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Un grupo de científicos de la Universidad de Tokio, dirigido por Kuzushige Kawai, halló un compuesto llamado galato de epigalocatequina (EGCG, por sus siglas en inglés), que se cree que contiene más de los beneficios de salud que se hallan en el té verde, pues ataca rápidamente las puertas de entrada que el virus del sida usa para invadir las células. El VIH prefiere infectar a las células llamadas linfocitos T CD4, y usa una entrada molecular llamada receptor CD4 para lograr el acceso.
Al unirse primero
con la molécula CD4, el EGCG evita efectivamente que el VIH se adose a la
membrana, al menos en pruebas experimentales en recipientes de
laboratorio. Estudios previos han revelado que las personas que beben mucho té verde tienen índices más bajos de cáncer, cardiopatía y artritis reumatoide. Además, en septiembre, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos halló que las personas que beben té negro vieron que su colesterol disminuyó entre un siete y un 11 por ciento.
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