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Si a José Antonio Conde se le considera iniciador de los estudios arabistas que hacen referencia a nuestra historia, es la erudición e intensa investigación que Pascual de Gayangos desarrolla, lo que hace que se le considere como el fundador de la moderna Escuela de Arabistas. Era, como dice Dugat en su Histoire des orientales, el primero que forma discípulos, logrando que un grupo de jóvenes entusiastas continúen en su obra de estudio e investigación. Miguel Roca diría de él que <<era el patriarca de los modernos arabistas españoles>>.
Su madre, doña Francisca de Arce de Retz, estaba entroncada con la familia del cardenal francés de este último apellido. Su padre en cambio, don José de Gayangos y Nebot, era brigadier del arma de artillería y desde 1816 a 1820 fue gobernador militar de la provincia de Zacatecas. Don Pascual, hijo único, rompe esta tradición familiar establecida por vía paterna y se inclina por la carrera de letras.
Cursa su primera enseñanza en Pontelvoy, junto a Bolis (Francia). En 1822, a los trece años, muerto su padre, se instala en París con su familia, donde inicia sus estudios de árabe, con el célebre arabista Silvestre de Sacy, permaneciendo con él tres años. Dos años más tarde, a su vuelta a la Península, continúa sus investigaciones de árabe en los reales Estudios de San isidro. El profesor era el padre Artigas, y en su clase se encontraban León Carbonell y Sol y Serafín Estébanez Calderón con quienes Gayangos establece una estrecha amistad y una intensa relación profesional.
Estébanez Calderón como escritor romántico, se sentía atraído por todo lo legendario y novelesco de la historia y la cultura islámica; dejaba correr su imaginación por los manuscritos haciendo referencia a lo más exótico, pero no era nada sistemático. Gayangos era todo lo contrario, totalmente sistemático, erudito y árido en sus investigaciones. Frenaba en cierta medida los impulsos imaginativos de su amigo haciendo referencia al espíritu de la letra, y a su vez Serafín ponía un poco de imaginación en la obra de Gayangos.
Desde 1833 a 1836 Gayangos estuvo empleado en el ministerio de Estado tras ser nombrado oficial de interpretación de las lenguas orientales. Se le encargó también el estudio de los manuscritos árabes de la Biblioteca de Palacio de donde extrajo varios documentos muy importantes para el estudio de nuestra historia y geografía. En 1847 consiguió unos escasos meses de licencia para estudiar los manuscritos de El Escorial. Huyendo de los azares de la guerra carlista y casado con una inglesa, marcharía a Londres. Al poco tiempo de su estancia en aquella ciudad, comienza a trabajar en el British Museum, y en la traducción de la obra de Al-Maqqarí, en base a la copia del manuscrito de este autor que se había llevado a la Península. Fue una de sus obras más importantes y, posteriormente, de las más consultadas para el estudio de la Andalucía islámica.
Paralelamente, realiza numerosos escritos sobre la literatura y los literatos orientales, publicados todos ellos en inglés en la Penny Cyclopaedia, la Revista de Edimburgo, el Diccionario Biográfico de la Sociedad de Conocimientos Utiles y en la Revista de Westminster. Su gran dominio de la lengua inglesa, puesto de manifiesto en la pulcritud y perfección de sus trabajos, le valió el justo reconocimiento de la intelectualidad inglesa. Mantiene asimismo una activa correspondencia con sus coetáneos, el músico Santiago Masarneau, su inseparable Estebánez Calderón y con Emilio Sebastián Castellanos, el fundador de la Academia Española de Arqueología.
