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Como ya hemos indicado, las características comunes a todos los "majos" , andaluces o castellanos, referidas especialmente a su manera de vestir, lujosa y desenfadada, a su independencia de vida y de costumbres, sus bailes, cantos, fiestas y alegrías, unidos a su arrogancia y al lenguaje desenvuelto y castizo, hacen pensar que todos ellos formaban un grupo étnico común y aislado.
Así, Jovellanos - según frase de Caro Baroja - "en pleno esplendor del majismo, no dudaba en darle, en atuendo y otros rasgos, un origen moruno", pues, desde el punto de vista del erudito asturiano, "¿qué puede ser un majo en su abyección más que un descendiente de moros infieles?". Siguiendo el rumbo de esta idea fija, Jovellanos los describe así:
"¿Ves, Arnesto, aquel majo en siete varas de pardemonte envuelto, con patillas de tres pulgadas afeado el rostro, negro, pálido y sucio, que al arrimo de la esquina de enfrente nos acecha con aire sesgo y baladí? Pues ese, ese es un nono nieto del Rey Chico. Si el breve chupetín, las anchas bragas y el albornoz, no sin primor terciado, no te lo han dicho; si los mil botones de filigrana berberisca, que andan por los confines del jubón perdidos, no lo gritan; la faja, el guadigeño, el arpa, la bandurria y la guitarra lo cantarán; no hay duda..."
En estos pocos versos se encuentran compendiados muchos de estos rasgos que han de contribuir a apoyar esta tesis de Jovellanos.
Es indudable que entre los "majos" existe una fuerte cohesión étnica. Como dice Caro Baroja, "el majo se precia de serlo por razón de linaje: por razón hereditaria", y cita los versos de D. Ramón de la Cruz:
"Majos fueron mis abuelos; mi padre también fue majo y sólo ser majo quiero,"
Está bien claro que lo "majo" no se refiere a razones estéticas, ni eróticas, ni tan siquiera de oficio; es algo más trascendente, enraizado en las más profundas esencias de su linaje y, si tenemos en cuenta la fecha en que esto se escribe (1767), contando el tiempo hacia atrás, sobre la base de estas tres generaciones, nos encontramos que la "majeza" tan ostentosa del XVIII tiene ya su carta de naturaleza en el Madrid del siglo XVII.
Caro Baroja se pregunta: "¿de dónde le vino a Jovellanos, hombre muy erudito, la tesis del origen morisco de lo majo, según la cual, parte de Madrid descendería de gente islámica y viviría como. en tiempos de Alimenón, el del romance de Moratín padre?". Yo pienso que a Jovellanos le bastó con una observación detenida del porte y la manera de vivir de los "majos" para deducir sus conclusiones.
Veamos pues, estudiadas en pequeños apartados, estas modalidades tan peculiares de los "majos", que los distinguía, con una simple ojeada, del resto de la población con la que convivían. |