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Ante todo, conviene precisar qué era un buhonero y por qué se llamaba así a esta profesión nómada. Covarrubias lo define: "el que vende cosillas menudas de tienda, como tocas y bufos", pero es más explícito bajo la forma "bohonero": "el que trae su tienda a cuestas en una arquilla, con diversas cosas menudas...".
El Diccionario de Autoridades dice: "el tendero que en una cesta grande, que trahe colgada del pescuezo, anda por las calles vendiendo cosas de poco valor: como son agujas, alfileres, dedales, cuchillos, tixeras, y otras semejantes", y en el artículo "buhonería" explica: "tienda que muchas veces el mismo dueño la lleva, y otras es portátil, que se pone en las esquinas o plazas, y se compone de chucherías y baratijas de poca monta, que se llaman también buhonerías".
Corominas y Pascual consideran que este "vendedor de baratijas" tomó el nombre del antiguo "buhón", citado por Berceo y el Arcipreste de Hita, y considero muy acertada esta apreciación, aunque no creo que este vocablo sea de origen onomatopéyico, sino que pienso que es un derivado del árabe buhuw, plural de bahw, que significa, entre otras cosas, 'galería, alacena, hornacina' y, especialmente, 'tienda', es decir, que es el lugar donde se exhiben y se expenden las mercancías. Coincide con la definición de "buhonería" como 'tienda', que puede ser portátil o no, según hemos visto anteriormente, y de hecho está comprobado que existían calles con este nombre, como la "Bufonaría" de Jaca (a. 1238), donde había tiendas de menestrales, por tanto, establecidas de manera permanente.
Es probable que la característica más destacada de estas tiendas fuera la de ser atendidas por el propio dueño del establecimiento, en la mayoría de los casos, según la indicación de Autoridades, lo que le daría el carácter de pequeña industria, como correspondería también a la baja calidad de sus mercancías.
Lañe dice de bahw que es: "una tienda que está colocada avanzada, delante de otras tiendas", y, bajo la forma del participio activo bâhî, lo aplica también a una habitación (bayt) o tienda "que no contiene nada, o que contiene un pequeño ajuar, o unos pocos bienes o utensilios".
La voz árabe buhûw, pronunciada vulgarmente buhû, había de tender, normalmente, a convertirse en buhún, buhón o bohón, a lo que se añadiría el sufijo castellano -ero; pero no fue siempre así, pues vemos que se conservó,a veces, la forma más" pura, más próxima al étimo árabe, como en el caso de "bujería", 'chuchería' (o "bugería"), voz muy usada en el siglo XVI, junto al portugués "bufaría". La aparición de la forma "bufería", como las variantes "bofón" y "bufón", ya citadas, hace suponer que la palabra "bufete" procede de este mismo origen, a través de una forma catalana "bufet", que pudo ser la que pasó a Francia, para regresar de nuevo a España (como ha ocurrido con tantos otros vocablos), después de haber adaptado su semántica a una nueva modalidad.
La definición que de "bufete" da Covarrubias no puede ser más adecuada para relacionarla con buhûw: "Es una mesa de una tabla que no se coge, y tiene los pies clavados, y con sus visagras, que para mudarlos de una parte a otra o para llevarlos de camino se embeven en el reverso de la misma tabla. Trúxose esta invención de Alemania, y con ella el nombre; porque antes se usaban mesas que se cogían en dos medias y tenían sus bancos de cadenas por sí, que se alçavan y baxavan por los eslavones, como por puntos. En la lengua francesa no sólo significa el bufete 'mesa', pero también el aparador de plata y la mesma vaxilla”. Esta descripción parece la más adecuada para las mesas que habían de ponerse en las tiendas portátiles usadas por los "buhoneros" (cuando no era una simple bandeja colgada del cuello); incluso vemos que se le daba el nombre de "bufete" a los objetos colocados en estas mesas portátiles o anaqueles, del mismo modo que se llamaron "buhonerías" o "bujerías".
Autoridades define el "bufete" como: "Mesa grande, o a lo menos mediana y portátil...". La frase española de "abrir bufete" es probable que se originase de esta idea de desplegar esta mesa portátil para disponerse a recibir a la clientela, lo cual equivaldría a 'establecerse profesionalmente'. Esta disposición se manifiesta en la escena que encontramos en El Diablo Cojudo {tranco IX), cuando describe, en su deambular por las calles de Sevilla: ...en un gran cuarto bajo, cuyas rejas rasgadas descubrían algunas luces, vieron mucha gente de buena capa sentados con grande orden, y uno en una silla con un bufete delante, una campanilla, recado de escribir y papeles, y dos acólitos a los lados, y algunas mujeres con mantos, de medio ojo, sentadas en el suelo, que era un espacio que hacían los asientos...".
Este nombre pudo pasar a Francia y a Alemania a través de España, o bien directamente tomado de Oriente; la antigua acepción francesa de "bufet" ,'especie de mesa' (hoy "buffet", 'aparador') se documenta ya en El siglo XII.
Una de estas típicas tiendecillas moriscas debía de ser la de Alcuzcuz, el personaje cómico de Calderón, el cual describe sus mercaderías:
"Me, que solo tener tendecilla en Vevarambla de aceite, vinagre e higos, nueces, almendras e pasas, cebollas, ajos, pimientos, cintas, escobas de palma, hilo, agujas, faldriqueras, con papel blanco o de estraza, alcamonio, agujetas de perro, tabaco, varas, caniones para hacer plumas, hostias para cerrar cartas, ofrecer llevarlas a cuestas con todas sus zarandajas."
(Amar después de la muerte, II, jornada I, escena II)
Semejantes mercancías menudas se nos describen también en La Celestina:
"Aquí llevo un poco de hilado en esta mi faldriquera...; así como gorgueras, garvines, franjas, rodeos, tenazuelas, alcohol, alvayalde, e solimán, hasta agujas e alfileres". (Acto III)
Pues bien, todas estas mercadurías, muchas de las cuales llevan nombre árabe, eran las denominadas "quinquillerías" o "buhonerías", las mismas que hoy denominamos "quincalla", estas pequeñas cosas que encontramos en las mercerías, las actuales "quincallerías", siempre modestos comercios familiares, herederas directas de las viejas "buhonerías".
La palabra "quincalla" no se documenta en castellano hasta 1817, mientras "quinquillería" hemos visto que se usaba ya en el siglo XVII, hacia 1600. El francés "quincaille" si está documentado ya en 1360: como ya hemos dicho, pudo haber pasado de España, o haberse introducido directamente de Oriente.
Esta denominación de "quincalla", corrupción de una primitiva "quinquilla", pienso que no es más que un determinativo de la palabra "quinqui", equivalente a "quinquillero" o "buhonero", de la que vamos a ocuparnos a continuación.
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