CULTURA ISLÁMICA
EN EL NOMBRE DE JESÚS
 
Abû Bakr Al-Balansî

 

 

Cuando los políticos más conservadores, economicistas, pragmáticos y liberalistas de la cámara europea luchan por incrustar en nuestra futura constitución una mención expresa al cristianismo como principio fundacional de nuestra identidad europea, cometen varios ejercicios de falsedad y algún otro de aviesa hipocresía.

 En primer lugar, intentan utilizar el término "cristianismo" sin reconocer ni respetar en modo alguno el contexto geográfico y social del mensaje de Jesús , un profeta nacido y criado dentro de una sociedad tradicional oriental, heredera del tronco común asiático del profeta Abraham.

 Pero, aún aceptando esta apropiación del mensaje originalmente "oriental" de Jesús  como basamento de la irrupción del mundo "occidental", una mirada al occidente de las dos últimas centurias nos

depararía una rotunda negación de estas pretensiones cristianizadoras. No hay nada en él que nos recuerde a la humilde familia reunida en Belén. Lo que salta a la vista es una vuelta al paganismo romano imperial en sus dimensiones más genuinamente decadentes. El becerro de oro fue elevado a los altares de nuestra sociedad y con él, el esclavismo, la santificación del préstamo usurero, la divinización de quienes detentan la razón de la fuerza , de los sofistas y de los demagogos, el culto al cuerpo y a la imagen. Esta visión de nuestra sociedad de los últimos siglos, sinceramente, casa mal con la imagen que uno tiene del mensaje de Jesús .

 Sin embargo Aznar, ese gran prestidigitador de la verdad, ese transvalorador de todos los valores junto a su homónimo Berlusconi, quisiera poner ahora la etiqueta de "cristiano" (católico) al progresismo económico y social nacido de la Reforma luterana. ¡Qué rostro!

 Durante todo el movimiento librecambista y liberal, el cristianismo católico no tuvo el menor papel director sino que anduvo siempre a remolque, en el pelotón de los torpes de la moderna Europa industrial.

 Nadie pretenderá negar a estas alturas el origen protestante y herético del desarrollismo económico occidental.

 La mención constitucional al cristianismo europeo debería precisar concretamente a cual de todos se refiere. El cristianismo nació en oriente, expandiéndose primero por Asia Menor, Grecia, Egipto y norte de África, afincando sus más antiguas raíces en la llamada Iglesia Ortodoxa o Iglesia Oriental.

 Resulta escandaloso, pues, que ahora quieran restañar la profunda división surgida entre los católicos y los ortodoxos, basada no solo en la memoria de las crueldades perpetradas por las cruzadas católicas sino de conceptos tan diferenciadores en materia doctrinal como es la infalibilidad papal, solo por el hecho de entrar a compartir un mismo espacio comercial. ¡Gran fe se le tiene en la moderna Europa al componente crematístico de las relaciones humanas! Quizás pudiera ilustrar mejor mi suspicacia la imagen de estos modernos conductores de pueblos llamados "políticos" departiendo amablemente tras la luna de un escaparate donde una trabajadora del sexo se oferta en una céntrica calle de la turística ciudad de Amsterdam. Es más eso, -el economicismo liberal- lo que les acabará uniendo, que el cristianismo, ¿no es así, señores

Aznar, Berlusconi, Giscard y sus homónimos de la izquierda en Europa? Déjense, pues, de engañar a bobos y firmen aquello con lo que todos ustedes y gran parte de sus votantes están perfectamente de acuerdo: su laicismo.

A la luz de estas consideraciones, se me ocurre que nuestra futura constitución europea tendría que reflejar nuestros verdaderos  principios fundacionales, que nadie se asuste: Hipocresía, Militarismo, Avaricia, Intrascendencia, Engaño.

 ¿Por qué hablan entonces de cristianismo? Porque resulta más atractivo que los principios fundacionales anteriormente mencionados y porque resulta más beneficioso para sus intereses disponer de la bendición metafísica del Profeta Jesús, la paz sea con él,  mientras éste no se puede manifestar.

