FUSÛS AL-HÍKAM

 LOS ENGARCES DE LA SABIDURÍA  

DE IBN 'ARABI

TRADUCCIÓN DE ABDERRAMÁN MOHAMED MAANÁN

 

 

PRESENTACIÓN

  

         En 1991 publicamos en Hiperión la primera traducción al castellano de una de las obras más importantes de Ibn ‘Arabi: Los engarces de la sabiduría. Las circunstancias en las que se llevó a cabo el trabajo no fueron las más apropiadas y el resultado final se resintió de ello. Tras estos años es posible ofrecer una nueva versión más elaborada -aunque aún no definitiva- que iremos presentando, in shâ Allah, capítulo a capítulo, en este apartado de zawiya.org.

         Ofrecemos la trascripción del libro de Ibn ‘Arabi junto a su traducción interlineada. Y, además, los comentarios realizados por al-Qâshânî, paliando con ello la falta de notas que en la primera edición de la obra hacía incomprensible muchos pasajes (no obstante, las observaciones de al-Qâshânî son a veces muy farragosas). En cualquier caso, es necesario saber a qué nos enfrentamos y recordar que el texto de Ibn ‘Arabi es difícil, de una enorme complejidad, y fue pensado para maestros sufíes, expertos en el arte de la espiritualidad islámica, que es enciclopédica, y no para principiantes o simples curiosos. Todo esto debe ser tenido en cuenta a la hora de abordar la lectura de uno de los textos más importantes del Más Grande de los Maestros, ash-Sháij al-Ákbar Muhyi d-Dîn Ibn ‘Arabi al-Andalusi.  

 

TRADUCCIÓN DE LOS ENGARCES

INTRODUCCIÓN

 

 al-hámdu lillâhi munáççili l-híkam

Alabanzas a Allah, Revelador de sabidurías

        Alabanzas a Allah por el favor que nos ha brindado permitiéndonos conocer las sabidurías reveladas a los corazones de sus enviados, las cuales Él ha esclarecido y detallado en los engarces de su Libro (el Corán). Es así como debe ser entendido este encabezamiento, en conformidad con el contenido de este libro al que sirve de presentación.

 

‘alà qulûbi l-kálim

a los corazones de las Palabras

        La sabiduría es el conocimiento de la esencia, cualidades y propiedades de las cosas tal como son en sí con los enunciados y los actos de voluntad que exigen su corrección y acierto. Hay ciencias que no dependen de la acción, como el conocimiento de Allah y las realidades descarnadas (los Nombres de Allah), así como las ciencias que derivan de las contemplaciones y los saberes que surgen del saboreo de los significados universales, y se trata de las ciencias de los espíritus. Y las hay que dependen de la acción pero no exigen maestría ni corrección en ella, como el conocimiento de las almas particulares que perciben a partir de su propia fuerza. Y hay ciencias que juntan los universales y los particulares cuyos fundamentos se desbordan a partir de los espíritus exactos en sus partes y en sus derivados, precisos en la coincidencia de sus totalidades sobre sus particularidades, coincidiendo sus particularidades con sus universales, y son las sabidurías de los corazones, intermediarias entre los espíritus y las almas.

El término ‘palabras’ se emplea aquí para aludir a las identidades de los profetas y los espíritus descarnados que pertenecen al Mundo del Yabarût, llamados en la terminología de los iluminados ‘Luces Quebradoras’, bien porque sean intermedios entre la Verdad y la Creación por los que nos llegan en su mediación los significados espirituales que hay en la Identidad de Allah, al modo en que lo hacen las palabras que hay entre el emisor y el receptor de un discurso, que transmiten el sentido del pensamiento contendio en el ánimo del hablante comunicándolo al que oye, o bien se aplica el término a esos espíritus descarnados a causa de su generación no a partir de un progenitor, siendo concretados por la creación prodigiosa y al estar exentos de la condición del tiempo y el espacio, y existen (inmediatamente) a partir del imperativo ‘Sea’ pasando a ser en el Mundo del Mandato de forma absoluta, aplicando el nombre de la causa al resultado. Prueba del uso en el sentido expuesto es las palabras de Allah en el Corán: “El Mesías Jesús, hijo de María, es Mensajero y Palabra de Allah”; y cuando dicen los ángeles: “Allah te anuncia la buena nueva de una palabra suya”; y son prueba las invocaciones del Profeta cuando decía: “Me refugio en las Palabras Perfectas de Allah,... y me refugio en tu Nombre Supremo y tu Palabra Plena”. Pero el autor se refiere aquí específicamente a las identidades de los profetas, porque les atribuye corazones. ‘Palabras’ también se aplica a los seres existentes, que surgen de Allah y son indicios de potenciales en su Identidad