Por este tiempo, la situación política en la Península no era nada estable: guerra carlista, fuerte déficit económico, enfrentamientos entre distintas facciones de liberales y moderados, etc. Gayangos, que había pasado gran parte de su juventud fuera de la Península, y que toda su actividad la centra en el estudio e investigación de los temas arabistas, ve estos acontecimientos como un observador desde fuera, sin inmiscuirse directamente en ellos, al contrario que varios de sus coetáneos. Por otra parte, dedicado intensamente a su labor investigadora, no era un hombre de acción. Así se manifiesta en algunas de las cartas que escribe a sus amigos. <<Sin duda recibirás cartas –escribe a Masarenau- poniéndote delante de los ojos mil mejoras y ventajas que antes no pensabas, tratando por todos los medios posibles de excitar tu apagado y adormecido ‘amor patriae’. A mí me escribe uno lo siguiente: ‘No seas tonto, chico, déjate de ingleses y de comer rosbif y plumpudin y vente aquí, que ahora es el momento de que todos los jóvenes de talento acudan a recoger laureles (¿si lo dirá por equivocación en vez de porrazos, multas y prisiones?) y arrimar como buen patriota el hombro, para la consolidación del gobierno presente y de la libertad. Los caminos no están tan malos como se dice: no hay dinero, es verdad, pero se va a hacer un empréstito, y no dudo que en el momento que te presentes te darán la cátedra de árabe en San Isidro, la cual no se ha provisto por falta de competidores a ella’. ¡Que tal, para el tonto que se fíe!>>. Prefería continuar sus estudios sin ningún tipo de alteración en el British Museum.
Hacia 1839 publica un estudio sobre la lengua y literatura de los moriscos como pretexto para dar a conocer la obra de Louis Viardot, Historia des arabes et de mores (sic) d’Espagne. Pero lo que fundamentalmente aporta Gayangos en estos estudios, es el inicio de una intensa labor de investigación en torno a la lengua aljamiada. Pocos estudios, un gran desconocimiento y una pretendida intención de restarle importancia existen sobre esta materia, a pesar de que supone una de las bases más importantes para el conocimiento de nuestro pasado autóctono y cultural. Con el título Languaje and literature of the moriscos, publicado en el volumen VIII de la British and Foreign Review, Gayangos intenta hacer un estudio sistemático de la literatura aljamiada. En él explica la estructura de la aljamía, sus reglas gramaticales, la fonética de esa escritura. En una de las cartas que escribe a Eugenio de Ochoa tratando sobre estos trabajos dice: <<Revolviendo yo como usted, hará cosa de un año algunos centenares de manuscritos españoles que se conservan en la Biblioteca del British Museum, topé con los poemas aljamiados de nuestro moro aragonés. También en Madrid, examinando algunos manuscritos que con nombre de arábigos se guardan en la Biblioteca Nacional, descubrí que la mayor parte de ellos, si bien están escritos en caracteres arábigos, no contenían sino relaciones en castellano o lemosín, más o menos mezclados de voces arábigas, según la educación y parte del escritor. Esta observación la comuniqué a mi difunto maestro el Barón Silvestre de Sacy, que me contestó que Conde a su paso por París le había hablado sobre el particular y me animó a que tratara de descifrar algunos de ellos. Así lo hice, y aunque fue operación muy laboriosa al principio, por causa de la corrupción del idioma, los adelantos que hice en poco tiempo me compensaron ampliamente de mi trabajo>>.
Por correspondencia también trabajaría con Estébanez Calderón sobre esta materia: buscaban manuscritos, se consultaban problemas, coleccionaban leyendas y recogían datos que a Estebánez calderón le servían para sus artículos y novelas, y a Gayangos para escribir el libro Historia de los moriscos, que, según Estébanez, pensaba publicar, pero del que no se sabe nada; al parecer se ha perdido. Sin embargo, llegó a reunir para esta obra numerosos datos y materiales y, aunque como obra de conjunto no se conozca, parte de estos materiales aparecieron publicados en diversas ocasiones. Fue tal su importancia que, por este tiempo, hizo que se le diera un gran empuje al estudio de la aljamía.
En 1853 publicaba en el Memorial histórico español unas Leyes de moros sic) que sacó de unos manuscritos aljamiados. Consultó para este trabajo un libro que escribió en Túnez a mediados del siglo XVII un morisco, a ruegos de un moro rico y principal de Túnez, porque <<los más de los expulsos no sólo tenían olvidada de todo punto su algarabía, sino que ni siquiera conocían ya las letras en que fue revelado el honrado Alcorán>>. Sobre la aljamía, Gayangos sistematiza todo lo que hasta entonces se conocía, y da reglas gramaticales para ayudar a comprender las peculiaridades de la lengua que varios escritores e historiadores de Al-Andalus usaron en sus escritos. Dedicó gran parte de su trabajo en la investigación de esta materia, pero no pudo publicar todo lo que se propuso. Varias cosas de las que se tienen noticias por su correspondencia, se han podido perder o están diseminadas entre sus papeles. También existen varios legajos suyos en la Biblioteca de la Academia de la Historia a la espera de que algún académico las investigue.
