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A 512 años de la llegada de Colón a América,
los indígenas argentinos piden por sus derechos. Reclamos por la propiedad de
las tierras y la discriminación judicial. Hoy se realizan varios contrafestejos
del día de la raza.
COMUNIDADES
ABORÍGENES RECLAMAN
HOY POR LA PROPIEDAD DE SUS TIERRAS.
Adonde conduce el camino del indio.
A 512 años del descubrimiento de América, distintas organizaciones manifiestan
contra la discriminación de los pueblos originarios y reclaman por sus derechos,
entre ellos, la posesión de los territorios que fueron suyos. Denuncian además
la discriminación y la explotación a que son sometidos en distintos lugares del
país.
No sería difícil enumerar 512 iniquidades, una por cada año transcurrido desde
1492. La más reciente denuncia se refiere a Formosa: las víctimas pertenecen a
la etnia wichí y los victimarios son comerciantes que, con la complicidad de
políticos locales, policías y funcionarios del PAMI, se apropian de los importes
de planes Jefas y Jefes de Hogar, pensiones y jubilaciones de personas de cuyos
documentos de identidad se han apropiado por la fuerza. Son los mismos
comerciantes que suministran a chicos wichí de 13 años no ya cerveza sino
alcohol puro, en lo que constituye “la mayor causa de deserción escolar en la
zona”, tal como señaló un maestro de la misma etnia. Estos extremos del despojo
se inscriben en una serie cuyo eje principal, desde la conquista, es el de la
tierra: el 70 por ciento de las comunidades indígenas argentinas no tiene título
de propiedad sobre el suelo, que es la base imprescindible de su identidad, pero
incluso para la mayoría de los que sí tienen el título, éste no se hace efectivo
porque las autoridades permiten que las tierras les sean usurpadas. Entre tanto,
los guaraníes acampan hace dos meses en Posadas, Misiones, y, en la Patagonia,
los mapuches rescatan una tradición de lucha anterior a la conquista, y se les
animan a las multinacionales. Hoy, 12 de octubre, distintas comunidades se
movilizan para reclamar por sus derechos.
En la Argentina hay 22 pueblos indígenas, que reúnen más de 860 comunidades y
suman más de dos millones de personas, según estimaciones de la Asociación
Indígena de la República Argentina, AIRA (una de las que procuran constituir una
representación a nivel nacional). El 70 por ciento no tiene ningún título de
propiedad sobre sus tierras. Un proyecto de ley enviado por el gobierno
nacional, que ya tiene sanción en Diputados y aguarda ser tratado en el Senado,
suspende los desalojos de comunidades indígenas. Resta resolver la cuestión de
fondo, la propiedad.
En el departamento de Ramón Lista, Formosa, el 85 por ciento de los habitantes
pertenece a la etnia wichí: son casi 10.000 personas, más del 90 por ciento de
los hogares presentan necesidades básicas insatisfechas. El abogado Luis
Zapiola,
representante de comunidades wichí e investigador de la cuestión indígena, contó
cómo “los ‘bolicheros’, comerciantes de la zona, les retienen a los wichí sus
documentos nacionales de identidad, argumentando que los necesitan para darles
‘fiado’, y utilizan esos DNI para cobrar, en la sucursal Ingeniero Juárez del
Banco de la Provincia de Formosa, planes Jefas y Jefes de Hogar en nombre de los
beneficiarios: a éstos, en vez de darles el dinero, les entregan mercaderías al
triple de su precio normal”.
“Estos ‘bolicheros’ también cobran, a nombre de los verdaderos beneficiarios,
jubilaciones y pensiones. Para esto personal del PAMI, a cambio de una parte del
dinero, les extiende una autorización”, según la denuncia de Zapiola. “En todo
Ramón Lista pasa lo mismo, y la policía provincial no les recibe denuncias a los
indígenas, en ningún caso –afirmó el abogado–. Esto vale también para la serie
de homicidios de wichí, no esclarecidos.”
Típicamente, estos homicidios son así: en el curso de su forma ancestral de
supervivencia –la caza y la recolección–, un wichí entra en el terreno que ha
cercado un hombre blanco; la tierra pertenece en realidad a la comunidad
indígena, pero el hombre que la cercó la considera suya y dispara sobre el
“intruso”.
Zapiola también denunció que esos mismos comerciantes “les venden alcohol puro a
chicos de 13 y 14 años, que lo mezclan con agua o jugo de limón para hacer una
bebida llamada ‘cachuri’ y emborracharse”. Precisamente ayer, maestros y
caciques de la etnia se reunieron para debatir este problema. El maestro Oliva
Torres advirtió que “el alcoholismo es uno de los principales factores de la
gran deserción escolar que padecemos”.
En la provincia de Chaco, “la situación es todavía más grave porque la mayoría
de los indígenas no tienen la propiedad de la tierra: los mocovíes están
viviendo en los costados de las rutas; hay tres decretos nacionales que les
otorgan, a ellos y a los tobas, diez mil hectáreas, bajo garantía de la última
reforma constitucional chaqueña, pero el gobierno provincial las entrega a
blancos”, afirmó Zapiola. En Misiones, desde hace dos meses, representantes de
comunidades guaraníes acampan en la plaza principal de Posadas sin ser recibidos
por el gobierno local; su principal problema es la deforestación de la selva que
habitan.
Norberto Guanuco, presidente de AIRA, observó que “la situación se complica más
cuando los ocupantes son a su vez personas de trabajo que llevan muchos años en
la zona. Es el caso de comunidades tobas de Chaco, que reclaman terrenos
otorgados por un decreto de 1924: un estudio efectuado por la Universidad de
Salta sentó bases de diálogo, pero el gobierno provincial no terminó de resolver
el conflicto”.
En la Patagonia, en cambio, la lucha de las comunidades mapuches se da “contra
empresas multinacionales, especialmente norteamericanas, que se han apoderado
prácticamente de una región entera en Argentina y Chile”, contó Chacho
Liempe,
del Consejo Asesor Indígena (CAI). Los mapuches siempre se animaron con enemigos
fuertes: “Primero peleamos contra los incas, que quisieron invadir nuestro
territorio; después contra los españoles y después contra los Estados argentino
y chileno”, historió Liempe. También contra los mapuches el invasor utilizó el
alcohol: “Cuando la persona nuestra iba a hacer la compra, se le daba bebida, se
lo emborrachaba y después se lo metía preso; cuando volvía a su campo, se lo
habían alambrado, y a él lo expulsaban”, no olvida el dirigente mapuche.

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