 

bi-ahadíati t-tarîqi l-ámam

en la unicidad del camino medio

        El camino medio es el sendero recto, pues ‘medio’ es también el ‘más próximo a la meta’, y la senda más cercana a su objetivo es la recta. Y no puede ser más que un camino, que es el de la Reunificación en la Esencia, al que se alude en la Sûra de Hûd cuando Allah dice: “No hay animal que Él no coja por la frente: mi Señor está sobre una senda recta”, la cual inspira desde...

 

min al-maqâmi l-áqdam

desde el Rango Más Antiguo

        El Rango Más Antiguo es el de la Unicidad de la Identidad depurada de la pluralidad de los Nombres y las Cualidades. Inspira ese camino medio desde el Rango Más Antiguo a los corazones sin intercesión, pues la Unicidad fluye por el Todo, y su flujo por Sí Mismo es su camino recto. Y no hay nada más antiguo que la Identidad.

El camino es descrito como ‘medio’ indicando acción, como cuando se dice ‘camino con una orientación’, en el decir de Allah: “A Allah corresponde indicar el camino de la orientación”. Y el término ‘Unicidad’ se refiere a ‘Revelador’, bien indicando una circunstancia (‘por la Unicidad’), como cuando dices ‘peregriné por el camino de Kûfa’, o con el valor de ‘con (‘con la Unicidad’), como cuando dices ‘el Corán ha sido revelado con la licitud de la venta y la prohibición de la usura’, es decir ordenando e informando de que el camino más cercano a la meta es uno, y es el de la Reunificación de la Identidad, como cuando Allah dice en el Corán: “Oh, gentes del Libro, accudid a una palabra igual entre nosotros...”.

 

wa in ijtálafati n-níhali wa l-mílali li-ijtilâfi l-úmam

a pesar de la diferencia de doctrinas y creencias surgidas de la diversidad de las naciones.

        Con esto, el autor responde a la siguiente objeción: si el camino de la Revelación de las sabidurías a los corazones de los profetas alude a su descenso por una única vía, ¿por qué son distintos los sistemas espirituales? A ello se responde diciendo que es así a causa de las diferentes predisposiciones de las naciones, y así se han diversificado las maneras de abordar el camino de la Reunificación y el modo de seguirlo, a pesar de que la meta, lo deseado y el camino en esencia, son uno como las radios de una circunferencia que convergen en un mismo centro: son caminos distintos en cuanto a los puntos de partida supuestos a lo largo del círculo, y todos son una camino desde la periferia al centro; o son como los distintos tratamientos con los que un mismo médico remedia las enfermedades, siendo lo que busca alcanzar una misma cosa, que es la recuperación de la salud. El camino seguido por la Revelación de las sabidurías hasta los profetas es uno y con ello se alude a la guía que conduce hasta la Verdad. La Senda de la Reunificación es una, si bien las predisposiciones divergentes exigen la existencia de distintas doctrinas y creencias. El bien de cada nación consiste en la eliminación de la corrupción que le es específica, y son guiadas a partir de sus distintos centros y grados de acuerdo a sus naturalezas y sus egos.

 

wa sallà llâhu ‘alà mumíddi l-hímam

Y Allah bendiga a quien provee las aspiraciones

min jaçâini l-ÿûdi wa l-káram

desde las alacenas de la liberalidad y la nobleza

        La aspiración es la fuerza de la intención en la búsqueda de una plenitud conveniente al estado actual del siervo. Cada buscador tiene una predisposición particular en su búsqueda conforme a su ipseidad en su momento. Esas predisposiciones son resultado de exigencias de los Nombres de Allah. Cada Nombre tiene una exigencia determinada, y ese Nombre es la alacena de plenitud ansiada por esa predisposición en la Presencia de la Unidad en la que aparecen y se detallan las concreciones. Esos Nombres son las alacenas de la liberalidad y la nobleza.

Al ser Muhammad (s.a.s.) el Sello -dueño del Nombre Supremo integrador de las esencias de todos los Nombres- por ello es provisor a cada aspiración de lo que hay en la alcena del Nombre con el que la Verdad se enseñorea en el dueño de esa aspiración.