Con el título The History of the Maommedan Dinassties in Spain (Historia de las dinastías mahometanas en Al-Andalus), publica Gayangos la traducción que hace de la obra de Al-Maqqarí, a la que ya hemos hecho referencia. Se ha considerado como una de sus publicaciones más densas e importantes. El motivo de hacer la traducción en inglés y no en castellano era <<porque –según decía- necesitaba vencer el escollo que en la Península ofrecen a esta clase de obras la escasez de medios económicos, las malas pasiones y la indiferente apatía>>.
Su realización la llevó a cabo, no sin grandes dificultades. En el prólogo del I volumen hace unas reflexiones muy amargas sobre su deseo frustrado de consultar los manuscritos de El Escorial, para completar o cotejar el suyo: <<De acuerdo con mi petición al ministro de Su Majestad Católica, solicitando autorización para visitar la biblioteca, es extraño decir, que no obstante las repetidas peticiones por mi parte, y la intercesión de relevantes personalidades de alto rango e influencia, mis peticiones fueron denegadas con la misma frecuencia con que las formulaba, pese a la utilidad y la conveniencia del trabajo que realizo...>>.
Sobre el estado de los archivos de El Escorial, ya había hecho alguna referencia en un artículo que con el título Manuscritos arábigos en España publica en 1834 en la Westmminster Review. Hace un estudio de los manuscritos arábigos que se realizan en la Península y las noticias breves de la historia y contenido de algunas bibliotecas públicas y privadas, insistiendo en la de El Escorial que sólo pudo visitar brevemente. Quedó sorprendido por el abandono en que se encontraban los manuscritos árabes: <<los frailes del monasterio –dice- me aseguraron que nadie había tocado aquellos desde 1807 en que Conde se ocupó de coleccionar los materiales de su obra>>; para agregar que <<la razón es que nadie le interesan los estudios árabes, entre otras cosas por el abandono oficial que de estas disciplinas hay en todo el país (...). Esta rama de la instrucción está tan descuidada que la única cátedra que hay en España la desempeña un ignorante jesuita incapaz de formar un discípulo>>.
La idea que le llevó a emprender su The History of the Maommedan..., él mismo la refiere cuando habla de que se debían publicar las traducciones literales de las obras escritas en árabe aunque no se hiciera un estudio detallado de ellas, para poder después hacer comparaciones con los datos que ofrecían las crónicas castellanas. Afirma que esta sería la única forma de hacer algún progreso serio, y además creía que había que comenzar por una obra de carácter general y no por manuscritos que trataran de hechos aislados o de un silo período de la historia de Al-Andalus.
Confiaba poder utilizar para este trabajo los manuscritos que existían en la Real Biblioteca de París. Tenía noticias de que se había hecho una copia de ellos por orden de Carlos IV para Conde, la cual se llevó a cabo bajo la dirección de Silvestre de Sacy y de L.M. Langlés. Al parecer esta copia fue enviada a Madrid por medio de la embajada de París en 1816, pero Conde nunca llegó a verla ni supo de su paradero, sin duda, debido a las circunstancias políticas de aquellos años. Gayangos no la pudo encontrar en ningún centro oficial ni en ninguna biblioteca privada, pero llegó a conseguir en préstamo un manuscrito del señor Frederic William Lembke, de Hannover.
El primer tomo lo publicó en 1840 y el segundo en 1843 por cuenta de la Sociedad Asiática, que según cuenta en una de sus cartas a Masarneau, <<le dio por la traducción un cierto número de ejemplares y una prima en dinero>>. Varios arabistas contemporáneos le han criticado el que utilizara en esta obra criterios muy particulares para no traducirla entera. La primera parte, libro I, que se refiere a la descripción física y topográfica de Al-Andalus, traduce todo menos algunos pasajes poéticos y epístolas muy largas que <<por su dificultad y un contenido poco histórico, relataban hechos de poca importancia>>.