 Los estados cristianos desde su primera fundación, se han mantenido en un permanente estado de guerra, sería primero entre ellos para después lanzarse violentamente en nuestra Península Ibérica contra el Islam, y en tierra Santa, las américas y el resto del mundo, contra las culturas que no estaban dotadas de las adecuadas industrias de guerra.

 El loco está ciego y no puede comprender nada. Tras los horrores de las cruzadas contra cátaros, ortodoxos y musulmanes, la quema de libros islámicos de Granada y de los manuscritos mayas, las expulsiones de judíos,  la noche de los cuchillos largos, el destierro de su propia patria de los musulmanes españoles, las guerras religiosas de la Europa del norte, la revolución, las guerras napoleónicas, la aventura expoliadora del colonialismo industrial, el esclavismo, la legalización de la usura, el racismo británico y francófono, la Alemania nacional-socialista, la Rusia comunista, los campos de concentración (los alemanes durante la segunda guerra mundial, los ingleses en la Sudáfrica del aparttheid y los de Libia bajo mandato italiano, donde por cierto se exterminó a la mitad de la población y nadie ha osado a decir nada), los gaseamientos de Awsvitch junto a los perpetrados por España en el Rif y por Musolini en Etiopía; y, para finalizar, las brutales torturas consentidas de Guantánamo y Chechenia, Europa debería hacer una ejercicio de sinceridad, y esforzándose en aproximarse a los filósofos griegos –esos orientalizados- citar de manera realista sus verdaderos mitos fundacionales, a saber: la artillería pesada, los consorcios para la explotación de la piratería y el tráfico de esclavos, el saqueo de los tesoros de los pueblos antiguos, la explotación y el envenamiento de la naturaleza, el falso papel moneda y la sociedad empobrecida y hedonistade los consumidores.

 Esa es la verdad de Europa-Occidente, y no sus orígenes cristianos. Con este subterfugio constitucional solo lograrán reírse  aún más de la figura de Jesús,  la paz sea con él, haciéndole responsable y garante de su prepotencia, la violencia, el amor al dinero y la crueldad. Por muy bien disfrazadas que nos las quieran mostrar.

 Esa declaración cristianizante de la futura Comunidad Económica Europea (la Europa de los Mercaderes) también puede servir como fuerza de cohesión para futuras agresiones militares sobre otras poblaciones o civilizaciones, ya sabemos que la opinión del pueblo europeo siempre acaba por importar poco a nuestros "régulos" cuando se trata de derramar la sangre para comenzar otro lucrativo negocio bélico.

 Por cierto que resulta ofensivo en esta propuesta la omisión al Islam como catalizador de la identidad europea.

No tan solo la península y gran parte del oriente de Europa fundamentan una gran parte de su identidad en la herencia musulmana, sino que es sobradamente conocido que todas la ciencias sobre las que se basa fuertemente el concepto de Europa, naturales, filosóficas o espirituales, llegaron a occidente de la mano de los musulmanes, y que de la asimilación por los europeos de este préstamo cultural pudo surgir el Renacimiento, la partida de nacimiento para gran parte de Europa, especialmente para la del norte.

 Volviendo a las similitudes de la vieja Roma pagana con el occidente actual, sucedió entonces que se trasladó el debate social e ideológico de los ciudadanos libres del foro de la Acrópolis a las arenas del Circo.

En occidente hoy, el debate tiene lugar en el interior de un mundo financiero que permanece oculto a los ojos del pueblo y se disfraza de un monólogo que tiene lugar en interior de otro circo, éste mediático, del que los financieros y sus sirvientes se sirven para manipular a las masas.

 El señor Aznar, Blair, Berlusconi y Milosevic, como en su día Hitler, Isabel la Católica y tantos otros, pueden asistir a la misa de domingo con sus conciencias concienzudamente satisfechas por la auto-complacencia de creerse en la posesión de la verdad y actuar en consecuencia. Pueden, tras imponer las bendiciones a su predestinación providencial, proclamar dos principios genuinamente occidentales, la cruzada y la inquisición, o si lo prefieren, el ataque preventivo y el experimento de Guantánamo o lucha contra el terrorismo. Pero por lo que más quieran, ¡no usurpen en su beneficio el nombre de Jesús!

 ¡No en su nombre!