 

bil-qîli l-áqwam

con el decir más derecho,

        Se refiere al ‘decir derecho, sólido y firme’ del provisor (Muhammad), que ha comunicado el decir de la Verdad, que es el más justo decir. ‘Derecho’ viene de ‘recto’, cuando algo está nivelado y es seguro. Se endereza un palo cuando se le hace ser recto y se corrige su desviación. También se llama enderezamiento a la vuelta de la inclinación hacia la postura erguida durante el Salât.

 

Muhámmadin wa ‘alà âlihi wa sállam

Muhammad, así como a los suyos, y a todos ellos salude.

        El ‘decir’ de Muhammad (s.a.s.) es el más derecho de todos -aun cuando el ‘decir’ de todos los profetas es, realmente, recto- porque él es el más perfecto de ellos y su nación la mejor de las naciones. Y su ‘decir’ es la Reunificación en la Identidad desde el rango de “a la distancia de dos arcos o aún menos, y entonces reveló a su siervo lo que le reveló”, que es el ‘Rango Más Antiguo’, enderezador de todos los Nombres, y con su ‘decir’ desbordó los significados y esencias que hay en cada Nombre sobre cada predisposición. En cuanto al resto de los profetas, cada uno de ellos derrama con su ‘decir’ lo que hay en algunos Nombres, porque pudiera ser que en su nación hubiera quienes demandan lo que no hay en las demás naciones, y su ‘decir’ responde a las necesidades de unos, pero no de otros. En cuanto a nuestro Profeta (s.a.s.), responde a las exigencias de todos, por lo que su ‘decir’ es el más recto.

 

ammâ ba‘d

En cuanto a lo demás:

fa-innî raáitu rasûlallâhi sallâ llâhu ‘aláihi wa sállam

Vi al Mensajero de Allah (s.a.s.)

fî mubáshshiratin urîtuhâ fî l-‘áshri l-âjiri mim muhárram

en un sueño anunciador que se me mostró una de las diez últimas noches del mes de Muhárram,

sánata sáb‘in wa síttimíatin bi-mahrûsati Dimashq

del año seiscientos veintisiete, en la Mahrûsa de Damasco,

wa bi-yádihi sallâ llâhu ‘aláihi wa sállama kitâb

y llevaba (s.a.s.) en su mano un libro,

fa-qâla lî hâdzâ kitâbu fusûsi l-híkam

y me dijo: “Éste es el libro de los Engarces de la Sabiduría.

júdzhu wa jruÿ bihi ilà n-nâsi yantafi‘ûna bih

Tómalo y sal con él a las gentes para que les sirva de provecho”.

fa-qultu s-sám‘u wa t-tâ‘atu li-llâhi wa li-rasûlihi

Respondí: “Oído y obediencia a Allah y a su Mensajero,

wa ûlî l-ámri minnâ kamâ umirnâ

y a los dotados de autoridad entre nosotros, tal como se nos ha ordenado”.

fa-haqqáqtu l-umnía

Se cumplió mi deseo,

        ‘Se cumplió mi deseo’, es decir, algo que yo deseaba se convirtió en realidad. Es como si el autor hubiera sentido el deseo de recoger del Profeta (s.a.s.) esta ciencia así como obtener su autorización para difundirla. Al tener el sueño que ha descrito, su deseo se realizaba. El libro que el Profeta le entregaba en sueños era la forma que adoptaba esta ciencia que se derramaba sobre él desde el Espíritu del Profeta (s.a.s.).

 

wa ajlastu n-nía

sinceré mi intención

wa ÿarrádtu l-qásda wa l-himma

y desnudé mi propósito y aspiración de apegos

ilà ibrâçi hâdzâ l-kitâbi kamâ háddahu lî rasûlu llâhi sallà llâhu ‘aláihi wa sállama min gáiri çiyâdatin wa lâ nuqsân

para mostrar ese libro bajo la forma en que me fue delimitado por el Profeta de Allah (s.a.s.), sin adición ni defecto.

wa saáltu llâha ta‘âlà an yáÿ‘alanî fîhi wa fî ÿamî‘i ahwâlî min ‘ibâdihi l-ladzîna láisa lish-shaitâni ‘aláihim sultân

Rogué a Allah que en este empeño, y en todas mis circunstancias, me contara entre sus siervos en los que Shaitân no tiene poder,

wa an yajussanî fî ÿamî‘i mâ yárqumuhu banânî wa yántiqu bihi lisânî wa yantawî ‘aláihi ÿanânî bil-ilqâi s-subbûhí wa n-náfzí r-rûhî fî r-rû‘i n-nafsí bit-tâyîdi l-i‘tisâmí

y me distinguiera en todo lo que tracen las yemas de mis dedos, pronuncie mi lengua y contenga mi pecho, depositando en ellos la espontaneidad de la trascendencia e insuflando en mi ánimo el aliento que lo refuerce y haga invulnerable,