De la segunda parte, que trata de la vida del visir, tradujo sólo algunos pasajes que tenían relación con la guerra de Granada. Los libros II y III, que contienen la relación cronológica de varias dinastías que reinaron en Al-Andalus, los traduce enteros, así como el libro IV en el que se da una descripción topográfica de Córdoba y de sus principales edificios. El V, que habla de algunos ilustres andaluces que viajaron a Oriente en busca de conocimientos, apenas lo usa excepto en algunas notas. Traduce íntegro el VI que trata de algunos eminentes musulmanes que dejaron sus países de Oriente para establecerse en Al-Andalus. Del VII, compuesto casi enteramente de fragmentos poéticos en los que se refleja el genio de los andaluces, traduce sólo algunas anécdotas. El VIII que llega hasta la definitiva conquista castellana y posterior expulsión de muchos andaluces, lo traduce completo.
Este procedimiento, que como refiere el propio Gayangos, suprime algunas repeticiones, invierte el orden de la narración en algunos puntos para hacerla más legible e interesante, cambia el orden de los libros y divide la materia en capítulos, fue censurado por varios arabistas. En su interés por hacer el libro más ameno, la crítica le achacaba el inutilizarlo, en cierto modo, para los investigadores. Otro error que se le achaca fue el no indicar exactamente los cambios, omisiones o trasposiciones que creyó necesario hacer. Indudablemente esta actuación de Gayangos obedecía más a criterios personales que a una falta de preparación científica. El, como Conde, no escribía en sus obras atendiendo, solamente a eruditos y especialistas. Tenían conciencia de la falta de trabajo que sobre esta materia existía en su tiempo y se propusieron llenar esa laguna. Gayangos no se vio libre de la crítica del gran arabista Dozy, aunque como refiere Manzanares de Cirre, hay una desproporción entre el tono de la censura de Dozy, y la magnitud del error. A este respecto, Juan Valera en su artículo Glosario de palabras castellanas y portuguesas derivadas del árabe, diría que <<es tal la mala voluntad que el señor Dozy muestra casi siempre al señor Gayangos, que apenas de cada dos etimologías en lo que cita, deja de desecharle una (...) la dureza del señor Dozy raya a veces en grosero furor e inmotivada desvergüenza. Aun suponiendo que el señor Gayangos supiese mucho menos árabe que el señor Dozy, y que éste tuviese razón en corregirle la plana, nunca tendría razón para tan acres desahogos nada propios de un sabio>>. Al margen de esta censura del arabista holandés, la traducción que Gayangos hace de Al-Maqqarí fue considerada en un tiempo como la mejor que se había hecho en ese campo. No es justo hacerle una comparación con Conde, no sólo porque la preparación de Gayangos era más sólida y científica, sino porque su estancia en Inglaterra y sus continuos viajes a París, le permitieron consultar una gran variedad bibliográfica, que Conde no pudo tener a su disposición.
Hacia 1843 comienza a escribir una Noticias históricas de los reyes de Granada para documentar la obra gráfica de los arquitectos Mr. Jules Goury y Mr. Owen Jones. La obra abarca desde la construcción del castillo fortificado Al-Hamra, la actual Alhambra de Granada, hasta la caída de Boabdil. En esta obra Gayangos incluye también las impresiones que recoge el viajero árabe Ahmed al-Ghazzali, de la visita que realiza a Granada en 1769, con motivo de la embajada que el año anterior envía el emperador de Marruecos para tratar la paz con Carlos III. Al-Ghazzali cuando vuelve a Fez publica sus impresiones de este viaje con la descripción de Granada en aquel tiempo. Gayangos fue el primero que, con el título El camello de peregrinación en tiempos de paz y guerra, publica este manuscrito, el cual se hallaba en el British Museum.
