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Los férreos controles de inmigración introducidos por el gobierno de EE.UU. en su lucha contra el terrorismo han reducido notablemente el flujo de científicos foráneos a ese país. Incluso se han puesto cortapisas a la renovación de los visados de algunos investigadores mientras sus proyectos son analizados por expertos del FBI.
Así se indica en un reciente artículo de Nature, en el que se afirma que las medidas draconianas adoptadas por aquel Gobierno pueden producir un cambio en las migraciones internacionales de científicos que acabarían haciendo perder a EE UU su posición de liderazgo en este campo. Y es que tal como indica esta revista científica, en ningún lugar es más evidente que EE UU es un país de inmigrantes que en los centros de investigación.
De momento, los problemas burocráticos han aumentado el flujo de inmigración hacia Australia y Gran Bretaña, principalmente por dos razones: en los dos países se habla ingles, la lengua franca de la ciencia, y en ellos no se considera terroristas en potencia a los científicos extranjeros.
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