        Es decir, que me distinga y privilegie en cuanto escribo y en todo lo que digo, sobreviniendo a mi corazón a modo de ‘idea’ (jâtir) que emerge de la Verdad desde la Presencia de la Unicidad sin mediación y en la mediación del espíritu, que es el Ángel, tal como dijo el Profeta (s.a.s.): “Ha soplado el Espíritu de la Santidad en mi ánimo que... nadie muere sino tras haber agotado su provisión”.

Las ‘ideas’ (jawâtir) son de cuatro tipos: emergente de la Verdad y del Ángel, y son las que solicita en su ruego; y del Demonio, que es la ‘idea’ contra la que solicita ayuda en su invocación, buscando protección junto a Allah en todas las circunstancias de modo que sea contando entre los siervos de Allah en los que el demonio carece de poder, es decir, que se apodera de ellos a través de murmullos (obsesiones); y emergentes del Nafs (el ego), y contra esta ‘idea’ se protege inclueéndola en el ruego cuando habla del ‘ánimo’, llamándolo rû‘ que es sobre todo el corazón atemorizado, y el corazón sólo puede tener miedo en la parte en la que roza al nafs (el ego) y a la que se llama Pecho. Relaciona el corazón con el ego para que la revelación o el soplo alcancen ese aspecto iluminándolo y ocupándolo en el espíritu ausente de modo que éste influya en el ego y no lo haga el murmullo (la obsesión): el ego, en el momento en que recibe una influencia no influye, y por ello el autor solicita esa revelación en particular.

El aliento que refuerza y hace invulnerable: si no fuera por la asistencia de la Verdad (Allah) y su ayuda con la que hace invulnerable a una persona, el ego se apoderaría de ella, y entonces influiría en sus ideas en lugar de ser influenciada por ellas.

 

hattà akûna mutárÿiman lâ mutahákkiman

hasta hacerme traductor sin ninguna participación ni mando,

li-yataháqqaqa man yáqifu ‘aláihi min áhli llâhi as-hâbi l-qulûbi  ánnahu min maqâmi t-taqdîs

haciéndose evidente a las gentes de Allah -los dueños de corazones-, cuando se detengan junto a este libro, que su manantial se encuentra en la Estancia de la Pureza,

      La Estancia de la Pureza es la Presencia de la Unicidad y de la pura espiritualidad

 

al-munáççahi ‘an il-agrâdi n-nafsíati l-latî yadjuluhâ t-talbîs

ajena a los intereses y accidentes del ego en los que tiene lugar la confusión.

        Es decir, en esa Estancia se es ajeno a los intereses mundanales que muchas veces se disfrazan haciéndose pasar por desinteresadas inclinaciones espirituales produciéndose la confusión, pero que en el fondo son fingimiento e hipocresía.

 

wa arÿû an akûna l-háqqu lammâ sámi‘a du‘âî qad aÿâba nidâî

Espero que, al oir la Verdad mi invocación, responda a mi llamada,

fa-mâ ulqî illâ mâ yulqî iláia

y no transmita yo sino lo que se me transmite,

wa lâ únçilu fî hadzihi l-mastûri illâ mâ yunáççilu bihi ‘aláia

y no deposite yo entre estas líneas sino lo que en mí Él deposita.

        Habiendo hablado de revelación (la espontaneidad de la trascendencia) y del aliento reforzador que lo hace invulnerable, el autor sospecha que alguien pudiera pensar que él pretende haber accedido al rango de los profetas, y se previene contra esa acusación diciendo lo siguiente:

 

wa lastu bi-nabíyin rasûlin wa lakinnî wâriz

No soy ni enviado ni profeta, sino heredero

        Heredero de la ciencia del Profeta (s.a.s.) gracias a la bendición del seguimiento estricto de sus enseñanzas, pues él (s.a.s.) dijo: “Los sabios son los herederos de los profetas”.

 

wa li-âjirati hâriz

y labrador de mi Otra Vida

        Es decir, con la difusión de la ciencia contenida en este libro no pretendo conseguir ningún bien mundanal sino labrar mi destino junto a Allah.

 

 

CAPÍTULO Nº 1