Estas Noticias históricas las presenta Gayangos en una forma muy literaria, más florida de lo que en él era común. Empieza con una descripción de Granada que igual hubiera podido salir de la pluma de algunos de nuestros poetas: <<Nada puede igualar el encanto mágico de la vega de Granada, verde y frondosa. El efecto deslumbrador se aumenta con los cármenes, pequeñas casas diseminadas por la vega, de una blancura inmaculada que un poeta comparó con ‘perlas orientales incrustadas en una taza de esmeralda’. ¿Puede uno maravillarse de que los árabes (sic) salieran de allí llorando, y que todavía hoy sea Granada tema favorito de los cantos populares de un pueblo que no cesa de rogar por el restablecimiento de su antiguo imperio?>>. Insistía en su interés de presentar la obra para ser leída por un público no tan excesivamente erudito. Las fuentes que cita explícitamente son la Historia de los musulmanes, de Conde; Las Antigüedades y excelencias de Granada, de Pedraza; Paseos por Granada, del padre Echevarría; la Historia General de España, del P. Mariana y Conquest of Granada de Washington Irving. La novela histórica de Martínez de la Rosa Doña Isabel de Solís Reina de Granada, también la cita como fuente de información y en la que, según dice, hay datos escrupulosamente recogidos. En cuanto a las fuentes árabes que más cita son Ibn al-Jatib Historia de Granada, Ibn Hayyan, Historia de la España Musulmana e Ibn Sahib al-Sala, Historia de los Almohades. A lo largo de estas noticias históricas se van intercalando las fases de la construcción de la Alhambra. Al final aparecen las láminas con las inscripciones seleccionadas por los arquitectos y junto a éstas la traducción de Gayangos. Para ello se basó en las traducciones que en 1556 realizó el morisco investigador Alonso del Castillo, y en un códice de la Biblioteca Real de París escrito por Ahmed el Magrebí, sobrino del ya citado Al-Maqqarí. En este códice se insertan más de treinta versos de los poemas de la Alhambra. Entre otros méritos este trabajo tiene la virtud de haber hecho posible que se conserven en este libro varias inscripciones que después han sido deterioradas o destruidas por el tiempo.
En 1843, Gayangos se traslada a Madrid para ocupar la cátedra de árabe de la Universidad, cargo que desempeña durante varios años. Al año siguiente fue elegido Académico Supernumerario de la Academia de la Historia. Gayangos aporta a esta institución el interés por los estudios arabistas u orientalistas. En su discurso de toma de posesión de la plaza, Gayangos lee un trabajo que titula Memoria sobre la autenticidad de la Crónica del moro Rasis (Ahmed ibn Mamad ibn Musa abu bakrr al Razí), de quien Gayangos demuestra que fue un célebre escritor, a quien su exquisita erudición en materias históricas le valió el nombre de At-Tariji o el cronista. Este trabajo se publica en 1852 en las Memorias de la Real Academia de la Historia.
Las dudas que había sobre la autenticidad de esta crónica las despeja Gayangos con una gran proliferación de datos y referencias. Demuestra que la crónica es una traducción de un original árabe y que Rasis es un historiador islámico bastante conocido en su tiempo. Para asegurar la veracidad de su teoría, Gayangos entresaca y cita los distintos textos en que hablan de él los historiadores Ibn Hayyan, Ibn Besan, Al-Homaydi, Ibn al-Jatib, Adhdhaabbi, Ibn Baxquial, Ibn al-Abbur, y cuantos historiadores han escrito sobre la historia de Al-Andalus, que lo citan a menudo y trasladan largos fragmentos de sus diferentes obras históricas. Rasis escribió varias obras de historia y topografía de Al-Andalus y con especialidad una bastante voluminosa en que describe los caminos, puertas, montes, ríos y ciudades importantes; los seis chud (palabra de origen sirio) o distritos militares en que entonces se dividía el territorio de Al-Andalus; las producciones tanto vegetales como minerales de sus pueblos y da asimismo otras muchas noticias que, según Gayangos, en vano se buscarán en otras obras de aquel tiempo.
Algunos de los párrafos que traduce de este historiador dicen: <<La tierra de Andalus es lo último del cuarto clima hacia poniente, y es tenida entre los sabios por tierra de buenos campos y fértiles vegas, rica en frutos de toda especie, regada por caudalosos ríos y llena de manantiales de agua dulce. Hállanse en ellas muy pocos reptiles venenosos. Es arreglada de aire y temperatura; la primavera, otoño, invierno y estío se suceden son que note diferencias en el paso de una estación a otra. Los frutos se dan sin interrupción, alcanzándose los unos a los otros en más de los tiempos del año... de suerte que duran todo el año las bondades de la tierra y nunca faltan sus frutos en cualquier estación que sea>>.
