|
Sevilla.
Gema Martín Muñoz es la heredera de una rica tradición de arabistas
españoles que entronca con José Antonio Conde, Francisco Codera o Julián Ribera
y, en épocas más recientes, con maestros como Miguel Asín Palacios y Pedro Martínez
Montávez. Sin embargo, esta profesora de Sociología del Mundo Árabe e Islámico de la Universidad Autónoma de
Madrid ha conquistado un lugar singular en el análisis de las sociedades contemporáneas porque; según declara Bernardino León, el coordinador de la Fundación de las Tres Culturas de la Junta de
Andalucía, "representa un arabismo muy audaz y político. Su lúcido análisis de lo que ocurre en las
sociedades árabes e islámicas, hecho desde parámetros sociológicos, ha abierto una brecha propia".
Desde hace varios años, Martín Muñoz denuncia que la mirada de Occidente
sobre los conflictos del mundo árabe y musulmán está dominada por una lógica de
superioridad cultural "la misma que sirvió para justificar las empresas de dominación colonial"- que
responsabiliza a la religión, en este caso el Islam, de la falta de
progreso, democracia o protección de los derechos humanos en estos
países absolviendo a los factores políticos (tanto los regímenes
internos como la comunidad internacional) de lo que allí sucede.
"Se piensa que Islam y democracia son incompatibles, que la modernidad no es posible en el mundo islámico y que las
discriminaciones entre hombre y mujer persistirán en tanto no haya un marco laico de convivencia. Y estas falacias son instrumentos
muy útiles para perpetuar un statu quo injusto, en el que no se buscan soluciones
políticas". alertó a los asistentes al seminario Geopolíticas de la paz que organizó la
Universidad Pablo de Olavide.
"El
golpe
de Estado de Argelia tras la victoria del FIS bloqueó el gran proceso democrático
del mundo árabe"
Los ejemplos que aporta son
numerosos. Uno de los más
cruentos es "el golpe de Estado Militar en Argelia, que bloqueó
sin remisión el proceso democrático más avanzado del mundo árabe. El FIS era un partido
legalista y reformista contrario al uso
de la violencia pero la comunidad
internacional pensó que había que salvar al mundo del integrismo y para ello no dudó en justificar un catastrófico proceso donde la cifra de desaparecidos duplica los
de la dictadura de Pinochet".
En su último libro, lraq. Un fracaso de Occidente, 1920- 2003
(Tusquets), que presentó en la Fundación de las Tres Culturas, analiza "esta nueva herida
colonial para el mundo árabe, cuando aún está sangrante la que provocó la creación del Estado de Israel".
"Tras la disolución de la Unión Soviética y el fin de la bipolaridad, Estados Unidos aprovechó la
Guerra del Golfo en 1991 para establecer las nuevas reglas del juego. Y
Io hizo sin piedad. El embargo iraquí fue draconiano, un genocidio que durante 12
años provocó
la muerte de dos millones de iraquíes, de ellos medio millón de niños, según los datos de
Unicef".
Gema sostiene que a ese nuevo
orden internacional liderado por EE.UU. le es más útil una dictadura sumisa que una
democracia independiente. Por eso ha otorgado a los regímenes que se han sumado a
su campaña global contra el terrorismo una enorme impunidad para gestionar las disensiones
internas, como ocurre con Túnez o las monarquías del Golfo. Esta lógica justifica también el
hostigamiento a Irán, que ha contribuido a minar las reformas de
Jatamí. Lo que Washington desea son modelo ejemplarizantes como
Gadafi".
La tentación del "temor al musulmán" se ha exacerbado a
partir del 11-S, continúa la autora.
"Los
atentados generaron una nueva islamofobia. Tras la doctrina de la guerra preventiva aparecen las
leyes internacionales preventivas con las que EE.UU. pretende
justificar la situación
de los
presos de
Guantánamo
o el recrudecimiento
de la la tragedia Palestina". Martín Muñoz, que ha sido observadora
internacional de la
Unión
Europea (UE) en las elecciones de la Presidencia y del Consejo de la Autoridad Nacional Palestina en 1996, lamenta que la opinión pública,
en
vez de condenar esos abusos, "sólo está pendiente de si las mujeres musulmanas se cubren con el velo, o crea absurdamente que los
suicidas palestinos son fanáticos que se inmolan para ver a las huríes en el cielo, en lugar de jóvenes
desesperados que deciden que más vale morir matando que experimentar a diario un sentimiento no sólo de opresión, sino de humillación".
La socióloga sostiene que EE.UU.. ha fallado en sus intentos de relacionarse con los dos
principales movimientos políticos que ha dado el mundo árabe en el siglo
XX: "primero el panarabismo y ahora los partidos islamistas, a los que descalifica equiparándolos con el
terrorismo'.
"Aznar se contradice al defender la candidatura de Turquía a la vez
que
la referencia a las raíces
cristianas de Europa".
¿ Podría la U.E. dar una lección ejemplar integrando a Turquía en su club? La respuesta es tajante: "Si Ankara cumple los requisitos, incluida la protección de las
minorías, debería entrar en la UE. En Turquía, donde el laicismo siempre gobernó de manera
autocrática, el primer gobierno verdaderamente democrático es el del
islamista moderado Tayyip Erdogan". "La contradicción -añade- es
que
Aznar esté defendiendo la candidatura de Turquía presionado por EE.UU. y a la vez defienda, de modo incongruente, que la futura
Constitución haga referencia a las raíces cristianas de Europa".
|