que forma un todo con el espacio construido, organizado principalmente como jardín. También son típicos los palacios turcos (por ejemplo, el Topkapi Sarayi de Estambul, el Fuerte Rojo de Agrá o el de Delhi) formados por una serie de pabellones (koshk, de donde deriva el término español quiosco) de una sola planta, dos como máximo, circundados por una gran muralla.

 

En general, todas las moradas musulmanas estaban divididas en dos partes: el selamiek y el haramleck. El selamlek incluía salas, espacios y baños para los hombres y el haramlek para las mujeres, el famoso harem.

 

Por lo que respecta al arco, ningún otro estilo presenta una variedad tan extensa de tipos y formas. Al principio se empleó el arco de medio punto sobre columnas, elemento bizantino herencia de la Antigüedad tardía, hasta llegara la compleja organización de dos arcos superpuestos (en las mezquitas andaluzas como, por ejemplo, la de Córdoba). No tardó en desarrollarse el arco ojival, más decorativo, ya presente en la arquitectura sasánida, que evolucionó en numerosas variedades. Cien años después de estas primeras experiencias, el arco islámico, libremente apoyado sobre columnas, pilares y paredes, había asumido una amplia gama de tipologías que lo alejaban de los rígidos esquemas de otros estilos. A veces se combinaban formas distintas, unas sobre otras o enfrentadas, siguiendo la experiencia de dos arcos superpuestos. De este modo se obtuvo una larga lista de variantes con esquemas inspirados a veces en necesidades no ya de equilibrio, sino puramente decorativas: arco de herradura, lanceolado, trilobulado o poli-lobulado, conopial realzado (es decir, levantado sobre bases estrechas), quebrado, a nivel, con estalactitas (muqarnas), en zig-zag y distintos tipos de arcos ojivales.

 

Después de los primeros ejemplos de cúpula completamente circular de estilo bizantino o sasánida, las primeras cúpulas característicamente islámicas se desarrollaron en Egipto, donde se aligeró su volumen apoyándolas sobre un anillo elevado (el tambor) unido a la planta cuadrada situada debajo por medio de biseles angulares. A continuación se adoptó un tipo de unión (abocinada, de pechinas, de celdillas, de cascarón, de muqarmas) para cúpulas de múltiples formas. Los turcomanos (o turkmenos) cubrieron la cúpula con un techo en forma de cono, mientras que los mongoles construyeron hermosas cúpulas en forma de bulbo sobre altísimos tambores, a menudo almohadilladas o de nervadura. Los safávidas imitaron las características cubiertas de las tiendas mongoles y turcas acentuando la punta (umbo). En las cúpulas en forma de bulbo de la India, a veces apoyadas sobre áreas de pórticos poligonales, destacan las cúspides y el revestimiento decorativo, que dotan al conjunto de la forma de un cáliz de flor invertido. Después de la conquista de Constantinopla (1453), los otomanos desarrollaron un revestimiento complejo, con una gran cúpula de bajorrelieve en el centro, ubicada sobre un anillo sostenido por cuatro arcos de gran tamaño y apoyada en una serie descendiente de semicúpulas de ábside y de pequeñas cúpulas dispuestas a lo largo de todo el perímetro de la construcción. Las cúpulas otomanas, especialmente las interiores, sirvieron de inspiración para las cúpulas europeas del siglo XVI-XVII, como, por ejemplo, la del Guarino en Turín.

 

El îwán es un amplio y majestuoso portal de entrada, típico del arte iraní, con el frontal abierto por un gran arco que en algunas construcciones iraníes e indias se acompaña de dos alas de pórticos de dos pisos. El muqarnas, es una unión entre un plano horizontal y uno vertical del edificio, con una línea curva organizada en alvéolos y estalactitas con un efecto alta-mente decorativo. En Siria y Egipto se construyeron con piedra vista y en Asia con ladrillos revestidos de cerámica polícroma.

 

La mezquita (del árabe masjid, lugar donde uno se postra con la frente en el suelo) es el lugar de práctica de algunas de las ibadas del Islam, en el que la comunidad musulmana se reúne, sobre todo para el salat del viernes a mediodía. El elemento característico de todo lugar de salat es el mihráb: una gran hornacina -en ocasiones espléndidamente decorado- orientada hacia la Kaaba con el fin de indicar la dirección en la que los musulmanes se posicionan para hacer el salat. Junto al mihráb suele encontrarse el minbar, una especie de pulpito formado por una escalera con los lados ricamente decorados y una plataforma.

 

En la mezquita también hay un lugar para realizar las abluciones y una biblioteca a disposición de los musulmanes.

 

Relativamente parecida a la mezquita es la madraza, la institución universitaria, sobre todo jurídica, desarrollada en Irak y en Jurasán a finales del siglo

XI gracias al ministro Nidham alMuIk. Con los otomanos, la madraza formó parte de un amplio conjunto de edificios, la külliyya, que englobaba la mezquita, las facultades, un hospital, la biblioteca pública, el dormitorio y el comedor para los más desfavorecidos. Bayazid II fundó grandes külliyya en Asmaya y en Edirne, y Mehmet II y Suleyman I en Estambul.