Gayangos también utiliza para este estudio dos manuscritos castellanos: uno que era propiedad de Ambrosio de Morales, que a su muerte pasó a Argote de Molina y otro que pertenece al colegio de Santa Catalina de Toledo. La primera parte de esta obra trata de la descripción topográfica de Al-Andalus después de la revolución islámica y con los límites que tenía a fines del siglo V. La segunda es una reseña de su población y su historia en tiempos antiguos. La tercera trata de los acontecimientos históricos que se suceden desde el triunfo del unitarismo hasta el reinado de Al-Hakan II. En el apéndice Gayangos publica la parte histórica y geográfica que describe la crónica castellana con aclaraciones, comentarios y notas cotejadas con la crónica de Rasis. En 1881 Gayangos fue nombrado Director General de Instrucción Pública, cargo del que hizo renuncia para ocupar un puesto en el Senado. Poco después vuelve a establecerse en Londres, donde vivió más tiempo que en Madrid. Pedro Roca en sus Noticias de la vida y obras de don Pascual de Gayangos que publica en la revista de Archivos, Bibliotecas y Museos de 1897, refiere que en el verano de 1895, cuando Gayangos contaba 86 años de edad, fueron a Londres su hija doña Emilia y su hijo político D. Juan Facundo de Riaño, con el propósito de traérselo a la Península. Insistieron, pero fue en vano. A todo contestaba: <<si estoy tan fuerte como a los veinte años>>. En realidad trataba de ocultar la verdadera causa que allí le retenía: el deseo de publicar el tomo V de índices generales para dejar concluido el Catalogue of the manuscripts in the Spanish languaje in the British Museum. Dos años más tarde, en 1897, moría víctima de un desgraciado accidente, al ser arrollado por el caballo de un carro mal conducido.
En general, en toda la obra de Gayangos son superiores sus trabajos de investigación a su producción literaria. Gayangos fue un extraordinario bibliógrafo; su biblioteca contenía más libros raros y curiosos que la de nadie en su tiempo. En las cartas que escribe a Estébanez Calderón hace referencia a una gran cantidad de libros que se recomendaban mutuamente, encargaban su compra o negociaban su cambio. Gayangos creía muchas veces que era más valioso reeditar un libro que hacer un estudio sobre él, salvando de esta forma del olvido o la destrucción muchas obras que hasta entonces había permanecido ignoradas o menospreciadas. Una de las características más relevantes de la personalidad de Gayangos fue la facilidad y el desprendimiento con que daba a otros los resultados de sus investigaciones sobre todo si eran jóvenes que mostraban entusiasmo y seriedad en los estudios de esta materia. Otro de los aspectos importantes de la labor de Gayangos, equiparable a su labor como orientalista, es que toda la generación que ha formado el profesorado y el cuerpo facultativo de Archiveros y Bibliotecarios procede de sus enseñanzas: todos son sus discípulos. Contribuyó de forma activa a crear y organizar este cuerpo.
La larga residencia de Gayangos en Londres y la familiaridad que desde muy joven adquirió en el manejo de la lengua de Shakespeare ha influido mucho para que la mayor parte de sus trabajos se hayan realizado en esta ciudad y se hayan publicado en lengua inglesa. El British Museum puso bajo su dirección la clasificación y catalogación de los manuscritos y documentos árabes que hacían referencia al pasado de Al-Andalus. De todos estos documentos formó grandes volúmenes impresos que sirven de guía a todos los investigadores de esta materia.
Pero también realizó importantes trabajos en lengua castellana. El más citado, quizás por su utilidad, es la publicación, anotación y comentarios en los tomos XIII al XIX del Memorial Histórico Español, publicación que hace la Real Academia de la Historia. Contiene la relación de todos los hechos políticos y sociales durante el reinado de Felipe IV y en el período comprendido entre los años 1634 a 1638. También publicaría Cartas y documentos que aclaran la historia de Inglaterra en sus relaciones con la historia de España durante el reinado de Enrique VIII. Suya es también, en colaboración con Enrique de Vedía la traducción de la famosa Historia de la Literatura del norteamericano Ticknor.-
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